A Kili le gustaba el aire libre. Se había criado en Eren Luin, donde había campos y árboles y buen tiempo. Donde la naturaleza crecía casi salvaje. Ni él ni Fili habían nacido en Erebor y les estaba constando un poco acostumbrarse a vivir en la gran montaña. A Fili le estaba costando mucho menos que a Kili. Su hermano siempre había sido como su tío, una persona de interiores que prefiere el calor de una fragua al de los rayos del sol, pero Kili no era así. Desde muy pequeño Kili sabía que era distinto al resto de Enanos. A él le gustaba el aire libre y trepar a los árboles. La primera arma que tocó fue un arco de un Hombre que vendía liebres. Aún recordaba el momento y como su madre había corrido detrás de él para que la soltase.

'Pero quiero probar.' Dijo Kili mirando con un profundo deseo el arco.

'Los arcos no son armas de Enanos, Kili.' Le dijo su madre cogiéndole de la mano y arrastrándole hacia el puesto donde estaba comprando.

'Tío sabe usar uno.'

'Si, tu tío sabe. Un buen guerrero debe conocer todas las armas, pero a la hora de elegir una es mejor elegir una espada o un hacha. Es más propio de tu pueblo.'

Pero a Kili nunca se le olvidó el tacto de la madera de aquel arco. Años más tarde, cuando tuvo edad de ser iniciado en combate, su tío empezó enseñándole a utilizar el hacha, dado que su hermano se había encariñado de las dobles espadas. Pero Kili no tenía interés y Thorin decidió cambiar de táctica. Fue entonces cuando decidió enseñarle el arte de una espada, dado que era su forma de combate favorita. Kili no quería defraudar a su tío, por lo que se esforzó en aprender dicha técnica lo mejor que pudo, pero nunca olvidó el tacto de aquel arco. Siempre que podía se paseaba por la parte del mercado donde venían los arcos para mirarlos. Deseaba aprender a utilizarlo más que nada en el mundo.

Lo lógico sería pensar que la persona que le regaló su primer arco fue su hermano, dado que se querían como muy pocos hermanos se quieren, y Fili solo buscaba la felicidad de su hermano pequeño. También se puede pensar que fue su madre, que no había olvidado aquel momento en el mercado años atrás. Sin embargo, fue su tío quien le dio el presente por su vigésimo cumpleaños.

Kili miró el arco sin podérselo creer. Era precioso. No era como los arcos que vendían en la tienda de los Hombres. Este era más robusto, con un pedazo de metal en medio. En dicho metal se podía leer su nombre y linaje en runas. La cuerda estaba tensa y el tacto era suave. Kili miró a su tío sin poder creer lo que tenía en las manos.

'Sé que siempre has deseado uno.' Le dijo Thorin con un deje de ternura y aceptación en su voz, un tono que rara vez se oía en el majestuoso enano. 'Un buen guerrero debe conocer todas las armas, pero aquella que elija como su principal debe ser por que siente una conexión hacia dicha arma. Tu hermano eligió las dos espadas la primera vez que tuvo que combatir, al igual que tu madre eligió las hachas o yo elegí la espada. Fue precisamente por eso por lo que me resultó extraño que no mostrases más entusiasmo en aprender el hacha, dado que había sido tu primer elección. No fue hasta hace unos meses cuando tu hermano me comentó tu pasión por los arcos. Sé que no es un arma típica de un Enano, es más propia de elfos u hombres, pero si es tu arma elegida te enseñaré a usarla.'

'Tío.' Dijo Kili lleno de emoción.

'Tengo una condición.' Le dijo Thorin levantando la mano. 'Yo te enseñaré ha utilizar el arco a cambio de que te comprometas a aprender otra arma con la misma intensidad, pues no siempre podrás defenderte a distancia.'

'Lo prometo, Thorin.' Dijo Kili abrazando a su tío lo más fuerte que pudo. 'Muchas gracias. De verdad, gracias.'

Thorin no respondió, se limitó a abrazar a su sobrino.

'Es un arco precioso, completamente distinto a los que usan los Hombres.' Dijo al cabo del rato Kili. 'Nunca había visto uno así.'

'Eso es porque no ha sido hecho por Hombres, sino por Enanos. Al fin y al cabo es un arco para uno.' Dijo Dwalin cogiendo más pollo del que había sobrado de la comida.

'No sabía que construyésemos arcos.' Comentó Fili.

'No solemos.' Contestó Thorin dando un trago a la cerveza. 'De hecho no lo hacemos. Este le he hecho para ti.'

Kili notó el cambio en el aire. Se quedó quieto. Respiró para asegurarse y llevó la mano a su espalda, cogiendo una flecha. La colocó en el arco sin tensarlo. Cerró los ojos y esperó. Al fin oyó el sonido de una rama partiéndose. Abrió los ojos y se fue hacia el árbol más cercano sin hacer ruido. Allí estaba. El ciervo que llevaba persiguiendo dos días. El ciervo movió la cabeza, notando que algo estaba mal, sin saber qué. Kili no se movió, no respiró, esperó a que el animal la volviese a agachar para tensar el arco, apuntar y disparar. Fue un tiro certero, un disparo profesional, guiado de tal forma en la que la muerte fuese rápida y el animal sufriese poco. Kili sonrió.

'Lo conseguiste.' Gritó su hermano al verle aparecer a las puerta de la gran montaña con el ciervo a cuestas. 'Sabía que lo conseguirías.'

'Te dije que hoy era el día.' Dijo Kili dejando el ciervo en el suelo y abrazando a su hermano.

Un guardia no tardó en aparecer para preguntarle si necesitaba ayuda con el ciervo. Unos cuantos enanos se habían quedado mirándole disimuladamente.

'¿Lo puedes mandar a la cocina?' Pidió Kili mirando aún a su hermano.

'Por supuesto, alteza.'

'Y di que lo preparen para cenar.' Dijo Fili llevándose a su hermano a la sala común. Dicha caza se merecía una pinta de cerveza. O varias.

'Legolas. Siento mucho que hayáis tenido que esperar un día mi llegada. Y siento más en no poder dedicarte el tiempo que te mereces,' dijo Bard desmontando de su caballo 'pero ahora mismo debo partir hacia Erebor. Estaré de vuelta en un par de horas.'

'¿Erebor? ¿Sucede algo allí?' Dijo Legolas.

'No. Es simplemente que encargué algo y debería estar listo para hoy. Es algo que no puede esperar, pues mañana es el cumpleaños de mi hijo y debo dárselo.'

'¿No puedes pedir a alguien que vaya a por ello? Estoy aquí por asuntos urgentes.'

'Sé porque estás aquí. Vengo de Dorwinion de solucionar esos problemas. Mañana mismo empezarán a mandar el vino y nosotros lo mandaremos a tu reino en cuanto lo tengamos en nuestro poder.'

Legolas no supo que decir. No esperaba una respuesta tan rápida. Ya había resuelto el problema que le había encargado su padre, ahora solo faltaba saber su sucedía en Erebor.

'Aún así me gustaría saber más del asunto.' Dijo Legolas. 'Si me lo permites te acompañaré a Erebor y me puedes informar de los detalles.'

'¿Vas a venir conmigo a Erebor?' Dijo Bard mirando al elfo. Legolas le caía bien. Era alguien con quien se podía hablar y digno de confianza. Había algo en él que le hacía distinto a su padre. Soportaba mejor a los Enanos que Thranduil, aún así el rey enano no le soportaba mejor a él que a su padre, de hecho no le soportaba lo más mínimo.

'Si me lo permites.' Dijo con una leve sonrisa.

'Será un placer.' Dijo Bard subiéndose a un caballo fresco.

'Mi señor' Dijo uno de los ayudante de Thorin. 'Bard está aquí.'

Throin gruñó silenciosamente mientras se llevaba la mano a la frente. Estaba en la sala del trono. Se había pasado ahí todo el día escuchando los problemas de sus súbditos y el dolor de cabeza que había comenzado un par de horas antes ahora estaba en su apogeo. Era tradición que una vez al mes el pueblo pudiese tener audiencia con su Rey y explicarle sus problemas y pedir su ayuda. Las veces que Thorin había asistido a ese día con su abuelo se había dado cuenta de que no solía venir mucha gente. En aquel entonces pensó que era debido a que no tenían nada que decirle, ahora se percataba en que era porque Thrór no había sabido ser un rey cercano con su pueblo en sus últimos años. Thorin no quería que sucediese eso con él. Había recuperado el reino de Erebor para que su pueblo pudiese volver a su hogar, y si tenía que pasarse diez horas escuchando los problemas de la gente a la que gobernaba lo había.

'Condúcele a la sala de reuniones pequeña. Estaré allí en unos minutos.'

'Mi señor' continuó el enano con un deje de preocupación en la voz. 'No está solo. Hay un elfo con él.'

Thorin miró al guardia fijamente. Aunque no se podía ver gracias al casco una gota de sudor apareció en el cabeza del guardia.

'El príncipe elfo. Legolas.'

'¿Te ha dicho qué hace en mi reino?' La voz de Thorin no escondía el odio que tenía a cualquier elfo que proviniese del Bosque Negro.

'No, señor. Simplemente viene de acompañante del Hombre.'

'En tal caso dirígeles a la Sala Grande de Thrór.'

Balin se movió rápido, dirigiéndose a uno de sus ayudantes y susurrándole.

'Haz llamar al señor Bolsón. Dile que deje lo que esté haciendo y se dirija a la Sala Grande. Dile que el príncipe elfo está aquí.'

El ayudante asintió y partió. Thorin no se dio cuenta de esto, estaba demasiado ocupado pensando en que demonios hacia ese elfo en sus dominios y que tramaba Thranduil ahora. No tardó en levantarse y recorrer el extenso pasillo de la sala del trono para dirigirse a la Gran Sala, Balin le seguía detrás, rezando porque Bilbo se apresurase. Mahal sabía que la paciencia y la diplomacia de Thorin eran casi inexistentes cuando trataba con elfos.