-Mucho gusto, señorita. Mi nombre es Jack Frost y estoy a su servicio.- dijo de manera elegante el chico haciendo una pequeña reverencia con su alegre y cálida sonrisa.

La joven se asombró con su educación, no porque lo creyera incapaz de mostrar respeto sino porque cualquier persona la hubiera saludado de manera mucho más informal y el gesto del chico la había tomado totalmente desprevenida. Se dio cuenta de que tanto Elsa como el muchacho la miraban expectantes, atentos a la respuesta que fuera a dar y se dio cuenta que había olvidado que debía responder al saludo.

-El placer es mío. Yo me llamo Anna.-

-Lo sé.- le dijo sin desaparecer la sonrisa de su rostro -Ahora ¿Podrían ponerme al tanto de todo?-

-¿Viniste a supervisar, Jack?- preguntó el ángel.

-No, en realidad vine como sustituto de Olaf. Nos sorprendió mucho cuando lo supimos. Lo siento mucho, Elsa, sé que él era muy importante para ti.-

-No te preocupes, ya me encuentro mejor.-

-Me alegra oírlo. Y entonces… ¿Van a contarme?-

-Anna, ¿Por qué no vas con Kristoff en lo que yo le explico todo a Jack?-

-…Claro.-

Sin muchas ganas de dejarlos a solas se retiró de la sala rumbo al cuarto del chico. Al entrar lo vio haciendo algunos movimientos con las piernas, seguramente ejercicios para recuperarse más rápido o para mayor movilidad. Claro que quería saber cómo seguía Kristoff pero no justamente en ese momento y a costa de tener que dejar a solas a los dos ángeles; no era que no le tuviera confianza al recién llegado, después de todo si era un ángel y amigo de Elsa debía ser una buena persona pero a pesar de eso había sentido tantos celos al verlos juntos, al ver al joven prácticamente encima de la chica. Un poco más así y seguramente se quedaba sin ángel guardián de nuevo y esta vez hubiera sido solo su culpa, además también influía el hecho de que no había podido ver exactamente al chico sobre ella a causa de que en ese momento aún permanecía invisible a sus ojos pero pudo ver a Elsa hablándole y diciéndole que se bajara de encima. No entendía como un simple acto podía ponerla de tan mal humor.

Se centró en el joven frente a ella que la saludaba con su típica sonrisa y agitando una mano al aire. Ella le devolvió el gesto y se acerco hasta su cama, se sentó a su lado y contemplo con detenimiento sus piernas para notar la mejoría aunque fuera más que obvia.

-¿Cómo vas con eso, Kristoff?-

-Fantástico, he estado haciendo esto todo el día y me hace sentir muy bien. Sabes, yo de verdad te agradezco todo lo que hiciste por Sven y por mí pero creo que es momento de que me vaya a mi casa. No me gustaría causarte más molestias.-

-No es ninguna molestia, puedes quedarte todo el tiempo que necesites. Además aun no estas totalmente recuperado y podrías batallar en hacer las cosas.-

-Tal vez pero no tanto como antes y la verdad extraño hacer las cosas por mí mismo. Espero que no te lo tomes a mal, Anna, yo te estoy muy agradecido por todo lo que hiciste; por tus cuidados y tus atenciones conmigo.-

-No hay nada que agradecer. Eso es lo que hacen los amigos.- le sonrió.

-Bueno, entonces mañana mismo me regreso a mi hogar.-

-Si eso quieres. Seguiré visitándote seguido de todos modos para asegurarme de que estés bien.-

Era obvio que sus verdaderas intenciones eran seguir viendo a Elsa.

-Muchas gracias. Eres más que recibida en mi casa.-

Anna siguió platicando con Kristoff toda la tarde haciendo tiempo en lo que Elsa terminaba de relatarle todos los hechos al chico, aunque a decir verdad se le hacía que ya había pasado tiempo más que suficiente pero ni uno ni otro se había aparecido en la habitación todavía lo que significaba que se estaban tomando más tiempo del que necesitaban y no entendía porque se ponía celosa de eso, es decir, eran ángeles y ella una simple humana así que no tenía el más mínimo derecho a decir absolutamente nada ni a intervenir en el tipo de relación que ellos pudieran tener.

Escuchaba la voz de ambos desde donde estaba sin alcanzar a distinguir lo que estaban diciendo, los escuchaba reír y pasarla bien. Al parecer su humor cambio con demasiada obviedad porque hasta el rubio se dio cuenta y se le quedo viendo, intrigado por lo que pudiera estar pasando por su cabeza en estos momentos.

-¿Te pasa algo, Anna? Te noto como… molesta.-

-¿Molesta? Para nada, no estoy molesta. Necesito usar le baño de tu cuarto, espérame un segundo.-

Se levantó rápidamente de donde estaba sentada y al entrar al baño cerró la puerta azotándola con fuerza, tanta que no solo sobresalto a Kristoff sino también a los dos seres con alas que hasta allá donde estaban alcanzaron a oír el ruido que hizo la chica.

Elsa y Jack entraron a la habitación y lo único que vieron fue al amigo de Anna mirando fijamente la puerta con expresión preocupada. Alternaron la mirada entre la puerta, el chico y entre ellos mismo tratando de hacerse alguna idea de la situación pero ninguno de los dos parecía tener noción de lo que ocurría, ni siquiera daba la impresión de que Kristoff lo supiera. Elsa se acercó hasta la puerta y se recargo en ella sin llegar a traspasarla.

-Anna… ¿Está todo bien? ¿Puedo pasar?-

No obtuvo respuestas a sus preguntas y empezó a preocuparse hasta que la voz del ángel la distrajo.

-No puede contestarte. Si lo hiciera su amigo la escucharía y creería que está loca.-

-Oh cierto. No lo había pensado.-

-¿Por qué no solo pasas?-

-… De acuerdo. Pero primero tengo que decirle que entraré, los humanos aprecian mucho tener intimidad.- se alejó un poco de la puerta y habló esta vez para la chica –Voy a entrar ¿Está bien?-

No tuvo ocasión de pasar porque justo en ese momento se abrió la puerta y Anna salió. Se veía bastante normal a decir verdad, no había señas en sus gestos que indicaran que estaba molesta o triste o lo que sea. Se acercó un poco más hasta donde estaba su amigo ignorando por completo a los dos ángeles.

-Me iré a descansar. Mañana te acompañaré a llevar todas tus cosas.-

Ni siquiera espero a que respondiera y se escabullo de la habitación.

Las tres personas presentes se quedaron muy sorprendidos. La chica no fue grosera ni nada por el estilo pero la manera en la que habló y en la que trato a todo el mundo había sido algo… fría y distante.

Al día siguiente Anna y Kristoff llevaban cajas de aquí para allá apilándolas una encima de otra y subiéndolas al carro. Tampoco era que el chico se hubiera mudado con todas sus pertenencias pero si eran más de los que habían pensado. Sven correteaba de un lado al otro siguiéndolos y a veces corriendo delante de ellos pensando que jugaban con él. No tardaron mucho en meter todas las cosas y en llegar a casa del rubio. Ahora comenzaba de nuevo la tarea de bajar y acomodar todo en la casa.

Poco a poco el auto se fue quedando sin cosas mientras el apartamento de Kristoff se llenaba más y más. Anna llevaba una caja con algunos objetos personales, iba subiendo las escalera lo más rápido que la carga se lo permitía.

-Espera. Apoya bien en el escalón.- le advirtió su ángel.

-Gracias.- respondió suavemente.

Acomodo el pie antes de pisar y efectivamente Jack había tenido razón, si no hubiera pisado bien ahorita seguramente estaría escaleras abajo con algunos huesos rotos aunque internamente se lamentaba que hubiera sido el chico y no Elsa quien la cuidara pero tenía que acostumbrarse pues ahora era él su ángel guardián.

Terminó de subir y dejo la caja sobre la mesa. Ahora ya todo estaba donde debería y en cualquier momento tendría que regresar a su hogar sin la compañía que tanto le gustaba. Suspiro más fuerte de lo que pretendía haciendo que Jack se le quedara viendo pero con una pequeña seña que le hizo con la cabeza para asegurarle de que todo estaba bien él asintió y volvió de nuevo a lo que hacía, que era fisgonear por todo el apartamento.

En esos momentos estaba de pie apoyada en la mesa observando solamente cuando vio salir a Elsa y Kristoff de dejar la ropa de él en la habitación.

-Parece que ya está todo aquí.- comento la pelirroja.

-Eso creo.- sonrió él.

-Bien, entonces es hora de que me vaya. Te veré pronto ¿De acuerdo?-

Aunque se suponía que la pregunta era para su amigo, Anna no pudo evitar mirar de reojo a Elsa quien le dedico una sonrisa dándole a entender que si se verían.

-Por supuesto. Puedes venir cuando gustes, ya lo sabes.- respondió él.

-Sí, lo sé. Adiós.-

-Hasta luego.-

Jack estaba abrazando a Elsa para despedirse de ella. Le aseguro que pronto estaría por ahí de nuevo para saber cómo iba con su labor de guardiana y después de burlarse un poco por fin fue tras Anna quien ya bajaba las escaleras con destino a su auto.

Separarse de ellos, del ángel en especial, había sido más difícil de lo que pensó. Por eso se salió incluso antes de que su "guarda espaldas" y el de Kristoff terminaran de despedirse. Entre más tiempo estaba junto a Elsa menos ganas tenía de marcharse y de ir a vivir como lo hacía antes porque aunque quisiera hacerlo no sería lo mismo después de haberla conocido. Con todo el tiempo que habían pasado juntas veía demasiado complicado el hecho de tener que sobrevivir sin verla todos los días.

Iba pensando en todo eso mientras conducía por lo que ni atención le estaba prestando al pobre ángel que permanecía en el asiento del copiloto totalmente aburrido viendo por la ventana, definitivamente estar callado no era lo suyo así que se puso a contar todos los animales que veía en la calle. Había llegado a diez cuando sintió que estacionaban el auto.

Se fue tras Anna hacía el departamento, de ahora en adelante su vida sería así. Ser ángel guardián era algo nuevo para él pero daría su mejor esfuerzo no solo para cuidar a su persona sino también para procurar que fuera feliz. Eso era algo que muchos no entendían, que a la persona a la que protegieran debían de procurarle la felicidad también y no solo protección.

-Oye, Anna. ¿Hace cuánto conoces a ese muchacho?- preguntó ya dentro del apartamento.

-¿Por qué?-

-Por nada en especial, solo quería hacer algo de plática. Ya sabes, si puedes verme sin asustarte y ya que voy a estar una vida contigo, pues…-

-Bien, ya entendí. Conozco a Kristoff desde que éramos niños.-

-Él está enamorado de ti, ¿cierto?-

-No, te equivocas, él no está enamorado de mí. Hemos sido amigos desde el jardín de niños ya lo habría notado si fuera así.-

-Sí tú lo dices. ¿Qué me dices de Elsa?-

-¿Qué tiene?-

-¿Qué te ha parecido? Es buena, mala, ya sabes.-

-Oh, bueno, ella es una buena persona. Me ha ayudado incontable ocasiones y le tengo mucho aprecio.-

-Sabía que te caería bien. Siempre ha sido alguien muy curiosa, empeñada en conocer la Tierra. Es la persona más noble que podrás conocer y tan amable además. Todos siempre estaban tras de ella.- se burló.

-¿Los ángeles pueden enamorarse?-

-¡Por supuesto! Somos ángeles. El amor corre por nuestras venas como el agua por el rio.-

-Si tuvieras que elegir entre el amor y tus alas ¿Cuál elegirías?-

-Uh pregunta difícil… creo que elegiría el amor porque eso solo viene una vez en la vida y bueno, mis alas son lo más valioso que tengo pero estoy convencido de que el amor lo vale todo.-

-Buena respuesta. Ahora, ya que serás mi ángel y vamos a pasar muchísimo tiempo juntos ¿Por qué no salimos a conocer un poco?-

-Eh ¿En serio?- le brillaron los ojos.

-Por supuesto.-

Ambos salieron de nuevo aunque esta vez solo por diversión.