Bard había visto fraguas. Fraguas de pequeñas ciudades, la fragua que había en la Ciudad del Lago, fraguas por el estilo, sin embargo, cuando entró en la fragua de Erebor no pudo evitar tener la sensación de que nunca antes había visto lo que era en realidad una fragua.

'Esta es la fragua principal, es la más antigua y también la más grande.' Dijo Balin mientras los guiaba al arquero y a su acompañante, pues Thorin solo había permitido que fuese con uno de sus hombres de confianza, no más, por el interior de la Montaña. 'Tener cuidado con la cabeza y con… bueno, con todo en general. Este sitio no es lugar para Hombres.' La última frase la murmuró para sí.

Aún co los años de práctica de Bard en disimular su asombro ante la majestuosidad de Erebor le costaba trabajo mantener la boca cerrada. El que no podía evitar ir con ella abierta era su mejor amigo y Capitán de la Guardia de Dale. Los grandes techos, las paredes de roca maziza, el sonido de los martillos golpenando contra el yunque mezclado con el del oro líquido recorriendo los carriles hasta llegar a sus respectivos puestos cual canción ancestral era demasiado para el humilde hijo de un pescador.

'¿Qué es lo que está haciendo el Rey aquí? Si se puede saber.' Preguntó Bard mirando los enormes pilares golpear el oro que sujetaba un enano en su mano.

'Trabajar.' Dijo Balin como si la pregunta fuese absurda. Bard miró a su compañero y este se encogió de hombros. 'Le encontraréis en el compartimento del fondo, al final de la sala. Yo me despido aquí. Caballeros.' Dijo con una pequeña reverencia y se fue.

Bard caminó hacia donde le habían indicado evitando las miradas que los enanos le echaban al pasar. Llegó a un espacio abierto, una pequeña fragua individual, pequeña en comparación con todo lo demás, grande en relación a la que había en Dale. Ahora comprendió el porqué de que todo lo que tenían en los últimos años se construía o forjaba en el reino del Enano. Allí vio a uno de los enanos de la Compañía, no se acordaba de su nombre, y a su lado, de espaldas, había un enano sin túnica. No era raro, el calor de la fragua era sofocante y casi todos iban ligeros de ropa, el material más abrigado era el de los guantes que utilizaban. Sin embargo, este enano tenía el hombro izquierdo cubierto con un intrincado tatuaje que le cubría parte del hombro y, como pudo comprobar unos segundos después, parte del pecho. Gracias a la luz proveniente de los hornos pudo ver las cicatrices que cubrían su parte superior. El pelo lo tenía recogido en una coleta baja, excepto por dos trenzas a cada lado de la cabeza. Bard oyó el sonido que hacía el hierro caliente al contacto con el agua y por unos segundos no pudo ver nada por culpa del vapor.

'Nuestros calendarios deben funcionar distintos, pues según el mío nuestro encuentro era mañana.' Dijo el Rey bajo la Montaña sacando el objeto del agua.

Bard se acercó a la zona de trabajo del rey, sin colocarse muy cerca; lo último que necesitaba era salir lastimado. 'En efecto, era mañana, sin embargo no podía esperar pues mañana debo partir sin falta a Dorwinion.' Thorin se giró y le miró esperando una explicación por molestar su preciado tiempo. 'Necesito sacar dinero. Estamos teniendo problemas con el suministro de vino y necesito sacar dinero y algunas gemas.'

Thorin miró a un enano haciéndole un gesto. Este no tardó en traer un taburete para Bard, pues su Capitán se había quedado esperando. Bard se sentó y al hacerlo se fijó en lo que había encima de la mesa de Thorin. Un precioso juego herramientas de jardinería estaba perfectamente colocado, tan solo faltaba una pieza. El resto había sido forjado con el mejor hierro que jamas había visto el arquero, mejor que el de muchas espadas. Los mangos habían sido tallados en una madera brillante y estaban decorados con dibujos de oro y pequeñas gemas incrustadas. Faltaba la pala, pero el mango estaba allí esperando la pieza. Eran unas herramientas dignas de los propios Valar.

'No tenías que venir hasta aquí para decírmelo.' Dijo Thorin colocando la pala y cogiendo el martillo para darle los toques finales. 'Podías habérselo dicho a Balin y él se hubiese encargado de darte lo que necesitases.'

'Lo sé. Sin embargo quería comentarte otro asunto. Uno más personal.'

Thorin le miró esperando a que continuase. Si Bard se sentía un poco intimidado ante el físico del enano y la maestría con la que perfeccionaba la pieza no dejó que se notase en su rostro.

'Estoy seguro que recuerdas la flecha que mató a Smaug.' Ante esto Thorin paró de golpear unos segundos, tan solo unos segundos. 'Esa flecha era una flecha negra, una flecha forjada con un metal que solo se puede encontrar aquí, si mi conocimiento no me falla. Esa flecha fue el legado que mi padre me pasó antes de morir, y el que a su vez su padre le pasó a él. Tiene un gran significado para mi familia.'

'Sé de que flecha me hablas.' Dijo Thorin con una voz un deje peligrosa. Una voz que ponía siempre que alguien mencionaba lo sucedido hacía tres años. 'Esa flecha fue un regalo de mi abuelo, el rey Thrór, a tu abuelo Girion, Señor de Dale. Lo recuerdo. Estaba presente el día que se la dio.'

Bard se quedó mirando al Rey Enano fijamente durante unos segundos con una sonrisa interna. "Por supuesto que había estado allí", pensó. A veces se olvida de cuanto vivían los Enanos.

'¿A qué debo esta historia sobre el legado de tu familia?' Dijo mientras cogía el unía las dos partes de la pala.

Bard respiró. Thorin no era alguien paciente y siempre iba al grano del asunto. Bard lo sabía, por lo que decidió dejarse de rodeos.

'Va a ser el cumpleaños de mi primogénito en dos semanas. Es una edad muy importante para nosotros y quería darle algo que especial. Lo lógico sería que le pasase el legado familiar como hizo mi padre, pero dicho legado ya no existe…'

'Y quieres otra flecha.' Dijo Thorin sin dejarle acabar.

'Exacto.'

Thorin dejó lo que estaba haciendo y miró a Bard. Gracias al taburete en el que estaba sentado el arquero no tenía que levantar la mirada para hacerlo, pues le tenía al mismo nivel, casi un poco más bajo.

'Lo que pides no es algo que esté en tu poder pedir.' Dijo Thorin.

'No lo pido. Lo encargo. Estoy dispuesto a pagar por ello.' Contestó Bard.

'Hay ciertas cosas que no se pueden comprar, pues su valor es superior a cualquier suma de dinero. Esta es una de ellas.'

'Si algo he aprendido de los Enanos es que todo tiene un precio. Aún así no estamos hablando de una joya preciosa como el Corazón de la Montaña, estamos hablando de una flecha.'

'Una flecha forjada con metal negro. Un metal que como bien has dicho solo se puede encontrar aquí.' La voz de Thorin era un poco más peligrosa. No le gustaba que sacasen el tema de la Piedra del Arca. Aún así Bard no se intimidó. Había venido a comprar una flecha y eso es lo que iba a hacer.

'Exacto.'

Thorin vio que no se iba a dar por vencido. No sabía como decirle que no sin revelar el secreto de dicho metal. No podía explicarle a Bard que era imposible forjar otra, nadie podría forjar otra, pues el secreto de cómo hacerlo había muerto junto con su abuelo.

'Lo único que te pido es que me digas con quién debo hablar para encargar una. Comprendo que no es algo usual, que es algo muy valioso, pero para mi es algo que como bien dices, no tiene precio. Ha pertenecido a mi Casa durante décadas y quiero que siga siendo así.'

'No hay nadie en esta montaña que la pueda hacer.'

'Thorin.' Dijo Bard perdiendo la paciencia.

Thorin golpeó la mesa. 'Escúchame. Esto no es como encargar una gargantilla de diamantes o una tiara de esmeraldas o rubíes. Estamos hablando de un material que no se encuentra en la naturaleza, un material que no existe. No es como ir a excavar oro. El metal negro no existe. Se crea.'

'¿Qué es lo que quieres?' Le preguntó Bard perdiendo la paciencia. 'Dime. ¿Qué es lo que quieres a cambio de una flecha de dicho material?'

Unos cuantos enanos de giraron a ver quién se atrevía a hablarle así a su rey. Algunos agarraron los martillos más fuerte de lo requerido en caso de que hiciese falta romperle la cabeza a alguien. El Capitán de Dale llevó la mano a la espada.

Si las miradas matasen Bard habría muerto de una forma lenta y dolorosa en ese mismo momento, pues la mirada de Thorin no dejaba lugar a dudas sobre sus sentimientos hacia el arquero y la conversación que estaba manteniendo. Thorin era un enano impulsivo. Un enano que se dejaba guiar por sus emociones más que por la observación y la estrategia, algo que no siempre había jugado a su favor en el pasado, aunque ahora tenía a Bilbo para solucionar su falta de… perspicacia. Fue precisamente ese impulso irracional lo que le hizo hablar sabiendo que tarde o temprano tendría que tragarse sus palabras.

'¿Una flecha? ¿Es eso lo que quieres?' Bard asintió. '¿Y cómo vas a pagarme, Bard? ¿Cómo pensabas pagar los servicios del Rey de Erebor?'

'Sabes cuanto oro tengo dado que reside bajo tus dominios.'

'No estoy interesado en oro.' Y esa era una frase que nunca, o casi nunca, se oiría salir de la boca de un Enano. 'Como podrás ver tengo todo el que desee a mi disposición. Además, estamos hablando de algo para tu familia, de algo personal. Lo lógico sería que me pagases con algo personal.'

'No sabía que poseyera algo que fuera de tu interés. Aún así lo veo justo. ¿Qué es lo que pides a cambio?'

'Te lo diré cuando tenga la flecha.' Dijo Thorin vistiéndose y quitándose la cinta del pelo. Bard le miró sin comprender.

'¿Perdón? ¿Me estas diciendo que harás la flecha pero no me dirás el precio a pagar hasta que me la vayas a dar?'

'No tengo por costumbre repetirme. Ese es el trato. ¿Lo aceptas?'

Bard quería decir que no. No podía aceptar algo como aquello. No solo le ponía en una situación peligrosa, sino que le ponía a merced del Rey Enano dado que estaba dispuesto a dar a cambio cualquier cosa con tal de darle a su hijo el legado de su casa, y eso era algo que Thorin sabía. Aún así no necesitó mucho tiempo para pensar la respuesta.

'Acepto.'

'¿Por qué no le quieres hacer la flecha?' Preguntó Bilbo mientras le desenredaba el pelo recién lavado.

Thorin estaba en la gran bañera, disfrutando como sus músculos se relajaban en el agua caliente tras un duro día de trabajo. Bilbo estaba fuera, sentado sobre un cojín, desenredándole el pelo y masajeándole la cabeza. No le había contado a qué había ido a la fragua, le había dicho que a forjar algo para des-estresarse, pero le había contado la conversación con Bard.

'No es que no quiera hacérsela, es que no puedo. Nadie puede.'

'No comprendo.' Dijo Bilbo. Y fue entonces cuando Thorin le contó algo que no le había contado nunca a nadie, uno de los mejores recuerdos que tenía de su abuelo.

'Thorin, ven aquí.' Thorin estaba escondido. Sabía que no podía ir a la fragua, pues era demasiado pequeño, pero quería ver que estaba haciendo su abuelo. Thorin salió de su escondite y se acercó al Rey bajo la Montaña.

'Quería ver lo que hacías.' Se justificó el joven.

'No pasa nada, Thorin, pero que no se vuleva a repetir. Este lugar no es sitio para un niño. Ya vendrás cuando seas mayor.'

Thorin asintió. Su abuelo le subió encima de la mesa y le enseñó lo que había hecho.

'Esto que ves aquí es una flecha negra. Esta hecha con un metal especial, un metal único. ¿Cónoces ese metal?' Preguntó el Rey.

'No, no me lo han enseñado.'

'Ni te lo enseñarán, pues es único de aquí.' Dijo Thrór.

'¿Solo existe existe en Erebor?' Preguntó el joven con ojos asombrados.

'Se podría decir. Te voy a contar una cosa, Thorin, algo que me tienes que prometer que no le contarás nunca a nadie.'

'¿Ni siquiera a Frerin?'

'No. Este debe de ser nuestro secreto.'

Thorin le miró pensándose la respuesta. No le gustaba ocultarle cosas a Frerin, aunque este fuese muy pequeño para entenderlas.

'Esta bien.' Asintió en niño.

'Este metal, Thorin, es único de la Montaña. Pero no es un metal que se saca de la roca, es un metal que se crea. Un metal que solo el Rey bajo la Montaña puede crear.'

'¿Cómo?' Preguntó el niño lleno de curiosidad.

'Te lo explicaré mejor cuando seas mayor, pero por ahora has de entender que solo el Rey legítimo de Erebor puede crear este tipo de material. Los reyes de las grandes casas tienen dones que les identifican como legítimos reyes de dichas dinastías. El nuestro es el de crear este material. Es un material que no debe de ser creado a la ligera, pues sus características son muy especiales.'

'¿Es mágico?'

Thrór rió. Era una risa poderosa y profunda.

'Eres curioso. Eso es bueno.' Y no dijo más sobre el asunto. Aún así a Thorin nunca se le olvidó el color de dicho metal y el tacto suave y frío que poseía.

'Nunca me contó cómo hacerlo. El secreto se perdió con él.'

Bilbo frunció el ceño. Tenía que haber algún libro, algún documento que hablase de eso. Algo tan importante no podía no estar registrado en algún sitio.

'No te preocupes, Thorin, encontraremos la forma de hacerlo. Mañana sin falta me pondré a buscar información en la Biblioteca. Al fin y al cabo tu eres el legítimo Rey Bajo la Montaña, y estamos en Erebor.'

Thorin se giró con una leve sonrisa en la cara. No sabía cómo lo lograba, pero el hobbit siempre conseguía aliviar sus preocupaciones. A su lado sentía que era capaz de cualquier cosa. Thorin vio la sonrisa sincera que había en sus labios y no pudo evitar acercarse a él para besarle.

'Está bién, ghivashel.'

Thorin aún no era consciente de la importancia de las últimas palabras de Bilbo.