Decir que los invitados se sorprendieron al oír las primeras notas que salieron del arpa de plata de Thorin era quedarse corto. Toda la sala se había quedado en silencio cuando el rey anunció que tocaría en honor a su sobrino. Fili y Kili no pudieron evitar mirarse con una gran sonrisa. Cuando eran pequeños Thorin les solía cantar si se lo pedían con los ojos que ambos sabían que su tío no podía decir no. Un día fueron a una tienda de instrumentos y Thorin les tocó una canción de tiempos pasados y lugares felices. Para los dos sobrinos no había nada mejor, sin embargo el tiempo pasó y las canciones tuvieron que quedarse atrás, pues tenían que convertirse en grandes guerreros como su tío, pues era su deber. Aún así, todavía recordaban las hermosas canciones que su tío les solía cantar. Kili no había podido pedir un regalo mejor.
Elrond no sabía muy bien qué esperar. Había sido testigo de lo que los Enanos consideran buena música y sabía que difería de sus gustos, aún así las notas le cautivaron. Mithrandir tenía razón, al fin y al cabo. Había cultura y educación en ellos, aunque no fuesen partidarios de mostrarla a los extraños.
Las notas eran suaves y lentas, aún así tenían vida y hacían que no pudieses apartar la mirada de las rudas manos que acariciaban tan delicado instrumento. Pasaron unos minutos donde solo se oía la música del rey, hasta que este empezó a cantar. Cantó la canción que tantos años atrás les había cantado a sus sobrinos en la pequeña tienda de instrumentos. Su voz era profunda, pero suave y melodiosa. Bilbo la conocía bien. Era la misma voz que le había embrujado la primera noche que la escuchó, tanto tiempo atrás, en su agujero hobbit. Era una voz capaz de hacerte ver lo que cantaba, capaz de cautivarte y convencerte de la verdad de sus palabras. Era una voz digna de un Rey.
Legolas nunca había oído a enanos cantar así. No pensaba que fuesen capaz. Su padre le había enseñado que eran un pueblo rencoroso, con malos modales y sin saber estar. Un pueblo sin una cultura que mereciese la pena aprender, pero eso no era lo que él veía. Lo que tenía delante era sin lugar a dudas una de las estancias más hermosas de toda la Tierra Media. El oro de las paredes brillaba con luz propia grancias a la tenue luz de las lámparas. La música era hermosa, embriagadora, y en la atmósfera Legolas podía ver la cultura de ese pueblo. Sus tiempos de sombra pero también de luz. El coraje y la lealtad que habían en sus habitantes. Legolas vio que si bien la apariencia de los Enanos no era hermosa, había algo en su cultura, en la forma del Rey de cantar, que hacía que el príncipe elfo se replantease lo que su padre le había enseñado.
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Bilbo quería decir algo, pero no sabía el qué. No sabía muy bien cómo leer a Thorin. Sabía que le había alegrado tocar, aunque solo fuese por las caras de felicidad de sus sobrinos o por las de sorpresa de los elfos, aún así la conversación previa con ellos le había molestado. Thorin había dicho muy poco después. Bilbo sabía que deseaba retirarse de la fiesta, pues Thorin nunca había destacado por ser una persona sociable, y Bilbo se había escusado diciendo que estaba cansado, dando una escusa a su esposo para abandonar la gran sala. Thorin no había dudado en acompañarle, sin embargo Bilbo no sabía que decirle. No estaba cansado. No quería retirarse todavía, pero no sabía que podían hacer.
'Sé que no estas cansado, Bilbo.' Dijo Thorin sin dejar de caminar y sin mirarle.
'No. No lo estoy.'
'No es una noche muy fría, si quieres podemos pasar un rato en tu jardín.'
'Me gustaría mucho.' Dijo Bilbo ilusionado.
Thorin asintió y ambos de dirigieron al jardín privado del hobbit.
'Thorin, ¿qué es lo que te molesta?' Dijo Bilbo rompiendo el silencio. Habían llegado al jardín y Thorin había puesto su capa en los hombros del hobbit para que este ni tuviese frío. Ambos estaban sentados uno al lado del otro, viendo el paisaje y los rayos de la luna formar figuras en la pequeña fuente que había en medio.
Thorin arrancó un poco de césped. 'Me molesta que vengan aquí y me hablen con ese tono. Como si no supiese de qué hablo o como si no fuera capaz de tomar mis propias decisiones.'
'¿A qué te refieres?'
'Al mago, y a los elfos y a mis consejeros.' Thorin tiró el césped. 'Últimamente no paran de decirme qué hacer, o cómo hacerlo. Siempre me he sentido que me manipulaban para conseguir sus propios medio. No, Bilbo, es verdad. Gandalf no nos ayudó a recuperar Erebor porque se interesase por mi pueblo, sino porque quería deshacerse del dragón. Los elfos nos dieron la espalda, pero bien que tienen la osadía de venir a exigirme tratos. Lo mismo sucede con Bard. No paran de venir a pedir, como si mi papel fuera el de dar.'
Thorin se giró y miró a Bilbo.
'Sé que necesitamos tener tratos con ellos para sobrevivir, sé que necesitamos los unos de los otros. Pero me gustaría que dejasen de mirar a mi pueblo como si solo fuésemos medios para conseguir un fin. Como si no fuesemos un pueblo digno de tener en consideración. Puede que no seamos hijos de Iluvatar, pero eso no nos convierte en segunda clase.'
Bilbo supo que Thorin se había dado cuenta de la forma en la que miraban a los enanos las demás razas. Sabía que conocía lo que los elfos pensaban al verles cantar y trabajar, pues él también lo había pensado en su momento; pero Bilbo se había equivocado. Puede que los enanos se comportasen de una forma a la que él, u otros, no estaban acostumbrados, pero Bilbo nunca había conocido una raza tan leal y con corazones más grandes que la de los Enanos.
'¿Sabes lo primero que pensé cuando os presentasteis en mi casa? Que nunca había visto seres con tan mala educación en mi vida. Es serio, estaba aterrado. Tu no lo viste, pero no paraban de mover mis cosas de sitio sin un "por favor", o un "si fuese tan amable". Nada. Saquearon mi despensa. No paraban de tirar la comida por toda la sala. Se pasaron mi vajilla por los aires mientras cantaban para irritarme. Atroz. En serio, Thorin. Atroz.'
'¿Por qué viniste sin tan barbáricos te parecimos?' Preguntó Thorin con una voz dura.
'Porque te oí cantar.' Bilbo miró a Thorin a los ojos y sonrió ligeramente recordando el momento. 'Porque algo dentro de mi se despertó entonces y quise ir a ver las Montañas de las que hablabas, y escuchar los pinos y las cascadas, y explorar las cuevas. Quería ver con mis propios ojos las preciosas joyas que solo los enanos son capaz de crear. Todo eso se despertó en mi al oírte cantar, Thorin, y supe que no podíais ser tan barbáricos como aparentabais. Luego os llegué a conocer, y créeme, no son un pueblo que confíe en extraños, tu eres la mejor prueba, pero me alegro tanto de haberlo hecho. No os cambiaría por nada.' Dijo el mediano cogiendo la mano del rey.
'Por eso quise que cantases hoy, porque quería que los demás viesen lo mismo que veo yo en vosotros. Sé que mis palabras no son un gran alivio y siento no poder hacer nada para librarte de la carga que llevas encima, pero ten seguro de que después de esta noche solo un ciego no vería el valor de tu pueblo.'
El amor que Bilbo sentía hacia el pueblo de Durin era tan claro que Thorin no pudo evitar sonreír. El rey dentro de él quería que su pueblo fuese tratado como antaño, con el respeto que se merecían, pero también sabía que no podía conseguirlo de la noche a la mañana. Aún así las palabras de Bilbo le habían dado esperanza. Si un hobbit había conseguido dejar su hogar y a su raza para irse a vivir con ello, su gente era capaz de conseguir el respeto de cualquier ser.
'Tus palabras me ayudan, âzyungel.' Thorin acaricó la mejilla de Bilbo. 'Ven. Empieza a refrescar. Entremos.'
Thorin se puso de pie y ofreció la mano a Bilbo.
'Siento haberte molestado con mis pensamientos.' Dijo el rey.
'No. Quiero que lo hagas. Quiero que me cuentes lo que te preocupa, sino no sé como ayudarte.'
Thorin asintió. Abrió la puerta y dejó pasar a Bilbo.
'Y no pienses que me voy a olvidar de que has mencionado a tu consejo.' Dijo el hobbit al pasar. 'De eso hablaremos más adelante.'
Bilbo no lo vio, pero Thorin sonrió al cerrar la puerta, siguiendo a su consorte a sus aposentos.
