'¿Nada?' Preguntó Bilbo a Ori por tercera vez ese día.

'No. Bilbo, lo siento mucho. No hay nada en toda la Biblioteca que hable de eso. Puede que esté perdido por algún lado, aún así no sé cuando lo voy a encontrar.' Dijo Ori depcionado por no haber podido ayudar a su amigo.

'No pasa nada, Ori. Muchas gracias por tu ayuda.'

'A tu servicio en lo que sea.' Y dicho esto se fue a continuar con su trabajo.

Bilbo no tuvo mucho tiempo para pensar cual iba a ser su siguiente plan de acción para ayudar a Thorin, pues Fili y Kili se le acercaron corriendo.

'Bilbo, mira lo que hemos encontrado.' Dijeron con un tono de voz más alto del apropiado en un sitio de estudio.

'Shhh. No tan alto. ¿Qué es lo que habéis encontrado?' Les dijo Bilbo.

Fili puso un viejo rollo de papel encima de la mesa. En el había algo escrito con runas en Khuzul y una imagen de lo que era la sala de celebración de Erebor.

'Es la sala de celebraciones de Erebor.' Dijo Kili por si no era evidente.

Bilbo prestó atención al dibujo. Aún con los colores un poco gastados se podía distinguir la decoración. La gran sala de mármol verde estaba decorada con pequeñas velas y guirnaldas doradas, con cintas de tonos rosas, malvas y granates y unos diseños en los estampados de las telas que decoraban las mesas y sillas que Bilbo no había visto jamás en sus años en la Montaña.

'¿De cuándo es esto?' preguntó asombrado.

'No sé. No pone la fecha.' Dijo Fili.

'Aún así es una decoración bonita, ¿no?' Continuó Kili.

'Después de mucho buscar creemos que esta es la mejor que hemos visto.' Dijo Fili.

'Sí, tiene luz y color y los diseños geométricos son muy intrincados.' La sonrisa de Kili lo decía todo.

'Pues deberíamos averiguar qué es.' Les dijo Bilbo, 'Si alguien ha decidido recordar el evento en un dibujo debió de ser algo importante. Nunca antes había visto estos colores, ni esa distribución. Debió de ser algo muy especial.'

'Ori.' Llamaron a la vez los dos hermanos. Bilbo les hizo un gesto para que bajasen la voz, pero pasó desapercibido. Ori no tardó en llegar con una pila de libros en sus brazos.

'Ori, necesitamos que nos digas qué es esto.' Dijo Fili con su voz autoritaria. Esa que ponía siempre que quería recordar que era el Príncipe heredero.

'Es una fiesta.' Dijo Ori dejando los libros en la mesa.

'Eso ya lo sabemos.' Intervino Kili. 'Lo que queremos saber es de qué año es.'

'Déjame ver.' Ori estuvo inspeccionando el dibujo durante unos minutos mientras hablaba para él. 'Yo he leído sobre esto.' Dijo al final y se fue con el dibujo en busca de algo. Los tres se quedaron esperando. Al cabo de unos minutos Ori volvió con un gran libro. 'Aquí esta. 2760 de la Tercera Edad. La última gran fiesta registrada antes de la llegada de Smaug. Aquí se habla de la gran fiesta por el nacimiento de la princesa Dís, hija de Thrain. Se hace especial mención a la exquisita decoración y los tonos malvas y rosas, dice que…'

Pero no tuvo tiempo de acabar pues Fili y Kili dijeron a la vez "madre" y salieron corriendo en lo que Bilbo supuso como su búsqueda.

'Dice algo más sobre cómo se decoró.' Preguntó Bilbo.

'No mucho, pero te lo puedes leer si quieres.'

'¿Lo puedo tomar prestado?'

'Claro. El tiempo que necesites.'

'Muchas gracias Ori.' Dijo Bilbo cogiendo el libro. Si parecía grande en brazos de Ori, en los de Bilbo parecía gigantesco. De hecho lo era en comparación con el hobbit. Aún así Bilbo salió con el libro en los brazos intentando no tropezarse y caminando lo más dignamente que sus peludos pies le permitían.

'Mi señor, tiene una carta de Erebor.' Dijo Lindir ofreciendo el sobre a Elrond.

Elrond le dio las gracias con una inclinación de cabeza y miró el sobre. La carta, en efecto, procedía de Erebor, pero no había sido escrita por ningún enano. El sello que la cerraba así lo demostraba, pues ningún enano cerraba una carta con una puerta hobbit como signo.

'He de reconocer que no esperaba una respuesta tan pronto.' Comentó el elfo, a lo que Lindir asintió.

Elrond abrió la carta y sonrió al leerla. Al acabar miró al cielo y calculó cuánto tiempo había tardado la carta en llegar y cuando tardaría él.

'Lindir, parto hacia Erebor en dos semanas. Por favor, prepara lo necesario para el viaje.'

'¿Mi señor?' Lindir no comprendía que iba a hacer su señor en Erebor, en esa tierra de Enanos.

'He sido invitado a la fiesta que se va a celebrar en honor a la llegada de edad del príncipe Kili. Y, aunque en condiciones normales no dejaría Imladris por algo así, quiero ver la reconstrucción de Erebor. Además, he sido invitado por el mismo Consorte.'

'¿El hobbit?'

Lord Elrond, alguien famoso por su gesto severo y pensativo, sonrió ligeramente acordándose de la pequeña criatura. Quería volver a ver al hobbit. No todos los días los elfos tenían contacto con tan asombrosas criaturas y Elrond quería aprovechar la nueva amistad que tenía con una de ellas. Mithrandil tenía razón en que a veces las pequeñas cosas son las más poderosas. Elrond sabía que la mayoría no miraría dos veces a un hobbit, tachándolos de blandos e insignificantes, pero Elrond había conocido a Bilbo Bolsón y había visto el ingenio y la fortaleza que residía en él.

'Sí. Manda llamar al jefe de la herrería y de la biblioteca. No puedo ir con las manos vacías.' Y dicho continuó leyendo la carta que su hija le había escrito desde Lothlóriel.

Thorin miró la flecha y resopló. Habían pasado tres días desde que Bard había venido a su reino. Tres días en los que se preguntaba por qué no se había mordido la lengua y haberse negado a hacer la flecha. Al fin y al cabo era el Rey. Podía negarse a hacer lo que quisiese, ¿no?

"No, porque tu orgullo es más grande que tu sentido común" le solía decir siempre su hermana, y Thorin odiaba que tuviese razón.

Llenó de rabia golpeó la mesa y apoyó la cabeza en las manos. Era tarde y no había nadie en la fragua, solo él. Con los ojos cerrados y el pelo cubriéndole la visión no vio a Bilbo acercándose. Tampoco le oyó, dado que los hobbits tienen la habilidad de moverse sin que nadie les oiga. Pero sí notó dos pequeños pero seguros brazos rodeándole la cintura.

'Thorin.' Susurró Bilbo. Thorin se movió, apoyándose ligeramente en el pequeño hobbit. 'Es muy tarde. ¿Por qué no vienes conmigo?'

Thorin se separó de él y se dio la vuelta. Bilbo solo vestía con una camisa y los pantalones con tirantes que tanto adoraba ponerse cuando se encontraba dentro de sus aposentos. El Rey imaginó que habría estado preparando la fiesta para su sobrino y que llevaría todo el día en lo que él denominaba "ropa cómoda". Thorin, sin embargo, había bajado a la fragua vestido en su ornamenta real, pues no había vuelto a sus habitaciones en todo el día, y se había quitado cada una de las capas y la corona para trabajar en la dichosa flecha. Solo una fina túnica separaba su torso de los dedos del mediano.

'¿Es muy tarde?' preguntó apoyándose contra la mesa.

Bilbo asintió y se acercó a él, colocándose entre sus piernas. Sabía que Thorin estaba cansado, que había tenido un día muy largo de reuniones con los representantes de las Montañas Grises, y que había agotado la poco energía que le quedaba trabajado en la flecha, aún así no pudo evitar que se le secase la garganta ante la imagen que tenía delante. La belleza de Thorin era imponente. No era una belleza como la de los elfos, elegante y pura; o como la de los hombres, joven y fresca; o como la de los hobbits; inocente y cotidiana. No, Thorin Escudo de Roble era descendiente de Durin, el mayor de los Siete Padres de los Enanos, el primer ser creado por Aüle. En su físico se veía que no era un enano común, cada parte de él gritaba realeza, cada músculo de su cuerpo había sido entrenado para ser invencible en batalla y habilidoso en la fragua. Era lo que todo enano aspiraba a ser, pero eso no era lo que dejaba sin aliento a Bilbo. Al fin y al cabo Bilbo era un hobbit, y aunque admiraba el cuerpo de su esposo, pues era difícil no hacerlo, eran sus ojos y su voz lo que hacía que le temblaran las piernas.

'He pasado el día con tus sobrinos y tu hermana. Tengo ideas sobre como quiero que sea la fiesta, pero para ello voy a necesitar tu ayuda.' Dijo tocando la fina túnica y notando como los músculos de debajo se relajaban con su tacto.

'Lo que pidas, umzim.' Thorin llevó las manos a la cintura de Bilbo y con los pulgares acarició su blanda tripita. Bilbo no tardó en acercarse más a él, enredando sus manos en su pelo.

'¿Por qué no continuamos la conversación en un sitio más privado.' Dijo acariciando la oreja del enano.

'Aquí no hay nadie.' La manos de Thorin se movieron a la espalda de Bilbo.

'En nuestra habitación tampoco. Y no es un sitio público o…' Pero Bilbo no pudo acabar la frase pues Thorin le besó apasionadamente.

'Thorin, puede entrar cualquiera.' Protestó Bilbo cuando se separaron para respirar.

'La fragua está cerrada.' Dijo Thorin besándole el cuello. 'El guardia acaba de pasar hace unos minutos.' Le besó la oreja y Bilbo suspiró. 'No pasará hasta dentro de una hora.' Dijo antes de chupar ligeramente la punta de la oreja del hobbit. Eso fue la perdición de Bilbo. Toda su compostura y su saber estar Bolsón desapareció de golpe y solo quedó la necesidad de estar más cerca de Thorin, lo más cerca posible.

'Thorin.' Susurró antes de besarle. Thorin no tardó en bajar sus manos a los muslos de Bilbo y levantarle. Bilbo rodeó a Thorin con sus piernas, sujetándose mejor, sin dejar de besarle.

Estuvieron así, besándose, disfrutando el uno del otro durante un largo rato hasta que Thorin se giró y depositó a Bilbo en la mesa tirando al suelo las puntas de flecha que había hecho ese día. Empezó a mover las caderas suavemente y Bilbo dejó de besarle para tomar aire.

'Thorin.'

'¿Si, uzayung?' Dijo sin parar el dulce movimiento que hacía que le fuese difícil hablar.

'Debemos… Thorin.' Gimió suavemente. Thorin llevó sus manos y las metió por dentro de la camisa. 'Thorin, no. Para.'

Thorin paró. Bilbo pudo ver en sus ojos decepción, y se sentía mal por ello, pero sabía que no era civilizado ni de un hobbit digno y respetado hacer lo que estaba haciendo. Aunque hacía tiempo que Bilbo había dejado de ser un hobbit respetado… Y Thorin decía que tenían tiempo…. "No, Bilbo, ¿qué diría tu padre si te viera?" Bilbo no quería ni imaginárselo. Aún así pensó lo que siempre pensaba en una situación en la cual no sabía si ser Bolsón o Took. "¿Qué haría mamá?"

Miró a Thorin, sabía que si le pedía que siguiesen en su habitaciones Thorin no se opondría, aunque podía ver lo mucho que le gustaba a Thorin la idea de tener a su consorte para el solo en la fragua. Al fin y al cabo, ¿quién era un simple hobbit para contradecir a un poderoso rey enano?

Bilbo sonrió. 'Más te vale que ese guardia no pase hasta dentro de una hora.' Dijo quitándose los tirantes.

'Tranquilo, âzuygâl. Además, tu cuerpo es solo mío para ver y disfrutar.'

'Sabes que eso va en dos direcciones, ¿verdad?' Thorin asintió quitándose la túnica y tirándola al suelo. Bilbo se olvidó de respirar durante unos segundos. 'Bien.' Dijo al final, llevando las manos al pecho de Thorin. 'Que no se te olvide.'

'Soy todo tuyo.' Thorin le besó el cuello mientras le desabrochaba la camisa.

'Todo mío.' Dijo Bilbo antes de que Thorin le besase.

Y durante el tiempo que estuvieron juntos se olvidaron de la fiesta y de los problemas del día y del cansancio de una larga jornada. No fue hasta mucho más tarde, cuando estaban sentados en el suelo, recuperando el aliento, cuando Bilbo se fijó en las puntas de flecha tiradas en el suelo. Cogió una y la observó. Era una hermosa punta de flecha, pero no tenía nada especial, era como todas las demás puntas de flecha, sin embargo Thorin se fijó en algo que antes no había visto. El metal de la punta estaba como escamado. Cogió la punta de las manos de Bilbo y la miró. No era posible, el metal no se escamaba, pero este lo estaba. Poco a poco Thorin empezó a quitar las capas con las uñas. Bilbo no sabía que estaba haciendo ni porqué arañaba el metal, pero no dijo nada, simplemente se quedó a su lado, mirando. Al cabo de un rato Thorin volvió a observar a punta de flecha. Le había quitado la fina capa escamada que la cubría y ahora, en lugar de una común punta de flecha, tenía en sus manos una hecha de un metal negro, frío y suave. Thorin miró a Bilbo y vio en sus ojos la misma luz que había visto minutos atrás cuando le tenía en sus brazos y este gemía su nombre perdido en su placer. La misma luz que veía cada día cuando abría los ojos al despertarse.

Bilbo le tomó la mano que sostenía la punta y la besó.