¡Hola de nuevo! Muchas gracias por la acogida del último episodio. Siento no haberles podido corresponder trayendo este otro capítulo más rápido.

El motivo principal era el más simple: no sabía cómo empezar el episodio. Es decir, sabía cómo lo iba a desarrollar y concluirlo, pero no tenía ni idea de cómo enlazarlo con el último capítulo.

Por otra parte, el caso obvio: no he escrito lemon jamás en mi vida, y he tomado mucho cuidado en este. Está señalizado, para los que se lo quieran saltar. La verdad es que ha sido una experiencia que en un principio me hacía sentir incómodo, pero poco a poco me fui adecuando y la verdad es que es gratificante. Espero que les haya gustado a quienes lo hayan leído, ¡y por supuesto, el capítulo entero también!

Os dejo con el capítulo 6.

Capítulo 6: Komaru

Luffy era solicitado por el que debería ser su capitán durante ese periodo de tiempo. El moreno obedeció y fue junto con el resto de su tripulación. Habían pasado cinco minutos y Chopper no había tardado en darse cuenta de que algo iba mal. Sin embargo, Luffy había necesitado ese toque de atención, pues se hallaba distraído jugueteando con esos (desgraciados) animales.

— ¡Nos podríamos quedar unos días!— exclamó Luffy sonriendo mientras se encaminaba hacia sus compañeros, pero su rostro se formalizó cuando se percató de las expresiones del resto— ¿Ocurre algo?— preguntó.

— Eso, ¿ocurre algo?— interrogó Fray, que había estado esos cinco minutos parado mirando desde lejos cómo cuchicheaban los Mugiwaras a sus espaldas.

— Luffy, vamos a estar unos días aquí— confirmó Chopper—. Fray, ¿no tendrá problemas para conseguirnos hospedaje, verdad?— preguntó el reno.

— ¡Claro que no!— contestó— Hay una antigua pensión cerca. Ahora que no tenemos visitas se utiliza como almacén para suministros, pero sigue habiendo habitaciones funcionales para los hombres que vienen una vez al mes.

— ¿Qué hombres?— preguntó Nami.

— Amigos de Komaru-san. Espero que no le importe.— respondió el viejo.

La tripulación asintió cada vez con más dudas. Habían solicitado estancia para discutir sobre la situación actual.

Sin mucha más vacilación, fueron guiados por Fray hacia el hostal. Se encontraba a unos ciento cincuenta metros de allí. Más esos ciento cincuenta metros fueron intensos. La ciudad parecía tener un denominador común: aunque eran edificios de pocas plantas, parecían tener fachadas muy futuristas y con un material complicado de identificar similar al hormigón, pero todos estaban agrietados de una u otra forma, con tremendas manchas de humedad y muy pocos conservaban todos los cristales de sus extensos ventanales.

Una vez acabó el trayecto durante el cual no se escuchó ni media palabra, llegaron a su futura estancia. Era un edificio de tres pisos. En el más bajo de todos habían cajas y sacos llenos de herramientas y utensilios de obra. El interior era parecido al de una lúgubre fábrica abandonada pero contenida en 200 metros cuadrados. Poleas que no colgaban de nada, viejas cintas transportadoras abandonadas y varios insectos que asomaban por cada rincón del piso. Las escaleras se encontraban justo en la pared contraria a la puerta.

El segundo y tercer piso se componía de dos habitaciones con baño en cada piso. En la segunda planta se hallaba un salón además, con todo tipo de comodidades, y en la tercera una extensa cocina con todo tipo de útiles gastronómicos que enamoró a Sanji. Lo curioso es que el estado de estas plantas era considerablemente más confortable que el del primer piso. Las paredes verdes, casi inmaculadas y cristales apenas imperceptibles en las ventas. Parecía cuidado cada día.

La banda fue abandonada por Fray pocos minutos más tarde y les dio un Den Den Mushi para que pudieran contactar con él cuando lo necesitasen. Nami concluyó entonces que probablemente el Gobierno Mundial introducía tecnología "del exterior" a la isla.

Una vez todos dispuestos en una mesa de madera rectangular en el salón, lo más parecido a un comedor que había en todo el hostal, comenzó la discusión.

— ¿Qué hace aquí el Gobierno Mundial?— preguntó Zoro para romper el hielo.

— ¿Gobierno Mundial?— preguntó Luffy.

— No parece muy diferente a lo que hemos encontrado ya— respondió Robin—. Un reino en supuestos apuros que tiene como salvador a un tirano con ansias de poder.

— Arabasta o Dressrosa por ejemplo...— comentó Usopp— ¿Por qué siempre nos metemos en estos líos?— se quejó.

— En este caso no tenemos más remedio que hacer de SUPER salvadores— dijo Franky—. Desde que llegamos el viento parece que se haya detenido por completo. Podríamos usar un Cup da Burst para desplazarnos, pero nuestras reservas de Cola se han agotado…

— ¡Eso te pasa por jugar con el cañón cuando lo reparaste!— le replicó Sanji.

— Pues en este sitio no parece que vayamos a poder abastecernos de Cola— dijo Nami—. Y es cierto que desde que llegamos no he percibido ni una pizca de brisa… Y el Sunny es demasiado pesado como para generar yo una corriente de viento.

— Pues nuestra única opción parece ser descubrir qué pretende de esta gente el Gobierno Mundial y patearles el culo para encontrar una forma de salir de aquí— comentó Zoro.

Todos asintieron con firmeza.

— ¿Qué opinas, Luffy?— preguntó Nami, decidida. Miró a su capitán y ahí lo encontró: dormido, como un tronco. Roncando todo lo descaradamente que su garganta le permitía, de un modo que inexplicablemente hizo que no se diese cuenta el resto de su tripulación. Y entonces, un fortísimo golpe despertó de una a Luffy, un golpe seco en su nuca de goma, que seguro que de no ser por su fruta hubiese acabado muerto— ¿¡PERO QUE CLASE DE CAPITÁN ERES!?— le dijo furiosa.

— ¡Pero si sois vosotros los que no me explicais qué pasa aquí!— le reprochó con miedo el moreno antes la mirada de terror de sus nakamas.

— ¡Porque lo discutimos mientras tú jugabas a ser granjero!— le contestó.

Minutos más tarde la banda se organizó poco a poco. Se repartieron las habitaciones. Era obvio que Luffy y Nami compartirían habitación. Zoro no quería compartir habitación con la arqueóloga, hasta que esta le susurró algo al oído que no merece la pena saber que era, pero desde luego le convenció. Sanji reclamó una habitación para el solo bajo amenaza de no cocinar para el resto hasta nuevo aviso, obligando a Franky, Brook, Chopper y Usopp a compartir la habitación restante.

Todos llevaban pequeñas mochilas donde guardaban comida. Nami, además, no dudó en incluir una bikini nuevo por lo que pudiera pasar. El calor dentro de esa casa era abrasivo.

Todos fueron a comprobar sus respectivas habitaciones. Habían decidido salir en una hora en busca de información para descubrir el paradero y las intenciones de ese presunto tirano.

Nami entró en la habitación, por delante de Luffy. El capitán estaba empezando a resultar un poco decepcionado con su incursión. Ansiaba aventuras y se había topado con un enorme poblado de gente con costumbres muy raras, y para colmo no sabía exactamente por qué había metido algo del Gobierno Mundial y no podían salir de allí. "Quizás con un poco de suerte haya que darle una paliza a alguien", pensaba aburrido el moreno.

Luffy se tiró en redondo a la cama, desanimado, mientras Nami hurgaba entre sus pertenencias para hallar su bikini nuevo. Si iban a pegarse con algún dirigente del Gobierno Mundial, más valiera que se estropeara el "barato" de 20.000 berries a aquella carísima prenda de 130.000 berries.

— Luffy, voy a cambiarme— anunció la navegante—. Procura darte la vuelta.

— Sí...— contestó desganado, invadido por el hastío, sin prestar atención a lo que había solicitado su novia.

ALERTA LEMON. CHAN CHAAAAAAN. Ve hasta otro párrafo subrayado y en negrita si quieres saltarlo, que señaliza el final de éste.

Y Nami procedió, sin fijarse en su capitán o hacia dónde estaba mirando, a desnudar sus senos con toda la calma del mundo, desatando el fino cordón de su prenda y dejando que ésta se deslizase por sus brazos hasta caer en el suelo.

Luffy, que estaba en otro universo, inhibido de lo que pasaba en el presente, no pudo contener que su mirada se lanzase sobre aquellos enormes pechos que poseía Nami. Él nunca había sentido esa necesidad de acariciarlos y palparlos. Sus ojos se abrieron como platos y sin quererlo, su mirada se cruzó con la de Nami. No sabía por qué, pero se sentía un poco avergonzado de haber tenido tal descaro, pero en lugar de pedir perdón, guardó silencio.

Los dos piratas se ruborizaron. La piel de Nami se erizó. Es cierto que poco le importaba a ella que la gente viese su cuerpo sin nada que lo ocultase. No le agradaba, desde luego, pero consideraba que había cosas que tenía más necesidad de ocultar, como por ejemplo, sus lágrimas. Pero esta vez era diferente, y no es porque sentía que se hallaba en una situación embarazosa, sino todo lo contrario. A ella le parecía un momento íntimo, un sentimiento único de conexión con él. Era una situación diferente y le puso las emociones a flor de piel.

Poco tardó Nami en vislumbrar cómo, de entre los musculosos muslos de Luffy, brotaba un suspiro de su hombría. Tampoco es que se hubiera fijado en su entrepierna en— casi— ninguna ocasión. Pero era la primera vez que tenía conocimientos de esa clase de excitación por parte de su capitán.

El moreno detuvo su mirada por un rato más en su navegante, y no sólo en sus formidables pechos, sino en todo su cuerpo. En sus bien definidas caderas, su apretada cintura y su bello rostro capitaneado por unos hermosísimos ojos castaños. Para él, fuera de un contexto, era simplemente un cuerpo, pero si era el cuerpo de su navegante del que se hablaba se producía una química especial en sus sentidos y un golpe de calor atizaba con fuerza cada rincón de su torso.

Finalmente, Luffy se levantó, lentamente y aturdido por la escena.

— Siento que esté...— intentó disculparse el capitán.

— No, no importa.— le interrumpió Nami.

Sus ojos seguían buscando una salida del laberinto en el que parecían encerrados y el chico dio un paso al frente. Dos, tres le bastaron para alcanzar a su navegante y le dio el gusto que hacía tiempo que parecían reclamar sus bocas en silencio. La besó, lo más apasionadamente que pudo mientras una de sus manos se deslizaba por el vientre de Nami y alcanzaba lentamente su pezón. Nami suspiró de pura excitación y Luffy comenzó a curiosear con la anatomía de su pareja, y por primera vez, con la anatomía femenina.

Comenzó a patinar su seno con un dedo, que perfilaba su pecho y recorría su superficie entera. A Luffy le había fascinado en concreto aquella protuberancia rosada que sobresalía de su objetivo. Se preguntaba qué pasaría si lo mordiera.

Abandonó sus labios y comenzó a besar su cuello y su mandíbula, acariciando con los dientes su piel ambos pechos con sus manos. Los suspiros de Nami se hicieron aún más intermitentes. Y mientras ella se acostumbraba a que el moreno se encariñase con su cuello, sintió como un la calidez de la húmeda boca de Luffy se posaba sobre su pezón, como lo lamía y lo besaba. Ella gimió y se agarró de inmediato su otro pecho con la mano.

— ¡Luffy!— exclamó. Después se arrepintió: no quería que pensase que eso no le gustaba o que estaba mal, pero casi milagrosamente, parece ser que el chico entendió su excitación por el tono de su voz y no estaba dispuesto a parar.

Nami estaba tan perdida como él. A pesar de que ella había podido obtener conocimiento de la materia en algunos libros que nadie jamás hallaría entre sus pertenencias, parecía que el baño de realidad la había sacudido. Definitivamente, no conocía qué hacer con exactitud en esa situación. Se dejó llevar, y por intento empujó a su capitán, tirándolo a la cama. Jadeante, le lanzó una mirada con una mezcla entre picardía y desconcierto.

— Ahora me toca a mí, ¿no?— le indicó la navegante.

La pelinaranja se inclinó para retirar la roja y castigada camisa del cuerpo del moreno. Luffy sonreía sin saber bien por qué y un huracán sacudió su corazón cuando lo hizo, hasta tal punto que pensaba que ese dichosos músculo se le saldría del pecho.

— ¿A esto se refería Zoro con acostarme contigo?— preguntó excitado e inocente Luffy, provocando una pequeña risa en Nami.

— Supongo que sí.— contestó divertida.

Los labios y la lengua de la navegante recorrieron el abdomen del capitán. A ella también le encantaba su cuerpo, un cuerpo que jamás había sentido tan fuerte como hasta ahora. Un cuerpo que ella quería para ella, como un tesoro o una fortuna. Pasó sus dedos por los trabajados brazos de Luffy. Sin embargo, lo que más satisfacción le produjo fue encontrar tan dispar el pulso de su pareja como el suyo, pues le confirmaba que no era la única emocionada por el evento.

Nami, con prisas y quizás más de las que debía tener, alcanzó finalmente el pantalón de su capitán. Retiró con los dientes la faja que ocultaba ese preciado botón que necesitaba desabrochar. Una vez lo alcanzó, ejecutó su maniobra y terminaron por ceder de sus caderas esos molestos vaqueros, dejando a Luffy en calzoncillos frente a Nami.

Su navegante se tumbó encima de Luffy y éste comenzó a besarla como si no pudiera aguantar ni un minuto más separado de su boca, y ciertamente, no podía. Desplazó su mano hasta el final de su espalda y la apretó hacia él. Sin siquiera darse cuenta, el bulto que asomaba de sus vaqueros se había hecho aún más notorio, y comenzó a mover las caderas dejando que se deslizase pegado a la entrepierna de su navegante, separados por apenas unos milímetros de tela. Nami no pudo evitar soltar un gemido y poco a poco el beso fue cesando, dejando a ambos absortos por el sentimiento que les provocaba la fricción de aquella precisa parte.

Sus respiraciones cada vez más aceleradas, al mismo ritmo que su sonrojo aumentaba. Se encontraban completamente perdidos en la mirada del otro, en sus gestos, en sus exhalaciones. Nami marcó el rumbo de la situación aprovechando esa ola de placer que parecía atizar a su capitán y sin que pudiera preveerlo se abalanzó a su cuello de Luffy y lo besó mientras con sus manos comenzó a retirar la última pieza de ropa que poseía el moreno.

Los ojos del capitán se abrieron como nunca antes había podido imaginar cuando una Nami con ganas de entretenerse con su cuerpo sacó a relucir sus dedos, recorriendo en toda su totalidad el tronco de la virilidad de aquel chico. Él jamás había sentido absolutamente nada similar, jamás había manifestado emociones tan intensas. Al mismo tiempo, ella se sentía curiosa por ver cómo reaccionaría su capitán al jugar con su intimidad.

Nami descendió un poco comenzó a besar suavemente su vientre mientras su mano empezaba a reproducir movimientos alternos en el miembro del moreno. Empezó un instante de un placer indescriptible para Luffy por las oscilaciones que la navegante realizaba en su entrepierna. Suspiraba cada vez con más fuerza y casi podría jurar que perdió el control de sí mismo.

Nami era consciente del gusto que envolvía a su pareja, y eso le excitaba aún más. Aunque le hubiese encantado que él colaborase un poco más, aunque a fin de cuentas no podía esperar otra cosa si nunca antes había tenido esa clase de necesidades. Así pues, decidió tomar la delantera de nuevo, pero cuando mandó sus manos a su pantalón para poder retirarlo, Luffy, poco menos que desconocido, se los separó con fuerza bruta estirando cada lateral con sus manos, para rasgar un poco la tela y deslizarlos hacia abajo. La navegante pudo sentirse algo molesta, pero eso la excitaba más, y las fortísimas emociones que estaba padeciendo le impedían preocuparse por esa ligerísima molestia.

¿Pero quién era ese Luffy? Nami no paraba de preguntárselo después de eso, su mirada era atenta a su cuerpo y de completa concentración. Eso le encantaba. Entonces, el capitán intercambió su posición con la de su navegante de un mero impulso y pasó sus manos por su única ropa interior restante. La ausentó de su piel con firmeza y casi se detuvo su corazón cuando pudo contemplar el torso de Nami completamente desvestido, con una expresión de excitación pura y hallándose anonadada por cómo estaba actuando él.

De nuevo, comenzó a besar uno de sus pechos mientras su mano exploraba más allá de sus caderas y curioseaba entre sus muslos. Se desplazó un poco en dirección contraria al final de sus piernas y Nami le correspondió con un fuerte suspiro y abriendo un poco sus piernas para facilitar su maniobra. Lentamente, alcanzó su ingle y deslizó su mano hasta encontrar cerca la confirmación del sexo de Nami. Aquella localización húmeda y caliente hacía casi gritar a la chica con tan sólo rozarlo.

Ella no imaginó en ninguno de sus más optimistas pensamientos ni fantaseó en ninguno de sus más eróticos sueños que se encontraría de esa manera manera: tan a merced de su instinto y desprendiendo tanta fogosidad. Y más sorprendida se encontró cuando uno de los dedos de Luffy se hundió en su intimidad, profundizándola y dejándola sin aliento, sin palabras que añadir. No pudo hacer más que abrir la boca de su excitación y cerrar los ojos esperando a que algo más pasase.

El travieso dedo de Luffy arremetía una y otra vez, hurgando en su cavidad. Él disfrutaba haciendo eso mientras que ascendía con su boca y volvía a besar su cuello. Podía notar como Nami arqueaba su espalda hacia atrás. Él no sabía exactamente qué significaba, pero intuía que era bueno. Le encantaba esa sensación de satisfacción que le producía ver a su navegante disfrutando así por su culpa.

Después de un buen rato, la pelinaranja optó por arrimar hacia ella sus piernas y le lanzó una mirada cargada de palabras, pero reinada por el mutismo. Luffy deducía qué pretendía que hiciese. Lentamente, sin estar seguro de lo que hacía, se fusionó con ella con muchísimo cuidado. Podía ver su expresión de dolor, pero el intenso placer que compartía con ella también.

Y poco a poco, el pirata fue cogiendo confianza con su navegante. Aumentó la marcha de sus caderas y Nami comenzó a gemir de puro placer. Gritaba su nombre repetidas veces, y eso a él le encantaba. Luffy que se hallaba jadeante y arremetía con fuerza, empezando a comprender que ella disfrutaba con ello.

Él no podía pensar absolutamente en nada, y ella sólo pensaba en ese momento. Ambos gozaban ese instante de una forma que jamás habían sentido. Y finalmente, ella dio un último alarido acompañado de arquear la espalda aún más intensamente, mientras a Luffy se le cortaba la respiración y notaba el culmen del acto materializarse.

Fin del lemon. ¡Espero que no me matéis si ha sido muy largo!

Ambos cayeron exhaustos a la cama, suspirando y satisfechos por todo lo que acababa de pasar. Sonrientes, se sentían en la más absoluta intimidad. Era su momento, el de los dos. Sus cuerpos desnudos abrazándose sin nada de por medio, habiendo sido uno sólo hace un rato. Esa paz, esa calma y serenidad no tenían absolutamente ningún precio. Y cuando sus respiraciones se calmaron, simplemente se miraron, dulcemente. Nami le dio un cariñoso beso a su capitán.

— Te quiero.— dijo Nami.

— Compartiría de mi carne contigo.— le dijo Luffy, con toda la sinceridad del mundo. Nami se rió y el pobre Luffy no sabía por qué, ¡le había dicho algo incluso más fuerte de lo que ella le dijo!

Había pasado media hora y tenía otra media hora para ellos. Otra media hora que emplearían simplemente para el silencio, para que sus miradas hablasen por ellos y para disfrutar de la compañía del otro.

Paralelamente, en una habitación de localización desconocida para los Piratas del Sombrero de paja, se hallaba un escritorio que aguardaba tras de sí una silueta, presumiblemente masculina, en mitad de la oscuridad de la habitación, con una pequeña ventana como única fuente de luz. Tras esa ventana, se podía divisar el resto de la ciudad, con la entrada de ésta más lejana de lo que se pudiese alcanzar a ver desde allí.

La puerta de aquel aparente despacho fue percutida desde fuera.

— Adelante.— mencionó aquella silueta, con una voz notablemente castigada por el tabaco después de una elevada cantidad de años.

La puerta se abrió. Dos guardianes de la villa aparecieron. Debido a que esos guardianes no eran más que civiles con armas, no le costó mucho cuadrar su identidad a aquel misterioso hombre.

— Komaru-san— anunció uno de ellos—, ellos mismos nos confirmaron que no eran los Sombrero de Paja.

— Ya veo…— contestó— ¿Cuántos eran?

— Nueve.— respondió firme su compañero.

— Entiendo.— concluyó Komaru.

Buscó algo en su escritorio. Inquietos, los dos hombres se miraron, preguntándose qué podría ser. Quizás un premio. No tenían miedo, él jamás les haría nada malo.

Dos disparos seguidos de dos golpes secos en el suelo fue lo siguiente que se pudo escuchar. Sangre asomaba por debajo de la puerta y otra tanta salpicó la pared. Unos pasos lentos se escucharon de inmediato. Parecía que dos personas se acercaban.

Una mujer morena y alta, con unas curvas menos definidas de lo común y vestida con un mono azul que llevaba el símbolo del Gobierno Mundial en la espalda, abrió la puerta. Otro hombre, algo más bajo y de pelo castaño, enchaquetado y con un rifle de precisión a su espalda, la siguió.

— ¿Ya has vuelto a perder los nervios?— preguntó la mujer.

— Diles a sus familias que los mataron unos osos mientras estaban fuera— sentenció Komaru—. Ya son lo bastante inútiles como para que encima sean idiotas.

Los dos jóvenes asintieron y se llevaron consigo los cadáveres, asegurándose de que no arrastrasen el suelo para no tener que limpiar más tarde un reguero hacia la salida.

Sin embargo, la hora había pasado, y los Muguiwara estaban a punto de salir a investigar.

Fin del capítulo 6.

¡Un saludo y hasta el próximo capítulo! Las reviews se agradecen y prometo no tardar 5 días la próxima vez.