Dís miró a sus hijos con esa mirada que solo son capaces de poner las madres que transmiten una mezcla de amor y desesperación. Llevaban más de dos teteras de las de Bilbo tratando de discutir los colores de las guirnaldas y aún no se ponían de acuerdo.
'Pues yo pienso que el malva es un color de chica.' Dijo Kili por octava vez.
'No lo es. Es un color muy bonito. Mira lo bien que queda con el verde de las paredes.' Le dijo Bilbo mostrándole el dibujo.
'Es verdad. El tono queda bien.' Tuvo que reconocer Fili.
'Pues a mi no me gusta. Y es mi cumpleaños. No sé porque no pueden ser azules.'
'No. Me niego.' Exclamó Bilbo. Dís sonrió. Ella no quería meterse en medio, pues sabía cómo acabaría todo, ella y Bilbo organizando solos la fiesta como llevaba sucediendo los últimos tres años. Esta vez prefería apartarse y disfrutar del espectáculo mientras sacaba brillo al hacha que tenía en el cabecero de su cama.
'Tu y tu tío sois iguales y ya no lo soporto. Comprendo que el azul sea vuestro color favorito, pero hay más colores. Muchos más.'
'Cómo el rojo.' Dijo Fili orgulloso. Era su color favorito.
'O como el verde, el amarillos, el rosa, el malva, el marrón, el turquesa… ¡El turquesa!' Exclamó Bilbo. Lo acababa de visualizar. Turquesa. El color perfecto que pegaba de maravilla con el malva que quería poner.'
'¿Qué es turquesa?' Preguntó Kili.
'Es una piedra preciosa.' Dijo Fili orgulloso de saber la respuesta.
Dís suspiró, quería a sus hijos más que a su vida, pero a veces deseaba haber tenido un niña también, alguien con quien poder hablar de algo más a parte de lucha y armas. No todo en la vida eran bonitas hachas o espadas, también había otras cosas, cosas que solo entendían las mujeres. Y los hobbits, al parecer.
'Es una piedra, pero también es un color. Y va muy bien con el malva.' Les dijo Bilbo. 'Ya está decidido. Ahora podemos empezar con los diseños de los estampados.'
Kili no estaba muy convencido con los colores, pero decidió callarse, confiaba en Bilbo y sabía que haría algo genial. Aún que no sabía como, pues no era capaz de imaginar cómo sería el resultado final.
'Para eso he tenido una idea.' Dijo Fili sacando y trozo de papel del bolsillo. En el había un intrincado dibujo geométrico donde un triángulo se iba juntando con un círculo de una forma bastante difícil pero hermosa. Dís se asomó a mirar el dibujo y sonrió. A veces sus hijos la sorprendrían para bien.
'Es muy bonito. ¿De dónde lo has sacado?' Preguntó Bilbo.
'Lo hicimos nosotros, hace mucho.' Dijo Fili mirando el dibujo y recordando.
Fili estaba tratando de realizar los ejercicios que le había puesto Balin. No eran fáciles, pero Fili simpre se le había dado especialmente bien el álgebra, pero no era tan bueno con las formas y los ejercicios que requerían de percepción visual. Dejó sus deberes encima de la mesa y se fue a buscar un libro que necesitaba. Al volver se encontró con su hermano pequeño subido encima de la silla. Kili no tendría ni diez años por aquel entonces y, como todo enano infante de su edad, todo era demasiado grande para él. Aún así siempre había sido ágil y había conseguido subirse a mirar qué hacía su hermano que le impedía jugar con él.
'¿Qué haces nanadith?' Dijo Fili dejando el libro.
'¿Qué haces?' Preguntó el pequeño mirando el triángulo dibujado en el papel minutos antes por su hermano.
'Hago la tarea que Balin me ha dado para hoy. Bájate, que necesito acabar.'
'¿Te ayudo?'
Fili sonrió. Kili aún no era consciente de los ojos que ponía cuando decía algo en ese tono inocente, y esperaba que nunca lo supiese, pues Fili sabía que no tardaría en sacar provecho de ello.
'No puedes. Esto no lo entiendes. Eres muy pequeño aún.' Dijo cogiendo a su hermano y sentándolo encima de sus rodillas.
'Explícamelo.' Dijo Kili, siempre testarudo.
Fili sonrió e intentó explicárselo. Kili le miraba con una cara de concentración suprema y cuando por fin Fili terminó de contarle el problema Kili estuvo cayado durante unos minutos. Miró los apuntes de su hermano, miró el dibujo y la explicación y volvió a mirar los apuntes.
'Está mal.' Dijo Kili.
'¿Cómo?' Preguntó su hermano con una sonrisa tierna.
'No es un triángulo. Es un círculo.'
'No puede ser. No puede ser un círculo. No entra.' Dijo Fili desenredando el pelo de Kili.
'Sí, mira.' Y Kili cogió el grafito y dibujo alrededor del triángulo un círculo. 'Ves. Es un círculo.' Dijo con una sonrisa.
Fili miró el papel y, con la boca abierta, se dio cuenta de que su hermano tenía razón. Era un círculo. '¿Cómo lo has sabido?' Estaba atónito.
'Tu me lo has explicado y era la única opción. No podía ser un triángulo porque tu ya habías hecho un triángulo y me has dicho que estaba mal, asi que solo podía ser esto. ¿Te he ayudado?'
Fili asintió aún sin poder creérselo.
'Bien.' Dijo Kili emocionado y saltando al suelo. '¿Podemos jugar ahora?'
Kili sonrió al ver el dibujo. Nunca olvidaría ese momento pues la sonrisa de su hermano cuando le había preguntado si ya podían jugar había sido una de las más intensas y radiantes que jamás le había visto. Más tarde Fili le confesó que era por lo orgulloso que se había sentido de él por haber solucionado el problema siendo tan pequeño. "No tienes porqué" le había dicho Kili, "sin ti no lo había conseguido. Fuimos los dos". Desde entonces todos los problemas que tenían los solucionaban juntos.
'Bueno, pues ya tenemos tema. Ahora solo quedar hablar con Vili para que empiece a coser.
'No te preocupes, Bilbo.' Dijo Dís levantándose y dejando el hacha al lado de la chimenea. 'Voy a decir que le llamen.'
'Mi rey, siento informarle que empezamos a tener problemas con las reservas actuales.' Dijo el jefe de la bodega del rey Elfo.
'¿Problemas?' Dijo Thranduil moviendo la cabeza para mirar a su locutor. '¿Qué clase de problemas?'
'Empezamos a escasear suministros. No llegan más de Dale o de la Ciudad del Lago y estamos acabando la reservas que teníamos.'
'¿Aún no ha solucionado Bard el problema del vino?' Dijo Thranduil molesto. Él no tenía tiempo de estar detrás de todo el mundo controlando todo, de ahí que tuviera jefes para cada cosa, pero estaba replanteándose el cambiar al último que había seleccionado para el cargo. Después del anterior que había dejado escapar a sus prisioneros pensó que cualquiera sería mejor. Resultaba que no.
'No, mi señor. Aún no.'
'¿Y por qué no se me ha informado de esto antes de llegar a este punto?'
El jefe de bodega no digo nada, pues no tenía escusa.
'¿Para cuánto nos queda?'
'Como mucho hasta dentro de un mes mi señor.'
Thranduil estaba furioso, pero su rostro seguía impasible como siempre. Lo único que había cambiado era que había cerrado los ojos muy despacio, como si estuviese cansado de la vida que le había tocado vivir. Hizo un gesto con la mano y el jefe de bodega se fue.
'Manda llamar a mi hijo.'
No pasó mucho tiempo hasta que Legolas llegó.
'¿Qué sucede, ada?'
'Necesito que vayas a Dale. Pues parece que no hay nadie lo suficientemente competente por aquí como para solucionar este problema que tenemos.'
'¿De que problema se trata?' Dijo Legolas acercándose al trono de su padre.
'No nos queda vino y las reservas que tenemos solo nos durara hasta dentro de un mes. No sé que problemas está teniendo Bard con los de Dorwinion, pero quiero que vayas y te informes y soluciones el problema. Es intolerable la situación en la que estamos.'
'¿Me estás pidiendo que vaya hasta Dale para ver qué sucede con el vino?' A veces Legolas se sorprendía de las prioridades de su padre.
Thranduil le miró sin comprender muy bien el tono de la pregunta.
'Sí. Pensé que te caía bien el humano.'
'Así es, ada, no me importaría volver a verle.' Legolas había conocido a Bard desde siempre, gracias a sus tratos con la Ciudad del Lago, pero desde la Batalla de los Cinco Ejércitos se habían hecho buenos amigos.
'Parte lo antes posible, y llévate una pequeña escolta.'
'Así lo haré.' Dijo Legolas haciendo una leve reverencia con la cabeza y dándose la vuelta para irse. Justo antes de salir oyó la voz de su padre.
'Ya que estás por la zona infórmate de cómo va Erebor. Pero sin que lo sepa el enano.'
Una leve sonrisa apareció en los labios de Legolas, a veces conocía demasiado bien a su padre.
'Así lo haré.'
A los pocos días Legolas salía del palacio de Bosque junto con Tauriel y dos amigos más, de camino a Esgaroth.
Había veces en las que Thorin odiaba ser rey. No ser rey en general, pues desde la desaparición de su padre siempre había sido rey de su pueblo. Pero había sido un rey exiliado, y un rey exiliado no es lo mismo que ser soberano de un gran pueblo y tener en tu poder la montaña más poderosa y rica de toda la Tierra Media. Ser Rey de Erebor requería muchas horas de charlas y estrategias políticas y escuchas de sus súbditos y, a veces, Thorin echaba de menos ser un rey exiliado. Todo era más fácil cuando podías solucionar tus problemas de un espadazo. Sin embargo, sentarse y estar horas discutiendo sobre la producción de una de las minas de Erebor no era la mejor forma de pasar el día. Aún así Thorin nunca se arrepentiría. Él era Thorin II Escudo de Roble, hijo de Thráin, hijo de Thror, descendiente de Durin, el Inmortal. Había nacido para ser rey y pensaba ser el mejor rey posible, pues su pueblo lo merecía.
Por suerte tenía un buen Consejo que le ayuda y tenía a Balin para hacerle la vida más fácil. Aún así no había nadie que le hiciese ver lo que debía de hacer como Bilbo. Su consorte tenía ese don de aclararle la mente y guiarle sin querer hacia el buen camino. No era que le dijese lo que tenía que hacer, no siempre, no en temas a los que Bilbo se refería como "cosas de Enanos", sino que le ayudaba a relajarse y encontrar solución a los problemas que le había planteado ese día su Consejo como nadie era capaz de ayudarle. Él no pensaba cometer los errores de sus antepasados. Sabía que no podía gobernar solo, no sin supervisión, pues la enfermedad del oro era algo que siempre podía volver. También había aprendido con la aventura para reconquista Erebor que no podía, ni debía, hacerlo todo solo. No era inferior por pedir ayuda, ni menos válido como rey. Por suerte había encontrado alguien en quien podía confiar ciegamente, alguien que sabía que siempre velaría por su mejor interés, alguien que era capaz de hacerle entrar en razón aún en sus peores días.
Si había una cosa que odiase de ser soberano de Erebor por encima de todas era el no poder pasar tanto tiempo con su hobbit como desearía. Por eso quería aprovechar cada minuto que tenía libre para estar con él. Hoy tenía un par de horas libres entre la reunión que había tenido con su Consejo y la visita mensual a las minas. Bilbo quería comer fuera, en el exterior. Thorin no le veía el encanto a comer a la intemperie cuando uno podía comer en los expléndidos comedores de Erebor o en el comedor privado que tenían en sus aposentos. Pero sabía que a los hobbits le gustaba la naturaleza, y el césped y las flores. Bilbo llevaba muy mal los largos inviernos de Erebor, su anatomía no estaba preparada para soportar ni el frío ni situaciones que no fueran cómodas, soleadas y placenteras. Cada vez que Thorin veía a Bilbo cubierto de capas se le encogía el corazón. No podía evitar pensar que por su culpa Bilbo estaba así, que si no fuera por él Bilbo ahora estaría en su cálida Comarca, donde siempre hace sol y los prados son verdes y llenos de flores todo el año. Bilbo lo sabía, veía la culpabilidad en los ojos de su rey, y por eso siempre que hacía un día especialmente frío de acurrucaba en los brazos de Thorin y le decía: "no hay ningún lugar en toda la Tierra Media en el que preferiría estar que aquí, contigo".
Por eso a Thorin no le importaba prepara un pony con comida y otros dos para ellos y salir a las fronteras de su reino, donde la vegetación había vuelto a crecer y el Celduin fluía fuerte. No llevaban escolta, pues tanto Bilbo como Thorin querían disfrutar de esos momentos en privacidad. Además, Bilbo odiaba llevar escolta, solo oír la palabra ya transformaba al cálido y educado hobbit en un ser digno de temer. Y, sinceramente, Thorin había vivido toda clase de situaciones horribles a lo largo de su vida y había salido vivo de todas ellas. Tenía bastante confianza en sus dotes como guerrero.
'Mira.' Dijo Bilbo señalando una flor. 'Son dientes de león. Una de las flores más útiles que hay, si eres jardinero. Ayuda a las plantas a coger nutrientes y añade minerales y nutrientes fundamentales a la tierra, haciendo que sea más fácil plantar y trabajarla.'
Thorin miró a Bilbo lleno de amor. Sabía que nunca, en lo que le quedaba de vida, entendería como alguien podía tener tanto amor y pasión por algo como las flores; pero eso no influía en el hecho de que no había nada que le gustase más en el mundo que ver la cara de su hobbit hablar emocionado de algo que tanto amaba. A menudo Thorin imaginaba que Bilbo hablaba de gemas y joyas preciosas, para poder aparentar interés, otras veces, como hoy, simplemente se deleitaba en el entusiasmo del mediano.
No se lo pensó dos veces, se movió hasta donde estaba la flor y la arrancó de la tierra con mucho cuidado. La limpió y se acercó a Bilbo. Las demás razas solían pensar que como las manos de los enanos eran grandes eran poco hábiles o ágiles. No había nada más lejos de la verdad. Es cierto que no poseían la gracia de la de los elfos o la simpleza pero utilidad de la de los hombres o hobbits, pero eran capaces de crear las joyas más hermosas que jamás se habían visto. Colocó la flor detrás de la oreja puntiaguda del mediado. El amarillo de la flor solo realzaba el tono miel de su pelo. Pero no había nada más hermoso que la sonrisa ruborizada de Bilbo.
'Estas precioso.' Dijo Thorin acariciando la mejilla sin pelo que sus dedos se conocían de memoria.
Bilbo no dijo nada. Solo tocó la flor, con los mofletes rojos, y sujetándola, para que no se cayese, se acercó y besó a Thorin. La comida podía esperar un poco más.
