¡Saludos! No tengo mucho que decir antes de dar comienzo hasta capítulo, a parte de dar las gracias una y mil veces a todos vosotros. Sinceramente jamás había considerado publicar fics en esta web (cuando los escribía, sólo los subía a foros), ya que pensaba que el cariño o aceptación que se recibía era mucho más pequeño debido a la grandísima cantidad de fics que se publicaban, pero me equivoqué. Es incluso mayor, y eso me llena de ilusión para escribir cada capítulo. ¡Disfrutad de este capítulo, que me enrollo mucho con estas cosas!

Capitulo 3: Sorpresa

Los tímidos rayos de luz que asomaban por la ventana calentaban suavemente la piel de aquellos dos piratas que reposaban plácidamente en el colchón de la mujer. Un destello lo suficientemente intenso acarició el párpado del capitán, que se vio forzado, molesto, a abrir los ojos para cerrarlos rápidamente. Y con los ojos entreabiertos, la vislumbró.

Y la vió. Pegada a él, con una sonrisa que daba a entender que disfrutaba de la protección que le brindaban sus brazos. Y lo cierto era que a él no sólo no le disgustaba, sino que le encantaba. Le encantaba regocijarse de ver su relajado rostro agradecido de estar a su lado. Por curiosidad, movió su mano, justo la que estaba atrapada debajo de la de su compañera, que la agarraba con fuerza, pretendiendo que no se fuese de su lado.

Y por desgracia, o por suerte, la Tierra no detuvo su movimiento de traslación, y el rayo que forzaba a Luffy a cerrar los ojos penetró más aún en la habitación, hasta brotar en la mejilla de la navegante, y lentamente subía hasta llegar a sus ojos castaños, cerrados entonces. Y los abrió, e incómoda por la sensación, decidió voltear su cuerpo, ignorante de la situación.

Luffy, tan embarazoso como paralizado, se encontró con sus ojos, abiertos como platos tanto o más que ella. Sintió un cúmulo de sensaciones recorrer cada vena de su cuerpo. Y también un impulso, el cual no sabía exactamente por qué quería hacerlo. No entendía el motivo, pero no le importaba, sólo quería atrapar sus labios, juntarlos con los suyos. Y ante la parálisis del moreno, Nami tomó la delantera, y tras una corazonada se tiró a sus labios. Éste le respondió besándola, lo más apasionadamente que pudo, aunque torpemente, pegándola a él todo lo que podía, dejando que su piel rozase con la suya.

Ambos estaban disfrutando de ese momento que jamás habían experimentado. Se sentían libres, como si una revelación hubiera tenido lugar entre ellos. Y se miraron, jadeando, sin saber bien qué hacer o qué decir. Sus labios se separaron muy lentamente, no porque no estuvieran encantados del encuentro, sino porque por una parte, Luffy no entendía bien qué acababa de pasar, y Nami no acababa de creerse que su capitán, ¡que Luffy!, hubiera tomado el control de su boca de esa manera. Precisamente él.

Y ante la duda, prefirieron que el momento continuase. Sus sonrisas se transformaron en un beso al juntarse, y Nami se puso encima de Luffy pasando sus brazos por detrás de su cuello, al mismo tiempo que éste simplemente se dejaba llevar, sin poder hallar cuál era la manera correcta de actuar. Sencillamente la besó intentando imitar el movimiento de sus labios y su mandíbula.

Y el infortunio tuvo que llegar. La puerta se abrió, la inocencia de Luffy no le permitía darse cuenta de lo vergonzoso que podía resultar para la navegante que la encontrasen en una situación como esa, es más, tampoco tenía mucha idea de qué estaba haciendo. A diferencia de él, el sobresalto de Nami fue instantáneo, pero aunque pudo tener tiempo suficiente para detener el apasionado beso, no lo tuvo para desplazar sus muslos de la cintura de su capitán.

Robin entró en el que, al fin y al cabo, era también su cuarto, ignorando por completo a esos dos inexpertos. Nami no quiso mirarla a la cara, encontrándose con las mejillas encendidas, y Luffy volteó la mirada para ver quién había entrado.

— ¡Oh, buenos días, Robin!— saludo alegre y amistoso el capitán.

— Buenos días, capitán-san.— contestó sonriendo.

— Oye— la voz de Nami era absurdamente tenue, pues seguía avergonzada—, esto… Se puede explicar. El que estemos así…

— ¡Robin— interrumpió Luffy—, Nami ha hecho conmigo lo mismo que haces tú con Zor-!— al pobre hombre de goma de poco le valió serlo para evitar el golpe que le propinó Nami, que impidió a Luffy acabar la frase (a pesar de que era obvio cuál era el contenido de la misma).

— ¿¡Pero no te das cuenta de que esas cosas no se dicen!?— le rechistó Nami. Al mismo tiempo, Robin simplemente buscaba algo en uno de los cajones.

— ¿Y qué tiene de malo, si ella también lo hace a cada rato?— Luffy tenía que hablar con una voz apagada por estar terriblemente dolorido.

— ¿¡Y qué!?— le devolvió Nami, absolutamente furiosa.

— No pasa nada— interrumpió Robin, llamando la atención de los dos—. Ya lo sabía.— señaló la pared que se encontraba perpendicular a la pareja, donde se encontraba un ojo que ella misma había "florecido".

— ¡Robin!— le replicó una Nami completamente avergonzada, y aunque molesta, le era imposible enfadarse con su amiga.

— Fufufu.— rió la arqueóloga con el libro buscado entre sus manos.

Y con intención de preparar el desayuno como era rutina, Sanji se dirigía feliz a la cocina, pensando en encantar con deliciosos platos a su bellísima navegante, que era la única Mellorine disponible. Casi dando saltos, y dándole poca importancia al hecho de que sospechaba que estaba colada por su capitán, caminaba alegre, incluso tarareando una sencilla cancioncita.

Más para su desgracia, el pasillo que le comunicaba con la cocina se hallaba pasando por delante del cuarto de sus ladies. Y con la puerta abierta, no pudo evitar voltear la mirada para dar los buenos días, alegre como nadie a sus chicas.

— ¡Nami-swaaaaan, espero que pases un lindo día!— exclamó de rodillas, con sus característicos ojos en forma de corazón y tendiendole un brazo a su amada. Pero de pronto, y sin cambiar de posición ni expresión, se hizo piedra, en palidez y frialdad (¡y en especial su sensible corazón!), lo que provocó la carcajada de Robin.

— ¿Qué le pasó a Sanji?— preguntó extrañado Luffy.

— Esto se nos va de las manos...— suspiró Nami a la vez que se ponía una mano en la cara.

Pero la vida en aquel barco ya había comenzado, como cada día. Usopp salía del baño, dispuesto a dormir un poco más, pero no pudo evitar que su atención fuese llamada por "la escultura de Sanji" que había en la puerta de las chicas, y decidió asomarse. Aunque se arrepentiría de ello. Así pues, el francotirador se asomó curioso a la puerta.

— ¿Va todo bien por aquí?— preguntó Usopp, el cual tardó unos segundos en analizar la situación antes de ser consumido por el pánico y echarse las manos a la cara— ¡CIEGO, ESTOY CIEGO! ¿¡Y CON ROBIN MIRANDO!?— gritaba incesante.

— ¡Ahahahaha!— seguramente fue la primera vez que oyeron a Robin reír de forma tan descarada.

Zoro iba a descansar un poco tras su turno de vigilancia. Normalmente lo haría en la cubierta como de costumbre, pero le apetecía hacerlo en su cama después de que Robin le dejara la espalda hecha polvo (el espadachín podía tener unos gustos la mar de curiosos). Giró la cabeza al escuchar el escándalo de Usopp, y con la misma expresión que tenía mientras caminaba, miró a su capitán y alzó el pulgar.

— ¡Bien hecho, taishou!— exclamó.

— ¿Gracias?— dijo extrañado Luffy.

Nami sólo quería que la tierra se la tragase, o bien que Sugar la convirtiese en juguete. Cualquier opción era válida.

Y uno a uno, por desventura para la navegante, fueron apareciendo los tripulantes para encontrarse con aquel numerito. Ella no fue tonta durante mucho más tiempo y se acabó por sentar en la cama en lugar del vientre de Luffy. Una vez más calmada pidió a todos amablemente que abandonaran la habitación, con una simpática sonrisa en la boca. Por supuesto, cada uno con sus matices: Ussop no dudó en huir despavorido, Sanji tuvo que ser llevado a rastras (con sumo cuidado de no romperlo en mil trocitos) y a Chopper hubo que contenerle para que dejase de comparar la escena a la que había asistido con la reproducción humana que tanto había estudiado. Tampoco se podía esperar mucho más de aquella particular pandilla.

Sin embargo, una vez se cerró la puerta, Nami se transformó. Miró enfadada a Luffy y se crujió los puños. Verdaderamente había asustado a Luffy, y hasta le había parecido por un momento que usaba Haoshoku Haki de lo acongojado que se encontraba.

— Nami, ¿qué te ocurre? ¿Es que no te ha gustado?— preguntaba Luffy, muy nervioso y colocando las manos delante de su cara para protegerse.

— ¡Pues claro, idiota, pero eso no explica qué hacías en mi cama! ¿Y si nos hubieran visto?— dijo Nami, enfadada… Pero claro, parece ser que aún no había terminado de asumir qué acababa de ocurrir— ¡OH, DIOS, YA LO HAN HECHO!— exclamó entre exageradas lágrimas .

— Es que Zoro me dijo que cuándo tenía pensado acostarme contigo, así que pensé que era porque tú se lo habrías dicho.— dijo inocentemente Luffy y algo nervioso al temer por su vida.

— Le voy a matar...— suspiró Nami más calmada.

— ¿No era lo que querías?— preguntó Luffy.

— Para empezar, yo no le he dicho nada a Zoro, y no era esto lo que él quería expresar con eso…— resignada, Nami se llevó una mano a la cara sin esperar que Luffy fuera a entender lo que en realidad quiso decir su gran amigo, el primer oficial.

— Nami, ¿tú estás enamorada de alguien?— preguntó feliz el capitán. De hecho, verdaderamente no lo sabía.

— Pues claro, de mi cap...— Nami detuvo su respuesta. No, parece ser que a ella tampoco le entraba en la cabeza que Luffy sentía lo mismo pero ni él mismo lo sabía— ¿Y tú para qué quieres saberlo?— preguntó avergonzada.

Luffy se bajó de la cama y se dirigió a la puerta. No podía faltar a su desayuno, por supuesto. Pero antes de salir, miró a Nami girándose para responder.

— Es que creo que me estoy enamorando de alguien, shishishi.— contestó el moreno, que se puso su sombrero de paja y fue como cualquier otro día a la cocina con una gran sonrisa en la boca.

A Nami básicamente esas palabras le provocaron un huracán de sentimientos encontrados. Por una parte, sentía la necesidad de averiguar quién era la susodicha. Siendo honesta consigo misma, podía ser ella ya que había hecho lo que había hecho hacía escasos minutos, pero era Luffy al fin y al cabo y quizás simplemente había hecho algo que le gustaba sin tener en cuenta qué significaba para el resto de los seres humanos. Y por otro lado tenía una profunda impotencia: ¿de verdad después de todo lo que le dijo antes de enfrentarse a Kaido no había caído en la cuenta de que ella…?

No quiso pensar en mucho más, y aunque tenía cierto nerviosismo por el interrogatorio o las miradas que le abordarían en la cocina, seguía teniendo el mismo hambre que todas las mañanas. No dudó en vestirse y dirigirse a la cocina como cualquier otra mañana.

Mientras, en la cocina, nuestro moreno era sometido al mismo interrogatorio que temía Nami, sólo que de un modo mucho más despreocupado.

— Luffy— dijo Zoro—, ¿debo asumir que ya eres un hombre?

— Siempre lo he sido.— contestó extrañado por la pregunta.

— En cualquier caso no hace falta saberlo.— comentó Usopp resignado.

— Es verdad, no quiero saber lo que Nami-swan hizo anoche con este cabeza de goma.— dijo Sanji mientras le servía el desayuno a su capitán con un rencor especial (y obviamente fingido).

— Pues desde luego hizo más que tú, ero-cock.— comentó Zoro mirándole por el rabillo del ojo.

— ¡Hey, marimo, encima que me quitas a mi arqueóloga sexy! ¡Seguro que no sabes tratarla como se merece!— le replicó Zoro.

— Sanji, no sé a qué te refieres— comentó Luffy sin saber bien qué pasaba—, pero yo sólo me acosté con ella.

Las caras de los demás, a excepción de Zoro que ya lo sabía (o eso pensaba) e incluso sonreía orgulloso de su capitán y Robin porque, bueno, es Robin, eran un verdadero poema. Mandíbulas desencajadas, ojos como platos y pellizcos los unos a los otros para comprobar que Morfeo no les estaba jugando una mala pasada.

— La verdad es que dormimos muy bien, no sé por qué tenemos camas peores que ellas en nuestro cuarto.— aclaró el capitán mientras se llevaba un sándwich a la boca.

— Luffy, ¿entonces no hiciste nada SUPER anoche?— preguntó Franky volviendo en sí.

— Uhm— meditó Luffy— ¡Dormí genial! Shishishi.

El resto de los mugiwaras respiraron tranquilos. Tampoco es que les importe demasiado (a excepción de cierto rubio fumador), y para ser francos lo esperaban desde hacía tiempo, pero siempre es una noticia sorpresa que precisamente su capitán haga ese tipo de cosas.

Mientras continuaban el desayuno con el mismo jaleo y peleas de siempre, Nami entró por la puerta y se sentó a la derecha de Luffy, como siempre, y el cual se hallaba presidiendo la mesa. En un principio se extrañó de que no preguntasen nada. No le molestaba, pero desconocía que habían estado conversando anteriormente con Luffy. Procedió a coger algo de comida y rápidamente volvió a mirar al resto de la tripulación.

En efecto, les pilló in fraganti a todos. Sus miradas de absoluta cautela se disolvieron nada más descubrir que habían sido cazados y volvieron a sus habituales festines.

— ¡Chicos!— exclamó Nami, capturando el interés de todo el mundo y provocando un enorme silencio— ¿Tenéis algo que decirme?— preguntó molesta por esas miradas anteriores.

Los demás ignoraron la pregunta y siguieron a lo suyo. La verdad es que Nami tampoco tenía ganas de explicar todo eso. Tampoco es que le traumatizase lo que pensaran. Total, si incluso la habían visto desnuda por voluntad propia en los baños de Arabasta, no era precisamente una mujer que se avergonzara con facilidad, así que se limitó a seguir comiendo el exquisito desayuno de Sanji.

— Tengo una duda— dijo Luffy, lo que acalló a todos por ser otro de los protagonistas de la mañana—, ¿cómo se hace para que una chica sea tu novia?— preguntó inocentemente haciendo que todos los presentes se frotasen los ojos de nuevo y tragaran con agilidad lo que tenían en sus bocas. Y Nami, especialmente, miró a Luffy con muchísima atención.

— Puedes empezar por pedirle una cita.— aconsejó Robin.

Inmediatamente, Luffy empezó a carcajear con su característica risa.

— En ese caso creo que tengo una idea.— dijo y siguió comiendo. Cabe destacar el extraño concepto de cita que poseía el capitán.

Nami nunca había visto a Luffy interesado por mujeres, y mucho menos lanzar ese tipo de preguntas. Y de pronto, parecía que se mentalidad había dado un giro de 180 grados.

Entonces… "¿sí que pensó en lo que dije?", se preguntó, "¿lo de esta mañana era porque lo hizo?".

La navegante jamás había estado tan pensativa en mitad de una comida, así que decidió aislarse del resto. Se puso a pensar, en ella, en Luffy, y en si debía ser definitivamente claro con él. Demonios, estaba casi segura de que hasta un cabeza hueca como él podía despertar esa clase de sentimientos, y además no iba a resistir mucho tiempo a volver a probar esos labios después de aquello. Le había encantado demasiado, e inconscientemente se ruborizó al recrearlo de nuevo en su mente.

Pero ella necesitaba despejarse. No ayudó ni a recoger la mesa, sencillamente abrió la puerta la primera y se puso a recolectar frutos de sus naranjos. Quería estar distraída, no pensar en ello, pero le era imposible. Le quería, ya está, si ya lo sabía, ¿por qué era tan difícil? Y cómo le aliviaba decírselo a sí misma en su mente, y también imaginarse decírselo a él. Pero cuanto más fáciles parecen las cosas, más difíciles son en realidad, y ésta no era una excepción. Qué complicado era ese dichoso músculo.

Sin embargo, unos pasos la sacaron de su mundo y giró la cabeza. Al verle, se puso nerviosa, comenzaron a sudarle las manos. "Esto va empeorando", pensó.

Luffy se acercó a ella le entregó su Clima Tact, el cual se hallaba en un pequeño rincón accesible de la cubierta durante el día para tenerlo a mano cuando les atacasen, lo que significaba que había ido a buscarlo. Nami cogió el arma extrañada y le miró.

— Nami— el moreno se ruborizó—, ¿querrías que te ayudase a hacerte más fuerte?

Y ella lo supo, de inmediato. Sí, había captado el mensaje, había comprendido su idea. Y sonriendo aliviada y eufórica en su interior, montó su particular vara.

— ¡Por supuesto!— contestó.

Fin del capítulo 3.

Como habréis podido comprobar, este capítulo dista bastante en seriedad del anterior, y en dramatismo del primero. Cuando escribo un fic pretendo que se asemeje dentro de lo posible a la obra en la que está basado, y así como en One Piece, quiero incluir tanto capítulos que aspiren a sacar risas, como otros que se esfuercen por meteros algo en el ojo, ¡es sólo un aviso a navegantes! También adelanto algo, y es que el género que corresponde es "romance y aventura", lo que significa que tarde o temprano desembarcarán en cierta isla que explique el por qué de este género.

Pido también disculpas sobre detalles sueltos del Sunny. Cuando escribo sobre éste, miro constantemente los planos en un margen de la pantalla, pero mi visión espacial brilla por su ausencia y a veces me lío, por lo que si ha habido algún error siento haberlo interpretado mal.

¡Un saludo y hasta el próximo capítulo!