¡Holaa personitas! Pensaba publicar esto ayer pero se me paso por estar leyendo /u\

Eeeeen fin. Ya esta aquí y espero lo disfruten mucho.

Gracias por seguir leyendo, gracias por dejar reviews, gracias por los favs y follows. Me motivan mucho, mucho.

Los dejo leer. Chao.


Una pelinegra se encontraba mirando fijamente el techo de su cama, después de la pelea con Keila y de la advertencia de dos personas distintas para que no volviera a acercarse a la dulce chica había terminado algo abúlica y simplemente opto por relajarse lo más que pudiera, aunque era la música lo que más la relajaba, lo cierto era, que no tenía ganas ni de tocar. Estaba totalmente ida cuando su teléfono sonó y tras unos minutos hablando se paró de la cama, tomo su chaqueta y se marchó de la casa.

-Keila, lo siento- se disculpó la pelinegra al llegar a casa de su guitarrista

-Yo… también lo siento, ya sabes… no debí golpearte así, me he pasado de la raya-

-No, has hecho bien, yo dije cosas tontas que realmente no sentía, no lo pensé y lo siento-

-¿Te parece si terminamos esta platica adentro?-

-Claro-

Las dos jóvenes entraron al departamento y se sentaron en el sillón.

-Tal vez tengas razón- concordó la bajista

-¿En qué?-

-Algo raro pasa cuando veo a Bonnie, y no la besé para comprobar si le gustaban las mujeres, solo lo hice porque así lo quería- bajo la mirada

-¿Por qué no lo aceptaste?-

-No lo sé, sabes que soy así, prefiero no darle importancia a las cosas- suspiro -Por otro lado, no quiero sentir nada más que atracción sexual por alguien, lo sabes, y mucho menos por alguien heterosexual- la miro fastidiada

-Oh Marce, no puedes evitarlo, esto simplemente pasa y no hay marcha atrás-

-Desde que la conocí tengo una clase de presentimiento y no he podido dormir bien en días- frunció el ceño

-Estás enamorada-

-No creo que sea eso, estoy segura de que es algo más-

-Marceline, creo que solo deberías aceptar lo que sientes-

-Solo cállate, ¿Puedo dormir aquí?-

-Por supuesto, ven, vamos a dormir-

En alguna otra parte de la ciudad se encontraba un rubio algo aburrido en la oficina, siempre había pensado que ese trabajo no era para él pero ante las exigencias de su padre ¿Qué más podía hacer? Le parecía que Bonnibel y él tenían eso en común, padres sobreprotectores que creían hacer lo mejor para sus hijos prohibiéndoles cosas que ellos amaban. Los papeles se acumulaban en su escritorio y él solo los firmaba, los sellaba y los apilaba aparte. Día tras día eso se volvía cada vez más aburrido y no podía hacer nada para cambiarlo.

-Pareces distraído, Finn-

-No es nada, Bmo-

-Pareces deprimido, tú eres muy alegre-

-Es que… estaba pensando que extraño a Jake, su regreso se ha retrasado demasiado-

-No te preocupes por eso, ya verás cómo pronto vuelve-

-Gracias, Bmo, eres un gran amigo-

Los dos jóvenes siguieron trabajando sin descanso pues los papeles a cada minuto eran más y tenían que firmarlo, sellarlos y organizarlos así que les quedaba mucho trabajo por hacer.

Al día siguiente la pelirrosa siguió con su rutina normal, hasta que alguien apareció de improviso en su casa y la sorprendió. No se esperaba esa visita y mucho menos después de lo ocurrido aquel día con el rubio, lo peor del caso era que estaba sola y se sentía nerviosa teniéndola ahí junto a ella.

-Marcy…-

-¿Puedo pasar?-

-Claro, adelante-

Después de que ambas se pusieron a gusto sentadas en la cocina por fin comenzaron a hablar.

-Yo… vine a disculparme- aclaro la pelinegra

-No hacía falta, Marceline, lo hiciste ese día-

-Es que yo… en serio no quería causarte problemas-

-No lo hiciste, Finn es muy comprensivo, es un buen muchacho-

-Es genial, una suerte para ti- sonrió sin ganas

-Marcy, esto no está bien-

-¿De qué hablas? ¿Qué es lo que no está bien?-

-El hecho de que estés aquí, no creo que esté bien-

-¿Por qué no?- suspiro –De acuerdo, pídeme que me vaya, dime que realmente no quieres volverme a ver y te prometo no molestarte nunca más, haré como que jamás nos conocimos, pero dímelo ahora mientras aun estas a tiempo-

-Yo…-

No podía hablar, realmente quería decirle que se fuera y que no volviera nunca pero por alguna razón su boca se negaba a decir esas palabras, simplemente desvió la mirada incapaz de hacer lo que la pelinegra le estaba pidiendo. Marceline sonrió con ternura, tal vez la chica estuviera molesta con ella pero por lo menos no era capaz de decirle que se fuera y eso para ella, era más que suficiente. Se acercó un poco más, no iba a hacer nada que ella no quisiera, simplemente, la abrazó protectoramente, como si quisiera que de pronto cambiara de opinión sobre lo de su novio, aunque sabía que no sería así. La pelirrosa no se movió, no la quito pero tampoco correspondió el abrazo, se sentía en una encrucijada, por más que pensaba no sabía que hacer así que solo se quedó ahí hasta que sintió que la bajista se separaba de ella.

-Me voy, pero volveremos a vernos- le sonrió

Ni siquiera espero a que Bonnibel la acompañara a la puerta, solo camino y se fue del lugar dejando a la pianista sola con sus pensamientos.

Bonnibel estuvo toda la tarde tratando de olvidar absolutamente todo, únicamente tocaba en su piano para por lo menos dejar fluir todo a través de la música, pero se vio interrumpida por el timbre y paro en seco de tocar. Bajo a abrir y en cuanto la vio se tapó la boca para no gritar.

-¡Flameeee! ¡¿Pero cómo?! ¡¿Cuándo?!- trataba de hablar la pelirrosa pero solo lograba atropellar unas palabras con otras

-¿Piensas balbucear todo el día o vendrás a darme un abrazo?- dijo de manera juguetona levantando la ceja

-¡Flameeee!- la abrazo tan bruscamente que casi se caen

-¡Bonnie, te extrañe mucho, mucho!- decía con toda emoción la pelirroja

-¡No vuelvas a dejarme! ¡Oh, Flame han pasado tantas cosas!-

-Entremos, y me lo tendrás que contar todo de principio a fin-

Las chicas entraron al departamento después de la efusiva bienvenida y tras estar ya acomodadas en el sofá, con las maletas de la pelirroja a un lado de ellas, se pusieron a charlar.

-Todavía no me creo que estés aquí- comento la princesa con los ojos brillosos de alegría

-Es bueno estar de vuelta, ya te extrañaba y también al pequeño Gumball, ¿Dónde está?-

-No debe tardar en llegar del colegio, pero cuéntame, ¿Cómo te fue en Australia?-

-Los estudios fueron complicados pero por fin pude terminar mi carrera, todo mundo fue muy amable-

-Me alegra oírlo pero no dejaré que te vayas de nuevo- dijo abrazándose a ella

-¿Y qué ha pasado contigo, Bonn? ¿Cuáles son todas esas cosas que han pasado?-

-Bueno… creo que el principio sería decir que… conocí a Abadeer-

En casa de la pelinegra se encontraba esta, tratando de componer una canción. Tocaba el bajo y cantaba al mismo tiempo deteniéndose en ocasiones para anotar la letra y la música en una hoja arrugada que tenía sobre la mesa. Se hacía tarde pero no pareciera que ella quisiera parar de escribir ahora, dentro de unos días tendrían un concierto y quería tener algo inédito que tocar por lo que no pensaba descansar, o al menos eso quería hasta que la falta de alimento la hizo marearse y tuvo que apoyarse en una silla. Cuando se le paso se acercó al refrigerador pero al no ver nada bueno que comer llamó a Guy, Bongo y a Keila para ir a comer juntos a algún sitio.

-¿Cómo va la canción, Marceline?- pregunto Guy

-Va tomando forma, aunque tal vez tarde un poco más de lo que creí-

-Oigan chicos, nos pidieron una canción para una película- comento la guitarrista

-¡¿Qué?!- gritaron todos al mismo tiempo

-Creí que ya se los había dicho-

-¿Para cuándo?- pregunto Bongo aun sorprendido

-Dentro de dos semanas, máximo-

-¿Por qué no nos habías dicho, Keila?- pregunto alarmado el tecladista

-Quería encontrar el momento perfecto para avisarles pero creo que se me acababa el tiempo-

-Bueno, no importa, la tendremos lista-

La pelirrosa en cambio seguía con su visita, no habían parado de hablar desde que llegó y ya había acabado de contarle todo lo que había pasado en estos últimos meses de principio a fin, con todos los detalles que no le decía a nadie más, ni siquiera a Keila. A decir verdad Keila era una de sus mejores amigas pero nadie se comparaba al cariño y confianza que le tenía a Flame, después de todo se conocían prácticamente desde niñas, casi se podría decir que habían vivido toda su vida juntas, por eso era la única persona a la que si le contaba todo lo que le pasaba, sabían todo la una de la otra.

-Vaya… has tenido unos meses difíciles, o más bien años-

-Lo sé, y no había podido hablar con nadie porque no estabas aquí-

-Lo siento, pero dime, ¿Ya está mejor?-

-Sí, un poco, pero estoy cansada de hablar de esto, mejor dime, ¿Tienes algún papel por hacer?-

-A decir verdad si- dijo algo emocionada –Estamos trabajando en una película-

-¡Eso es grandioso! ¿Cómo se llama?-

-No puedo revelar detalles de la película hasta que no la anuncien pero… estoy segura que te gustará-

En eso entro un niño pelirrosa a la casa y al ver a la chica sentada junto a su hermana corrió hacia ella y la abrazo con todas sus fuerzas.

-¡Flame!- grito el pequeño

-Gumball, me alegra mucho verte- lo estrujo contra sí

-¿Por qué no habías venido?- pregunto el niño haciendo un puchero adorable

-No había podido, pero te prometo que ahora estaré más por aquí-

-Está bien, te creo- sonrió

-Vengan, vamos a comer…- la interrumpió el timbre de la casa

Bonnibel fue a abrir y se encontró al rubio, parecía cansado y tenía una sonrisa algo afligida en el rostro que ella supo interpretar muy bien aun sin palabra alguna.

-Flame- llamó a la chica quien se asomó desde la cocina

-Es bueno verte de nuevo- sonrió cansadamente Finn

-¿vienes?- pregunto únicamente la pelirrosa

-Por supuesto, traeré a Gumball-

Los cuatro salieron de la casa rumbo al auto del joven empresario. Tenían unas expresiones preocupadas en sus rostros, como si algo importante estuviera pasando, lo que no sabían es que esto pasaba más seguido de lo que podrían imaginar. La misma escena se repetía muy constantemente así que para ninguno era ya una sorpresa, ni siquiera para Gumball que a pesar de ser muy pequeño todavía, reconocía la situación y en momentos como estos no molestaba para nada a su hermana. Subieron al auto y arrancaron poniendo algo de velocidad para llegar lo antes posible a su destino.

"El gran empresario Martin Murtons ha dado una declaración en vivo sobre su empresa, explicando que todos los rumores que circulan por ahí sobre el supuesto fraude es una total mentira, la gente sigue hablando y estaremos atentos a alguna otra rueda de prensa por parte de esta gran compañía, las palabras exactas del director fueron –No me importan mucho esos rumores de difamación, la Industries Murtons Company siempre será totalmente honesta y nuestros trabajadores lo saben–"

Después de eso apagaron la televisión pues no le interesaba mucho si era el hombre más rico del mundo o no, ni tampoco su dichosa compañía y sus amigos parecía tampoco importarles, estaban más entretenidos hablando sobre la película y la canción como para prestar atención al televisor, y a decir verdad, ella también estaba bastante emocionada porque les hubiera pedido eso, era una oportunidad única y además pensaban pagarles bastante como para rechazar la oferta. Todos discutían sobre ello aunque estaba segura que a última hora la que tendría que hacerla seria ella, siempre terminaba escribiendo la letra sola por la falta de ingenio de sus compañeros de la banda, pero estaba bien porque todos se estaban esforzando mucho en por lo menos aportar ideas para la música. Se levantó y fue a la cocina a preparar café pues no parecía que la plática fuera a terminar muy rápido.