El niño saltó sobre sus hombros tratando de sorprenderlo, pero su padre se apartó a la velocidad del rayo, dejándolo caer contra el duro suelo. Con un gruñido frustrado se puso en pie, sacudiéndose el polvo de la ropa mientras su padre le dirigía una curiosa sonrisa. Su padre, que no sonreía a menudo, pero casi siempre lo hacía con él.
-Casi te he pillado-resopló, más molesto consigo mismo que con su padre. Él se rio. –Casi.
Su padre se agachó, y le hizo un gesto para que se acercara. El niño sonrió y corrió hacia él, pero cuando estaba a una zancada de distancia, su padre le dio un golpecito en la frente con una sonrisa, desequilibrándolo. Se frotó la frente, dolorido, pero su padre se limitó a sonreír.
-Será la próxima vez.
Con una sonrisa de oreja a oreja, el niño se lanzó contra su cuello, y trepó hasta colocarse sobre los hombros de su padre, que le revolvió el pelo cariñosamente antes de dejarle asentarse para contemplar la aldea.
-Papá. ¿Vais a ir hoy al cementerio?
Por detrás de ellos, una mujer menuda se acercó a ellos, y le tocó la mano izquierda sigilosamente, antes de colocar ambas a la espalda. Le acarició el pelo al niño, recolocándoselo, poniéndole un mechón tras la oreja.
-Sí.
El niño se inclinó sobre la cabeza de su padre, mirando a su madre a los ojos.
-Vais todos los días a ver la estatua. ¿Quién es?
Los dos adultos intercambiaron una mirada significativa.
«Es ya lo suficientemente mayor» parecía decir él. La mujer asintió, con los ojos embargados de pena.
-¿No os han hablado de él en la academia?
El chico ladeó la cabeza.
-Un poco… pero no demasiado. Siempre que le preguntamos a Hinata-sensei, cambia de tema.
Su padre le bajó y lo dejó en el suelo. Ambos se arrodillaron para estar a su altura, y entrelazaron las manos.
-Él es el Héroe de los Ninjas. –dijo su padre con voz grave, con orgullo y pena perfectamente controlada.
-Y era nuestro mejor amigo-añadió su madre, más visiblemente afectada que su padre. Sus ojos verdes brillaban, como si en cualquier momento fuese a echarse a llorar.
Los ojos del niño se iluminaron.
-¡¿Un héroe de todos los ninjas?! ¡Cómo mola! ¿Y cómo pasó?
Su padre se cruzó de piernas, sentándolo sobre su regazo, para que contemplara la aldea. Desde allí arriba, se podía ver prácticamente entera, y alcanzó incluso a vislumbrar la estatua erigida en el centro del cementerio.
-Es una larga historia. ¿Quieres oírla entera?
Miró a su padre emocionado y asintió enérgicamente. Su padre lo miró un momento, la añoranza grabada en cada una de sus facciones. Sonrió, dándole un beso en la frente.
-Muy bien, Naruto. Todo empezó con un idiota…
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Bueno, espero que os haga gustado este mini fanfic. Como ya os he dicho, fue un sueño mío. Me pareció precioso -tanto que desperté medio llorando- que Naruto se sacrificara para revivir a los caídos de la guerra, y me pareció que si tenía el poder del Sabio de los Seis Caminos podría hacerlo. Se lo prometió a Kakashi. "Nunca dejaré morir a mis compañeros".
En realidad este sueño lo tuve hace muchos capítulos -concretamente, a partir del 393-, pero lo he adaptado un poquito a los más recientes, al menos el capítulo 1 (el resto es exactamente igual que en mi sueño).
Gracias por leerlo, y de verdad espero que os haya al menos emocionado, sino tanto como a mí, al menos un poquito.
