¡Hola de nuevo! En primer lugar, me he retrasado con este capítulo por un motivo. Los números no mienten, y mis sensaciones tampoco. El último capítulo fue el peor de los tres, y me disculpo. No me daba buenas vibraciones cuando lo acabé, y definitivamente no quería cometer el mismo error con éste. Lo he vuelto a hacer de nuevo, volviendo a cuidar detalles sutiles y dejando más de lado el humor a base de clichés que tanto puede llegar a cansar, y motivo por el cual, probablemente, la calidad bajó en el anterior capítulo.

¡Gracias a todos por el apoyo! ¡Os dejo con el capítulo 4!

Capítulo 4: Reflexión

Unas gotas de sudor recorrían las mejillas de la navegante, perfilándolas hasta su mandíbula, donde éstas entrarían en caída libre hacia la cálida madera del Sunny. Era cálida y eso Nami podía sentirlo con sus pies desnudos y que intentaban por todos los medios mantenerla en pie. Definitivamente, apoyó su Clima Tact en perpendicular con el suelo, dejando que su cuerpo reposara con su ayuda. Jadeaba intermitentemente al mismo tiempo que decidió quitarse su blusa morada que la hacía el ambiente aún más asfixiante.

Se hallaba agotada. Se recogió el cabello con una cinta que sacó del bolsillo de sus shorts y empuñó de nuevo su arma. Contempló nuevamente su objetivo y se concentró.

El capitán de aquella tripulación se encontraba de pie, casi inexpresivo y en una posición completamente común. Entonces, la navegante comenzó a correr desesperadamente hacia él, agarrando su arma con fuerza. Una serie de relámpagos comenzaron a salir del extremo trasero del Clima Tact. Inclinó su codo derecho hacia atrás y adelantó el extremo con rayos hacia adelante. El capitán puso una expresión de sorpresa y sin dudarlo inclinó su cuerpo hacia la izquierda, pero justo cuando comenzó a hacer el movimiento, la navegante empujó con fuerza el arma con el brazo derecho, impactando su Clima Tact contra Luffy.

Laffy salió despedido contra la barandilla del Sunny y gritó un poco. Una vez en el suelo, levantó la cabeza. Su rostro era de total admiración hacia ella, que levantó el puño en señal de victoria y cayó rendida al suelo. El moreno se incorporó y caminó lentamente hacía la chica, que estaba tan sonriente como falta de oxígeno.

— ¿Te he hecho daño?— preguntó ella con los ojos cerrados.

— Aún no— respondió risueño Luffy— ¡Pero estás progresando muy rápido!— exclamó.

— Tienes razón, pero sin el Busoshoku Haki en el Nuevo Mundo no podré hacer mucho.— dijo Nami notablemente decepcionada.

Luffy estaba impresionado. Tan sólo había pasado una semana desde que comenzaron su entrenamiento y ya había logrado despertar su haki de premonición. Aunque ella estuviese frustrada, él estaba orgulloso a más no poder.

— Quizás intentas progresar demasiado rápido.— dedujo Luffy.

— Tienes razón— suspiró— ¿Tú dando consejos con sentido? Creo que llevas demasiadas horas de Sol— bromeó.

Luffy rió y ayudó a su exhausta amiga a levantarse agarrándola del brazo. Sin embargo, la fuerza del capitán era excesiva, y la de Nami demasiado leve, de modo que al alzarse se pegó demasiado al cuerpo de su capitán. Sus respiraciones se cruzaban y sus miradas se hacían una. Perdidos en los ojos del prójimo, se sonrojaron levemente.

— ¡Mugiwara— exclamó Franky, lo que llamó la atención de ambos—, tienes que venir a ver esto!

Nami y Luffy se separaron a desgana. Sin darse cuenta apenas, sus manos se hallaban entrelazadas las unas con las otras, y sin ser conscientes de ello, caminaron hacía la parte de césped de la cubierta agarrados de la mano.

— ¿Qué ocurre, chicos?— preguntó Luffy.

Allí estaban reunidos todos los Sombrero de Paja. Franky sostenía un periódico, con una mirada tan tensa que podría cortarle por la mitad. Ussop y Chopper estaban dando palmas de un modo por completo inapetente al ritmo del Requiem for us de Brook. No obstante, Zoro, Sanji y Robin, no aparentaba sorpresa alguna.

— ¡Cógelo!— le ordenó Franky lanzándole el dichoso periódico. Nami se le adelantó y lo atrapó.

— ¡Anda, estoy en la portada, shishishi!— mencionó Luffy, satisfecho de verse en el noticiero.

Monkey D. Luffy derrota a Kaido y se convierte en el nuevo Yonkou del Nuevo Mundo...— las manos de Nami comenzaron a temblar y miraron con preocupación a Luffy— Luffy… ¿Sabes qué significa eso?

— Es terrible— dijo, para asombro común, que miraron de inmediato a su capitán—. Yo no le vencí solo, Nami lo hizo casi todo, ¿por qué no sale ella?

— Luffy— le dijo Robin, bastante más seria de lo normal—, si la Marina te considera Yonkou y lo anuncia al mundo, quiere decir que no dejaremos de estar en peligro, siempre habrá gente con intención de matarnos.

— Chicos— mencionó Luffy—, ¿no era evidente que esto iba a pasar para convertirme en el Rey de los Piratas?

Y de golpe, como de costumbre, la serenidad y despreocupación de Luffy se contagió entre todos los tripulantes, que esbozaron una leve sonrisa. Su seguridad y su fuerza les daba esperanzas. Sabían que a su lado no tenían nada que temer, aún convirtiéndose en uno de los criminales más buscados del mundo, ascendiendo en esa escalera de gente en la lista negra del Gobierno Mundial. Daba igual, él los iba a defender, y ellos a pelear junto a él. Eso, sin duda les reconfortaba.

— Oye— le dijo su navegante mirándole—, bien que sacas rápido conclusiones para esto y lo que te cuesta para otras cosas.— le rechistó sonrojándose. El capitán se extrañó sin saber bien a qué se refería, pero sus compañeros rieron comprendiendo el chiste.

El atardecer hizo caer al Sol, y la Luna apareció para sustituirle. La cena había tenido lugar y todos fueron a sus respectivos dormitorios. No habían visitado muchas islas desde ese incidente, se podría decir que vivían una época tranquila. Probablemente era debido a que, cuanto más se alejaban del Red Line, menores eran las probabilidades de toparse con un pequeño archipiélago que hace millones de años perteneciera al mastodóntico continente. Así pues, las travesías entre isla e isla eran progresivamente más largos.

Y mientras las olas acariciaban el mascarón del imponente bergantín, los ojos de Nami se perdían en el firmamento. Su pelo ondeaba al son del viento, apoyada en las escaleras de la cubierta. Estaba pensativa.

Sentía frío y apretó contra su piel la fina manta de lino que había traído consigo.

"Le quiero", reconoció. "Y él a mí". Resulta contradictorio pensar que estos pensamientos puedan causar frustración en alguien. Pero en su caso, lo hacía. No sabía cómo despertar esos sentimientos en él. Necesitaba que se diera cuenta y estaba dispuesta a esperar, pero estaba esperando demasiado.

Se preguntaba muchas cosas. Quizás debería decirle definitivamente lo que sentía. Qué narices, entre lo corto de entendimiento para esas cosas que era y que le insinuó su amor en mitad de un momento tan crucial, no sería ético culparle por no darse cuenta.

Sin embargo, un sonido interrumpió sus pensamientos de manera drástica. Unos pasos siguieron ese rumor que le hacía pensar que una puerta se abría. Giró la cabeza y descubrió quién era.

— Robin me dijo que estabas aquí. — le informó Luffy.

Nami se echó a un lado, indicándole que quería que se sentase a su lado. El capitán lo hizo y le puso a Nami su sombrero de paja, cosa que, a fin de cuentas, no era frecuente.

— ¿Qué quieres?— preguntó Nami. Parecía molesta por sus propios pensamientos.

— Sanji me dijo que tenía que hacer algo— Nami le miró extrañada—. Me dijo que no bastaba con esperar si estabas enamorado.

Los ojos de Nami se llenaron de ilusión, su pulso se aceleró. Se ruborizó y sintió la necesidad de acercarse a él, de sentirle de cerca para escuchar las palabras que podía predecir que saldrían de sus labios.

— Y eres la persona más lista que he visto, así que sabrás a qué me refería con lo de la cita— Nami se rió—. Y cada vez que te miro me emociono más que cuando veo carne— dijo Luffy. Nami no sabía cómo tomarse eso, pero se rió de nuevo—. Nami, estoy enamorado de tí.

Nami sentía que el corazón se le iba a salir del pecho. Y la escena de ambos, iluminados por la tenue claridad de la Luna y con sus mejillas teñidas de rojo, era un motivo más para mirarse, pensando en todo lo que había ocurrido antes de llegar a este momento. Nami rozó la muerte y Luffy la desesperación. Y ahora, estaban sólo ellos dos, sintiéndose las personas más felices del mundo. Finalmente, la navegante halló las palabras apropiadas. Las más simples, y también las más correctas.

— Te quiero.— le dijo con una tímida sonrisa. Luffy miró extrañado, ¡él quería a muchas personas!

— Yo a tí también, pero pensaba que antes de pelear con Kaido querías decir que…

— Me refiero a que estoy enamorado de tí, baka— le interrumpió riendo.

Y ambos se abalanzaron a los labios del otro, sonriendo y fundiéndose en un beso casi eterno. Sentían unas emociones aún más intensas que aquella mañana en la cama de Nami. Les pareció que el mundo no era nada comparado a ellos, lo olvidaron todo. Les daba igual ser perseguidos, buscados, deseados. Ahora mismo, sólo estaban ellos dos. Nami acarició las mejillas de Luffy con la punta de los dedos y se sentó sobre las piernas de éste. Su capitán la aferró a él, abrazándola por la cintura. No quería que se escapase, no quería verla irse. Y sabía que no lo haría, pero pese a todo, quería asegurarse de que podría hacerla feliz a cada segundo, de que cuidaría de esa sonrisa suya sin importar cualquier otra cosa, y que iría al fin del mundo tras de ella a perseguir juntos sus sueños. Los dos se amaban, y no, eso no era nuevo. La verdadera novedad, es que lo sabían.

Pasados unos minutos donde experimentaron multitud de muestras de cariño el uno con el otro, sin haberlas siquiera pensado jamás por no verse en tal situación, decidieron irse a dormir cada uno a sus respectivos camarotes. Definitivamente el numerito de hacía una semana no iba a ser agradable verlo repetirse de nuevo.

Con lástima, la pelinaranja abrió la puerta de su cuarto y miró tiernamente a su capitán, del cual se despidió dándole un delicado beso.

— Te quiero.— le susurró.

— Y yo a tí, pero ya te lo dije hace cinco minutos.— respondió. Definitivamente, Luffy seguía siendo Luffy, y no parecía entender que, aunque Nami ya lo sabía, le reconfortaba escucharlo de sus labios frecuentemente.

— Tú procura descansar, mañana llegaremos a tierra.— le dijo la navegante. Finalmente, le devolvió su sombrero para que nadie sospechara nada y cerró la puerta.

Nami anduvo despacio y con sumo cuidado de no despertar a Robin de nuevo (puesto que más que probablemente, Luffy la habría despertado para averiguar su paradero). Se acostó en su cama, absolutamente radiante y con ganas de gritar a los cuatro vientos lo que acababa de vivir. Tenía que contenerse, claro. Le encantaría también contárselo a su amiga o, en su defecto, a Chopper, que de seguro le encantaría aprender acerca de las relaciones sentimentales entre los seres humanos y escucharía con atención cada detalle que revelase. Y como no era posible, cerró los ojos, reviviendo cada momento vivido esa noche casi como un sueño, cada instante, cada beso, cada susurro…

Y de repente volvió a la realidad. No podía olvidar su promesa, y aún menos ahora. No iba a permitir que su… ¡Novio! sufriera. Se detuvo en sus reflexiones de nuevo, aturdida. Definitivamente era muy raro afirmar que Luffy era su novio, o mejor dicho, que era la novia de Luffy. Sacudió su cabeza y continuó. Desde siempre, se había considerado a sí misma la más débil de la banda junto con Usopp. No obstante, también conocía que, después de perfeccionar sus habilidades y despertar el haki de premonición, se había vuelto más fuerte, pero no era suficiente. Apretó los puños. No lo era. No iba a poder defender a Luffy de cualquier desgraciado contra el cual no pudiese luchar. No por fuerza, claro, sino por tener claras debilidades contra alguno de sus adversarios, y ella tenía que prepararse para enfrentarlos por él.

El suave ritmo de las olas mecía el barco y, tras una hora de vueltas en la cama, la navegante se durmió. Muy al contrario que el capitán, que se encomendó a Morfeo nada más tirarse a la cama… Como siempre.

La tripulación estaba reunida en el comedor. Por supuesto, no eran pocos los que comentaban el curioso retraso del capitán y su navegante al desayuno, los cuales no habían aparecido por ahí aún. Zoro se fijó en la ausencia de su capitán durante la noche y lo comentó con el grupo.

— Seguro que volvió a buscar la combinación del candado de la nevera por la noche.— ironizó.

La realidad no era tan distinta. Para ser francos, Luffy se pasó por la cocina momentos antes de ir a ver a Nami. Estaba relativamente nervioso, y un par de bocados antes no le iban a venir mal. Por supuesto que buscó sin éxito el código por todos los cajones de la sala, pero para su desgracia no existía ningún papel con el código, Sanji no era tan tonto.

Cuando menos se lo esperaban, Luffy entró en la cocina, radiante y siendo el objetivo de todas las miradas. No era para menos, por supuesto, ya que no había entrado solo. A su lado y abrazada a él, se encontraba la hermosísima navegante de los Mugiwara y que tan en alta estima estaba por todas las bandas reconocidas del Nuevo Mundo. Aquella gata ladrona que había robado el corazón del que probablemente sería Rey de los Piratas. El asombro de los presentes era mayúsculo. Se sentaron y procedieron a iniciar su rutina matutina. Estaban tan ensimismados que no percibieron el inusual silencio que les rodeaba.

— Pásame el azúcar.— le solicitó Nami a su capitán.

— Aquí tienes.— le entregó el azúcar a Nami, que consiguió estirando el brazo hasta el otro extremo de la mesa.

— ¡Gracias!— Nami respondió con un dulce beso.

Sería demasiado optimista decir que ninguno de sus nakamas quedó inquieto por la escena, pero es verdad que todos sabían que lo mejor era no decir nada, percibirlo como algo normal. Les conocían lo suficiente como para saber que sería lo más cómodo para todos, y aunque algunos como Zoro opinaba que esa escenita era un tanto bochornosa (por no hablar de la valoración de un dolorido y desalentado Sanji), a Franky y a Brook les parecía particularmente tierna.

Pero todo lo que Nami estaba realizando se vio interrumpido por su sobresalto.

— ¡Rápido, decidme la hora!— ordenó la navegante.

— Las ocho y veinticinco.— contestó Robin.

Nami salió despedida a cubierta. Luffy creía qué podía ser y fue tras ella. En efecto, tenía razón. Justo a esa hora, con esa velocidad del viento que les llegaba del noroeste, empezaban a divisar una isla. Luffy, como de costumbre, eufórico no contuvo su alegría.

— ¡TIERRA A LA VISTAAAA!— exclamó, provocando que el resto se acercase a verlo.

Todos estaban contentos y emocionados, y particularmente para Nami comenzaba un nuevo reto. Por fin podría poner a prueba su entrenamiento y sus nuevas habilidades. Y más aún habiéndose documentado sobre esa isla. Al fin llegaba el momento.

"Debo ser más fuerte", pensó, recordando sus propias palabras.

Fin del capítulo 4.

En el próximo capítulo al fin estaremos en tierra y comenzará la parte de "aventuras" ¡Claro que no descuidaré el romance! ¡Un saludo y hasta el siguiente capítulo!