¡Hola! Mucho tiempo lo sé, pero ya volví y no más contratiempos, y que conste que no ha sido culpa mía tardar tanto. Culpen a la prepa por encargarme tanta tarea y a la lluvia que hizo que se me mojara el modem. pero bueno, se siente bien estar de vuelta.

Todavía hay muchas cosas que desentrañar y algunas situaciones que verán en este capítulo.

Espero que lo disfruten y se sigan quedando conmigo en la historia.

Gracias por todo su apoyo, por sus críticas constructivas. En fin, por todo. ü

Poco a poco salen a la luz más cosas. Así que descubranlas leyendo.

P.D. Acepto ideas, sugerencias, teorías, tal vez algo que quisieran ver en la historia, todo es bueno ;)


Las palabras del doctor aun resonaban en sus mentes mientras permanecían todos mudos en la sala de espera, sentados en los sofás con las cabezas gachas, cada uno sumergido en sus propios pensamientos aunque lo más probable era que todos estuvieran pensando en la misma cosa, o persona, más bien.

El medico se encontraba en aquellos momentos con la pelirrosa diagnosticando si su pérdida de memoria era a causa de algún golpe que se hubiera podido dar en la cabeza. Todos esperaban pacientemente en parte porque no se atrevían a ir con ella y decirle la horrible noticia y tampoco estaban seguros de que se acordara siquiera de su hermano, lo cual hacía la situación aún más triste de lo que ya era.

Por fin apareció el doctor en la sala y al verlo todos se levantaron para interrogarlo, el hombre se quedó de pie esperando a que estuvieran todos y una vez que se encontraron ahí empezó la charla.

-Entonces…- formulo a modo de pregunta la rubia.

-No se trata de ningún traumatismo por un golpe ni nada parecido, pareciera que simplemente ha bloqueado su mente a todo como defensa a sus recuerdos- explico el doctor.

-¿Recuperara la memoria?- pregunto la cantante.

-Eso no puedo asegurárselos, depende de ella que se deshaga del trauma, que al parecer, causo el accidente-

Todos quedaron en silencio un momento preguntándose si realmente la chica volvería a ser la de antes.

-¿Puedo verla?- pregunto Fionna rompiendo el silencio.

-Por supuesto- asintió y se retiró de nuevo.

La rubia emprendió el rumbo hacia la habitación, estaba nerviosa por lo que le diría sobre su hermano y por otro lado si no lo recordaba no sabía cómo podría reaccionar ante aquello, pero tenía que verla, estar con ella en estos momentos en que más la necesitaba, ya se había quedado atrás por llegar después de Marceline y ahora empezaba a sospechar seriamente que su cantante favorita gustara de su novia. Agarro el pomo de la puerta y una mano la sujetó del hombro antes de que pudiera entrar, se giró para ver quien había sido y se topó con los hermosos y serios ojos de la pelinegra.

-¿Qué haces?- pregunto irritada alzando la ceja.

Marceline pasó por alto el gesto y el tono de voz con el que la chica había hablado.

-Quería decirte que no le digas nada a Bonnie sobre su hermano-

-¿Por qué no? Ella merece saberlo, es su familia, ¿Quién eres tú para…- no pudo terminar por la mano que tapo su boca.

-Estas subiendo el tono de voz, no quiero que Bonnibel nos escuche. Mira, ya sé que yo no soy nadie y que Gumball era su hermano pero en estos momentos ella no lo recuerda y no sentiría su muerte ¿Para qué darle un dolor innecesario? Piénsalo, Fionna, eso no le hará bien, lo sabrá cuando tenga que saberlo- expresó la chica

Fionna se quedó pensativa dándole vueltas a lo que acababa de decir la bajista, pensando que posiblemente tuviera razón, tal vez por el momento era mejor que Bonnibel no lo supiera para no hacerle daño por no recordar a su propio hermano. Asintió brevemente.

-De acuerdo, tú ganas, no le diré nada por ahora-

-Gracias. Te dejo, regresaré con los demás-

Fionna asintió y le dio la espalda para entrar a la habitación de la pelirrosa. Al abrir la puerta la chica sentada en la cama volteo a verla y pudo notar en su mirada que no la reconocía en lo absoluto y aunque sabía que estaba justificado no podía evitar que le doliera que la hubiera olvidado. Trago saliva para deshacerse del nudo en su garganta.

-Hola- saludo con la voz más quebrada de lo que hubiera querido.

-Hola- saludo acompañado con un gesto de la mano.

-¿Cómo estás?-

-Mejor, gracias. Oye ¿Podrías recordarme qué relación teníamos tu y yo?-

Se puso rígida de repente, todo su cuerpo se tensó, no sabía si debía contarle la verdad sobre eso o no pero por otro lado si no se lo decía posiblemente Marceline tendría una oportunidad más que clara y eso definitivamente no lo permitiría. Respiro profundo para relajarse mientras la pelirrosa la miraba expectante a la espera de su respuesta. Se acercó más hasta ella, tanto que logro ponerla nerviosa, aun así no dudo cuando le tomo el rostro delicadamente entre las manos y la besó, suavemente y con toda la ternura del mundo.

Bonnibel estaba en shock tratando de que su cerebro conectara sus neuronas para poder reaccionar, cosa que nunca paso hasta que la rubia se separó de ella.

-Esa, es el tipo de relación que nos une- explico.

La pelirrosa no pudo contestar seguía mirándola en silencio mientras pensaba que era lo que debía contestar. Evidentemente tenían algo más que una amistad y ahora no sabía que pasaría entre ellas, pues era bastante claro que no había sentido la magia que las unía antes pero tampoco quería dejarla así nada más, porque aunque tal vez no la recordara ella si lo hacía.

-¿Puedo pedirte un favor?-

Paso por su mente un horrible miedo de que fuera a terminar con ella, su garganta se secó y al verse incapaz de hablar sin soltarse a llorar solo asintió con la cabeza.

-Conozcámonos de nuevo, no te pido que dejemos esta relación simplemente que me tengas paciencia si no puedo corresponderte por completo en estos momentos-

Un gran peso se liberó de sus hombros al escucharla decir eso y su miedo anterior se disipo.

-No te preocupes, yo te entiendo y te quiero, así que nunca te presionaría- le sonrió.

Bonnibel le devolvió la sonrisa por haberla entendido y por aceptar sus peticiones. Se sentía algo mal por no ser capaz de sentir todo lo que debió haber sentido por la chica pero ella no podía corresponderle en estos momentos aquellos sentimientos. Había algo todavía más extraño y eso era la sensación que le había causado la pelinegra que estaba con ella al principio, era como si no quisiera que se fuera, por eso le había preguntado quien era. Por otro lado esa chica no había regresado de nuevo lo que quería decir que posiblemente ya se hubiera ido, no tenía ni idea de qué clase de relación tenía con ella pero por algún motivo su tacto había calmado su angustia al despertar en un lugar totalmente desconocido. Se obligó a pensar únicamente en la joven que tenía frente a ella únicamente y siguió con la trivial plática que llevaban.

Fionna se negaba a salir de la habitación de Bonnibel pero sabía que tenía que hacerlo así que después de despedirse se marchó del cuarto sintiéndose muy feliz porque por lo menos la chica no había terminado con ella y ese era su gran motivo de alegría. Al llegar a la sala de espera todos se habían marchado ya a excepción de Marceline quien tenía la cabeza recostada en el respaldo del sillón. Se acercó hasta pararse frente a ella y la miro con suspicacia.

La bajista sintió la presencia de alguien cerca de ella y levanto el rostro. Vio a Fionna con una mirada extraña ahí de pie.

-¿Cómo sigue?-

-Parece que mejor-

-Eso es bueno- esbozo una pequeña sonrisa.

-¿Qué haces aquí todavía? Ya es muy tarde. ¿Y dónde están los demás?- pregunto observando los demás sillones.

-Los mande a sus casas, parecían cansados y dado que no podrían verla hoy no tenía sentido que se quedaran, yo me quede en parte para avisar y en parte para saber cómo seguía. ¿Sabes cuándo saldrá?-

-Mañana mismo puede irse, los golpes no son graves y la memoria no es un impedimento-

-Perfecto. ¿A qué hora?-

-¿Te gusta, no es así?- pregunto con tono desafiante cruzándose de brazos.

-… ¿De qué hablas?-

-Por favor, no puedes engañarme, es demasiado obvio la manera en la que la miras y en cómo te has preocupado por ella. Marceline, yo te admiro con todo el corazón, pero no permitiré que te acerques más a Bonnie-

La pelinegra que había estado escuchando impasible, se levantó del sofá donde estaba quedando muy cerca de la chica y se cruzó de brazos poniendo esa mirada de arrogancia que tanto la caracterizaba.

-No me impedirás que la vea si eso es a lo que te refieres-

-Toda esta…- la señalo de arriba abajo con la mano –Actitud. Eres tan evidente. Y a eso me refiero justamente, no quiero que la veas más-

-Eso no depende de ti, Fionna-

-¿Qué harías si supieras que una persona está enamorada de tu novia y siempre esta con ella?- preguntó alzando las cejas

-… Posiblemente lo mismo que tú- dijo con desgana

La rubia esbozo una sonrisa, sinónimo de que daba por zanjada la conversación.

-Pero no puedo, lo siento, no me voy a alejar de ella. Antes de que protestes te voy a prometer que en lo absoluto intentare algo amoroso con ella, solo esperaré a que se mejore y en cuanto recupere la memoria desapareceré de su vida, pero solo hasta entonces-

Fionna suspiro resignándose; tampoco podía alejar a los amigos de su novia solo por sus celos.

-De acuerdo-

Ambas salieron del hospital sin fijarse la una en la otra. Tomaron rumbos distintos y cada una se fue a su respectivo hogar, eran totalmente diferentes, con vidas opuestas y sin embargo las dos tenían a la misma persona en el pensamiento. Se preocupaban por ella, la querían, la diferencia era que una la tenía y la otra no podía hacer más que desearla.

La pelirrosa giro el pomo de la puerta y entro, sabía que era su propia casa pero aun así no la reconocía en lo absoluto y ni siquiera sabría decir en donde quedaba la cocina o inclusive su recamara. Entro lentamente posando la vista en todo lo que veía a su alrededor, se sentía como una niña que recién está descubriendo todo lo que la rodea.

Había salido del hospital hacía unos momentos y ahora estaba, junto a algunos supuestos amigos, en su casa tratando de ver si lograba recordar aunque fuera un mínimo detalle aunque al parecer la cosa no estaba resultando pues seguía igual de perdida que al principio. Se sentía como en un mundo que no era el suyo y que a pesar de haber vivido mucho en él, ahora era incapaz de recordarlo.

Todos sus amigos la acompañaban inclusive Jake quien hacía poco que había llegado, los únicos que faltaban eran los chicos de la banda debido a que habían salido de viaje y estaban muy lejos del lugar. Esperaban en la sala pacientemente, de pie, observando todo lo que la chica hacía para reconocer su hogar.

Cuando Bonnibel se dirigió a una habitación en particular a Marceline le dio un vuelco el corazón, iba justo al lugar donde la había conocido mejor, el lugar donde la había escuchado tocar por primera y última vez, pues desde aquella vez no había vuelto a tocar para ella. Comenzó a acercarse también casi sin darse cuenta mientras los demás la seguían unos pasos más atrás. Se detuvieron en el umbral de la puerta y Marceline lo hizo un poco más adelante, vieron como la pelirrosa se sentaba en el banco del piano y cerraba los ojos comenzando a acariciar con calma cada una de las teclas, cuando comenzó a tocar la bajista tuvo que aferrarse a una mesita al lado de ella pues la canción que Bonnibel estaba tocando era la misma de la primera vez que estuvo en su casa y eso la hizo pensar que, tal vez en su subconsciente, si se acordaba de ella y debía admitir que eso la ponía muy feliz.

Al final del día las únicas personas que quedaban en casa de Bonnibel eran Fionna y Marceline, negándose a irse antes que la otra. La bajista sabía que la que tenía más derechos de estar ahí era la rubia pero aun así algo le impedía irse del lugar.

La pelirrosa sentía la tensión entre ambas así que tomó una decisión, esta situación tenía que acabarse.

-Fionna ¿Podrías dejarme esta vez con Marceline? Me gustaría empezar a conocerlos a todos de nuevo y que mejor que hablando, y bueno, ayer estuvimos hablando tu y yo, así que…-

Se sintió indignada de que prefiriera estar con la cantante a pesar de que sabía que eran novias, pero le había prometido paciencia y sabía que quería tratar de recordar hablando con todos, así que se tragó su orgullo y asintió.

-No hay problema, te veo después- se despidió con un pequeño beso en los labios y se marchó.

-Bien, ahora ¿Podrías contarme que somos?- preguntó a la pelinegra.

-Bueno, somos amigas supongo, tal vez no tanto como lo eres con Flame pero si somos muy cercanas, a decir verdad nos conocimos en un antro-

-¿En serio? No me veo en uno de esos lugares-

-A decir verdad te veías muy fastidiada en el antro cuando Keila prácticamente te obligo a ir, después platicamos, me contaste que tocabas el piano y al día siguiente vine a escuchar como tocabas, lo haces estupendo por cierto- le sonrió.

-Muchas gracias. Sabes cuándo te vi en el hospital me dio la impresión de que éramos más que amigas, pero supongo que me equivoque-

-¿De verdad?- Alzo las cejas y su sonrisa se hizo más amplia.

-Sí, no tengo porque bromear-

-¿Y por qué te dio esa impresión?-

-No lo sé, estaba muy nerviosa por despertar sin recuerdos pero tu presencia me calmo y además sentía que no quería que te fueras de la habitación-

Bonnibel estaba siendo sincera sobre sus sentimientos por ella, jamás se imaginó que eso pasaría pero se alegraba enormemente de ello, seguro era debido a que no sentía el mismo ligamento hacía Fionna como el de antes y por lo tanto no le importaba decírselo. Ya antes tenía la idea de que sus sentimientos eran recíprocos sin embargo ella jamás lo había aceptado.

-Bueno, a decir verdad tú me gustas, Bonnie- le dijo con una sonrisa

-Pero… Dijiste que éramos amigas-

-Yo no dije que eso me hiciera feliz, la verdad es que me gustas y Fionna se dio cuenta, por eso ahora los momentos con ella son solo de tensión- explico

-Oh, ahora entiendo, pero ¿Tu sabes que tengo una relación con Fionna, verdad?-

-Por supuesto, por eso no estoy intentando nada contigo ya, yo sé que la quieres- un dejo de tristeza empaño su mirada por más que ella se negó a dejar su sonrisa.

Finn entro más que furioso al despacho de su padre, azoto la puerta haciendo voltear al hombre quien trabajaba con unos papeles pero los dejo y se puso de pie, al parecer el comportamiento del joven lo había hecho enojar también. El rubio se acercó más hasta quedar justo frente a él, del otro lado del escritorio.

-¿Por qué diablos entras así?- preguntó el magnate sin levantar la voz pero aun así había sonado sumamente amenazante.

-¿¡Cómo pudiste hacer algo así!?- grito el muchacho completamente lleno de ira.

-¿De que estas hablando? Quieres explicarte con claridad-

-¡No puedes engañarme! ¡Sé que fuiste tú quien le provocó el accidente a Bonnibel!-

-No sé a qué te refieres, yo estuve aquí todo estos días-

-¿¡Crees que soy idiota!? ¡Sé que no irías tú! ¡Mandaste a alguien a hacerlo! ¡Pudiste matarla!-

El hombre sonrió, sin embargo no era una sonrisa agradable, sino todo lo contrario, daba miedo hasta verlo.

-Yo se los advertí, Finn, además esa era la intención original pero por lo que me dices parece que no se pudo-

El rubio quedo atónito, sabía que su padre era capaz de muchas cosas pero no se imaginaba que tanto así como para querer matar a alguien. Después de unos segundos logro reaccionar por fin.

-Te denunciaré…- dijo retrocediendo un paso.

-No lo harás, no tienes pruebas, ni siquiera el auto era mío y tampoco salí de la oficina en todo el día-

-Hallaré la manera de comprobarlo-

-Finn, no tienes nada en mi contra, entiéndelo y mejor haz que tu hermana se separe de esa chica de una vez-

-No…-

-Sabes hijo, hace mucho que no recibes una buena lección, creo que por eso tanta insubordinación- sonrió.

Finn trato de salir de ahí rápidamente pero para cuando se dio cuenta ya había dos hombres enormes detrás de él. Lo sujetaron de los brazos y no pudo zafarse por más que lo intento. Su padre solía darle enormes palizas cuando él no acataba una de sus órdenes, pero hacía mucho tiempo que no lo hacía y mientras aquellos tipos se lo llevaban de ahí sintió el mismo miedo que cuando era niño.

El empresario se quedó con un tercer hombre para darle algunas instrucciones.

-Denle una buena lección, solo así lograré que se componga y deshazte del conejillo de indias, ya no nos sirve para nada y ni siquiera hizo bien su trabajo- comento chasqueando la lengua.

-Como usted ordene, señor- se inclinó brevemente y se retiró tras los demás.

-Los niños nunca escuchan sin una buena lección- se lamentó diciéndose a sí mismo.