Capítulo 3

Serena corrió tan rápido como pudo, pues ya se le hacía tarde para su cita con las chicas.

Como si fuera una maratonista que apenas llegaba a la línea de meta, la rubia llegó a casa de Mina sintiéndose desfallecer; logró tocar el timbre para luego caer y recoger piernas y brazos en un rictus de cansancio.

- ¡Serena al fin...! Llegaste…- la miró sorprendida la anfitriona, pues la rubia seguía en el suelo.

- Si… llegué

- ¿Ahora entiendes por qué te decimos que hagas ejercicio? No tienes condición física – dijo Mina, mientras arrastraba a Serena al interior de la casa – además pesas.

- ¿Me estás diciendo gorda? – la rubia se incorporó rápidamente, mirando ceñuda a la anfitriona.

- A veces no sé si estoy hablando contigo o con mi Yaten – Mina ladeó la cabeza – mejor subamos, las chicas nos esperan.

50 sombras

- ¡Vaya Serena! Hasta que llegas – dijo Rei, quien se encontraba sentada en el piso mientras Lita le pintaba las uñas de los pies.

- Discúlpenme chicas, se me hizo un poco tarde.

- ¡A ti siempre se te hace tarde!

- Bueno lo importante es que ya está aquí – agregó Amy desde la computadora – ahora si podremos iniciar con nuestra sesión de spa.

Cada sábado, las chicas se reunían en una casa para hacerse una sesión de spa, por lo que ese día, la sesión tocaba en la casa de Mina.

- Oye Serena, ¿ya terminaste de leer mi libro? – preguntó Mina, quien estaba preparando las mascarillas de frutas para las chicas.

- No, aún no, pero debo decirte que me está encantando. Ese Grey es muy atractivo "que no me lo pida por favor que no lo encuentro T-T "– contestó la rubia mientras masajeaba la espalda de Amy.

- ¿Qué puede tener de atractivo un hombre golpeador? – preguntó la pelinegra

- Ay Rei no me vas a decir que no suena atractivo "hacerlo" de esas formas tan eróticas – contestó la castaña.

- Lo que pasa es que seguramente Rei no las ha vivido con Nicholas, ¿verdad? – dijo pícaramente Mina.

- ¡Claro que ya las viví! – dijo Rei exasperada – pero no me pareció atractivo.

- ¿Nicholas te pegó muy fuerte o algo? – preguntó Amy.

La pelinegra soltó un suspiro de resignación – Lo que pasa es que Nicholas nunca me pegó.

- ¡¿Entonces?! – preguntaron todas sorprendidas.

- Pues…

Rei acababa de cerrar el templo y ordenar todo. Había sido un día agotador, pues su abuelito estaba de viaje y Nicholas no se había aparecido por ningún lado.

- Ese miserable me las pagará por dejarme todo el día sola – refunfuñó Rei, dirigiéndose a su cuarto – cree que porque somos novios ya puede ausentarse del trabajo.

Cuando llegó a su habitación, se sorprendió ver una tenue luz rojiza en su interior. Poco a poco, la pelinegra abrió la puerta, descubriendo con gran asombro a Nicholas, semidesnudo, hincado en medio del cuarto con una fusta en la mano. Observó sobre la cama una corbata y unas esposas.

- ¿Qué es esto? – preguntó atónita.

- Esta noche seré tu sumiso – respondió el castaño, ofreciéndole la fusta y haciéndole una reverencia.

- ¿Qué?

- Leí 50 sombras de Grey y sé que tú también lo hiciste… esta noche quiero que seas mi Christian Grey y yo seré tu Anastasio Steel.

- ¿Te volviste loco Nicholas? ¡Agarra tus cachivaches y sal de aquí!

- Reicita por favor – el muchacho se incorporó, acercándose a ella – cúmpleme mi fantasía, ¡pégame pero no me dejes!

La pelinegra rodo los ojos.

- Por favor…

- Está bien – Rei tomó la fusta. Nicholas, contento, se colocó de espaldas a ella, ofreciéndole el trasero.

- Soy tu sumiso, ama Rei.

La chica golpeó el trasero del castaño con la fusta, lo que provocó un quejido de dolor que se convirtió en gemido, provocando que el lívido de la sacerdotisa despertara. "Esto no está tan mal después de todo" pensó Rei con malicia.

- Entonces tu… – las chicas estaban sorprendidas.

- ¡Si si! Yo fui Christian Grey.

- Ay entonces no digas que no te gustó si bien que sentiste rico pegarle a Nicholas – le dijo Mina acusándola con el dedo – Igual a mi Yatencito le gustó que le pegara.

- Pues Andrew conmigo fue muy lindo – dijo Lita – aunque ahí el sí tomó el rol de Grey, nunca se propasó.

- Taiki igual – dijo con cierto rubor Amy – de hecho no quería pero le insistí.

- ¡Amy! – exclamaron todas

- Bueno chicas, una tiene sus necesidades – se encogió de hombros la peliazul.

- ¡Ay chicas! ¡Qué envidia les tengo! – dijo Serena compungida – Seiya y yo no hemos vivido nuestras 50 sombras.

- ¿Y por qué no le dices? – preguntó Lita

- ¡Ay no! Qué pena – contestó la rubia riendo y agitando las coletas – además, mi dulce Seiya sería incapaz de pegarme, aunque sea jueguito.

50 sombras

- ¡Chicos! – exclamó Seiya a sus hermanos – los he reunido hoy aquí porque ya tengo la sorpresa de este año para mi Bombón – el pelinegro subió una pierna a la mesa y señaló triunfante al horizonte.

Estaban reunidos en el comedor; Taiki estaba sentado con las piernas y brazos cruzados, viendo seriamente a su hermano mientras Yaten tenía recargado el brazo y la cabeza en la mesa, aburrido de las tonterías de Seiya.

- ¿Ah sí? ¿Y cuál es la sorpresa? – preguntó Taiki

- Le voy a dar a mi Bombón sus ¡50 sombras de Kou! – respondió Seiya, mientras le brillaban los ojos.

- Eso sí suena interesante – agregó Yaten, levantándose en automático.

- ¿Ah sí? ¿Y qué piensas hacer? – preguntó Taiki

- Pues darle sus 50 sombras – el pelinegro chocó sus dedos índices.

- Sí, ¿cómo? – preguntó ahora el platinado, cruzado de brazos y ceñudo.

- Bueno pues – el pelinegro sacó de la bolsa del pantalón su celular y, a modo de micrófono, lo acercó a sus hermanos – necesito que me platiquen su experiencia.

- ¿Qué? – los chicos respingaron

- ¡Ay ándenle! Para que me den ideas.

- Pues, bueno en mi caso… - Taiki comenzó a relatar.

Amy lo había invitado a su departamento, cosa que le extrañó porque era a una hora inapropiada.

De cualquier forma, asistió. Antes de llegar, le compró un bonito ramo de rosas blancas, pues pensaba que tal vez tendrían una cena romántica.

El castaño llegó al departamento y tocó el timbre. Cuando la puerta se abrió, se quedó de a una pieza con lo que vio: Amy llevaba un hermoso babydoll de encaje negro que traslucía una diminuta tanga a juego; estaba un poco sonrojada por su propia pinta.

- ¿Amy? – dijo con dificultad Taiki, pues sentía que le faltaba el aire al ver así a su novia.

- Hola Taiki pasa – dijo la peliazul un poco apenada, cerrando la puerta.

- ¡Mira! Te traje flores – el castaño le extendió rápidamente el ramo, tratando de aliviar la tensión.

- Gracias, son muy bonitas – Amy las tomó y se dio la vuelta, dirigiéndose a la cocina para ponerlas en agua.

Taiki sintió un calor recorrer su cuerpo y concentrarse en cierta parte de su anatomía, pues cuando la chica se dio la vuelta, pudo ver expuestos los pequeños y lindos glúteos bien formados de su novia.

Todavía no se explicaba por qué Amy estaba vestida de esa manera, pero se veía tremendamente sexy. No sabía si podría mantenerse bajo control por mucho tiempo.

Cuando la peliazul regresó, traía un paño en la mano.

- Taiki – dijo con voz ensoñadora, casi como un gemido

- Dime – le contestó éste de la misma manera.

- Esta noche quiero tener mis 50 sombras – le dijo ella mordiéndose un labio.

- ¿Estás segura? – Taiki tragó saliva con dificultad – yo estoy en contra del maltrato hacia las mujeres.

- Por favor Tai… - la peliazul lo miró suplicante

- Pero Amy…- el castaño tenía los ojos muy abiertos

- Taiki – gimió ella, provocando en el chico un aumento de temperatura.

- Este sí, lo que tú digas – contestó solícito mientras le vendaba los ojos a la chica - Ésta noche serás mi sumisa – susurró seductoramente al oído de la chica, mientras le daba una nalgada.

- Si Señor Kou, lo que usted diga – gimió Amy, estremeciéndose de placer.

Taiki terminó de relatar su experiencia.

- Wow – exclamó Seiya – y tú, Yaten Kou, ¿cómo fueron tus 50 sombras? – el pelinegro continuo con su entrevista.

- Pues yo…

Sus hermanos andaban de viaje y el departamento lo tenía para él solo. Regresaba del cine, pues ese día era "el día de solteros" que él y Mina tenían estipulado una vez a la semana.

Había ido a ver Dragon Ball el regreso de Freezer, y como sabía que a Mina no le gustaba, había estado esperando con ansias el "día de solteros" para correr al cine.

Llegó al departamento y se dio cuenta que la puerta no tenía seguro.

- ¡Ah chingao! estoy seguro que cerré bien – se dijo, mientras abría - ¿habrán regresado ya mis hermanos?

Yaten entró y prendió las luces tenues. Se quedó atónito al encontrar a Mina enfundada en un corsette de cuero negro y botas largas (¿dónde había visto antes esas botas?) y con una fusta, golpeaba levemente su mano.

- ¡¿Mina?! – las palomitas se le cayeron al platinado; tenía los ojos muy abiertos

- ¡Cállate y cierra esa puerta!

El chico obedeció, no sabía por qué pero lo hizo.

- ¿Dónde estabas, Yatencito? – dijo ella, mientras caminaba hacia él.

- Pues hoy es nuestro día de solteros. ¿Tú que haces aquí? ¿Qué sucede?

- Sucede que soy tu ama – respondió la rubia, tomándolo de la quijada y jalándolo hacia ella – y me vas a obedecer en todo.

- Pero…

- ¡No te he dado permiso de que hables! – le pegó con la fusta en la pierna

- ¡Mina! ¡Cálmate! ¿Estás loca o qué? – gritó el platinado enojado mientras se sobaba la pierna.

- ¡Lo siento Yaten! – la rubia salió de su papel – pero es que tengo muchas ganas de que tengamos nuestras 50 sombras.

- ¿Por eso te vestiste así? ¿Y cómo entraste?

- Tontuelo, con la llave que guardan en el macetero – ella le guiñó el ojo

- Ay Mina – el platinado rodó los ojos.

- ¡Por favor Yaten por favor! La pasaremos bien. Además, tengo muchas ganas.

El chico la miró de pies a cabeza y admitió que se veía bastante tentadora en aquel traje.

- Está bien Mina, pero yo seré…

- ¡El sumiso!

- ¡¿Qué?!

- Si, quiero pegarte – lo miró de forma muy provocativa, y Yaten sintió que se le doblaban las piernas.

- Está bien… pero no lo hagas muy duro.

- ¡No no! Te lo prometo – la rubia dio brinquitos de felicidad – además, te voy a amarrar a tu cama.

- ¿Qué?

- ¡Lo que oíste! – le dio una nalgada – y no te dirijas a mí a menos que te dé permiso, ¿entendido?

- Si señora ama mía – el platinado rodó los ojos mientras una entusiasta Mina llevaba a su sumiso a su propio cuarto rojo del dolor.

Seiya y Taiki lo miraban sorprendidos; no podían creer que el inflexible y malgeniudo Yaten Kou hubiera sido sometido hasta gemir de placer por su atolondrada novia.

- ¿Qué? ¿Por qué me miran así? – preguntó el chico, con el ceño fruncido.

- ¡Con razón no fuiste con nosotros a ver a nuestros padres! – lo reprendió Taiki

- ¡Oye! Fue algo que no estaba planeado – se defendió el platinado.

- ¿Te gustó verdad picarón? – Seiya movió rápido su dedo índice.

- Pues sí y qué – Yaten giró el rostro indignado.

- Bien esa información me ha sido útil pero creo que sus 50 sombras fueron muy mediocres.

- ¿Qué? – preguntaron sorprendidos ambos hermanos.

- Lo que oyeron. Mi Bombón se merece algo mucho mejor, bien montado, con un verdadero Christian Grey.

- ¿Ah si? ¿Y cómo vas a conseguir TODOS los lujos y demás cosas, Christian Grey en bancarrota? – preguntó sarcástico Yaten.

- Se les olvida hermanitos que somos millonarios.

- No, nosotros no somos – lo corrigió Taiki.

- Pero sé de alguien que sí

Seiya se frotó las manos y con mirada malévola, se dirigió al teléfono para marcar un número.


Hola Bombones!

¿A quién creen que le llame Seiya para que le financie su "sorpresa de cumpleaños"? :3

Espero que este capítulo haya sido de su agrado! Muchas gracias a Lizbeth Vara, Serenity Rouse Kou, Bombón Kou, Corazón de Diamante, Kamisumi Shirohoshi y Briita Kou por dejarme sus reviews y en fb a Abby Valero, Anna Alvarez, Majho Durán, Kary Martínez y a Ponce Yesi (se que me pediste capis más largos, pero es que si no, no se quedaría interesante xD) por sus comentarios!

Les aviso que estamos a dos capitulos de que este fic termine!

Nos leemos el prox miércoles y no olviden pasar por mi página en FB! Besos estelares! :*