¡Hola personas! Bello día el de hoy (sin importar cuando lo leas) una bella, mañana, tarde o noche tengas.
Gracias por su apoyo, por sus comentarios, por seguirme a mi o a la historia, por los favs tanto a la historia como a mi. Gracias por todo eso, me hace querer seguir con más ánimos.
Bueno, ya el capítulo que sigue es el final :c
Pero no hay que desanimarnos pues también habrá un corto epílogo y tal vez no tarde mucho en subir una nueva historia Bubbline. :3
Ahora sí, a leer. Se cuidan.
Aún estaban preocupadas por la pelirrosa pero ya habían comprobado que no quería ver a ninguna de las dos. Ambas sentadas tapándose el rostro con las manos se lamentaban por el estado de la joven y se culpaban también, pues eran sus amigas y la habían herido.
Flame suspiró y levantó la cara provocando que Marceline hiciera lo mismo. Se veía claramente que la más afectada por el rechazo era la pelinegra porque aunque a ella también le dolía, nada podía compararse al amor que Marcy le tenía a su amiga.
-¿Qué vamos a hacer, Marcy?
-Esperar. No tenemos más opciones que esa.
-¿Cuánto tiempo?
-No lo sé.
-Me siento muy mal. Ella ya tiene suficiente con todo lo que le ha pasado y siento que le hemos hecho una nueva herida.
-No tienes ni que decirlo, yo me siento igual. Pero ¿Cómo puede molestarse así por algo de una noche?
-Ha sido nuestra culpa. No debimos hacer sin importar nada, se supone que somos sus amigas y la conocemos y aun así no nos importó. ¿¡Por qué no lo pensé!? Lo siento, es mi culpa que lo sepa.
-No, Flame. Es mi culpa. Yo fui quien empezó todo.
-Con tantos golpes seguidos que está sufriendo la pobrecita. La muerte de su hermano, la de Fionna, la pérdida de su memoria y el rechazo de sus padres. De hecho se me hace difícil entender que le sigan pagando todo con los malos que fueron.
-Ellos no están pagando nada, Flame. Yo empecé a encargarme de todos los gastos de Bonnie.
-¿En serio?- la miro sorprendida –Eres increíble.-
-Soy un asco.- suspiro –Tengo que irme, necesito ir por las cosas de Gumball al departamento de Fionna y… me gustaría ir a hablar con los papás de Bonnie ¿Tienes su dirección?
-Sí, un segundo.
La pelirroja saco lápiz y papel de un cajón donde le apunto el lugar donde vivían los señores, el cual quedaba tan solo a tres horas de viaje en coche. Marceline lo tomó y después de despedirse salió del apartamento para hacer lo que tenía que hacer. No podía creer la clase de personas que eran si en un momento tan difícil dejaban sola a su hija, aunque ella no era nadie para juzgarlos y tampoco iba a ir a eso, solo que todo este embrollo le ponía los nervios de punta.
…
Finn había estado firmando papeles toda la mañana y parte de la tarde. Estaba cansado y aburrido después de los recientes acontecimientos en su vida en los cuales se había separado de Jack y Bmo, a quien consideraba su amigo, ahora se había convertido en un criminal por culpa de su propio padre y el cual estaba preso en estos momentos, aunque todavía le costaba trabajo hacerse a la idea de que todo ese tiempo hubiera estado viviendo con una persona tan mala, no quería ofenderlo, después de todo seguía siendo su padre. A pesar de todo eso lo que más lo había hundido emocionalmente era la muerte de su hermana y el rompimiento de cualquier trato que pudiera tener con Flame, y sin embargo ahí estaba, parada frente a él abrazando su cintura con sus manos en un acto de nerviosismo o tal vez de pena. Él apoyó sus antebrazos en la silla al tiempo que se recargaba hasta atrás y juntaba sus manos con aire de superioridad, pero al recordar que era la misma posición que su padre siempre hacía bajo los brazos apoyándolos en el escritorio.
-¿Por qué no tomas asiento?- le ofreció a la joven.
Ella se sentó tal como le dijo aun algo cohibida aunque él no entendía por qué su actitud.
-¿Para qué querías verme?
-Quería hablar contigo sobre nosotros. No quiero gritar ni tampoco reclamarte nada, solo quiero aclarar las cosas.
-Bien. Habla entonces.
-Yo te quiero, Finn, mucho más que eso, yo te amo pero a pesar de eso yo no volvería contigo. Lo nuestro se acabó pero igual quería que quedáramos bien. No te pido que como amigos pero por lo menos quiero quedar en buenos términos contigo.
-¿Por qué? ¿Por qué no volverías conmigo? ¿Es por ella?
-¿Marceline? No, Dios. Ella y yo tuvimos sexo, sí, pero fue un error que estamos lamentando y tú, no tenías derecho a decírselo a Bonnibel, ahora ella nos necesita y no quiere vernos.
-Lo siento. Te estoy siendo honesto cuando te digo que yo no quería dañarla solo quería protegerla porque pensé… bueno… que tú y ella…
-No tenemos nada ni es ella quien me gusta sino tu pero lo nuestro se ha acabado y solo te pido que me dejes estar a tu lado ayudándote mientras esta situación se calma. En lo que tú te sientes mejor.
-Gracias, eso de verdad me gustaría.- le sonrió tristemente.
…
Dos personas ya de edad avanzada, aunque bien conservados como quien tiene una buena dieta y se ejercita a diario, se encontraban sentados en unas mecedoras en el porche de su casa. Se veían realmente cabizbajos y estaban vestidos de negro mientras el señor tomaba de la mano a su esposa. Pensaron que el aire fresco les haría bien ya que en apenas poco tiempo la vida se les había venido encima.
Un auto se estaciono frente a su casa y el señor se levantó de donde estaba con actitud protectora analizando si la persona que bajara del coche presentaría algún problema. Vio bajar a una mujer de cabellera negra pero aun siendo una chica no sabía si sería una amenaza pues su atuendo le daba la impresión de que estaba viendo a una vagabunda, cosa que no parecía posible considerando su automóvil, sin contar la dura mirada que tenía, como si ella sola pudiera luchar contra cien guerreros ninja y salir ilesa.
La chica con vaqueros rotos, botas militares y una camiseta negra de tirantes se acercó hasta el extendiéndole la mano aunque su rostro no demostraba una expresión muy amable. Tomó su mano con la suya para saludarla pues después de todo él no era una persona grosera.
-¿Los señores Glum?
-Sí, somos nosotros ¿Qué se le ofrece, jovencita?
-Verán, mi nombre es Marceline Abadeer y yo quería hablar con ustedes sobre su hija.
Vio claramente como los músculos de matrimonio se tensaban, incluso noto como la señora, aún en la mecedora, apretó los puños y la mandíbula.
-Lo siento, será que se retire.
-Discúlpeme pero no voy a hacer eso. Tienen que apoyar a su hija, estar con ella en estos momentos. ¡Los necesita!- dijo casi suplicando.
-Usted no puede venir a decirnos como ser padre.- respondió irritado.
-Su hijo murió y lo entiendo pero no pueden culpar a Bonnie por eso. El mismo dolor que ustedes sientes ella lo está sintiendo también pero peor porque su pareja acaba de morir y porque sus padres la han dejado sola.
-Tal parece que te tiene a ti.- comentó la señora esquivando su mirada.
-Sí, me tiene a mí pero ningún apoyo será mayor que el de sus padres, ¡Se siente completamente sola! Deben ayudarla. Yo… la entiendo y no quiero que pase por lo que pase yo. Mis padres nunca fueron cariñosos ni mucho menos e incluso sé que al irme les quite un peso de encima, por eso les pido que ustedes no lo hagan. No hieran a su propia hija.
No lo pudo controlar y una lágrima escapó de sus ojos dándole vía libre a otras que la siguieron mientras ella se las limpiaba con el antebrazo. La señora también había comenzado a llorar pero seguía sin mirarla.
-Ella provocó la muerte de Gumball.- bramó el señor.
-No, ambos fueron víctimas de un atentado por parte de Martin Murtons, si deberían odiar a alguien es solamente a él. Bonnie tuvo la fortuna de seguir viva y ustedes deberían dar gracias porque no se quedaran sin sus dos hijos.- escupió totalmente molesta.
Se alejó de ellos volviendo a su coche, necesitaba calmarse y además darles algo de tiempo a los señores para pensar bien las cosas, lo único que esperaba era que recapacitaran pronto por el bien de la pelirrosa. Ella en estos momentos era incapaz de ayudarla y no era porque no quisiera hacerlo así que solo podía confiar en que fueran a ver a su hija y ayudarla y en que Keila también pudiera hacer algo por ella.
…
-¿Estas segura de que no necesitas nada más?
-Estoy bien, Keila, gracias.
La pelirrosa había estado todo el día en cama y únicamente se levantó para ir al baño y para darse una ducha, incluso la comida había tenido que llevársela a la cama. Su falta de motivación para todo era más que evidente y el desinterés era aún peor.
El celular de Keila vibró sobre la mesita de noche de Bonnibel, donde lo había dejado, y lo tomó de inmediato para contestar.
-Estoy en la puerta.
-Bien. Espérame ahí.- colgó.
Volteo de nuevo a ver a la chica; tenía que hacer un último esfuerzo para que aceptara ver a Abadeer.
-Deberías hablar con Marceline.
-No, no quiero verla.
-Pero ella te quiere. Vino a traerte de vuelta las cosas de Gumball ¿Estas segura que no quieres bajar?
-Completamente.
Suspiró. –Bien.-
Salió de la habitación dando una última mirada hacía la cama donde la pelirrosa se estaba tapando completamente con las sabanas y se volteaba hacía la pared. Bajo las escaleras rápido para no hacer esperar mucho a Marceline y al abrir la puerta ella seguía ahí, con la mirada gacha y las manos dentro de sus bolsillos del pantalón.
-Bonnie aun no quiere verte.
-Lo sé. Yo solo vine para guiar a los cargadores. Ya está todo pagado y ellos tienes que acomodar las cosas como tú se los digas.
-Bueno, muchas gracias por hacerte cargo de todos los gastos, Marce, incluso los del hospital de Bonnie.
-Sabes que la amo y lo que me sobra es dinero así que no tenía porque no hacerlo.- respondió encogiéndose de hombros.
Keila la abrazó y le dio un beso en la frente antes de que se marchara. No podía evitar sufrir al ver a las dos personas que más quería no estar juntas aun amándose y sin ningún impedimento real que valiera el alejamiento que estaban teniendo. Desgraciadamente no podía hacer más que seguir cuidando de Bonnibel y mantener informada de su estado a la cantante.
Estaba a punto de subir las escaleras cuando alguien más tocó a la puerta y tuvo que regresar de nuevo, seguramente serían los cargadores o eso pensaba por eso le sorprendió tanto ver a estas personas justo ahora. Se sentía bastante molesta pues después de todo por lo que había pasado sola la pelirrosa ahora venían a quien sabe que, solo esperaba que no fuera a reclamarle cualquier cosa porque no iba a poder controlarse si era así.
-Q-Qué… ¿Qué es lo que quieren aquí?
-Vinimos a ver a Bonn. Tenemos mucho de que disculparnos.
-Esa chica que fue a vernos, nos hizo replantearnos muchas cosas y entender los malos padres que estamos siendo.- continuó la señora.
-Bonnie… está en su recamara. Los necesita más que nunca.- les sonrió tristemente y abrió más la puerta para dejarlos entrar.
La pareja se dirigió en silencio a ver a su pequeña mientras Keila se quedaba en el sillón a esperarlas cosas de Gumball. Ellos tenían que estar como familia una vez más. Sabía quién era esa chica de la que le había hablado la señora o podía imaginárselo a pesar de que ella no había dicho una sola palabra sobre el tema. Incluso así sabía que no había una persona tan atrevida y que se preocupara tanto por el bienestar de su amiga como para ir a ver a sus padres y convencerlos de que vinieran a ver a su hija. Así por lo menos la chica tendría otro apoyo y ya no tendría que lidiar con todo eso sin nadie a su lado porque lo quisiera o no padres eran padres y absolutamente nadie podía consolarla mejor que ellos.
