¡Hola personas! ¡Volví! Tal vez a nadie le interesa pero bueno, igual les digo que por fin regresé :b

Y les traigo el nuevo capítulo (Perdón por la demora). También les aviso que solo le quedan dos capítulos más a la historia :c (sin contar el pequeño epilogo) y bueno disfrute mucho escribir para ustedes. Son mi apoyo para continuar.

Gracias por sus comentarios, los aprecio mucho y les seguiré respondiendo en el próximo capítulo, si no lo hago ahora es porque considero que ya paso mucho desde los últimos reviews y eso, entonces mejor hasta la próxima.

Bueno, nos leemos el próximo fin. Se cuidan.


¿Quién diría que pasar la vida la vida cuidando a un mortal sería tan divertida? Okey, apenas llevaba un día con Anna pero la chica era muy divertida, tal vez en parte se debía a que podía verlo y ninguno de los dos tenía otra cosa que hacer. Él la seguía a todas partes prácticamente como su chicle personal dándole solo verdadera privacidad en el baño pues según le había dicho Elsa los humanos disfrutaban de esa clase de soledad de vez en cuando. Se sorprendía de lo bien que se estaba adaptando a su nueva situación y bueno, su humana era simpática por lo que eso ayudaba bastante.

Él se encontraba sentado frente a ella en la mesa viéndola disfrutar de su comida. Era igual de curioso que Elsa pero ¿Qué ángel recién llegado no lo era? O al menos se imaginaba que todos al principio eran así, como ellos cuando eran niños y el mundo les parecía algo nuevo entreteniéndose mientras preguntaban el porqué de todas las cosas una y otra vez. Aunque claramente se notaba la diferencia entre los dos ángeles, Elsa era más soñadora y este muchacho solo estaba interesado en las cosas humanas y sus funciones.

-¿Puedes comer nuestra comida?- preguntó la castaña pelirroja.

-Mmm…- se quedó pensándolo un segundo.

Las veces anteriores que había estado ahí ni siquiera había podido hablar con un humano por lo que saber si le gustaría lo que ellos comían le era prácticamente imposible.

-No lo sé.- admitió.

-¿Quieres probarlo? Podría gustarte. Es delicioso.

-Bueno, nunca he escuchado reglas que lo prohíban. Creo que comeré un poco.

Anna le paso el plato junto al tenedor y él con mucha cautela tomó un trozo de la pasta que contenía el plato. Era emocionante y le provocaba algo de miedo al mismo tiempo pero de verdad quería saber a qué sabía esta famosa comida humana.

Lo masticó despacio y cuando se dio cuenta ya estaba tomando otro bocado, la comida era más deliciosa de lo que hubiera imaginado, casi delirante. Se lo terminó casi sin darse cuenta y después recordó que el alimento no era suyo sino de su humana. Levantó el rostro suavemente y la vio sonriendo por lo que pudo respirar con normalidad y le sonrió él también. Pronto ambos estaban riendo por el pequeño arrebato del ángel.

Nunca se le había ocurrido ofrecerle comida a Elsa cuando estaba ahí pero es que disfrutaba tanto el tiempo con ella que rara vez pensaba en otra cosa. En esos momentos no podía negar que la extrañaba demasiado aunque apenas la hubiera visto el día anterior. Se preguntaba si la chica estaría igual que ella, es decir, era claro que le gustaba la chica y mucho pero ¿El ángel sentiría lo mismo por ella? Honestamente no podía estar segura y de todos modos aunque se diera el caso de que el sentimiento fuera mutuo ¿Se atrevería a amarla? ¿Podía ser tan egoísta para exigir su amor aun sabiendo que podía hacerla perder sus alas? No estaba segura de ello, pero definitivamente quería averiguarlo.

-Oye, Jack ¿Qué tal si vamos a ver a Kristoff y Elsa?

-Me parece bien, de todos modos sabes que no estoy aquí para interferir en lo que hagas, sino únicamente para cuidarte.

-Lo sé pero igual me gusta saber tu opinión.

En el apartamento de Kristoff se encontraba este, su perro y su invisible ángel caminando de aquí para allá alrededor de los muebles. Al parecer la recuperación y el poder volver a su hogar lo habían puesto muy feliz por lo que no podía parar de sonreír.

Unos golpes en la puerta los interrumpieron a los tres y cuando abrió la puerta el chico no pudo estar más seguro de que ese día sería un buen día.

Elsa también se alegró mucho de ver a Anna pero trato de disimularlo lo mejor que pudo pues sabía que podía verla y por lo tanto lo notaría si empezaba a poner una boba sonrisa en su rostro como la que tenía Kristoff.

Jack hizo lo de siempre casi saltándole encima al pobre ángel del chico y cayeron en el suelo, de no haber sido ángeles eso posiblemente hubiera dolido y de ser humanos visibles normales es casi seguro que Anna ya los estaría alejando totalmente celosa en lugar de acompañar al joven para sentarse en la mesa a conversar.

Elsa y Jack se sentaron en el sofá mientras los chicos conversaban en la mesa y por un segundo la escena le pareció sumamente familiar al ángel de Kristoff.

-¿Te ha ido bien en tu nuevo trabajo?- preguntó burlándose.

-Fantásticamente, angelito.- respondió el riendo.

-¿Ya tuviste un momento para conocer todo, Jack?

-No, eso aún no. Pero el deber es primero así que no hay de otra.

De pronto una idea surgió en su cabeza; sabía que era algo infantil hacerlo pero necesitaba hablar aunque fuera unos minutos a solas con Anna. No podría vivir todo el tiempo sabiendo que quien esta con la chica es él y no ella y no era por envidia, simplemente era el hecho de quererla tanto que no la quería con nadie más ¿Eso tenía lógica? ¿No estaba siendo egoísta? ¿Qué era ser egoísta después de todo? No tenía ni idea pero quería tener por lo menos algunas oportunidades para que pudieran hablar; por ahora actuaria de acurdo a su plan ya ahorita pensaría en como quitársela a Kristoff.

-¿Por qué no vas?

-¿A dónde?

Anna empezaba a prestar atención a la conversación de los dos ángeles pues le daba la impresión de que eso querría escucharlo.

-Me refiero a ir a ver un poco la ciudad.

-Pero no puedo, tengo que cuidar de Anna, ya te lo dije.

-Pero ella no va a moverse de aquí. Yo puedo cubrirte un rato. ¿Verdad Anna? Si estás de acuerdo golpea la mesa con un dedo.- le gritó volteando a verla.

La castaña pelirroja había escuchado perfectamente por lo que no dudo en hacer lo que Elsa había dicho.

-¿Lo ves?

-¿Estás segura? ¿En serio harías eso por mí?- preguntó muy emocionado.

-Por supuesto que sí. Tú ve y diviértete.

El ángel miro a su humana como pidiendo su autorización y ella en un momento en que Kristoff no la vio le guiño el ojo como aprobación a su silenciosa petición.

Él no dudo más y en un segundo ya estaba afuera del departamento. Lo último que vieron de él fue cuando extendió las alas y se alejó a toda velocidad.

El plan había resultado como quería ahora tocaba robársela un segundo al chico para poder hablar con ella. Volteo a ver a Anna y sin importarle que estuviera con su amigo le habló, aunque por supuesto, de una manera que solo ella pudiera escucharla pues tampoco iba a arriesgarse era más que obvio que él no podía saber sobre su existencia.

-Anna quiero habla contigo, aunque en privado obviamente. Será solo un segundo.- le dijo de manera triste el ángel.

-Necesito usar tu baño, Kristoff.- le comunico al muchacho.

-Por supuesto, ya sabes donde es. Tú pasa.- respondió él.

-Buena idea.- reconoció Elsa.

La chica se levantó y fue directo al lugar sabiendo que el ángel estaba siguiéndola. Una vez estuvo adentro cerró con llave para evitar interrupciones y esperó hasta verla atravesar la puerta. Se alegraba mucho de que le hubiera pedido hablar aunque la mataba la curiosidad imaginándose sobre que sería. No quería ponerse a especular ni a hacer suposiciones absurdas pero el nerviosismo y la intriga provocaban que su mente volara. Se concentró solamente en ella para olvidarse un poco de los nervios e hizo la pregunta que tenía atorada en la garganta.

-¿De qué querías hablar, Elsa?

Podía verla intentando esquivar su mirada, juntando las manos al tiempo que jugaba con sus dedos y su rostro estaba más rojo que la kétchup haciéndole más difícil a ella misma poder tranquilizarse después de todo cualquier cosa que pusiera a un ángel de esa manera era algo para tomar en cuenta. Obviamente estaba nerviosa, lo cual era raro ¿Qué la estaría haciendo comportarse de esa manera? Se preguntaba la joven.

-Bueno… yo… t-te extrañaba mucho, Anna. Ya sé que solo ha pasado un día y eso pero de verdad me gustaba pasar tiempo contigo.- dijo en voz baja.

¿Acaso podía haber alguien más tierna? Y pensar que todo el nerviosismo era porque iba a decirle cuanto la extrañaba. Eso la alegraba tanto que al hablar no pudo evitar hacerlo sonriendo pues los músculos de la boca se contraían aunque no quisiera.

-Yo también te extraño. La casa no es la misma sin ti.

-¿De verdad?- se le iluminó el rostro como el de un niño que recibe el juguete que tanto ha deseado.

-Sí, es verdad. Elsa, hay algo que debo decirte.- le temblaba la voz pues su nerviosismo comenzó a traicionarla.

-¿De qué se trata?- se veía mucho más tranquila y feliz.

-Sé que esto te parecer una locura y también sé perfectamente que un baño no es el lugar más adecuado para decirlo.- rio nerviosa –Pero no puedo guardármelo más aunque sepa que no debería decirlo. Perdóname por el egoísmo y por la locura que estoy a punto de cometer.

Ante toda palabra tomó sus mejillas sintiendo su suave piel bajo la yema de sus dedos. No quería callárselo más aun sabiendo que posiblemente ella no sintiera lo mismo. Se acercó y la besó, fue apenas un roce en la comisura de los labios pero fue lo más hermoso que pudo haber experimentado en toda su vida; no sabía si era por el hecho de que estaba besando a un ángel o porque se trataba de Elsa pero sin duda era una exquisita sensación inigualable. Sentía como si dentro de ella hubieran conectado una batería de mil voltios y ahora recorrieran cada fibra de su ser. Y no pudo evitar sonreír aun con los labios unidos cuando sintió que el ángel tomaba su cintura con sus manos. Al parecer no lo estaba haciendo tan mal.

Para Elsa esto era algo totalmente nuevo pero le encantaba sin duda el contacto de sus labios contra los de la chica. Honestamente no se lo esperaba y era algo tan bello que todo su cuerpo vibró, sus manos temblaron en la cintura de Anna, incluso sus pies dejaron de flotar y tocaron el suelo. En esos momentos no era capaz de pensar en ninguna de las palabras que la joven había dicho y era lógico considerando que el beso le decía más que cualquier cosa que expresara con palabras. Definitivamente cuando estaba con la muchacha no podía pensar en nada más, se olvidaba de lo riesgoso que era eso, se olvidaba también de que ella era un ángel porque a fin de cuentas en esos momentos nada de eso era importante y se preguntaba ¿Cómo algo que te deja sin la capacidad de pensar podía sentirse tan bien? ¿Cómo puedes sentirte tan segura en un momento en el que estas tan expuesta? Podía sentir los suaves labios de Anna apenas tocando los suyos y no se explicaba como eso podía ser tan bueno para hacerla querer permanecer así toda la vida. Ella nunca había sentido la necesidad de tocar a alguien y le rehuía al contacto físico pero con esta chica todo era distinto, las reglas no importaban cuando estaban juntas, ni las personas, ni los ángeles, ni absolutamente nada. A pesar de que jamás había sentido ahora estaba lidiando con una nueva y extraña sensación en su interior como si alguien hubiera hecho un carnaval en su estómago y se hubieran ido directamente a la parte donde prenden los fuegos artificiales, podría jurar que incluso su sangre se había calentado por el breve toque. No entendía muy bien lo que la mayoría de las personas hacían, sus acciones le parecían bastante irracionales en ocasiones, y a decir verdad batalla bastante leyendo a las personas y sin embargo estaba casi segura de que esa acción tenía un solo significado.