Fionna había pasado a ver a Bonnibel y se encontraba en su casa, totalmente sorprendida por lo que estaba viendo. Bonnibel que jamás se esperó esa noticia no podía cerrar la boca del asombro. La rubia no quiso ver más y apago el televisor consiguiendo así de inmediato la atención de la pelirrosa.
-¿Tu sabias eso, Fionna?-
-Bonnie, yo…- trataba de explicarse la chica.
-¡Lo sabías! ¿Por qué nunca me dijiste nada? ¡Sabías quien causo mi accidente y te lo callaste para ti!-
-Quería evitarte esto. No quería verte sufrir.-
-Me haces sufrir peor si no me lo dices. Lo siento pero no quiero verte, necesito que te vayas.-
-¿Estás… terminando conmigo?-
-Te estoy pidiendo tiempo, en serio solo quiero estar sola.-
Fionna salió de la casa dejando a la chica. Según la reciente noticia, que no alcanzo a ver completa, el cómplice de Martin Murtons había declarado en su contra asegurando que él había causado el accidente de una muchacha por el simple hecho de que el gran empresario no quería que su hija saliera con otra mujer. Después de eso todos los demás empleados de la empresa se fueron quebrando emocionalmente y confesaron todos los negocios sucios que este hombre mantenía muy bien escondidos. Ahora se enfrentaba a una gran demanda de la que difícilmente lograría salir. Para rematar con las sorpresas el oficial que lo había detenido era amigo suyo, al parecer el tiempo que Jake estuvo afuera fue solo para estudiar en la academia de policías. Y lo que era aún más sorprendente de todo era que el cómplice se trataba nada más y nada menos que Bmo, el amigo de Finn al que había visto un par de veces en las contadas ocasiones en que iba a visitar a la rubia en su hogar. Tanta información que asimilar en tan poco tiempo y lo que más le había afectado era que la chica lo supiera todo y aun así no hubiera dicho nada en todo ese tiempo.
Oía los insistentes golpes de la prensa en la puerta. La noticia había viajado rápido y en un segundo ya los tenía ahí hambrientos de noticias frescas que ventilar a todo el mundo. Lo que menos le gustaba era hacer pública su vida por lo que este gran embrollo en el que la habían metido la sacaba de quicio con tanta atención. Decidió que llamaría a alguien que supiera como lidiar con esta clase de popularidad.
Sacó su celular del bolsillo y marcó lo más rápido que pudo, cosa que no fue muy difícil.
-¡Marcy!- dijo casi gritando cuando escucho ruido en la línea.
-¿Estás bien, Bonnie? ¿Viste las noticias?-
-Sí, las vi. No toda la nota pero si lo suficiente. Marcy, hay muchas personas afuera y no sé qué hacer, ya me tienen harta.-
-No te preocupes, tú ignóralos y pronto se irán. ¿Quieres que vaya a tu casa?-
-No, eso solo empeoraría los rumores.-
-Claro, tienes razón fue una tonta idea. Pero igual no quiero que estés sola… ¿Está Fionna contigo?-
-No, ella ya se fue. Me moleste porque ella sabía lo de mi accidente y en todo este tiempo nunca dijo nada.-
-Sus razones tendría. No puedes juzgarla sin saber porque lo hizo.-
-Puede ser, pero en estos momentos preferiría hablar de otra cosa. ¿Has visto a Flame?-
-¿Por qué me lo preguntas?-
-Bueno, últimamente pasan mucho tiempo juntas así que solo supuse que sabrías algo más que yo. La última vez que la vi fue hace dos días cuando estuviste en ese programa.-
-Oh ese programa. Fui a aclarar las cosas sobre lo que pensaban de Flame y de mí.-
-Ya lo sé. Pero no has respondido mi pregunta.-
-Ah, bueno la vi ayer. Estuvimos platicando un rato en mi casa y después se fue. Eso es lo único que sé.-
-Bueno. Gracias por contestar, Marcy. Ya voy a colgar, necesito ir a darme una ducha.-
-De acuerdo. Hablamos luego.-
En cuanto cortaron la comunicación Bonnibel hizo lo que dijo y entró al baño en donde se quedó un buen rato pensando en que ojala pronto esos reporteros se cansaran y la dejaran tranquila.
…
Marceline se encontraba en su casa, estaba demasiado nerviosa como para hacer cualquier otra cosa que no fuera seguir nerviosa. No quería que Bonnibel se enterara por los medios sobre su hermano pero tampoco quería decírselo ella, necesitaba recordarlo por sí misma. Daba vueltas alrededor de la mesa tratando de calmarse pero no lo conseguía, realmente se estaba desesperando ahí, necesitaba salir. Se dijo que iría a casa de Flame y así aprovecharía para contarle lo sucedido aunque a esas alturas estaba bastante segura de que ya lo sabía.
Apenas iba a ir por sus llaves cuando escucho que alguien tocaba la puerta, primero pensó que no era nada puesto que el golpe se escuchó muy despacio pero después aunque los golpecitos seguían escuchándose muy apenas el golpeteo era más insistente. Abrió la puerta y casi que no se la creía, era la persona que menos pensaba ver ahí justo en ese momento y el estado en el que estaba daba a entender claramente que no estaba bien, su rostro se veía demacrado, las manos le temblaba y su piel era tan pálida como el papel. Tuvo que sostenerla para que no fuera a caerse de donde estaba y la llevo casi arrastrando hasta el sillón.
-Rayos, mira el estado en el que estas, Fionna.-
Ante toda respuesta ella solo sonrió con ironía.
-Necesitas un médico.- continuo la pelinegra.
Incluso antes de terminar la oración la chica ya estaba negando con la cabeza.
-No necesito nada. Yo ya…- al parecer le faltaron fuerzas para continuar.
-Tranquila no hables, yo me ocuparé de todo. Además ¿Por qué diablos has venido conmigo?-
-Porque te odio… Tú no sufrirías por mí… Y los demás si.- se notaba claramente que cada palabra le costaba un soberano esfuerzo salir de su boca.
-¿De qué hablas? No te entiendo, Fionna ¿Por qué no quieres que te lleve al hospital?-
Antes de responder respiro profundo como tomando fuerzas para darle todas las explicaciones que le estaba pidiendo.
-Ya no sirve de nada ir al hospital. Mis días estaban contados cuando salí de ahí. Le mentí a Bonnie, le dije que me había curado y la verdad es que lo único que quería era pasar el poco tiempo que me quedaba junto a ella y no en una cama. Yo sé que ya no doy para más, Marceline. Esto se acaba hoy…-
-Tú no puedes hacer eso ¿Me oyes? No vas a morirte, Fionna.- le dijo molesta.
La rubia metió su mano en la bolsa del pantalón y saco un sobre algo arrugado.
-¿Podrías darle esta carta a Bonnie?-
-¡No vas a morirte, entiendes!- se notaba claramente que estaba entrando en pánico –Llamaré a la ambulancia.-
-Marce… hazla feliz. Si te aleje de ella, era porque no quería que interfirieras en los últimos momentos que me quedaban con ella. Fue egoísta lo sé, pero yo quería estar mis últimos días con ella a toda costa. Dile que me perdone por eso…-
Fionna cerró los ojos y le sonrió. En serio se estaba muriendo. Marceline la agarro por los brazos y la zarandeo un poco pero ella no reacciono. ¡Oh no! Realmente se le escaba la vida si es que todavía le quedaba algo de ella. Siguió aferrada a los brazos de la chica moviéndola pero no pasaba absolutamente nada.
-¡No me hagas esto, idiota! ¿¡Por qué rayos vienes a morir aquí!? Rayos, despierta maldita sea.-
Ella dijo que viniendo con ella no haría sufrir a nadie pero entonces ¿Por qué estaba llorando? Las lágrimas la traicionaron y salían sin que ella lo quisiera, trazaban un camino desde sus ojos pasando por sus mejillas y aterrizando en el sillón a un lado de las piernas de la joven. Seguía aferrada a sus brazos y no pensaba soltarla por ahora, no quería que pasara esto. Estaba bien que no la quisiera con Bonnibel pero querer que desapareciera de esta forma… eso no lo quería en lo absoluto. Sabía que la pelirrosa sufriría. No tenía ni idea de que hacer o a donde ir.
Trató de calmarse hasta que por fin consiguió que el llanto cesara, se limpió las que aun restaba con la manga de su blusa y levantó suavemente el cuerpo inerte de Fionna entre sus brazos. Estaba más liviana de lo que le había parecido en un principio. Tomó como pudo también la carta y se la metió en el bolsillo con cuidado de no soltarla a ella. Salió de su apartamento y metió a la rubia en el asiento del copiloto. La llevaría a casa de su familia, era lo único que podía hacer. ¿Por qué había tenido que pasar esto justo ahora? Estaba segura de que ese pequeño chico cobarde no soportaría la noticia y menos aun cuando acababan de apresar a su padre ¿Y por lo menos estaría en casa? Con todo el alboroto legal era probable que no pero por lo menos tenía que intentarlo. Cuando llegó se bajó del auto y llevo en brazos a la chica hasta la puerta donde toco la puerta pateándola pues no tenía manos libres como para hacerlo de manera normal. El señor que la abrió ya lo había visto antes cuando vino con Flame. Al ver a su señorita en sus brazos lanzó una exclamación de sorpresa y la hizo pasar sin preguntarle nada al menos hasta que dejo su cuerpo sobre su cama.
-¿Qué le pasa a mi señorita? Dígamelo por favor.- rogaba el hombrecillo.
-Ella…- no pudo terminar la frase y fijo la vista en el suelo incapaz de seguir viendo como las lágrimas abandonaban esos bondadosos ojos con arrugas.
-No… ella no… ¿Cómo paso? Ya estaba bien.- sollozaba.
-No estaba bien. Según lo que me dijo solo los hizo creer que era así, ella quería estar sus últimos días con Bonnibel.-
El hombre se arrodillo junto a la cama y tomo la mano de la chica mientras lloraba en silencio. Marceline quiso respetar su privacidad y salió en silencio de la habitación y cuando iba por las escaleras se topó con Finn que parecía venir llegando apenas a casa.
-¿Qué haces aquí?- preguntó fríamente el joven.
-No es momento para peleas. Tienes cosas más importantes de las que encargarte.-
-¿Hablas de lo de mi padre? Porque acabo de llegar de allá así que…-
-No me refiero a eso. Fionna… ella…-
-¿Fionna qué? ¿Qué le paso a mi hermana? ¿Qué le hiciste?-
-Yo no le hice nada. Ella seguía enferma y su último día se acabó.-
-Eso no…-
-Está en su cuarto.-
La pelinegra no dijo más y con eso basto porque el muchacho corrió escaleras arriba mientras ella bajaba. Se fue de ahí, aún tenía otro compromiso que cumplir en otra parte. Se dirigió a casa de Bonnibel, de todo lo que había hecho hoy definitivamente esto sería lo más complicado de lograr. Estaciono el auto y tomo un respiro profundo antes de salir. No lo entendía pero sus rodillas temblaban, debía ser por la fuerte noticia que estaba a punto de darle a la persona que más quería en el mundo. Por suerte todos los reporteros que pudieron haber estado ahí ya no estaban. Tocó la puerta y de no ser porque la joven atendió rápido hubiera salido corriendo. Cuando ella abrió la puerta solo la miró y entró a la casa cerrando tras de sí y provocando curiosidad en la dueña de la casa.
-Necesito hablar contigo…-
-¿Sobre qué?-
-Es… Fionna. Ella… Bonnie, ella te mintió en lo de su enfermedad, no estaba curada cuando salió sino todo lo contrario. Acaba de…-
-No.-
-Bonnie, yo entiendo que estés mal pero debes aceptarlo, ella…-
De no haber sido porque Marceline la tomó de la cintura y la abrazó ella se hubiera caído al suelo por la impresión. Se soltó a llorar sobre el pecho de la pelinegra. No podía ser cierto, esto debía ser una cruel y horrible broma por parte de alguien que la odia.
Continúo llorando por un buen rato y hasta que la cantante no la sintió más tranquila no la soltó. Cuando la chica se sentó en el sillón, Marceline sacó la carta de su bolsa y se la tendió haciendo que la pelirrosa volteara a verla y sin decir nada tomara el sobre.
Lo abrió en ese mismo momento y después de haber leído fue peor la reacción. Lloró un buen rato en el hombro de la bajista hasta que estuvo lista para ir a ver el cuerpo de Fionna y dado que estaba demasiado afectaba la otra tuvo que llevarla en su coche hasta allá.
Las cosas iban de mal en peor, otro golpe más así no lo soportarían y menos la pelirrosa. Era demasiado lo que aún no sabía cómo para decírselo justo en ese momento, sin duda si lo hacían la chica terminaría quebrándose emocionalmente.
Llegaron pronto y al tocar la puerta fue Finn quien las recibió y no parecía tener las más mínimas ganas verlas en ese momento pero sabía lo importante que era Bonnibel para su hermana así que muy a su pesar se hizo a un lado para dejarlas pasar.
…
Carta de Fionna a Bonnibel
Querida Bonnie.
Si estás leyendo esto quiere decir que mi vida aquí ha terminado pero no te pongas triste por favor porque seguramente estoy mejor ahora. Esa dichosa enfermedad me provocaba dolores horribles que siempre tenía que disimular cuando me encontraba a tu lado para no preocuparte. Como seguramente ya sabes yo jamás mejoré, no era posible salvarme y los médicos me lo dijeron. No tuve otra opción que pedirles que les mintieran porque yo quería vivir con mis últimos días una vida normal y no en una cama de hospital. Quiero que sepas que todos los momentos que pase junto a ti fueron verdaderamente importantes para mí, incluso las peleas que solíamos tener. Perdóname por no hacerte caso enseguida cuando me dijiste que fuera al doctor a revisarme, lo hice demasiado tarde y ahora por eso todo termino de esta manera. Lo bueno es que ahora me puedo ir sabiendo que no está sola y que hay alguien que te ama igual o más que yo. Definitivamente creo que te ama más que yo pues ella fue capaz de renunciar a ti para que fueras feliz y yo no quise dejarte, te ate a mí para pasar los días que me quedaban a tu lado y no tenía el derecho a hacerte eso. Perdóname por ser tan egoísta.
Por favor dale una oportunidad a esa idiota que me robo tu corazón, sé que la amas. También estoy segura de que se mete con todo el mundo pero podría apostar a que cambiara gracias a ti.
Fui muy feliz mientras duro nuestro para siempre, pero te toca rehacer tu vida, amor.
Siempre tuya, Fionna.
