¡Hola personas! ya volví de vacaciones, ya todo bien y disculpen si me demoré mucho en subir este capítulo. Dije que lo subiría el lunes y ya casi es martes pero bueno, lo importante es que ya esta aquí y que estoy contenta de poder verlos de nuevo. Me gusta que les guste la historia y les tengo una triste noticia... Ya solo nos quedan dos capítulos más de la historia :c
Fue muy bueno escribir esto para ustedes y espero les guste. Nos leemos el próximo fin de semana. Gracias por todo.
Un mar de vestidos y trajes negros se arremolinaban alrededor del ataúd y llenaban cada pequeño espacio de la habitación a tal grado en el que apenas cabía una sola persona más ahí. Al contrario de lo que todos pudieran pensar la rubia tenía muchos amigos o simples conocidos que iban a dar su pésame a una de las familias más dinerosas de la ciudad.
En una esquina del lugar donde reposaba el cuerpo de Fionna se encontraba la pelirrosa, no lloraba pero se veía que el dolor era demasiado intenso. Sus ojos estaban cristalizados y rojos mientras sus manos recorrían el ataúd como si con ello pudiera traerla de vuelta. No podía creer que lo último que le hubiera dicho es que quería tomarse un tiempo, sin duda el peor momento para algo como eso. En estos momentos no quería acercarse a Marceline por respeto a la memoria de su novia difunta y le agradecía que lo entendiera y se mantuviera alejada. Aun no le había la carta que le dejo Fionna a nadie pero no dejaba de pensar en sus palabras; tal vez tuviera razón y la chica fuera la indicada después de todo siempre estaba apoyándola y nunca había hecho nada que pudiera herirla. Ahora la imagen de la rubia sonriendo y estando con ella no salía de su mente, por lo menos podía estar segura de que había hecho lo correcto al quedarse con ella pues jamás podría perdonarse si en aquel momento cuando la chica más la necesitaba se hubiera alejado y hubiera seguido lo que su corazón le pedía a gritos y lo que Fionna le recomendaba en su carta. La rubia quería que fuera feliz pero debería haber notado que a su lado también había pasado los mejores momentos de su vida.
La pelinegra se encontraba sentada en una silla al lado de Finn quien mantenía la vista fija en la pared sin voltear siquiera a mirarla y lo entendía, el chico había llegado a la extraña conclusión de que la muerte de su hermana era por culpa de ella o por lo menos que había arruinado los últimos días de la chica con Bonnibel; al menos eso era lo que ella creía que él estaba pensando pues su hostilidad decía más que sus palabras, pero no era algo que pudiera asegurar.
Lo vio levantarse e ir directo a donde estaba la ahora ex novia de Fionna y mientras tano ella se acercó a Flame quien estaba cerca de la puerta apoyada en la pared mientras mantenía los brazos cruzados, se veía incomoda entre tanta gente pero seguro únicamente permanecía ahí por su amigo. Al verla acercarse le dio una tímida sonrisa que apenas fue visible. Cuando estuvo suficientemente cerca la saludo de beso y se quedó de frente a ella para poder hablar.
-¿Cómo paso esto, Marceline?- preguntó asombrada y en voz baja.
-No lo sé, Flame. Fionna nos mintió a todos para no preocuparnos hasta este punto, aunque creo que más que no preocuparnos a nosotros era Bonnie quien no quería que lo supiera. Tampoco entiendo porque prefirió ir a mi casa y no a la de cualquier otra persona, incluso hubiera sido más lógico que fuera contigo.- explicó en susurros.
-Honestamente tampoco yo la entiendo en lo absoluto.
-Cambiando de tema ¿Cómo vas con Finn?
-Ya sabes cómo va eso. Igual que siempre y a decir verdad dudo que algo cambie entre nosotros. Lo nuestro está roto totalmente.
-Entiendo. Tal vez era lo mejor.
Finn que estaba con Bonnibel se limpió una lágrima que logró escapar de sus ojos. Todavía estaba demasiado fresca la herida y ver el cuerpo de su hermana era como exprimirle limón encima. Sintió como la mano de la pelirrosa se posaba sobre su hombre y lo apretaba suavemente para darle algo de ánimo aun cuando posiblemente ella se sentía igual de destruida en estos momentos. Al parecer su rostro daba a entender todo lo que sus palabras no estaban diciendo.
-Lo siento.- susurro la joven.
-Yo también lo siento.- le respondió de la misma manera.
Su garganta estaba demasiado seca pues toda gota de agua que tenía en el cuerpo ya las había llorado y aun así estaba seguro de que si en este momento decía una cosa más volvería a llorar igual por lo que decidió quedarse unos minutos más en silencio ya que definitivamente no lo haría ahora ahí delante de toda esa gente. Como el único heredero y miembro de la familia Murtons tenía que aparentar ser más fuerte de lo que era.
-¿Necesitas que te lleve a casa cuando todo esto termine?- pregunto él.
-No te preocupes, Marceline va a llevarme.
-Deberías alejarte de esa chica, Bonnibel. Ella solo va a hacerte daño.
-Te equivocas. Es la única persona que nunca ha hecho nada que me haya herido.
El rubio rio sin ganas.
-Entonces supongo que acostarse con tu mejor amiga no es algo que pueda herirte.
-¿De qué hablas?- se le quedo mirando confundida.
-Eh… no me digas ¿No lo sabías? ¿Qué Marceline no te dijo nada?
Bajó aún más la voz y se acercó a su oído hablando tan despacio que apenas fue audible cada una de sus palabras.
-Marceline y Flame tuvieron sexo.- Se separó y le sonrió con amargura.
-N-No… No puedes estar hablando en serio.
-Muy en serio. La misma Flame fue quien me lo dijo.
-¿Por qué me lo dices hasta ahora?
-Hey, yo acabo de enterarme apenas ayer. Estábamos discutiendo y me grito que se había acostado con tu rockerita. Dudo que haya sido solo a dormir. Aunque bueno, yo te dejo pues aún tengo invitados que saludar.
Pronto se perdió entre la multitud aunque Bonnibel había dejado de ponerle atención desde su última frase. No pudo evitar sentirse traicionada y pensar que había estado a punto de darle una oportunidad a los sentimientos que tenía por la pelinegra. Al parecer hasta Fionna se había equivocado con la chica. Ya sabía que se había acostado con Keila pero con Flame era algo totalmente distinto, a ella la conocía desde primaria y era… era su mejor amiga.
…
Era casi media noche cuando llegaron del velorio y el funeral, donde lo único bello era el clima, el cual permanecía sin demasiado sol y sin absolutamente nada de lluvia; era simplemente neutro. Estaban en casa de Bonnibel y aunque había aceptado irse con ella no le había dirigido la palabra en todo el camino, cosa que no pasó desapercibida para la pelinegra pero lo dejo pasar hasta que estuvieron en la tranquilidad de la casa. Ya que si entendía el sufrimiento que debía estar pasando pero justo por eso ella quería ser su sustento y al contrario de eso, la estaba ignorando completamente.
Detuvo por el brazo a la pianista cuando estaba a punto de desaparecer de la sala, seguramente para ir a refugiarse en su habitación.
-¿Estas bien, Bonnie? Entiendo tu tristeza por lo que paso pero no me gusta que estés así conmigo después de todo yo lo que quiero es apoyarte.
-No estoy así por lo de Fionna, Marceline, al menos no del todo. ¿Cómo pudiste hacerme eso?
-¿Hacerte qué? No entiendo de qué me hablas.
La joven no pudo mantener la calma mucho más tiempo por lo que al responder lo hizo casi a gritos.
-¿¡Cómo pudiste acostarte con Flame!? ¡Rayos! Con cualquiera otra persona hubiera estado bien, incluso sé que te acuestas con Keila, pero no con mi mejor amiga.
-¿Cómo supiste eso?- se sorprendió.
-Finn me lo dijo y menciono que había sido Flame quien se lo dijo a él. Pero no has respondido a mi pregunta.
-Pero no es lo que crees, es decir, me acosté con ella pero no significo nada. Además tu tenías a Fionna así que no importa realmente con quien me haya acostado o no.
-¡¿Por qué justo con ella?!
-Ambas necesitábamos eso, algo de sexo casual y ya está ¿Qué puedo decir? Estaba molesta por tu relación y Flame lo estaba con Finn.
-¿Por qué no fuiste con Keila? Con ella habría dolido menos porque por lo menos ya sabía que a veces ustedes se enrollaban.- sollozó.
-Lo intenté. Al principio fui con Keila pero ella me dijo que no se acostaría conmigo encontrándome en ese estado, dijo que no estaba bien. Después me topé a Flame y una cosa llevo a la otra. No fue algo que planeáramos, simplemente sucedió.- explicó.
-Vete de mi casa. No vuelvas a venir aquí jamás en tu vida.
-No puedes hacerme eso. Lo dices porque estas molesta pero sabes bien que eso no es realmente lo que quieres. Además tú estabas con Fionna ¿¡Tú podías acostarte con ella pero yo con Flame no!?
Un golpe seco la hizo abrir totalmente los ojos. Eso no se lo esperaba.
-Yo no me acosté ni una sola vez con Fionna después de que te conocí. Quiero que te vayas… y que no vuelvas nunca.
-No nos hagas esto. Yo te necesito, Bonn.
De repente le cambio la cara a la joven y unas cuantas lágrimas resbalaron por sus mejillas y cayeron hasta el piso sin hacer ruido. Se había quedado helada y claramente se veía que le estaba costando volver a hablar.
-Do-Donde… ¿Dónde está Gumball?
Tragó saliva ¿Cómo era posible que recordara al chico justo ahora? Espera… ella tenía la culpa ¡Maldición! Había dicho "Bonn" en lugar de llamarla como siempre ¿Por qué no recordó desde antes que su hermanito era el único que solía decirle así? Había metido la pata hasta el fondo y ahora tendría que contárselo.
-Bueno… él… Bonnie, lo siento.
La chica se derrumbó o lo habría hecho de no ser porque Marceline la sostuvo. No solo su cuerpo colapso sino también sus sentimientos, todo en su interior se volvió un completo caos. Estaba descontrolada, su pulso elevado y el llanto era cada vez más fuerte ¿Cómo podía haber olvidado a su propio hermano? Quería estar sola, no podía soportar tener a la chica ahí en esos momentos y menos por lo que acababa de oír.
-¡Lárgate!- le gritó.
-No, no voy a irme. No te dejaré sola.
-¡Que te vayas!
Se levantó como pudo zafándose de los brazos de Marceline y la sacó de su casa a empujones. Honestamente ni siquiera sabía de donde había sacado todas esas fuerzas pero eso era lo de menos en esos momentos. Escucho sus golpes en la puerta desde donde se encontraba pero aun así no abrió. Cayó de rodillas y lloró sin parar, necesitaba desahogarse pues este día había sido el más horrible de todos y ahora estaba mucho más molesta con el padre de Finn. Había matado a su hermano ¿Y sus padres? ¿Lo sabían? ¿Por qué no habían ido a verla? ¿La culpaban? Posiblemente. Siempre le echaban la culpa de todo aunque probablemente esta vez tuvieran razón. Debió hacerles caso, ahora se había quedado completamente sola.
…
Por suerte la muchacha seguía despierta, podía ver el foco de la cocina encendido. Tocó la puerta casi desesperadamente y abrió la puerta una chica vestida únicamente con una camisa larga hasta debajo de su muslo, llevaba el ceño fruncido por la súbita interrupción a esas horas pero cambio la expresión al ver que se trataba de ella.
-Marceline ¿Qué paso? Creí que te habías ido a cuidar de Bonnie.- dijo confundida.
-Eso hice pero me corrió. Flame, ella sabe que tú y yo nos acostamos.
-¿Cómo sabe eso? Pasa, me cuentas adentro.
Ambas entraron y después de cerrar la puerta la pelirroja se unió en el sofá junto a la otra.
-Al parecer Finn se lo dijo. Flame, no debiste habérselo dicho.
-Lo siento, estábamos discutiendo. Me grito, yo grite y termine echándole en cara eso para herirlo.
-Yo entiendo, pero ahora no quiere verme, no sé si sea distinto contigo pero no puede estar sola justo cuando acaba de recordar a Gumball…
-¿¡Qué!?
-Sí, metí la pata y la hice recordarlo.
-Llama a Keila. Tal vez no nos quiera a nosotras pero con ella no puede negarse.
-Buena idea.
Tomó su teléfono del bolsillo de su pantalón y tras un momento de estar hablando con la otra joven por el celular al fin colgó. Ella se comprometió a ir a verla ya mismo por lo que podía dar un respiro pero le dolía que Bonnibel la hubiera corrido de su casa. Ella quería que compartieran juntas ese momento que sabía que sería muy doloroso para la pelirrosa. Solo esperaba que Keila fuera capaz de tranquilizarla, ya mañana iría a ver como seguía.
