Hola personas. Me da gusto traerles un nuevo capítulo. Espero que les guste y que cualquier duda o circunstancia quede aclarada.
Pueden pasarse por mi página si quieren (Se llama "Dichiro").
Gracias por todo el apoyo personitas.
Disfrútenlo. Bonitos días.
Las uñas del demonio comenzaron a crecer y a rasgar el estómago de Elsa quien no pudo evitar soltar un grito de dolor. Se enterraban en su piel blanca y pequeños hoyitos comenzaban a formarse en su abdomen haciendo brotar unas gotas de sangre que se hacían cada vez más grandes a medida que las garras de Hans perforaban su piel.
El ángel se removía debajo de él aterrada y furiosa sin contar el inmenso dolor que estaba sintiendo, no era solo su abdomen el que tenía sangre sino sus muñecas también. Su ropa empezaba a mancharse de rojo mientras ella se mordía el labio para no gritar de nuevo. No quería darle esa satisfacción.
Elsa volteo a ver a Anna con lágrimas en los ojos. En esos días había estado experimentando distintas emociones que jamás creyó sentir y que ni siquiera conocía, como la felicidad, curiosidad, tristeza y ahora dolor. Vio que la chica seguía recostada en la mesa aunque logro percibir un pequeño movimiento en su mano, no podía dejar que nada malo le pasará, tenía que protegerlos a ella y a Kristoff. Definitivamente no iba a dejarlos solos.
Jaló sus manos con todas sus fuerzas provocándose heridas graves pero por suerte logro liberarse, no iba a permitir que siguiera haciéndole daño. Lo tomo del cuello haciendo que comenzara a arderle por el frio, e induciéndolo a que ahora fuera él quien sintiera dolor.
Hans sentía que las manos de la chica le quemaban y trato de quitársela para que dejara de tocarlo. Alzo el brazo para alcanzar su espada pero en ese momento de descuido recibió un golpe en el rostro por parte del ángel que lo hizo caer de espaldas en el suelo; se levantó de un salto para no darle ninguna ventaja a Elsa quien se había puesto de pie también y se encontraba enfrente de él con la espada que acababa de recuperar, en alto. La garganta le escocia y también la cara, justo donde ella le había pegado, de todos los ángeles que pudieron haberle asignado a Kristoff habían tenido que elegir justamente a alguien que tenía entrenamiento de serafín, vaya suerte que tenía.
Ella lo miraba cansada, le dolían las manos que al igual que su abdomen no dejaban de sangrar. No entendía sus motivos, no podía ser culpa de ellos, además ¿Cómo era que los conocía?
-¿De dónde los conoces?- preguntó.
-Oh es verdad, no llegaste a saberlo. Yo era el ángel de Kristoff.-
Elsa se quedó sin habla, debía estar bromeando, él no podía ser el ángel de Kristoff. Además por lo que sabía de él, era completamente diferente a Hans, y Olaf lo habría reconocido desde hace mucho tiempo. A menos de que fuera eso lo que iba a decirle el día en que murió, eso que nunca llego a saber.
-Te explicaré. De todos modos no vivirás para contarlo.- comento viendo la confusión de la joven.
-Deberías tenerme más respeto. No dejaré que salgas ileso.-
-Sí como sea. Veras niña, sé lo que estás pensando así que comenzaré desde el principio. Yo solía tener el aspecto que tu amiguito te dijo pero después de que mis alas se volvieran negras por culpa de ellos no podía aparecer a vengarme con el mismo aspecto porque sabía que el ángel de Anna me reconocería así que tuve que hacer algo con ello y cambié mi cuerpo material, no había necesidad de eliminarlo hasta que llegaste tú indagando sobre el pasado. Así que básicamente es tu culpa que muriera.-
El ángel había bajado la espada por la declaración. Tal vez Hans tuviera razón, era ella quien había estado curioseando por el pasado y eso provoco la muerte de su único amigo, solo porque él quería complacerla ayudándola con algo de información. Ahora lo entendía todo, había estado buscando al asesino de Olaf cuando realmente era ella la causante, aunque no hubiera empuñado la espada que acabo con su vida si la había empujado hasta ello.
El pelirrojo observaba el rostro lloroso de Elsa, su sonrisa se hizo más amplia cuando vio una lágrima surcar su rostro. Se supone que para cualquier humano ver llorar a un ángel podría ser algo desgarrador pero para un demonio era lo más maravilloso porque no solo había atacado su cuerpo físico sino también sus sentimientos y eso era un triunfo más grande que cualquier otro. Solo faltaba una cosa para acabar con ella de una manera fantástica, le quitaría aquello que tanto aprecio tenia para ella, eso sin lo cual no era nadie. Estaba seguro de que sufriría con lo que tenía planeado. Aunque tenía que admitir que aún le dolían las marcas que la chica había dejado en su piel, definitivamente si iba a atacarla tenía que tener cuidado de que no fuera ella quien lo hiriera a él.
Hans se aprovechó de la distraída que se veía y la rodeó a una velocidad impresionante, atacándola rápidamente con su espada en una de sus alas. El ángel grito de dolor y se alejó de él jadeando, no se esperaba un golpe en estos momentos y mucho menos en sus alas. De pronto entendió que era lo que el pelirrojo quería hacerle y se asustó con la idea ¿Cómo podía ser tan infame para hacerle eso? Pero a fin de cuentas no podía esperar menos de un demonio. No podía dejarlo que se acercara de nuevo a sus alas o terminaría quedándose sin ellas y eso definitivamente no iba a permitirlo.
Si Anna hubiera estado despierta y pudiera ver a estos seres, seguro se maravillaría de una pelea jamás vista, parecían dos halos de luz moviéndose en un espacio muy limitado. Pero claro, como no estaba despierta sino inconsciente sobre la mesa se perdió de toda esa hermosa demostración y también se quedó sin ver como en un descuido del demonio Elsa logró herirlo con la espada y para la desgracia de Hans el golpe fue letal, dándole en el costado y dejándolo de rodillas en el piso.
Se tocó el abdomen quedándose impactado por el gran hoyo que se abría en su piel. No estaba sangrando pues una espada no podía provocarle eso. Solamente las garras de un demonio podían hacerlo sangrar tanto a uno de su propia raza como a un ángel los cuales por el contrario no hacían sangrar a nadie sino que como Elsa, solamente los serafines podían hacer daño sin una espada.
Los poderes como los del ángel provocaban un inmenso dolor por el hecho de que empezaban quemando por dentro. Era realmente horrible para la persona que le tocara soportarlo.
-No… No serán diferente contigo, Elsa.- logro pronunciar el demonio con una sonrisa burlona.
-No sé de qué hablas.-
-Lo sabes.- hizo una pausa por la falta de aire –Lo sabes muy bien. No te dejaran… tener a esa chica.-
En ese momento su sonrisa socarrona se fue desvaneciendo al igual que todo su cuerpo y pronto no quedo más nada del pelirrojo.
Elsa se acercó hasta Anna lentamente por lo cansada que estaba y checo su pulso; respiro aliviada al comprobar que seguía respirando. La movió tratando de levantarla y después de un par de intentos más al fin abrió los ojos levantándose de golpe al ver el estado del ángel.
Anna la sostuvo en sus brazos a pesar de estar aún un poco mareada pues parecía que de no hacerlo no soportaría un segundo más de pie. La ayudo a llegar adentro bajando las escaleras poco a poco y deteniéndose en ocasiones para no caerse junto a Elsa. Al fin en su habitación la recostó en su cama para que descansara aunque no sabía si los ángeles lo necesitaban o no. No recordaba mucho de la cena con Hans pero era seguro que se había perdido de algo importante.
-Traeré el botiquín ¿Si te servirá?- pregunto dudando de que la medicina humana ayudara a un ángel.
-No estoy segura.- contesto con una mueca de dolor.
-Bueno, iré por el de todos modos.-
La castaña se alejó rumbo al baño para traer lo necesario para ayudar a Elsa mientras ella la miraba con una sonrisa por lo amable que estaba siendo. Se suponía que era su responsabilidad cuidarla y en estos momentos estaban los papeles cruzados.
-Vamos, te ayudaré a sentarte un momento.- dijo Anna colocándose junto a la herida.
Una vez sentada el ángel Anna tomó sus manos comenzando a limpiarlas con un poco de alcohol, y para su sorpresa parecía que le ardía igual que a cualquier persona por lo que no pudo evitar sonreír aunque sabía que no era momento para eso. Froto con cuidado el algodón húmedo por sus muñecas y una vez que termino le vendo las manos con ternura.
Cuando termino con sus manos se dio cuenta de que también estaba herida en el abdomen y se sonrojo notoriamente al pensar en que tendría que ver su cuerpo para poder curarla. Se obligó a no pensar en algo como eso pues Elsa la miraba algo confundida por el color de su rostro y eso solo provocaba aumentar su pena y por lo tanto su temperatura y sonrojo.
-¿Estas bien, Anna? ¿Te hizo daño algo?-
-No… estoy bien.- respondió desviando la mirada
-¿Estas segura?-
-Sí. Ahora, ¿Podrías levantarte un poco la blusa? Necesito curarte.- dijo lo más calmada que pudo.
Si el Anna creía que era la única en sentir vergüenza de la situación se equivocó por completo pues ahora el rostro de Elsa también tenía un leve tono carmesí. Aunque se esforzó por ocultarlo y obedeció sin objeciones.
La castaña estaba roja hasta las orejas e incluso su cuello se había puesto rojo y de ser posible estuviera todo su cuerpo totalmente sonrojado aunque lo que si estaba era caliente, por toda la pena que sentía.
Mojó otro algodón con más alcohol y Elsa apretó la mandíbula sabiendo que dolería. Anna continúo con su labor sin fijarse mucho en los gestos que hacía su paciente pues no quería sentirse más avergonzada y por otro lado la piel de la chica era tan blanca y tersa que no quería dejar de observarla. Tuvo que acercarse más a ella al ponerle la venda pero una vez hubo terminado casi corrió al baño para "dejar el botiquín".
Elsa aprovecho la ausencia de Anna para cambiarse de ropa, no era como que necesitara la ropa humana o algo así ella simplemente la cambiaba y ya. No tuvo la confianza para recostarse de nuevo en una cama que no era suya así que se quedó sentada en el borde esperando a la chica. Tenía que vigilar a Kristoff también pero estaba completamente segura de que estaba bien. Por otro lado no podía dejar de pensar en lo que Hans había dicho ¿Acaso ella también estaba pecando por amar a la humanidad? No entendía para nada la situación.
-¿Amar hará que me quiten las alas?- se preguntó a sí misma el ángel.
Anna escucho eso, estaba apoyada en la puerta del baño tratando de hacer tiempo hasta que su sonrojo disminuyera pero tras esa frase se había ido por completo. ¿De qué estaba hablando Elsa? ¿No debía amar? De repente se sintió culpable pues sabía que esa chica ahí adentro había provocado olas en su interior en el mismo instante en que la conoció. La entristecía tener que alejarse emocionalmente de Elsa pero no tenía otra alternativa, no iba a causarle problemas a la persona que la había sacado de los suyos. Tenía muchas dudas sobre todo, incluyendo a Hans, no sabía lo que había pasado con él. Tantas dudas arremolinándose en su cabeza sin el más mínimo rastro de desaparecer y lo peor del caso era que no podía responderlas ella sola. Iba tener que preguntarle al ángel sobre todas esas dudas, pero no ahora, no era el momento y seguro que ni ella ni Elsa soportarían oírlo en voz alta ahora mismo.
Respuestas a los reviews:
Para eslove26: Espero que este capítulo si te gustara y gracias por leerme. ü
Para Madh-M: He pensado que eres muy astuta, te fijas justo en lo que deberías y eso me agrada :3 Elsa y Anna se plantearan la misma duda y ya veremos con el tiempo si resulta ser así o no, todo puede pasar jeje ;D Gracias por el comentario /u\
