¡Hola personitas! Les traigo nuevamente otro capítulo que igual que siempre espero disfruten mucho.
Perdón si tarde en actualizar pero ya actualizaré cada fin de semana sin falta.
Gracias por sus follows, favs y reviews y quiero avisarles que los personajes sufrirán aun más. Solo un poco más... (Aunque no sea en este capítulo)
Les recuerdo lo de mi página ("Dichiro").
A leer.
Se encontraban aun en la sala de espera, ya llevaban ahí un par de horas y aun no salía nadie que les pudiera avisar del estado de la rubia. Bonnibel estaba que se moría de los nervios y Marceline era incapaz de consolarla por más que lo intentaba. Además la pelirrosa se negaba a abandonar esa sala, ni siquiera para comer algo.
Estaban sentadas en el sillón mientras Bonnie no perdía un segundo sin mirar al pasillo por el que se encontraba la habitación de Fionna, al igual que Marceline quien miraba hacia allá solo para darse cuenta en cuanto el doctor viniera. El celular de la princesa la saco de su anonadamiento y saco su teléfono para contestar la llamada entrante, aunque lo hiso en el pasillo de la salida para no hacer ruido dentro del hospital.
Al regresar traía cara de pocos amigos, le dijo algo a la recepcionista y volvió hasta donde se encontraba la bajista pero no se sentó simplemente se paró frente a ella.
-Tenemos que irnos- dijo visiblemente molesta
-¿Por qué? Creí que…- se interrumpió al ver que la chica se dirigía a la salida
Se levantó rápidamente y la alcanzo cuando se disponía a abrir la puerta de salida, la tomó del brazo para detenerla.
-Pensé que no querías abandonar a Fionna ¿Quién te ha llamado?-
-Eso no es de tu incumbencia, Marceline-
-Me has traído hasta aquí para presentarme a tu novia y después me dices que no me incumbe, pues te tengo noticias, desde luego que me interesa- dijo soltándola y cruzándose de brazos
La pelirrosa volteo a la puerta e hiso un pequeño chasquido con la lengua.
-De acuerdo, pero tenemos que irnos, te lo cuento en la casa-
Todo el trayecto de camino a casa fue silencioso, y no solo de esos silencios normales sino que este era sumamente incomodo o al menos para la pelinegra lo era. Bonnibel seguía llevando el ceño fruncido y ni siquiera la había mirado en todo el camino, se había limitado a ir viendo por la ventana aunque a juzgar por su rostro, no estaba viendo absolutamente nada. Incluso cuando llegaron a la casa no se dio cuenta hasta que Marceline se bajó y le abrió la puerta. Ahora estaban en la sala y seguía con la misma cara, y el silencio parecía acumularse, la rockera no pudo resistir más esa situación.
-¿Piensas hablar o no?- pregunto con más rudeza de la que se proponía
La pelirrosa volteo a verla y suspiro.
-Marceline, tienes que estar consciente de que este secreto llevo guardándolo por mucho tiempo y que solamente Keila y Flame lo saben… bueno y Finn pero porque se trata de su hermana-
-Bien, te prometo que no se lo diré a nadie pero necesito entender porque has salido así del hospital-
Bonnie dirigió su vista hacia el frente y se mordió el labio por los nervios, cosa que le pareció muy sensual a la pelinegra pero sacudió su cabeza tratando de despejar su mente y poner atención a lo que fuera a decirle.
-Siempre mentí sobre lo de ser heterosexual pero tengo mis razones, mi intención jamás ha sido negar mi relación con Fionna, pero me vi forzada a hacerlo…-
-¿Por qué?- dijo levantando la ceja
-Yo… llevo siete años siendo novia de Fionna…-
-¡Vaya, eso es bastante tiempo!-
-Marcy, ¿Vas a dejar de interrumpirme?- la miro impaciente
-Sí, lo siento, continua-
-Siempre hemos llevado nuestra relación a escondidas por culpa de su padre, él jamás me quiso para su hija porque ambas éramos mujeres así que tuvimos que fingir que nos habíamos alejado, sabe que soy amiga de Finn y no lo ve bien pero no le molesta tanto como mi relación con Fionna… salí del hospital porque Finn me aviso que se dirigía hacia allá, él no debe saber que yo la sigo viendo-
-Oh, entiendo, pero ¿Por qué le hacen caso? Es tu relación y no puede mandar a su hija-
-Marceline, tu no entiendes…- volvió a morderse el labio
-¿Qué no entiendo?-
-Ese hombre es… peligroso, no quiere que su hija manche su imagen, "¿Qué diría la gente si se enteraran que la hija del gran Martin Murtons es lesbiana?" Al menos eso fue lo que él dijo-
-No creo que sea para tanto, Bonnie-
-En serio que no lo conoces…-
-Bueno, cambiando de tema ¿Qué le dijiste a la enfermera antes de irte?-
-Que me llamara en cuanto supiera algo de Fionna-
-Ah ¿Puedo quedarme aquí contigo? Es seguro que no dormirás nada y también me gustaría saber que te dicen- la miro con total seriedad
-… De acuerdo, no hay problema, preparare algo de té ¿Quieres?-
-Sí, por favor-
Mientras tanto en el hospital donde se encontraba internada la rubia estaba también su hermano y su padre en la sala de espera. El hombre a pesar de estar ahí se veía bastante sereno y permaneció así incluso cuando vio entrar al doctor.
-Familiares de la señorita Murtons- llamó el médico
-Es mi hija ¿Cómo está?- pregunto el empresario acercándose
-Ya salió de peligro pero aún se encuentra muy débil-
-¿Puedo pasar a verla, doctor?- cuestiono muy desesperado Finn
-… Por supuesto, aunque está dormida y le ruego que la deje descansar- le advirtió
-Claro, no se preocupe-
El rubio se dirigió hasta la habitación de su hermana y abrió la puerta con mucho cuidado de no hacer ruido. Se colocó al lado de ella tomándola de la mano con cariño.
-Finn…- dijo débilmente la chica
-Guarda energías, Fionna-
La enferma susurro algo que Finn no alcanzo a escuchar.
-¿Qué?- pregunto acercando su oído
-Bonnie…-
-Oh, bueno veras… papá está aquí- explico
Fionna no dijo nada simplemente volvió a cerrar los ojos. En ese momento se oyó la puerta y entró un hombre de corbata y traje, obviamente se trataba del padre de los chicos. Ella abrió los ojos de nuevo y volteo a mirarlo mientras él se quedaba a unos centímetros de la cama.
-¿Cómo te sientes, Fionna?-
No tuvo fuerzas para responderle así que solo asintió levemente.
-Ya veo, me alegra que te estés recuperando, vendré de nuevo después- dijo y salió de la habitación
-¿Quieres que llame a Bonnie?-
La joven solo volvió a asentir.
En la casa de Keila se encontraban ella y Marceline. Había llegado de improviso después de que Bonnibel saliera de su casa como alma que lleva el diablo y ahora estaban las dos sentadas sobre el sofá platicando.
-¿Sabías lo de la novia de Bonnie no es así?- pregunto sin voltear a verla
-Sí, lo sabía-
-¿Por qué nunca me lo dijiste, Keila?- esta vez si la miro
-Cálmate, Marcy, apenas me lo dijo ayer- se justifico
-¿Por qué tiene que pasarme esto a mí, Keila?-
-Marceline… lo siento mucho-
-No te preocupes, yo tengo la culpa, después de todo tú tenías razón, no debí meterme con ella…- sonrió tristemente
-Marcy, no tienes la culpa…-
-¿Desde cuándo fue que empecé a sentirme así por ella? ¿Tú lo sabes, Keila?-
-No lo sé, tal vez desde el primer día-
-Será mejor que me vaya-
-No, quédate aquí hoy, no te hace bien andar sola por ahí en ese estado melancólico-
-De acuerdo- suspiro
De vuelta en el hospital…
La pelirrosa entró rápidamente al hospital y se dirigió hacia donde se encontraba el médico. Quería estar informada de la situación de Fionna antes de entrar a verla, pero más que nada quería saber si iba a estar bien y si ese colapso la haría empeorar o no.
-¿Doctor, como se encuentra Fionna Murtons?-
-Ah la señorita Murtons, está fuera de peligro-
-Pero dígame… ¿A qué se debió la recaída?- pregunto totalmente preocupada
-A decir verdad, no sé cómo es posible pero al parecer en lugar de tener efectos negativos en ella, la recaída mejoro el estado de la paciente y gracias a ello se encuentra recuperándose, aún está débil pero debido a la notable mejoría mañana mismo podrá salir de aquí- dijo el médico con una sonrisa
De pronto Bonnibel se sintió mucho más ligera. Había pasado los anteriores tres años esperando escuchar tan buenas noticias, siempre había esperado llegar y llevarse a Fionna por fin de ese hospital y ahora como por arte de magia esa gran noticia llegaba después de tanto esperarla. Sintió como si le faltara el aire. No espero más y le dedico una sonrisa al doctor a manera de agradecimiento para después ir en dirección a la habitación, ansiaba verla y tenerla todos los días con ella, le gustaba cuando salían y pensaba, mientras caminaba por el pasillo, en que las cosas por fin volverían a ser como antes, en que Fionna y ella podrían volver a salir y a ser una pareja normal. En esos momentos ni siquiera estaba pensando en el empresario ni en nada de las cosas que las separaban.
Entró lentamente en la habitación suprimiendo sus ganas de abrir la puerta de golpe y correr hasta la camilla en la que se encontraba descansando. Finn estaba sentado a un lado de la cama sosteniendo la mano de su hermana. Se acercó hasta donde estaba el chico y vio como Fionna abría los ojos y esbozaba una sonrisa al verla.
-Bueno, yo las dejo a solas, estaré en la cafetería- anuncio el rubio y se marchó de la habitación
Bonnibel se sentó al borde de la cama.
-¿Cómo te sientes?- pregunto casi maternalmente
-Estando tú conmigo me siento de maravilla- sonrió
-Me dijo el doctor que mañana mismo podrás salir del hospital- anuncio la pelirrosa ignorando por completo el comentario de la rubia
-¿En serio? ¡Es fantástico! Me quedaré en tu casa-
-Por supuesto, todo será como siempre fue-
La puerta se abrió dejando ver al famoso empresario quien al ver la visita que había con su hija se quedó atónito, reacciono rápidamente y cerró la puerta, se acercó un poco más hasta las dos jóvenes quienes también se veían bastante sorprendidas con su inesperada visita y más porque se supone que ya se había marchado.
-¿Qué haces tú aquí?- pregunto el imponente hombre con dura mirada
-Papá, no seas grosero- replico la enferma
-Es bastante obvio que he venido a ver a Fionna- dijo sin mucho interés la pelirrosa
-Hazme el favor de retirarte, creí que había quedado claro que no quería volver a verte cerca de mi hija-
-Lo siento pero no puedo hacer eso-
-Parece que no me he explicado bien- hizo una pausa -No era una pregunta y tampoco tienes opción-
-Ya basta de esto, no puedes pedirle que se vaya, ya no soy una niña papá así que no puedes controlar mi vida-
-Pero Fionna, ¿que no lo ves? ¿Qué van a decir de mí, y de ti? Sabes muy bien que esta relación no está bien y tanto si lo quieres como si no, mañana te iras conmigo a casa-
-No- dijo con tanta firmeza que sorprendió tanto a su padre como a Bonnibel –Por favor vete, creo que tú eres el que no tiene nada que hacer aquí-
El hombre se quedó perplejo, calló durante unos segundos, se acomodó la corbata del traje y por fin hablo.
-De acuerdo, Fionna, será como tú quieras, pero te aseguro que este jueguito de amor no les podrá durar mucho tiempo más y entonces regresaras llorando y sabrás que yo tenía razón-
Le dirigió una mirada de odio a Bonnibel y se dio la vuelta para salir de nuevo de la habitación. Esta vez dejaría a su hija hacer lo que quisiera pero no iba a hacer así siempre y estaba completamente seguro que esa relación, no iba a durar.
En cuanto su padre salió de la habitación la rubia suspiro aliviada, había usado todas sus fuerzas para decirle eso, ya una vez lo había obedecido y no lo había enfrentado por su amor, pero definitivamente no permitiría que pasara de nuevo.
-Me has sorprendido, Fionna-
-Bueno, no iba a dejar que me separara de nuevo de ti- le guiño el ojo
-Entonces está decidido, mañana vendrás a vivir conmigo- le sonrió
El vuelo desde San Francisco está aterrizando en este momento, las personas entraran por la puerta número dos. El vuelo hacía Colombia se ha retrasado por… se oía anunciar en el aeropuerto, el joven se dirigió hacia un asiento y se puso a leer el periódico mientras esperaba a que su amigo llegara. Después de lo sucedido con Flame y con su hermana pocas ganas le habían quedado de ir a recibir a su amigo pero sabía que lo había prometido y que, además, verlo lo haría sentir mejor. Levanto la vista del periódico al notar a alguien parado frente a él y se le iluminaron los ojos, realmente lo había extrañado mucho.
-¡Jake!- casi grito el chico
Se levantó y lo abrazo con toda la fuerza que sus brazos le permitieron.
-Hola, hermanito- saludo el amigo con cara de perro devolviéndole el abrazo
-Me alegra que regresaras- dijo cuándo lo soltó
-Y a mí me da gusto estar de vuelta, tienes que contarme todo lo que ha pasado y el por qué traes esa cara de gusano apachurrado-
-Te lo contare mientras vamos a comer algo, es una larga historia- respondió mientras salían del edificio
