Kili hizo un gesto a su hermano desde su escondite. La zona estaba clara y el momento era el idóneo para atacar. Fili, sin separase mucho del suelo para no dejarse ver llegó a la mesa principal. Mientras el cogía la bandeja llena de ricas y recién hechas magdalenas Kili vigilaba que no entrase nadie. Al fondo de la cocina vio como uno de los ayudantes se movía hacia su posición. Kili silbó dos veces cual pájaro carpintero. Fili cogió la bandeja y se apresuró a salir. Al poco tiempo estaban corriendo por los pasillos de Erebor con dos grandes sonrisas en la cara.
Lo bueno de ser los sobrinos del Rey de Erebor era que su tío conocía cada pasillo, cada parte de la montaña, pues había nacido allí y era parte de su aprendizaje conocer su reino como la palma de su mano. Fili y Kili le habían pedido que les enseñase todo lo que él sabía y su tío, gustoso, lo había hecho. No había nada que alegrase más el corazón de Thorin que ver a sus sobrinos en el hogar que les correspondía por naturaleza. Puede que hubiesen nacido en las Eren Luin, pero Erebor era su hogar, al fin y al cabo eran los herederos de su linaje. Thorin había dedicado largas horas a enseñarles cada pasillo según estos iban siendo reconstruidos y también las puertas y pasadizos secretos que unían las distintas partes del castillo. Fili y Kili habían disfrutado de esos momentos con su tío. Nunca le habían visto tan relajado, aunque seguía siendo el enano serio y contenido que siempre había sido, se notaba que un gran peso había desaparecido de sus hombros. La primera vez que Thorin les enseño los pasadizos secretos que solo, solo, se debían de utilizar en caso de emergencia Fili y Kili intercambiaron un mirada de complicidad. Era una pena tener unos pasadizos tan útiles y no utilizarlos.
Llegaron a sus aposentos riéndose mientras devoraban las magdalenas. Nadie les había visto y eso lo consideraban una victoria. Pero nada más doblar el pasillo que daba a sus cuartos se encontraron a Bilbo esperándoles con los brazos cruzados.
'Vaya. Imagino que habéis de haber sido muy simpáticos con la Jefa de Cocina para que os de toda la bandeja de magdalenas.'
Fili y Kili dejaron miraron hacia el suelo. Bilbo cogió una y la mordió. 'Muy buenas. Saben mejor cuando uno trabaja por conseguirlas, ¿verdad?'
'No es como si alguien fuese a darse cuenta.' Dijo Kili. 'Hay muchas mas.'
'Tranquilos. No os voy a regañar.' Fili y Kili miraron a Bilbo con ojos preocupados. 'Ni tampoco se lo voy a decir a vuestro tío.' Los dos hermanos sonrieron y abrazaron al hobbit dándole cada uno un beso en la mejilla.
Fili y Kili eran perfectamente conscientes de que si querían una bandeja llena de magadales no tenían más que pedirle y esta sería llevada a donde ellos deseasen. Quien dice magdalenas dice cualquier cosa, era parte de ser príncipe, pero ellos no querían eso. No siempre. Desde que habían dejado de ser simples enanos de las Montañas Azules y se había convertido en príncipes de Erebor todo era mucho más serie y aburrido. Tenían que estudiar más, atender a actos oficiales, entrenar más que nunca, y lo peor de todo, ya no podían hacer las trastadas que tan acostumbrados estaban a hacer antes del comienzo de la misión. Ahora la única diversión que podían encontrar dentro de la montaña era cosas como la que acaban de hacer y no siempre era fácil salirse con la suya. Cada vez que Thorin se enteraba de que habían vuelto a hacer algo impropio de su rango les regañaba con una de sus intensas miradas que tanto Fili como Kili respetaban y temían más que nada. Por suerte para ellos Bilbo estaba de su lado. Bilbo siempre estaba de su lado.
'No he venido aquí para pillaros. He venido porque necesito de vuestra ayuda.'
'¿Qué podemos hacer por ti?' Preguntó Fili dejando la bandeja en la mesa central de sus estancias.
'En dos meses es tu cumpleaños, Kili, y es una fecha importante para ti, si no me equivoco.'
'Así es, no todos los días uno cumple ochenta años.' Dijo Kili con una sonrisa.
'Al fin vas a ser un enano adulto, sannadad.' (Perfecto hermano)
'Ya soy adulto.' Dijo Kili molesto.
'No, no lo eres. Hasta dentro de dos meses sigues estando bajo mi tutela y la de madre y Thorin, nanadith.' Fili disfrutaba haciendo de rabiar a su hermano de vez en cuando.
'Más te vale quitar esa sonrisa de la cara, nadad, porque voy a hacer de tu vida un infierno a partir de que cumpla mi mayoría de edad.' Y dicho esto se abalanzó sobre él.
Ambos rodaron por el suelo golpeándose y riendo. Bilbo nunca entendería a los dos príncipes y sus muestras de cariño. Nunca había conocido a dos hermanos tan unidos como ellos, eran inseparables. Todavía recordaba el miedo que pasó cuando pensaba que no iban a sobrevivir a las heridas de la batalla. Ambos habían luchado con todo su ser para defender a su tío, cuando una lanza enemiga le hirió en le costado dejándole indefenso durante unos minutos. Minutos cruciales en los cuales Fili y Kili, luchando como un solo ser con todas las energías que les quedaban, defendieron a su tío hasta que este pudo reponerse y seguir.
Después de la batalla, cuando todo había acabado y los cuerpos empezaban a ser reconocidos y los supervivientes eran atendidos por los pocos médicos que había fue el momento realmente duro. Fili se había llevado la peor parte, intendao proteger a su hermano hasta el final, aún así sus muchas heridas sanarían con tiempo y dedicación. Kili era otro caso. Había recibido varios flechados de orcos y su cuerpo había sido envenenado por las flechas. Los médicos no sabían si sobreviviría al veneno. No tenían medios ni tampoco las mejores plantas pata curarle. Hubo momentos en los que se pensaba que iba a morir y era en momentos así en los que Fili empeoraba sistemáticamente. Era como si su cuerpo dijese "si él muere tu mueres con él". Los días pasaron y, gracias a Eru, ambos hermanos se recuperaron. Con el tiempo solo les quedaron cicatrices a Fili y parte de la pierna y el costado derecho un tanto ennegrecido a Kili.
'Chicos.' Dijo Bilbo desde la distancia, pues sabía bien que no era aconsejable interponerse entre ellos cuando estaban así. 'Hay cosas que hacer.'
'¿Qué quieres de nosotros, Bilbo?' Preguntó Kili dando la mano a su hermano. Ambos se sentaron el las sillas y Bilbo les imitó.
'He decidido organizar la fiesta.'
'Es una idea estupenda.' Dijo Fili.
'Tu organizas las mejores fiestas.' Continuó Kili.
Bilbó se sonrojó un poco. Si una cosa sabían hacer los hobbits era dar fiestas.
'Y tiene que ser perfecta. Quiero que todo sea perfecto y para eso necesito ayuda.' Continuó mientras se comía la magdalena.
'No sé, Bilbo, nosotros no somos los más indicados para ayudarte.' Dijo Fili.
'Sí, lo nuestro más que la preparación es la festividad.' Terminó Kili.
La verdad es que a ninguno de los dos les apetecía mucho organizar la fiesta.
'Vaya. Es una pena.' Dijo Bilbo levantándose. 'Pensé que sería una buena ocasión para pasar tiempo juntos organizando una gran fiesta. Pensé que sería bueno que os librarais de las clases durante unos días y me ayudaseis. Pero tenéis razón, mejor busco a otros. No os quiero molestar.' A Bilbo no le dio tiempo a dar más pasos pues los dos hermanos se abalanzaron a él y le volvieron a sentar en la silla.
'Bilbo.' Dijo Fili con una sonrisa que podía robarle el corazón a cualquiera.
'No hace falta que busques a otros.' Dijo Kili con su cara de cachorro.
'Nosotros te ayudaremos.' Dijeron al unísono.
Bilbo sonrió. Sabía que serían capaces de hacer cualquier cosa con tal de librarse de las clases de protocolo. Y Bilbo necesitaba ayuda, mucha ayuda.
Era el día libre de Thorin. Todo lo libre que podía ser el día de un rey. Por la mañana había respondido a algunas misivas y firmado documentos legales que requerían su supervisión. Mañana tenía un día largo, pues debía reunirse con los jefes de las minas y con Bard. También tenía que contestar la carta que Dain le había mandado, por lo que quería aprovechar el día que tenía libre para hacer cosas que había dejado pendientes desde hacía algún tiempo.
Thorin se dirigió a la fragua principal, la que tenía mejores instalaciones, pues quería hacerle a Bilbo un nuevo juego de jardinería. El que tenía actualmente había sido uno de los regalos que le había hecho antes de pedirle matrimonio. Había sido el primero de los regalos de su cortejo y Bilbo le tenía más aprecio que a cualquier otra cosa que le hubiese regalado después. Era un hermoso juego, forjado con el mejor acero y con el mango de madera tallada, pero uno de los instrumentos se había roto y perdido al caerse por el balcón de la terraza del hobbit y Thorin quería regalarle un nuevo juego. Bilbo se había entristecido mucho cuando eso sucedió y había dejado de trabajar en su jardín por miedo a perder el resto, Thorin no podía consentir eso. La primavera había llegado y notaba como Bilbo miraba al exterior con anhelo. Debía de hacerle otro juego lo antes posible.
El rey entró en la fragua sin corona, ni elegantes vestimentas, pues para el trabajo que iba a hacer no las requería. Se había pasado la mayor parte de su vida trabajando para poder dar una vida digna a su familia y a su pueblo, algo de lo que no se avergonzaba, y desde que había sido coronado rey ya no tenía que trabajar como una obligación, ahora lo hacía como pasatiempo, para relajarse. Cualquier ser de otra raza podría ver la actividad como algo raro e indigno de un rey, pero un enano sabía que no había nada deshonroso en trabajar con el don que Mahal les había dado, no hacerlo sería un ofensa a su cultura. Cada enano era especialista en un arte manual, el de Thorin era la herrería. Siempre había tenido un talento innato par ello, pero desde su exilio lo había perfeccionado hasta que forjar una bella y perfecta espada le era tan natural como respirar.
Los enanos de alrededor tardaron un poco en reconocer a su rey, pero al hacerlo se inclinaron en señal de respeto. Thorin les hizo un gesto con la mano para que siguiesen trabajando y se dirigió a la parte dedicada a la familia real. En la fragua de al lado estaba Gloin, forjando una hacha.
'¿Un regalo para tu hijo?' Preguntó Thorin quitándose la túnica y remangándose la camisa marrón claro.
'Sí, creo que es hora de que aprenda a luchar con dos.' Dijo Gloin admirando la hoja que acababa de terminar.
Thorin extendió la mano y Gloin le pasó el objeto. Era un buen trabajo, de eso no cabía duda. El acero había sido templado y domada de una manera profesional. Era una gran hacha. Thorin hizo un gesto con la cabeza para mostrar su admiración y Gloin sonrió bajo su espera barba.
'¿A qué se debemos el honor de tu presencia por aquí?' Preguntó Gloin cogiendo el hacha. Aún tenía que terminar algunos detalles antes de darle el aprobado final.
'Voy a hacer otro juego de jardinería para Bilbo.'
Gloin asintió. Los dos estuvieron trabajando al lado, en un silencio cómodo. De fondo se podía oír el sonido de la fragua, el golpeteo del martillo contra el yunque, el sonido del acero derretido, de la madera entrando en los hornos. Era una melodía única y tranquilizadora para cualquier enano.
Bard llegaba pronto. Él sabía que llegaba pronto, demasiado pronto. A decir verdad decir que llegaba pronto era quedarse corto, pues llegaba un día antes. No había sido su idea anticipar su encuentro con el Rey Bajo la Montaña un día, pero estaban teniendo problemas con Dorwinion sobre los suministros de vino, y eso significaba que estaba, a su vez, teniendo problemas con los elfos de Greenwood. A Bard no le había quedado otro remedio que viajar a Dorwinion con una oferta económica lo suficientemente aceptable para retomar las negociaciones, y para ello necesitaba dinero, su dinero. Dicho dinero era la catorceava parte que había conseguido durante la Batalla de los Cinco Ejércitos, dinero con el que había conseguido reconstruir Dale y con el que le había dado a su pueblo una vida más allá de casas de madera y pobreza. El único problema es que ese dinero no estaba bajo su poder, pues no había edificio en Dale capaz de contener tanto oro, por lo que, años atrás, había llegado al acuerdo con Erebor de que ellos guardarían su dinero en sus grandes salas y él podría acceder a él cuando quisiera. Al principio Bard no había estado por la labor, pero al final tuvo que reconocer que había sido una buena idea, al fin y al cabo habían contratado a los enanos para reconstruir la ciudad y el pago era más fácil cuando uno no tiene que ir con cofres de oro de un lado para otro.
Bard solo había mostrado la impresión que la Gran Montaña le había causado la primera vez que entró en ella, y aún no había sido reconstruida, desde entonces intentaba que el asombro y admiración ante la belleza y majestuosidad del reino de los enanos no se le notase en la cara. No iba a darle a Thorin ese placer dos veces. No había estado ni cinco minutos en la sala que se reservaba a los invitados del rey cuando el enano mayor llegó.
'Siento mucho informarle de que el Rey no se encuentra disponible en estos momentos. Está tratando otros asuntos dado que no contaba con su presencia para el día de hoy.'
'Comprendo la situación, Maestro Enano, pero el asunto que tenía que tratar con el Rey mañana me urge. Siento no haber avisado de mi llegada, pues ha sido una decisión de último momento.'
Balin miró a Bard con cara de pocos amigos. No le gustaba que las cosas no saliesen según el plan del día. Thorin estaba en su día libre, Mahal sabía que se merecía su día libre, había estado muy estresado últimamente, y Balin no quería tener que molestarle cuando no había necesidad. Aún así habia mandado avisar al rey de la llegada de Bard en cuento este había puesto un pie en Erebor.
'Veré si el Rey le puede atender.' Dijo con una cordial sonrisa que no sentía y salió de la habitación. Nada más hacerlo vio al enano que había mandado avisar al rey volver corriendo.
'¿Y bien? ¿Qué dice el rey?
'Dice que él está en la fragua y en la fragua seguirá. Si el arquero tiene tanto interés en hablar con él tendrá que ir allí.' Dijo el pelirrojo enano intentando recuperar el aliento.
'¡Qué Mahal nos asista! ¿Un Hombre en la fragua?' Exclamó Balin entre susurros. El enano asintió. 'Esta bien. Pero yo no me hago responsable si se rompe un hueso o algo estando allí.'
Balin respiró recomponiendo la compostura. Los Hombres no iban a las profundidades de Erebor, ninguna raza iba a las profundidades de las montañas de los enanos. Solo ellos podían ir allí, era una de esas cosas que protegían de la vista de otros. Era cierto que la fragua no era como las minas, aún así Balin no se sentía cómodo. Solo Mahal sabía que le rondaba por la cabeza a su rey para permitir algo así.
'Rey Bard, Rey Thorin se encuentra ocupado en estos momentos, pero le invita a usted a acompañarle mientras trabaja y a tratar sus urgentes asuntos.'
'Lo veo razonable, dado que no contaba con mi presencia. ¿A dónde he de dirigirme para tratar con él?' Dijo Bard acercandose al enano dispuesto a no dejar escapar la ocasión, pues necesitaba el oro cuanto antes y tenía un asunto personal que también quería tratar antes de partir para Dorwinion.
'A la fragua.' Dijo Balin con una sonrisa forzada. Bard se paró en seco. 'Haré que un guardia le acompañe.'
Y dicho esto salió de la habitación. Bard se giró para mirar a sus compañeros con asombro y muchas preguntas en la mente. ¿La fragua? ¿Qué hacía el Rey Enano allí? ¿Por qué le permitía ir a una de sus partes secretas? Fuese lo que fuese a Bard le pareció que el lugar no podía ser más idóneo para lo que tenía en mente.
