¡Hola a todos! Os traigo este capítulo. Es probable que este ritmo de subida de capítulos sea el habitual, pues cuando comencé a subir el fic disponía de mucho más tiempo del que ahora dispongo. No obstante, tranquilos, tengo tantas ganas de relatar los últimos capítulos porque estoy incluso orgulloso de la idea que tengo que acabarlo sí o también, ¡así que no os quedaréis sin este fic!

Este capítulo es un poco más corto, debido a que me he centrado en describir durante gran parte del capítulo la situación y los objetivos de esta ficticia saga que me estoy inventando. ¡Sin más, os dejo con el capítulo!

Capítulo 8: Génesis

Que los Mugiwara permanecieran inmóviles era fácilmente explicables. Estaban rodeados, pero por gente que, aunque sabían que esta vez sí tenían malas intenciones, habían sido engañados. O como mínimo, habían sido víctimas de un tremendo malentendido.

Parecían pacientes, esperando a que diesen el siguiente paso, esperando una excusa para poder iniciar una ofensiva. Sus mentes se centraban en la reacción de Fray. Por una parte estaban confusos. Por otra se sentían culpables. Su impotencia era vasta como el mismísimo océano, ya que no podía de ninguna forma probar que no tenían nada que ver con el asesinato de su sobrino. Y de hecho, desearían ayudar a patearle el culo a aquel desgraciado que haya cometido tan horrible acto.

— ¿Has sido tú, Komaru?— preguntó amenazante la navegante, con un rostro que mataría a cualquiera que cruzase una mirada con ella.

— ¿Yo?— respondió tranquilo— Señorita, está mal acusar a gente inocente.

— Serás...— Nami quería hacer algo. Sabía que podía, pero no sin lastimar a todos los que les rodeaban.

Luffy dio un paso al frente, haciendo que sus compañeros dedicasen su vistan tan sólo a él.

— Ossan— mencionó con la visera de su sombrero proyectando sombra sobre sus ojos—, ¿realmente piensas que hemos hecho algo así?

Fray, entre lágrimas, simplemente permaneció callado. No podía contestar. No quería ser sincero. No quería darse cuenta. "Tal vez fue un error", pensaba. Sí, eso le tranquilizaba más. Ya que Komaru no acusaría a gente inocente.

¿Verdad?

— ¿Qué te ocurre, Fray?— le preguntó Komaru, tan sereno como antes— ¿Por qué no contestas?

— Komaru— interrumpió Luffy, ante el mutismo de Fray—, si es lo que quieres, entonces enciérranos.

— ¿Eh?— se preguntó— ¿Sombrero de Paja se rinde?— se encendió un puro y se lo llevó a la boca.

Luffy y su tripulación permaneció en silencio. Acto seguido, varios guardias tomaron a Luffy y los demás por los brazos. Algunos se resistieron, por el simple hecho de que podían ir solos con ellos, que no causarían problemas. Robin, Luffy, Brook y Chopper fueron apresados con esposas de Kairouseki. Poco tiempo pasó hasta que, por el camino, vendaron los ojos de los piratas para que no conociesen el camino que estaban siguiendo. Aunque francamente, de poco le serviría a Zoro poder ver más allá de esas vendas.

El transcurso de las horas era irrelevante. La húmeda y oscura celda separaba al capitán y su navegante de la libertad. A pesar de la debilidad de Luffy por sus esposas, ambos mantenían una conversación animada y con intención de entretenerse hasta que, de alguna forma, a ellos o a cualquiera de la tripulación se les ocurriera cómo ser liberados. Sabían que el tiempo se acababa, ya que, tarde o temprano, Komaru vendría para entregarles al Gobierno Mundial de una vez por todas.

Como no eran estúpidos pero tampoco disponían de tantas celdas, habían encerrado a los nueve piratas de dos en dos, para que sus intentos de escape fuesen reducidos drásticamente. Casi por fortuna, Nami y Luffy habían acabado en la misma celda. Estaban con las mismas esposas con las que habían sido arrestados en las muñecas, y otras en sus tobillos que les obligaban a ligarse con la pared.

— ¿De verdad te costaba tanto no perder de vista a Ace?— preguntaba Nami entre risas.

— ¡No es gracioso!— protestaba el moreno— No era justo, él era mayor que yo.

— Excusas...— mencionó Nami, deteniendo su risa— Luffy, aún no hemos hablado de esto.— su tono se tornó serio.

— ¿De qué? ¿Ocurre algo malo?— se extrañó Luffy.

— No pude ayudarte a rescatar a Ace, y ni siquiera ayudarte cuando lo estabas pasando tan mal— una lágrima recorrió la mejilla de la navegante—. Sólo quería decirte que lo s…

— ¡NAMIIII!— el grito del capitán interrumpió a la navegante, que le miró sorprendida— ¡Tú no pudiste hacer nada, además, ¿qué mierda es esa de que no me ayudaste?!— hizo una pausa, interminable para ella— ¿En quién te crees que pensaba cuando no podía dejar de echarle de menos…?— las mejillas de Luffy se tiñeron de un tono rosado.

— Luffy...— Nami se tranquilizó. No tenía palabras. Sólo quería abrazarle, lo más fuerte que pudiese. Había pasado muchos años sin sentir el cariño físico, y era una sensación que ella catalogaba incluso de adictiva. Claro que, obviamente, en su situación no podía experimentar en ese momento.

Se escucharon unos pasos. Los dos callaron como tumbas. El silencio era destruido sólo por ese ligero rumor. Uno, dos. El ritmo de esos pasos se sincronizaba con sus latidos, los cuales descendían después de la emoción del momento. Uno, dos.

— ¡HOSHIIII, ¿ERES TÚ?!— preguntó Luffy al aire.

— ¡ESTÚPIDO, GUARDA SILENCIO!— le contestó al capitán, cuya respuesta a su pregunta fue más bien un codazo en el estómago— Además, ¿quién narices es Hoshi?

— La mascota que hice antes...— contestó dolorido, a duras penas.

Los pasos cesaron. Los dos miraron de nuevo al exterior, perplejos, con los ojos como platos, esperando encontrar una respuesta a ese enigma.

Y de pronto, apareció aquel hombre y su barba. Ese misterioso señor de camisa azul que Nami había visto antes. Su ceño se frunció al observarle. Y sobre todo, al saber cómo había aparecido. Otra vez, de la nada, como en un pestañeo, lo había vuelto a hacer. Y ella, volvía a sentir un instinto protector hacia su novio.

— ¿Qué haces aquí?— le preguntó furiosa.

— Nami, ¿le conoces?— preguntó el capitán, sin saber bien qué estaba pasando.

— ¿Por qué habéis sido encerrados?— les preguntó. De nuevo esa voz que resonaba en la mente de Nami una y otra vez.

— Nos rodearon.— contestó el moreno alegremente.

— Entiendo— comentó—. Entonces era cierto.

— ¿De qué estás hablando?— le preguntó Nami con cierta intriga, dejando a un lado su ira.

El misterioso hombre llevó la mano a su bolsillo y de él sacó un enorme llavero, con exactamente 5 llaves. Ante la mirada atenta de los dos prisioneros, introdujo una de las llaves en aquel oxidado hueco que hacía las veces de cerradura. Con incredulidad, ambos jóvenes contemplaron como la libertad les sonreía y la puerta se abría. No se lo podían creer, desde luego que no.

— ¿Nos estás ayudando?— preguntó Nami con sorpresa.

— ¡Wooo— exclamó el capitán—, muchas gracias…! ¿Cómo te llamas?

— Kurono— contestó rápidamente—. Ahora hay que salir de aquí cuanto antes.

— ¡Venga, busquemos a Komaru y pateemosle el trasero!— exclamó Luffy. Sin embargo, al levantarse, su exceso de emoción que hasta le había hecho olvidar el mineral del cual estaban hechas sus esposas, también le había llevado a omitir un sutil detalle, y es que estaba anclado a la pared. Por lo tanto, con la poca elasticidad de la que disponía en ese estado, fue devuelto al suelo con fuerza tras estirar sus piernas y brazos.

— Oi, aún no has contestado a mi pregunta— le acusó la navegante, aún sospechando de él—. ¿De verdad nos estás ayudando?

— Tenemos un enemigo común, eso es todo— le contestó—. Y sólo vosotros, los Mugiwara, tenéis el nivel suficiente como para derrotar a Génesis.

Antes de que Nami pudiese hablar de nuevo, Kurono sacó de su otro bolsillo dos llaves considerablemente más pequeñas y en bastante mejor estado que las anteriores. Se aproximó a la pelinaranja y liberó con una de las llaves sus tobillos y, posteriormente, sus muñecas. Le lanzó con sutileza la otra llave y Nami lo captó a la primera: era la llave de las esposas de Luffy. Se incorporó en una acción raramente silenciosa, sin que nadie hablase, y más extraño aún: con un Luffy callado como una tumba.

— Bruno, ¿quién es Génesis?— le preguntó al hombre.

— Mugiwara— dijo en tono de cierta decepción—, mi nombre es Kurono…

— Como sea, Bruno, ¿quién es?— insistió.

Kurono resopló de resignación y continuó.

— No es quién es, sino qué es. ¿No se han preguntado por qué el ecosistema de esta isla se mantiene si la fauna está recluida en la villa?

— No.— dijo Luffy con simpleza.

— ¿Entonces eso es cosa de Komaru?— le preguntó Nami mientras terminaba de liberar a Luffy.

— Así es— contestó—. Génesis es tan sólo uno de los experimentos de Komaru. Seguramente el más peligroso de todos. Él acostumbra a experimentar con frutas del diablo en animales o incluso plantas, ha desarrollado una tecnología lo suficientemente eficiente como para hacerlo— prosiguió.

— ¿Entonces es un científico?— le preguntó Nami— ¿Algo así como Caesar Clown?

— En absoluto— respondió—. Komaru sólo se aprovecha de su cargo para ordenar a científicos del Gobierno Mundial que realicen por él sus alocados experimentos. Génesis es una planta sintética diseñada por el Gobierno Mundial a la que se le ha sido administrada la fruta Ika Ika no Mi (Nota: Ika viene de Seikatsu, que significa "vida" en japonés). Génesis es capaz de mantener la naturaleza en un estado normal gracias a esta fruta.

— Me aburro, ¡quiero acción, Nami, vámonos ya!— protestó el capitán.

— ¡A CALLAR!— le respondió dándole un puñetazo en la cabeza, que hizo casi convertir su cuello en un muelle— ¿No decías que era el experimento más peligroso? ¿Qué tiene de peligroso?

— Bueno, para empezar, el hecho de que la flora de esta isla se mantenga gracias a Génesis como si la fauna normal estuviera habitandola es porque así lo desea Komaru— respondió—. Si quisiese podría convertir esta isla en un infierno. Y lo más importante— una gota de sudor frío descendió desde la frente de Kurono—: Génesis no sólo da vida, también la quita.

Unos pasos se oyeron, pasos apresurados. Kurono miró a su derecha y miró nuevamente a los piratas.

— ¡Hay que darse prisa, nos persiguen!— les dijo.

— ¡¿Civiles?!— preguntó alterado Luffy.

— ¡Guardias de Komaru, son del Gobierno!— contestó.

Luffy salió corriendo fuera de la celda y echó un vistazo rápido a los guardias del fondo. Los miró rápido y sonrió para sí.

— Gomu gomu no… ¡Gotoringu!— exclamó, y sus dos puños alcanzaron tal velocidad que parecían cientos. Una lluvia de puñetazos cayó sobre los desgracias guardias, que del susto obviaron que contaban con armas de fuego. Sus blancos e inmaculados uniformes se mancharon con la suciedad propia de ese suelo al impactar contra éste.

Uno tras otro, los guardias fueron cayendo. Nami miró a Luffy y luego a Kurono. Los tres asintieron y comenzaron a correr rumbo a una puerta, por la cual habían salido los mismos hombres que acababan de ser derrotados.

Mientras corrían, la navegante buscó desesperadamente en su cintura y en las tiras de sus pantalones, sin encontrar su preciada arma.

— ¡Ah, no puede ser!— exclamó la navegante.

— ¿Qué ocurre, Nami?— le preguntó igualmente inquieto su capitán.

— ¡Esos cabrones me han quitado el Clima Tact!— contestó.

— ¿Eres Nami, la gata ladrona?— preguntó Kurono mientras corrían.

— Sí, ¿por qué?

— Tu arma debe haber interesado a Komaru— respondió—. Démonos prisa, debe estar en el laboratorio.

Mientras tanto, en otra celda de la laberíntica prisión, se encontraba la otra pareja del grupo. La, sin duda, más pasional. Con tan sólo mirarlos, uno podía ver la fogosidad que había entre ambos, prácticamente disuelta entre sus fuertes personalidades.

Hablo de Zoro y Sanji, claro.

— ¡Si no te hubieras pegado a esa mujer antes de entrar no nos hubieran puesto en la misma celda, ero-cook!— le acusaba Zoro, con sus ojos (su ojo) encendidos y refiriéndose a Robin.

— ¡FUE ROBIN-CHWAN LA QUE SE PEGÓ A MÍ, ESPADACHÍN TUERTO!— protestó el rubio, con una mirada que asesinaría a cualquiera que cruzase su vista con él.

— ¿PERO TÚ NO SABES ADMITIR UNA DERROTA? ROBIN ES MÍIIA, ENTÉRATE— le respondió.

— ROBIN-CHWAAAAAN— sus ojos se volvieron corazones momentáneamente pensando en ella— VOLVERÁ A MI LADO ALGÚN DÍA.

— ¡SI NUNCA HA ESTADO DE TU LADO!

— ESO NO ES…— Sanji guardó silencio un momento y se clamó— Espera, ¿antes la has llamado Robin?

— Habrás escuchado mal.— le mintió Zoro, claramente sonrojado.

Su trifulca se detuvo y dio lugar a otro incómodo silencio. El mismo que existía cada cinco minutos y durante dos minutos. El ritmo agotador que llevaban era realmente intenso, y verdaderamente discutían más que un matrimonio. Tanto era así, que los hombres que hacían guardia por aquellos pasillos les habían apodado "Señor y Señora Mugiwara". Es mejor no saber quién de ellos era "Señora".

De nuevo y como las manecillas de un reloj se oyeron los pasos de los guardias. Estaban preparados para aguantar sus burlas, aunque igual se desquitaban bien a gusto cuando lograsen salir de allí. A Zoro cada vez le entraba más sed, y no de agua precisamente, y Sanji incluso había empezado a pensar en esos ratos muertos si se le necrosarían las manos. ¿Cómo iba a cocinar entonces?

Pero para variar, un fuerte golpe se oyó de pronto, silenciando los pasos de los guardias. Unas alarmas empezaron a sonar a todo volumen. Los Den Den Mushi de las paredes anunciaban tan fuerte como podían: "¡fuga de prisioneros!". Ante ese último detalle, ambos se miraron y hablaron al unísono como si pensaran a la vez.

— Luffy.— dijeron.

Los Luffy, acompañado de Kurono y Nami, se posó justo delante de la celda de sus nakamas.

— ¡Zoro, Sanji, en seguida os saco!— les dijo impaciente.

— Nosotros también nos alegramos de verte, capitán.— mencionó Sanji.

Luffy estiró un brazo hacia atrás.

— Ahora tendré que encontrar sus llaves...— dijo Kurono mientras buscaba en su manojo de llaves.

— No… No te esfuerces.— le advirtió Nami.

— ¡Oye, Luffy, no irás a…!— exclamó Zoro a su capitán con su ojo bien abierto (y no penséis mal, que no puedo parar de reírme ahora que lo leo de nuevo).

Luffy se mordió el dedo de su otra mano e infló con aire sus huesos, el cual traspasó al puño que tenía estirado.

— ¡Giganto pistoru!— gritó Luffy, y el puño gigante impactó contra los barrotes, derribándolos y levantando un espeso polvo, que hizo toser a todos los presentes, en especial a Sanji y a Zoro, los cuales habían esquivado los trozos de metal desprendidos por muy poco— ¡Rapido, chicos, hay que salir de aquí, tenemos que recuperar el arma de Nami!— apresuró.

— ¿¡Y NO PODÍAS USAR LLAVES COMO TODO EL MUNDO!?— le gritaron el cocinero y el espadachín a la vez.

También, a unos metros de distancia, y hablando en vertical, Komaru vigilaba su monitor de forma atenta. Veía con asombro cómo, poco a poco, los Sombrero de Paja se iban liberando de sus prisiones y, con más perplejidad aún, quién era el hombre que les estaba ayudando a escapar de esa situación.

Lanzó su puro al suelo del oscuro despacho. El cenicero de su escritorio se hallaba repleto hasta arriba de habanos idénticos al ya consumido.

— Kurono, maldito...— murmuraba aquel hombre.

— Si lo desea, podemos ir a por ellos.— dejó caer una mujer morena sentada en un sofá a izquierda de Komaru.

— No, Selene— le contestó—. No hasta que esté listo ese gas...— una terrorífica sonrisa se dibujó en su rostro— ¡Entonces ningún usuario podrá detenerme y pondré fin a esta isla de una vez por todas!

Fin del capítulo 8.

Bueno, como veis, aunque este capítulo ha tenido un importantísimo (desde mi punto de vista) momento LuNa, he decidido también que ya era hora de resolver misterios de la isla, y más relevante aún, plantear una trama en la isla sobre la cual Nami pueda desarrollar al fin su papel en este fic, el cual os aseguro que llevo cocinando muuucho tiempo en mi mente. Y, correcto, tengo el final también clarísimamente organizado ya en mi mente.

¡Un saludo!