¡Hola de nuevo personas! Les traje nuevo capítulo sin tardanzas :3
Hoy voy a responder a sus reviews desde un principio porque me pareció más interesante respondedles antes de que lean todo lo que pasará. Bien, empecemos:
Para MAdh-M: Se nota tu odio por Hans xD y tal vez tengas mayores motivos para odiarlo después de leer el capítulo :D Elsa es como un pequeño niño es verdad, pero tiene su carácter cuando se necesita ;3 Anna parece que aun no le pone nombre a lo que siente por Elsa pero tal vez lo haga pronto jaja Palabra que no volveré a tardar tanto. ü
Para Loreley: Gracias :3 jaja todos odian a Hans :b Aquí tienes ya el capítulo, espero lo disfrutes C:
Para AzblueHell: No creo que se queme tan lentamente dado que en este capítulo salen a la luz muchas cosas, pero nunca se sabe, puede pasar cualquier cosa ;3 ¡Saludos! y hasta la próxima :D
Muy bien ahora si. Que comience la intriga...
Kristoff no notaba en lo más mínimo al ángel pero aun así ella prefería estar ahí con él a interrumpir el gran regalo de Hans. El chico se había quedado dormido mientras veía la televisión por lo que el único ruido en la habitación provenía del aparato. Los minutos parecían hora y Elsa estaba cada vez más aburrida; incluso Sven se había salido del cuarto y ahora se encontraba echado en el sillón. Sus respiraciones ayudaban a llenar el silencio aunque para la chica eso no era suficiente.
No pudo soportarlo más tiempo y salió del apartamento por la ventana, comenzando a volar sin rumbo, lo único que quería era alejarse lo suficiente aunque sabía que no debía hacerlo demasiado pues sin importar que los chicos estuvieran en casa, su deber era cuidarlos.
Aminoro la velocidad y contemplo desde el aire los distintos paisajes, personas y ángeles que veía, todos parecían tan felices con sus propias tareas. Se fijó en una pareja que caminaba por el acera, iban tomados de la mano y a ambos les brillaban los ojos, se detuvieron un segundo y él aprovecho para besarla de forma tan tierna que la muchacha se tuvo que abrazar a su cuello para no caerse. Elsa se quedó mirando hasta que ellos cruzaron la calle, después avanzo hasta unos edificios en construcción, le dio tristeza ver desaparecer la naturaleza de ese lugar pero se contuvo enseguida y siguió su camino.
La noche llegaba cada vez más rápido por lo que Elsa no tuvo más remedio que dar media vuelta y regresar a la casa de Anna. Entro por la misma ventana por la que había salido y vio al chico en una posición bastante extraña para estar durmiendo, tenía las piernas estiradas a causa de no poder moverlas por el yeso pero su cintura estaba hacia un lado junto con la parte superior de su cuerpo la cual se encontraba casi tocando el piso. El ángel no pudo evitar reírse y lo acomodo como pudo para que al menos no se fuera a caer.
Quería ir arriba y ver cómo iba todo con Anna y Hans después de todo ella ahora estaba cuidando de la chica pero por alguna razón no se atrevía a ir. No sabía lo que era pero era incontrolable, cada pequeño momento que por fin se decidía a subir su pulso se aceleraba, sentía todo su cuerpo tensarse y la recorrían escalofríos por todo su ser; así que terminaba regresando de nuevo a la sala sin haberse atrevido a salir.
…
Mientras tanto Anna y Hans estaban disfrutando de la deliciosa comida y la hermosa vista mientras sostenían una amena charla sin ningún tema en particular. A la pelirroja le encantaba la manera de comportarse de él, como todo un caballero. Eso era lo que la había hecho enamorarse o al menos eso había pensado en un principio porque ahora incluso ahí junto a la persona que supuestamente le había movido el mundo entero, era incapaz de sentirse completa. Solo ansiaba salir de aquel techo y ver de nuevo al ángel. No se explicaba porque no podía dejar de pensar en ella pero eso era lo que menos le importaba en esos momentos, quería abrazarla de nuevo, necesitaba tocarla…
Se sorprendió al darse cuenta lo que estaba pensando, apenas hacía como dos días que la conocía ¿Cómo podía estar deseando tocarla? Además era un ángel, seguro que ese tipo de cosas no le gustaban en lo absoluto aunque ella había dicho que el abrazo se sintió bien y al ser un ángel no podía mentir ¿O sí?
De repente sintió unos labios sobre los suyos y se dio cuenta de que Hans la había besado. Desde que llevaban saliendo jamás lo habían hecho y ahora lo hacía así sin más. Estaba un poco aturdida por lo repentino de la situación pero logro corresponderle y para su enorme sorpresa no sintió lo que había pensado que iba a sentir, fue tan común como cualquier otro beso que hubiera dado en toda su vida. Cuando se separaron el chico se le quedo viendo con una sonrisa y volvió a ocupar su lugar en la mesa mientras Anna lo miraba extrañada.
-¿Qué ha sido eso?- preguntó.
-Estabas muy distraída, Anna. Te quiero en el presente, conmigo.- explico él.
-¿Me besaste solo porque estaba distraída?-
-Y también porque tus labios me llamaban.- sonrió.
-Basta de eso.- comento algo más fría de lo que hubiera querido.
-Tomemos un poco más de vino.-
Tomó la botella de champagne y le sirvió un poco más en su copa. Anna no quería pero termino aceptándola de todos modos. No tenía ganas de estar ahí en ese momento por más bonito y romántico que le hubiera parecido en un principio, solo quería ir a dormir en su cama por algunos meses o al menos hasta que su cuerpo quisiera despertar, pero no podía hacerle eso a su novio.
Hans la miraba con una sonrisa la cual lo hacía ver muy feliz, como si todo lo que quisiera era estar ahí con ella disfrutando del vino y del paisaje mientras ella quería correr a los brazos de Elsa. Ahora que se ponía a pensarlo nunca la había llamado por su nombre, tal vez debería hacerlo alguna vez.
Las estrellas ya estaban bastante alto en el cielo y se podían apreciar con claridad desde ahí aun a pesar de los contaminantes de la ciudad. Anna volteo un segundo hacía arriba para contemplarlo y después miro de nuevo a Hans quien seguía con la vista fija en ella aunque a su expresión había sido restada un poco e suavidad; supuso que era debido su falta de atención a la cena, estaba más distraída que un perro cuando le enseñan un hueso y no puede pensar en nada más.
Trato de poner su mente en blanco y únicamente enfocarse en mirar a Hans y en platicar con él. Levanto un poco su copa de vino para que el chocara la suya con la de ella. Y una vez se escuchó el ruido de las copas, se tomó de fondo todo el líquido que le provoco cosquillas en la garganta.
-Anna, necesito decirte algo…-
…
Elsa no dejaba de dar vueltas alrededor del sillón, tantas que termino mareando a Sven quien le ladró como objeción a lo que hacía y pidiendo que se detuviera de una vez. Reacciono y se sintió mal por el pobre animalito así que se acercó hasta él y acaricio su lomo, lo cual hizo que Sven sacara la lengua y moviera la cola.
Por fin saco el valor y sin importar los temblores de su cuerpo se dirigió flotando hasta la azotea, asomo la cabeza entre la puerta, sin abrirla por supuesto, de todos modos era invisible para todos.
Salió rápidamente al ver la escena frente a ella. Por un momento se quedó en shock, realmente no se esperaba algo como aquello así que no supo cómo responder a la situación y, por más raro que fuera, se molestó por no haber salido antes a ver a Anna.
La chica se encontraba sentada en una silla con las manos y la cabeza sobre la mesa, parecía como si se hubiera quedado dormida de golpe puesto que su bebida se había derramado y ella aún mantenía la copa aferrada a su mano. El champagne goteaba por el borde de la mesa manchando el mantel blanco mientras Hans la observaba impasible; se encontraba de pie un poco más lejos de la mesa y aun sostenía su copa con una mano.
Elsa quiso lanzarse contra él e iba hacerlo hasta que lo vio voltear directamente hacía ella ¿Es que acaso podía verla? Se supone que era un humano, era imposible que pudiera saber que se encontraba justo ahí y tampoco podía estarla mirando por casualidad aunque Anna lo había hecho también una vez ¿No? La había mirado sin saber que estaba ahí ¿Podría acaso estar él haciendo lo mismo?
Supo que realmente si la veía a ella cuando sintió sus manos sobre su cuello aprisionando sus brazos contra la pared ¿Cómo rayos era que podía tocarla siquiera? Los humanos no podían hacer eso, era imposible. Ni por más especial que fuera una persona podría algún día tocar a un ángel mientras este no le diera el permiso para hacerlo y ningún ángel se había dejado tocar antes que ella supiera.
-¿Qué haces? ¡Suéltame!- grito desesperada el ángel.
-Elsa… ¿Por qué siempre tienes que entrometerte en mis planes?- dijo con una sonrisa que le helo la sangre.
-Cómo… tú no deberías… puedes…-
-¿Te refieres a que como puedo verte?-
Elsa solo asintió, sentía su respiración cada vez más pesada. Sus manos sobre su garganta no dejaban pasar libremente el aire y eso le estaba provocando dolor, aunque no entendía cómo era posible ¿No se supone que ella no podía morir con algo tan simple?
Se quedó sin aliento, pero no precisamente por la mano apretando su cuello sino más bien por las enormes alas que surgieron de su espalda y lo que más la sorprendió es que eran negras y de una de ellas colgaba una espada parecida a la suya pero con un aura totalmente distinta.
-¿Esto responde a tu pregunta?- se burló –Los ángeles siempre tan inocentes, no pueden reconocer a un demonio aunque lo tengan frente a sus narices. Pero a pesar de eso te las arreglaste para arruinar todos mis planes.- musito molesto.
Sus ojos centellaban de un rojo inyectado en sangre. Elsa estaba petrificada, nunca había visto a un demonio y ahora se daba cuenta de que eran mucho más aterradores de lo que todos decían. Trato de zafarse y aunque no lo logro por lo menos saco las manos de su espalda y trato de quitar las de él de su cuello pues el aire empezaba a escasear demasiado.
-¿Por qué?-
-¿Qué por qué? Bueno te contaría pero no parece que te quede suficiente aire para escucharlo.- aflojo un poco el brazo.
El ángel tomó una gran bocanada de aire y se sintió mejor.
-Ya que me has arruinado todos los planes voy a vengarme por eso.- sonrió de manera siniestra.
Elsa llevaba puesto su habitual atuendo que constaba de una blusa gris de manga larga, un pantalón apretado color celeste y unas zapatillas de deportes grises también. Se estremeció hasta la punta del cabello cuando sintió la mano libre de Hans tocando su abdomen. Tomó su mano fuertemente para evitar que se moviera más, esto era repugnante, ahora entendía porque los ángeles nunca se dejaban tocar.
-¿Qué pasa? ¿Acaso piensas que puedes evitar que lo haga? Voy a quitarte lo más preciado que tiene un ángel, te voy a arrebatar hasta la última gota de tu pureza y te arrepentirás de haberte cruzado en mi camino. Tu castigo será peor que el de tu amigo.-
Su ira aumento a un nivel que ni siquiera ella mima sabía que podía aumentar en cuanto escucho eso. Él era el causante de la muerte de Olaf y el muy sínico lo decía como si no fuera la gran cosa. Definitivamente no le permitiría hacer nada con ella, se lo quitaría de encima así fuera lo último que hiciera.
Trató de tomar su espada pero Hans fue más rápido y la arrojo lejos de ella dejándola indefensa. Volvió a colocar la mano sobre su abdomen y comenzó a pasar la mano por debajo de su blusa. Elsa no podía hacer nada, quería quitar su mano de su cuerpo pero le era imposible, él era más fuerte y lograba moverse aun cuando ella aplicaba toda su fuera con ambas manos. Pero el ángel tenía algo que él no. Tomó su brazo con fuerza y en un segundo comenzó a congelarse hiriendo gravemente al demonio y haciéndolo gritar de dolor.
Se alejó de ella tomándose el brazo lastimado sorprendido totalmente por un poder que no esperaba que ella tuviera.
-Tú no eres un ángel común. Estas siendo entrenada para ser un serafín, ¿No es así?- le grito con rabia.
No hubiera querido que ese demonio fuera el primero en enterarse pero tampoco era como que tuviera a quien más contárselo. Aunque no pensaba ponerse a relatarle toda la historia.
Hans tomó su espada y arremetió contra ella a toda velocidad pero Elsa logro esquivarlo por un pelo. Era más rápido de lo que pensaba y parecía tener la energía de mil soldados en batalla.
-¿Por qué quieres acabar conmigo?- le grito al caer al piso después de esquivar uno de sus golpes.
-¿Ni siquiera te has dado cuenta de los planes que echaste a perder? La muerte segura de Kristoff y lo que sería la pérdida de la pureza de Anna en su propia casa, ese ladrón y esa mujer iban a hacer el trabajo por mí y tú metiste tus narices arruinándolo todo. Tuve que hablarles y convencerlos, hacerle creer a esa mujer que se olvidaba de algo con tal de retrasarla, hacerle creer a ese sujeto que robar era la única salida. Pero tenías que protegerlos ¿no?-
-Es mi trabajo hacerlo. ¿Por qué quieres hacerles daño?-
-¡Porque me castigaron por su culpa! ¡Mis alas blancas dejaron de serlo gracias a ellos!-
Esta vez ataco a Elsa de una manera tan brutal que fue incapaz de reaccionar a tiempo, por suerte la golpeo con el mango de la espada y no con el filo. El ángel cayó al suelo y Hans se posiciono sobre ella; esta vez por muy serafín que fuera no la dejaría usar su poder. Le tomó las manos con fuerza y las sujeto por encima de su cabeza, sus uñas crecieron enormes enterrándose en el asfalto e impidiéndole moverse.
Paseo su mano libre por su cadera, jugando con ella, sonriendo mientras veía la expresión de ira, miedo e impotencia que ella tenía en su rostro. Se acercó hasta su rostro y lamio su mejilla lo que provoco una mueca de asco en Elsa. Por fin podría librarse de ella, le quitaría su más preciado tesoro y una vez que terminara iría a por Anna y así se vengaría del idiota de Kristoff y de Anna en un solo golpe. Porque después de acabar con la pelirroja lo más seguro era que el muchacho se volviera loco.
-No puedo creer que ellos hayan hecho algo tan malo como para que te quitaran las alas.- dijo con voz temblorosa.
-Supongo que también fue mi error. Me enamoré de su raza, la doraba y me castigaron por hacerlo. Mis alas se tornaron negras y decidí que algún día los haría pagar por ello. Aunque quitarte a ti del camino también es una buena manera de hacer pagar a los de arriba.- sonrió con sorna.
Elsa jalaba de sus manos para poder soltarse pero solo lograba hacerse daño con las grandes y afiladas garras del demonio. Sus muñecas comenzaron a sangrar por el roce constante, llenando la mano de Hans de sangre.
Mientras él seguía entusiasmado mirando su rostro. Bajo su cabeza hasta el cuello del ángel pasando su lengua por su cuello y haciéndolo cada vez un poco más abajo mientras su mano libre volvía a estar dentro de su blusa, acariciando todo su estómago y su cintura. Ella quería vomitar, quería gritar y sin embargo lo único que hizo fue llorar; realmente no quería acabar así, no quería perder su pureza, lo que la caracterizaba verdaderamente como un ángel. Siguió moviendo sus manos que no paraban de sangrar sin obtener resultados. Ya no había nada que hacer, no había podido proteger a Kristoff, ni Anna, ni siquiera había podido protegerse a sí misma.
