AN: Varios de vosotros me habéis pedido la escena entre Thorin y Bilbo, a solas. Sí, esa. Y yo ENCANTADA de escribirla. Por eso quiero avisar que esto a continuación es sexo. Si no queréis leerlo, podéis saltados este capitulo, no pasa nada. A parte de sexo. De eso hay. Disfrutar y decidme lo que os parece, que hace años que no escribo algo así y ya no sé si es aceptable o un pedazo de mierda. dado algunos conentarios tal vez debería avisar que Thorin en esta ocasión va a ser lo que se llama "pasivo". Por si no os gusta la idea.

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Thorin se desabrochó el cinturón de plata y lapislázuli. Se quito el largo chaleco y lo colocó en el sofá junto con su cota de metal. Se quitó la túnica gris claro que había llevado debajo. Se sentó en la cama y se desabrochó las botas de piel. Las colocó juntos con los demás pares y los gruesos calcetines en la cesta de la ropa sucia. Con solo los pantalones se dirigió al tocador y se sentó. Empezó a quitarse las cuentas de plata que adornaban su pelo. Oía el agua correr desde donde estaba. Imaginó a su hobbit bajo la corriente, relajado después de tan estresante día. Sonrió. Dejó las grandes cuentas que sujetaban su melena por detrás y que no eran capaz de apreciarse a no ser que su pelo se moviese de determinada forma. Su padre siempre le había reñido por decorarse poco el pelo. Era heredero de Durin, un día sería rey. Su pelo debería ser reflejo de su rango, y sin embargo a Thorin nunca le había justado dedicarle tiempo. Llevaba las dos trenzas a cada lado de cara, trenzas que representaban su rango y su cuna. Y otras dos cuentas más, detrás de la cabeza, que le ayudaban a que la espesa melena no estuviese más suelta de lo normal. Cuando había trabajado en la fragua solía recogerse el pelo en una coleta, no por estética, sino por comodidad. Comprendía que parte de su cultura era el trato al pelo, pero nunca había sentido la necesidad de tratar el suyo. Eso no quitaba que no apreciase un bonito peinado. De joven siempre se había sentido atraído por enanos y enanas que llevasen su pelo recogido con laboriosos trenzados. Le gustaba imaginar como sería tranzarles el pelo, sentarse detrás de ellos y ayudarles en ese acto tan sagrado que solo compartían parientes cercanos o parejas. Mientras se quitaba las trenzas, Thorin pensaba lo gracioso de la situación. Había acabado casándose con la única raza de toda Arda donde los varones llevaban el pelo corto.

Thorin no notó como Bilbo se colocaba detrás de él, solo notó su presencia al sentir sus manos acariciando sus hombros.

'¿En qué piensas?'

'En nada importante, mizimel.'

Bilbo cogió el peina de púas anchas y un fragmento de la melena de Thorin y empezó a desenredarla. Thorin no hizo nada, se recostó en la silla y miró a su esposo através del espejo.

Bilbo comenzó a tararear una canción que su madre le había enseñado cuando era un pequeño hobbit. Cogió otro mechón de pelo y repitió el proceso. No se dio cuenta de que había empezado a cantar, su voz era suave y dulce. No era una gran voz, pero tenía un efecto relajante en Thorin que ni las mejores voces de su reino conseguían en él. Al cabo del tiempo la espesa capa estuvo desenredada. Bilbo se movió y cogió el cepillo. Le llevó un tiempo limpiar y ordenar la melena, pero al final consiguió recoger todo el pelo en una especie de moño bajo. Thorin le miró sin comprender.

'Tengo algo pensado para esta noche, y no quiero que se te manche el pelo.' Dijo Bilbo dando un beso en la cabeza del enano. El hobbit se dio la vuelta y se dirigió a la cama.

'¿Qué tienes en mente?'

'Acaba de desvestirte y túmbate.'

Thorin le miró con una sonrisa que Bilbo conocía muy bien.

'No me mires así, maestro enano, solo te voy a dar un masaje.'

'Solo un masaje.'

'Eso he dicho.' Bilbo sabía que no. Sabía que acabaría dándole algo más que un masaje, pero este era su juego y por Yavanna, iban a jugar bajo sus reglas. 'Ahora túmbate en la cama.

Thorin así lo hizo, se acabó de desvestir y se tumbó en la cama. Notaba las sábanas frías contra su piel. Las habían cambiado hoy. Abrazó la almohada y olió el suave aroma de la lavanda. A Bilbo el gustaba la lavanda y eso era algo que su servicio personal se había encargado de averiguar nada más enterarse de que el hobbit compartiría cama con su rey. Pequeños gestos como esos hacían feliz a Thorin. Saber que su gente quería al hobbit le quitaba un gran peso de encima.

Bilbo no tardo en quitarse la bata y situarse al lado de Thorin. Tenía el aceite florar en una mano y una pequeña toalla en la otra. La parte Bolsón de él no paraba de gritarle que para dar un masaje no tenía porque estar desnudo. Que no era propio ni estaba bien visto. Pero esa pequeña pero poderosa parte Tuk suya no para de gritarle "pero si estas vestido, ¿dónde esta la gracia?". Por desgracia para su padre, Bilbo tendía a escuchar a esa pequeña parte más de lo que un hobbit con sentido común debería.

Bilbo vertió parte del frasco en los hombros de Thorin. Este se movió ligeramente. El líquido estaba frío, pero las manos de Bilbo no tardaron en seguir. El hobbit empezó por los hombros, pero al poco tiempo se dio cuenta que desde su posición actual no era capaz de llegar a ambos lados, por lo que colocó ambas piernas a cada lado de Thorin y se sentó en la parte baja de su espalda.

Thorin soltó un pequeño gemido. No sabía que Bilbo estaba desnudo, ni mucho menos que iba a colocarse así. Giró la cabeza, intentado mirarle, pero desde su posición no veía más que sus rodillas a cada lado de él.

'Si peso mucho házmelo saber.' Bilbo no supo porqué había dicho eso. Sabía que no pesaba mucho, de hecho Thorin era capaz de aguantar el peso completo de su cuerpo sin inmutarse. Más de una vez se habían dormido después de una apasionada noche Bilbo encima del rey, cubriéndole como una manta, y Thorin no se había ni inmutado.

La respuesta que tuvo Bilbo fue una mezcla entre gemido y gruñido. Lo tomó como un "no digas tonterías y prosigue".

Bilbo llevó sus manos a los hombros de Thorin. Empezó con el hombro cubierto con el amplio tatuaje. Sus manos daban círculos, tratando de relajar los músculos, recorriendo los dibujos que la tinta había marcado tanto tiempo atrás. Bilbo notaba cada alteración de la piel. Notaba como estaba más suave donde la tita, notaba donde había un nudo debido a la tensión y cómo debía presionar más fuerte. Se fue al otro hombro y repitió el proceso, tiendo cuidado con las cicatrices que había. Sabía que se había curado años atrás, aún así no quería dañar el tejido. Cuando termino llevó sus manos a ambos lados y, mientras masajeaba el cuello, se fijó en lo pequeñas que eran sus manos en comparación con la espalda del enano.

Bilbo se había acostumbrado al cuerpo de los enanos, se había acostumbrado a sus redondas orejas y cortas piernas, a sus largas barbas y a sus amplias espaldas. Bilbo se había más que acostumbrado al cuerpo de su esposo. Conocía cada recoveco, cada cicatriz, cada lunar. La mayoría de las veces no prestaba atención y simplemente se dejaba llevar por el placer que Thorin le ofrecía. Otras, como ahora, el observar el cuerpo del rey le producía un calor en el estómago que poco a poco, según masajeaba su espalda y veía como sus grandes y fuertes músculos respondían a sus pequeñas manos, se expandía por todo su ser y se transformaba en un fuego intenso. Bilbo notó como empezaba a tener una erección solo con el mero acto de tocar y contemplar la espalda de Thorin. Bilbo sabía que no era algo para estar avergonzado, pues la espalda de Thorin era digna de ser admirada y más de medio reino daría parte de su cabello por estar en la situación de Bilbo.

Thorin cerró los ojos y hundió la cabeza en la almohada. Notaba las manos de Bilbo como seda por su piel. Sentía como cada músculo respondía a sus caricias. Notaba como el estrés y las preocupaciones que le habían atormentado durante los últimos días desaparecían y nada habitaba en su cabeza más que el placer que Bilbo le brindaba. Deseaba dejarse querer. No quería ser Rey bajo la Montaña, no quería tener que pensar en todas las obligaciones y reuniones y tratados que tenía que hacer al día siguiente. Por una noche quería ser solo un enano, nada más, quería mirar a Bilbo y que este le devolviese la mirada llena de esa luz blanca que solo él veía.

Notó las manos bajar por su espalda y no pudo evitar suspirar. Notaba su erección contra las sábanas, aún no lo suficiente como para ser molesta, pero sabía que si Bilbo dedicaba la misma atención al resto de su espalda como había dedicado a sus hombros, acabaría siendo molesta.

Los minutos pasaron y con ellos los gemidos de Thorin se hicieron cada vez más fuertes, hasta que llegó un momento donde no pudo evitarlo y gimió el nombre de Bilbo. Este sonrió. Tenía al enano bajo su merced. Recorrió la espalda de Thorin una última vez y notó como este respondía a su tacto, como su cuerpo le llamaba y supo lo que el rey quería. Thorin no pudo ver la sonrisa tímida pero decidida de Bilbo. Pocas veces se encontraban en la situación en la que estaban, Bilbo contento con sentir a Thorin rodeándole y Thorin contento con dedicar toda su atención y cariño al cuerpo de su amado. Hoy no. Hoy sería Bilbo el que se encargaría de que Thorin se dejase llevar.

Bilbo se levantó y se sentó entre las piernas de Thorin, cogiendo un poco de aceite y untándose los dedos con él. Empezó a masajear la parte del final de la espalda del enano, y cuando llegó a donde empezaba su culo, Thorin movió las caderas, indicándole que continuase y permitiendo a su erección colocarse de una forma menos incómoda.

Bilbo sabía que era capaz de correrse solo masajeando el culo de Thorin. Más de una vez un pequeño deseo de hacerlo, de dejar a Thorin como estaba y aliviar su deseo sobre sus glúteos, surgía en él. Bilbo quería decir algo. Quería decirle lo hermoso que le parecía, lo irresis∫tible que estaba así, bajo su merced. Quería decirle que nunca habría nadie más, que había conseguido que cualquier otra persona, daba igual lo atractiva que fuera, pasara inadvertida ante los ojos del mediano. Quería decirle lo mucho que le amaba, lo mucho que apreciaba que él le amase tanto como para ser vulnerable delante de él. Pero Bilbo no dijo nada. Thorin ya sabía todo eso. Lo podía leer en sus ojos, en la forma en la que Bilbo le tocaba, en los delicados besos que plantaba por su columna.

Thorin notó el dedo de Bilbo recorriendo su espalda y su respiración se paró cuando este no se detuvo en su cadera. No se dio cuenta de que había dejado de respirar hasta que lo notó dentro de él. Bilbo acarició la tersa piel de Thorin mientras se abría paso en él. Poco a poco, mientras preparaba al enano, notaba como su paciencia iba desapareciendo, como sus ganas caricias y suaves besos daban paso a ese fuego que había empezado a crecer en él nada más empezar sus actividades. Quería a ese enano, quería oírle gemir su nombre, quería hacerle perder la noción del tiempo.

Bilbo movió sus dedos, ya tres, más rápido. Notaba como el cuerpo de Thorin, poco acostumbrado a su tacto, luchaba contra sus caricias, pero Bilbo siguió moviéndose en él mientras se recostó sobre el cuerpo de Thorin y besó su espalda. Le hubiese gustado besar el cuello de Thorin, recorrer con su lengua ese punto donde sus orejas de unían al cuello, pero su estatura lo se lo permitía, por lo que le bastó con el cuello. Thori giró la cabeza y miró a Bilbo. Notaba sus dedos en él, notaba como su cuerpo se acostumbraba a la intrusión, pero no era suficiente, Thorin lo quería todo.

Bilbo salió de él y se dirigió a sus labios. Al hacerlo Thorin se dio la vuelta. Bilbo aprovechó el momento para quitarle la cuerda que ataba su precioso pelo. Los labios de Thorin era calientes y sus besos duros y apasionados. Bibo se colocó en su torso y le besó con la misma intensidad, hasta que consiguió dominar la boca de Thorin. Las manos de Bilbo recorrieron el cuerpo de su marido, deleitándose en los fuertes músculos de sus brazos. Thorin le cogió la cara con una suavidad que chocaba con la fuerza con la que le besó a continuación.

'Ghivashel'

Bilbo se separó de él. Fue bajando por su cuerpo, sembrándolo de besos, hasta que llegó a su miembro. Bilbo lo tomó en su boca y Thorin no pudo evitar golpear su cabeza contra la cama. Los dedos del mediano acariciaron la delicada anatomía hasta llegar a su apertura. Bilbo comprobó que Thorin estaba preparado, se separó de él, cogió un cojín y lo colocó debajo del enano, se untó poco más de aceite antes de colocarse entre sus piernas y mirarle.

'Mírame.' Era lo primero que le había dicho Bilbo desde que había empezado el masaje. No sabían como, pero habían estado casi dos horas sin hablar.

Thorin lo hizo y Bilbo dedicó unos segundos a mirarle, solo a mirar sus preciosos ojos azules, antes de entrar en él. Desde ese momento Thorin olvidó que los reyes no gimen, que los reyes no son dominados, que los reyes no suplican, y empezó a responder a los movimientos de Bilbo, diciéndole en kunzhul todo lo que su corazón anhelaba. Bilbo no era capaz de entender, pero no lo necesitaba, pues era capaz de leer el cuerpo de Thorin y ver lo que este quería. No pasó mucho tiempo hasta que sus movimientos se hicieron más erráticos, los gemidos de Thorin más graves, la respiración de Bilbo más entrecortada. Fue entonces cuando Bilbo salió de él. Thorin le miró y Bilbo le tocó indicándole que se diese la vuelta. Thorin no tardó en colocarse de rodillas, Bilbo no tardó en entrar en él otra vez, Thorin no pudo evitar enderezarse un poco, notando a Bilbo más dentro, sintiendo sus empujones más profundos, Bilbo no pudo evitar coger la cadera de Thorin con una mano y su melena con la otro, enredando con sus dedos el suave pelo que tanto le había costado desenredar.

El hobbit notaba como estaba cerca. No sería capaz de aguantar mucho más. Thorin lo notó. Le cogió la mano que tenía en su cadera y la llevó a su erección. Bilbo movió la mano juntó con su cadera, haciendo que el rey se acercase cada vez más a su liberación.

'Thorin.' Suspiró Bilbo. Estaba cerca. Demasiado cerca.

'Sulnul men, melekún.'

Bilbo lo hizo. Gritó el nombre de Thorin mientras se corría en él. Thorin notaba como Bilbo tiraba de su pelo, como el mediano se perdía en su cuerpo, como una ola de placer le envolvía al notar la prueba del placer del hobbit en él. Bilbo se separó, tumbándose en la cama, sin poder moverse. Thorin continuó masturbándose, disfrutando de la cara de placer de Bilbo. Al cabo de unos segundos el mediano abrió los ojos y vio a Thorin. Estaba agotado, notaba como sus manos, cansadas de tanta actividad, le pedían parar, aún así Bilbo se movió. Quitó la mano de Thorin de su erección y le besó haciendo que el enano se tumbara en la cama. Bajo por su cuerpo y le tomó en su boca. Thorin gritó. Estaba cerca. Muy cerca. Bilbo recorrió su cuerpo como lo había hecho antes hasta encontrar la entrada. Cuando Bilbo introdujo dos dedos Thorin gritó, moviendo sus caderas sin querer y poniendo a prueba la capacidad de Bilbo de no ahogarse. Había dolor. Su cuerpo no estaba acostumbrado a tanta actividad y había empezado a cerrarse al notar que Bilbo ya no estaba en él. Aún así era un dolor agradable. Bilbo no tardó en moverse dentro de él, utilizando su semen como lubricante. Thorin agarró la cabeza de Bilbo, avisándole, pero Bilbo no pesaba moverse de donde estaba. Thorin gritó su nombre mientras se corría en su boca. No recordaba un orgasmo tan intenso en mucho tiempo. Bibo no dejó de moverse, ayudando al enano a prolongar su orgasmo lo máximo posible.

Cuando los dos estuvieron más o menos limpios, con las sábanas cubriéndoles y Bilbo apoyado en el pecho de su marido, acariciando el pelo de su pecho, fue cuando por fin volvieron a hablar.

'Un día de estos vas a tener que enseñarme lo que significa lo que me dices mientras hacemos el amor.'

'No veo por qué. Según mi experiencia me entiendes perfectamente.'

'Que sepa leer lo que quieres no significa que te entienda. Además, me gustaría saberlo.'

Thorin miró los rizos de Bilbo y sonrió.

'Seguro que son cosas obscenas.' Continuó Bilbo.

'¿Perdona?' Dijo Thorin con un tono ofendido un poco falso.

'No me lo quieres decir por eso, ¿verdad?' Bilbo le miró y Thorin apartó la mirada. 'Lo sabía. Debajo de esa apariencia noble y real se encuentra un enano al que le gusta decir cosas obscenas en la cama.'

'No siempre.' Se defendió Thorin. Bilbo le miró seriamente. 'Está bien. Son cosas obscenas, pero créeme, estás mejor sin saberlas. Dudo que quisieses acostarte conmigo si las supieras.'

Bilbo se volvió a tumbar en su pecho.

'Como veas.' Dijo por fin Bilbo. 'Yo estaba pensando en un intercambio de información, tu khunzul por mis pensamientos, mis obscenos pensamientos, pero ya que no quieres. Pues nada.' Bilbo se separó yéndose a su lado de la cama.

Thorin le miró como si le viese por primera vez. ¿Bilbo? No. No podía ser. Él era un hobbit. Con idea más correctas y propias y aceptables…

'Ubzar. Significa más profundo.'

'Undar.' Dijo Bilbo dándose la vuelta.

'Ubzar.' Repitió Thorin.

'Ubzar.' Dijo Bilbo con un acento no tan cerrado como la palabra lo pedía pero lo suficiente como para que se le entendiese.

'Tienes una lengua talentosa.' Dijo el rey colocando su brazo en la cintura del mediano.

'Eso me han dicho.' Dijo Bilbo con esa mirada pícara que reservaba solo para el rey.