Tilda sabía que no debía separarse de su hermana, pero no pudo evitarlo. Los enanos le fascinaban. Desde que los vio por primera vez entrando en su casa quiso saber más de ellos. En especial de Bofur. Bofur era un enano gracioso que siempre le regalaba algún pequeño juguete precioso que era la envidia de los demás niños. Precisamente por eso no pudo evitar separarse de su hermana para ir a la búsqueda del juguetero nada más puso los pies en la Montaña. Su hermana estaba ocupada llevando a cabo el encargo que su padre les había pedido y Tilda aprovechó para escabullirse e ir a buscar a su amigo.

Miró todos los puestos del mercado de Erebor pero no le encontró, por lo que decidió preguntar a un enano que le resultaba familiar, aunque no recordaba su nombre.

'Disculpe, Señor Enano. ¿Me podría decir donde puedo encontrar al Señor Bofur?'

El enano en cuestión se quedó mirando a la niña, recordando que era la hija del Rey Bard y le contestó con una sonrisa.

'Se encuentra en el Gran Salón, ayudando a la preparación de la fiesta.'

'¿Me podría decir cómo llego allí?'

'¿No deberías estar con tu hermana o hermano? Eres muy pequeña para ir sola por esta gran montaña.'

Tilda le miró con mucha seriedad. Estaba cansada que todos dijesen que era muy pequeña, no era cierto. Era más lista que muchos niños de su edad.

'Mi hermana está ocupada. Pero si me indica el camino seguro que no me pierdo.'

El enano se lo pensó dos veces, pero al final le indicó el camino, pues esa parte de la Montaña estaba abierta al público, y él no era quien para prohibir algo a la hija del rey.

Tilda siguió las indicaciones hasta llegar a una esquina y se paró al oír cantar. Podía oír voces graves y vibrantes, llenas de alegría, cantando una hermosa canción sobre días pasados y la alegría de que esos días hayan vuelto por fin. No tuvo que andar mucho hasta que llegó a la gran puerta y vio en su interior a decenas de enanos cantando y decorando la Gran Sala con estandartes malvas y dorados, colocando mesas y sillas, limpiando las paredes y todo ello bajo el son de la gran canción colectiva. La sala entera exhumaba vida y alegría y era contagiosa. Tilda no pudo evitar sonreír y moverse al son de la música mientras miraba todo suceder ante sus ojos. Cuando acabó la canción aplaudió y algunos enanos se giraron a mirarla mientras otros seguían riendo y colocando. El que estaba más cercano a ella le preguntó si se había perdido. Ella pidió que le indicase dónde estaba Bofur y el enano señaló al fondo, donde un gorro se diferenciaba de los demás. Ella se acercó y vio que su amigo estaba hablando con Bilbo.

'Hola preciosa Tilda.' Le saludo Bofur con una sonrisa amplia.

'Hola.' Dijo ella sin saber muy bien qué hacer ahora que le había encontrado.

'Hola Tilda.' Dijo Bilbo. '¿Qué haces por aquí? ¿Te podemos ayudar en algo?'

'No. Solo quería decir hola. He venido con mi hermana al mercado a por un encargo que padre nos ha mandado y quería saludar.'

'Es todo un detalle que hayas venido a saludar.' Dijo Bilbo siempre cortés, pues su naturaleza hobbit se lo exigia y la niña le caía muy bien. 'Espero que tu hermana sepa que estás aquí.'

Tilda miró al suelo sin responder.

'Oh, cielos.' Dijo Bilbo preocupado. 'Debe de estar buscándote. Debes volver con ella inmediatamente.'

'Pero yo quiero escuchar otra canción. Era tan alegre. Y los enanos hacían malabarismos con las sillas y platos. Me gusta.'

Bofur respiró orgulloso y miró a Bilbo, pero este suspiró. Por mucho tiempo que pasase nunca, nunca, nunca, se acostumbraría a la forma que tenían los enanos de tratar la vajilla, y estaba esperando el día que rompiesen un plato para sacar su lado Took y decir "ves, dije que se iban a romper".

'¿Porque no te cantó yo una de camino a tu hermana? Me sé algunas muy buenas.'

Tilda sonrió, contenta de pasar tiempo con su amigo, aunque tuviese que irse del salón.

'Además.' Continuó Bofur. 'No querrás ver la sala arreglada antes del banquete. Sino la sorpresa se estropearía.'

Y con eso y una rápida pero cálida despedida por parte de Bilbo se fueron la niña y el enano a encontrar a la hija mayor de Bard.

Thorin salía de la reunión con su jefe de minas cuando oyó la canción que provenía de la Gran Sala. Se encontraba en la parte superiror y desde donde estaba podía ver la preparación y a su pueblo feliz cantando. Había pasado mucho tiempo desde que las grandes salas de Erebor se llenaban de música y alegría y el corazón del rey se encogió de cariño y contento al escuchar de nuevo las voces de su pueblo. Ese era el verdadero motivo de su lucha por recuperar la montaña, no solo las riquezas que había dentro de ella, sino el hogar que les había sido arrebatado.

Bajó la mirada y vio a una pequeña figura junto a Bofur y Bilbo. A los pocos segundos Bofur se fue con lo que parecía una niña, y Thorin supuso que la hija pequeña de Bard. Esa niña estaba fascinada con su raza y el rey no sabía si sentirse orgulloso o insultado, aún así la trataba con respeto y cortesía.

Vio a Bilbo dando órdenes y sonrió. Su hobbit se había acostumbrado muy rápido a mandar a trece enanos y parecía que tener bajo su mando a unos cuantos centenares más no le impedía seguir sintiéndose cómodo haciéndolo.

Thorin se fijó en el Gran Salon y se sintió orgulloso. La fiesta era mañana pero parecía que era una fiesta de cuando él era pequeño y Erebor brillaba por su majestuosidad y belleza. No podía dudar que Bilbo era muy bueno organizando fiestas.

'Fili, Fili, Fili.' Dijo Kili saltando encima de su hermano.

'¿Qué?' Contestó el príncipe rubio tapándose la cara con la manta, intentando huir de su hermano pequeño para tener unos minutos, u horas, más de sueño.

'Gandalf está aquí.' Dijo Kili quitándole la manta y sentándose en las piernas de su hermano.

'¿Y qué?'

'¿Cómo que "y qué"? Que ha venido. Después de casi dos años sin verle. Ha venido a mi cumpleaños.

Fili, dandose cuenta de que iba a ser imposible volver a dormir se incorporó.

'Quizás ha venido por otro asunto.'

'¿El día de mi cumpleaños?' La mirada de Kili no admitía lugar a dudas.

'No sé. Es un mago. Ya sabes que va y viene según le apetece.'

'Precisamente. Y ha venido hoy. Es genial. Quizás quiere algo, o quizás no. Pero me parece un detalle que haya venido. Quizás hace un truco de los suyos. Esos fuegos artificiales de los que Bilbo tanto habla.' A mitad de la frase Kili había empezado a saltar encima de su hermano, por lo que este decidió tirarle de la cama, como cuando eran niños, o como cada vez que Kili se emocionaba demasiado. Kili cayó al suelo con una sonrisa.

'Bueno, solo hay una manera de averiguarlo.' Dijo Fili. Al poco tiempo los dos príncipes estaban de camino para encontrarse con el mago grís.

'¿Me estás diciendo que el único motivo de tu visita después de dos años es el cumpleaños de mi sobrino? Déjame que lo dude.'

'¿Me llamas mentiroso, Rey Bajo la Montaña? Porque no he venido hasta aquí para esto.'

'Para nada. Nadie te llama nada.' Dijo Bilbo intentado apaciguar un poco los aires. Thorin y Gandalf no se habían despedido en la mejor de las formas, aunque seguían llevándose bien y confiando el uno en el otro, Thorin no había perdonado que no hubiese llegado cuando prometió antes del día de Durin, tres años atrás.

'Es simplemente que llevamos mucho sin verte.'

'Eso es porque he estado ocupado, mi querido Bilbo. Pero pasaba por aquí y he recordado el cumpleaños de Kili y oí en la Ciudad del Lago que se iba a dar una gran fiesta. No he podido evitar dejarme pasar.'

'En un momento muy oportuno.' Dijo Thorin.

Gandalf le miró con sus ojos expresivos y sus cejas pobladas y el rey no dijo nada más del asunto. Indicó que se preparase un aposento para el mago y le invitó a desayunar con ellos.

'A este paso va a haber más extraños que enanos en la Montaña.' Le dijo a Bilbo Thorin por lo bajo.

'No son extraños. Son amigos.' Le reprimió Bilbo dándole un codazo.

'Son tus amigos.' Dijo al ver entrar a Lord Elrond en la sala. Iba vestido con una túnica gris con un chaleco largo, que tocaba el suelo, de color caoba. A Thorin le superaban las ropas de los elfos. No comprendía para qué necesitaban tanta tela. Aún así inclinó la cabeza saludando al elfo. Elrond al ver a Gandalf fue a saludarle y se sentó a su lado, dejando el hueco para los dos príncipes. Dís no estaba con ellos, pues estaba encargándose de los últimos retoques de la fiesta.

No tardaron mucho en sentarse y en que trajesen las bandejas con la comida. Fue en ese momento en el que entraron los dos príncipes.

'Gandalf.' Gritó Kili nada más abrir la puerta. 'Qué alegría verte.'

'La alegría es toda mía.' Dijo el mago levantándose y abrazando al enano. A Fili, que se había quedado detrás de su hermano, le saludó con poniéndole una mano en el hombro y con una amable y cariñosa sonrisa. 'Me tenéis que poner al día de en que lios os habéis metido últimamente.' Dijo Gandalf volviéndose a sentar.

'En ninguno.' Dijo Kili muy serio. 'Tampoco es que podamos, con todas las clases y Fili siempre ocupado.' Dijo entre dientes pero aún así Thorin le oyó.

'Y tu estarías ocupado con él si quisieses. Fili tiene obligaciones como heredero, pero eso no quiere decir que no puedas acompañarle de vez en cuando.'

'No quiero ofender, tío.' Dijo Kili sentándose al lado de su hermano. 'Pero no es precisamente lo más divertido del mundo leer tratados sobre política y familias.'

'Ser heredero de Durin no es algo divertido.' Dijo Thorin con el tono duro que ponía siempre que hablaba de algo relacionado con su linaje y la corona. 'Es algo con lo que se nace y un día tu hermano será rey y no vendría mal que dejases tu arco de vez en cuando y te pusiese a estudiar con él, pues necesitará a alguien a su lado cuando llegue el momento. Alguien que sepa de lo que habla y que le pueda serle de ayuda a la hora de tomar decisiones.'

'Pero para eso faltan siglos. Lo dices como si te fueras a morir mañana.'

Fili intentó no reírse del tono de su hermano, pero no pudo evitar que saliese una pequeña carcajada de sus labios. Su tío le miró severamente pidiendo una explicación.

'Tío, lo siento, pero Kili tiene razón.'

'Increíble.' Dijo Thorin sirviéndose salchichas y huevos con jamón. A veces se sorprendía de que esos dos fuesen sobrinos suyos. Parecía mentira que les hubiese criado él. Estaba seguro que si su abuelo estuviese con vida sería una historia muy distinta.

El desayuno fue ameno, con una animada conversación por parte de todos los participantes. Al cabo de una hora se despidieron, pues todos tenían cosas que hacer, aún así Elrond le pidió a Bilbo que si podía acompañarle a su cuarto, pues había algo de lo que quería hablar con él.

'Por supuesto. Permíteme unos minutos y en seguida estaré allí.' Dijo con su cordial sonrisa. El elfo asintió y se fue de la sala donde solo quedaban el rey, el hobbit y el mago. Gandalf estaba junto a la gran chimenea, encendiendo la pipa. Thorin y Bilbo se encontraban al otro lado de la sala, donde daba a la puerta grande de salida.

Bilbo quería saber qué tenía que contarle Lord Elrond, pues en los últimos días habían estado hablando de muchas cosas y su relación se había estrechado, aún así el elfo no era de los que se veía impaciente por hablar. Era más de escuchar. Bilbo tuvo que dejar a un lado su curiosidad pues había algo que quería solucionar antes. Thorin se disponía a reunirse con Gandalf en los sofás junto a la chimenea, pero Bilbo le paró cogiéndole del brazo.

'¿A qué hora llegaste ayer?' Le dijo en un tono de voz bajo para que su conversación se mantuviese privada.

'¿A qué te refieres?' Le contestó el rey parándose y girándose para mirarle a los ojos.

'Me refiero a la hora a la que llegaste anoche a nuestro cuarto, si es que llegaste, pues no te vi llegar ni te he visto salir esta mañana.'

'¿Es esto un interrogatorio?' Su voz era dura, pero nada a lo que Bilbo no estuviese acostumbrado.

'Thorin, no te pongas difícil conmigo. Estoy preocupado. Últimamente llegas muy tarde a nuestra cama, y siempre muy cansado. Y cuando me despierto ya no estas. Llevo una semana sin verte.'

'Nos vemos todos los días.' Le replicó el rey.

'Por asuntos oficiales. ¿Cuándo fue la última vez que cenamos juntos? ¿O que dimos un paseo? ¿O que pasamos un rato sin hablar de algo relacionado con Erebor? A solas.' Dijo para especificar.

Thorin no quería hablar del tema. Su primo Dain le había mandado varias cartas pidiendo su presencia en las Montañas de Hierro para un consejo con los pueblos del norte de las mismas. Le había explicado los problemas que tenía recordándole de forma poco sutil, como él fue a su encuentro cuando Thorin estaba en apuros. Thorin se había pasado la última semana evitando ir y buscando una solución y excusa, pues no quería dejar su Montaña ni su reino por motivos que no le incumbían.

'Bilbo, soy un rey, estoy ocupado. Tengo cosas más importantes que hacer que dar paseos con un hobbit.' Tan pronto como dijo eso se arrepintió. No podía evitar defenderse hiriendo a la gente, sobretodo a la gente que más le importaba. Pero lo que más le dolió a Thorin fue la cara que puso Bilbo. La tristeza y el dolor de su respuesta se leían en los ojos del mediano, aunque este intentara disimularlo. Bilbo dio media vuelta para irse, ero Thorin le cogió del brazo, parándole, pero el hobbit no le miró.

'No pretendía decir eso. Lo siento.'

'Suéltame.' Dijo Bilbo secamente.

'Bilbo.'

'He dicho que me sueltes.' Las palabras de Bilbo eran como estacas de hielo. Thorin le soltó y Bilbo se fue.

'Veo que sigues teniendo el mismo tacto de siempre.' Comentó Gandalf desde el otro lado de la sala. Thorin respiró profundamente intentando manejar la situación y fallando estrepitosamente.

Bilbo respiró antes de entrar en la habitación de Elrond. Sabía como era Thorin, pero a veces no podía evitar desear haberse enamorado de una persona que no le hablase así. Sabía que no quería dañarle, que su forma de defenderse ante una situación que no le gustaba, y ante casi todo, la verdad sea dicha, era herir al otro con su gran bocaza, y la mayoría de las veces Bilbo lo llevaba bien, pues sus palabras no las dirigía hacia él, sin embargo hoy no. Él solo quería saber qué le sucedía y pasar más tiempo con él. Y aunque supiese que Thorin no había querido decir lo que le había dicho, eso no evitaba que no le hubiese dolido.

Elrond abrió la puerta justo cuando el hobbit iba a llamar.

'Pasa, por favor.' Y Bilbo lo hizo.

'Sé que es el cumpleaños del príncipe Kili, aún así me he tomado la libertad de seguir una de las tradiciones que tenéis los hobbits.' Dijo mientras cogía un regalo cuadrado envuelto en una bonita tela roja. Se acercó a Bilbo y se sentó en la cama para estar a la altura del mediano.

'¿Para mí?' Dijo olvidando por un momento el malentendido con Thorin.

Elrond asintió y Bilbo lo cogió dándole las gracias. No iba a negar que echaba de menos la tradición suya de recibir regalos el día del cumpleaños de alguien. Lo desenvolvió cuidadosamente y leyó la portada del libro "La Balada de Leithian". Bilbo abrió el libro y vio que en el, con una letra élfica clara y estilosa, estaba escrito en las páginas izquierdas del libro un poema en lengua westron y en las páginas derechas en quenya.

'Cuenta la historia de mis antepasados, el humano Beren y la elfa Lúthien. Es, sin lugar a dudas, la historia más venerada de mi gente. Pensé que conocerla te vendría bien, no solo para que sepas más de mi cultura, sino para que te sirva de ayuda en los momentos en los que dudes en tu relación.'

Bilbo miró el libro acariciando con sus manos las hojas.

'Es precioso. No sé que decir.'

'No hace falta que digas nada.'

Bilbo miró al elfo y no pudo evitar abrazarle mientras le daba las gracias. Elornd no se esperaba la muestra de cariño. Aún así rodeo con sus brazos al mediano y le correspondió el abrazo.