Capítulo 5
Advertencia: contiene lemon
- ¿Cincuenta sombras? – preguntó ella sorprendida - ¿cómo sabes que…?
- Dejaste el libro en mi casa – la interrumpió.
Seiya giró a Serena para comenzar a besarla apasionadamente mientras con el pie empujaba la puerta para cerrarla. A medida que se besaban, se despojaban de sus ropas.
El hecho de que su novio le dijera que iban a vivir sus 50 sombras la excitaba sobremanera, sin embargo, conociendo las excentricidades de Seiya, tenía un ligero temor a lo desconocido.
El pelinegro la condujo a la orilla de la cama, y poniéndola de espaldas hacia él, comenzó a deshacerse del estorboso brassiere, acariciando los blancos senos mientras le daba besos húmedos en el cuello y nuca.
- Seiya – gimió ella, acomodando la cabeza en el hombro del muchacho
- Yo no te he dado permiso de que hables, Bomboncito – le ronroneó al oído mientras sus manos viajaban por los glúteos, internándose a su zona íntima – parece que alguien se está humedeciendo…
La rubia soltó otro gemido mientras el muchacho le bajaba las bragas y exploraba su tibio sexo.
- Eres tan hermosa Serena – le decía, mientras que con la mano que le quedaba libre, subía sus brazos hacia las esposas.
Serena abrió los ojos al darse cuenta que había caído en el juego de Seiya, y ahora, se encontraba esposada y desnuda en la orilla de la cama.
- Seiya – lo miró con ojos interrogantes, mientras agitaba los brazos. Si bien todo aquello era excitante, también era amenazador.
El pelinegro se subió a la cama, recostándose y contemplando la perfecta panorámica que tenía en frente.
- Te ves tan preciosa así – se mordió un labio
- Seiya yo…
- ¡Hey! – se hincó y se acercó a ella – yo no te he dado permiso de que hables. Eres mi sumisa Bombón – el chico recorrió los labios con su dedo para después introducírselo en la boca, cosa que a ella le gustó.
La rubia succionó fuertemente el dedo mientras él se mordía los labios, dejándose embargar por la placentera sensación.
Seiya sacó su dedo y le dio un apasionado beso, para después terminar de desnudarse, quedándose solo en bóxer, y comenzó a besar el cuerpo de la chica, mientras ésta se estremecía de placer.
Poco a poco, bajó por su cuello hasta llegar al par de pechos, donde se entretuvo mordiendo, tocando y succionando hasta que se cansó y bajó lentamente por su vientre, dándole besos húmedos, dirigiéndose a su sexo, pero, al llegar ahí, se detuvo.
La rubia lo miró con súplica, pues su libido había despertado y estaba deseosa que el chico la hiciera suya.
- ¿No vas a golpearme? – dijo ella jadeando
- Oye, estas con Seiya Kou, no con Christian Grey. Tu tortura no solo serán los golpes… - le sonrió provocadoramente mientras se volvía a recostar – tranquila, porque yo seré tu guía.
El pelinegro se acercó al tazón de fresas, tomó una, la embarró de crema y con deleite se la llevó a la boca.
La rubia no soportaba aquello; cada mirada y cada mordida que le daba a la fruta hacían que su sexo le pidiera con mayor urgencia ser saciado. ¡Vaya que los golpes no eran la única forma de hacer sufrir a alguien!
Seiya tomó una segunda fruta, la embarró de crema y se acercó lentamente a ella, con mirada lujuriosa. Poco a poco, se la fue acercando a la boca y ella, ansiosa, esperaba recibirla pero en el último minuto, Seiya se arrepintió.
Una sonrisa malévola se dibujó en su hermoso rostro, y dirigió la fruta hacia su sexo, acariciándola con ella, dándole placer con la fresa.
- ¡Seiya! – gimió Serena al sentir el roce de la fruta en su intimidad, al tiempo que se arqueaba y se dejaba embargar por el delirante placer.
- Creo que ésta boquita tiene más hambre que la de allá arriba – dijo él, mientras la estimulaba lentamente.
El pelinegro soltó la fresa y comenzó a besar los muslos de su novia, para después, con un suave movimiento, separar delicadamente los labios que le impedían el acceso completo al amado paraíso.
Sin dejar de mirarla a los ojos, Seiya fue acercando su boca al sexo de Serena, para comenzar a recorrer y degustar con su lengua, la crema batida y la miel cristalina de ella.
Serena gritó de placer, disfrutando como al fin su novio la liberaba de su sufrimiento, amando cada una de las caricias que la suave lengua le proporcionaba.
- Éste es el sabor que me gusta – dijo él con voz ronca, incorporándose y besándola salvajemente, dejándola percibir el dulzor de la crema batida.
Seiya se incorporó de la cama, situándose atrás de la chica para besarle la espalda mientras pegaba su miembro a los glúteos de ella.
- ¿Ve cómo me pone, señorita Tsukino?
- Si…- le respondió ella con dificultad.
De pronto, ella dejó de sentir la cercanía del pelinegro. Estando inmovilizada, no podía voltear para saber qué hacía o a donde se había dirigido.
Un estremecimiento recorrió su cuerpo al sentir el frio de un metal acariciando su intimidad, al tiempo que hacía que se pusiera de puntas y las piernas le temblaran.
Seiya había tomado una fusta y la estaba pasando entre las piernas de la rubia, estimulándola, dándole pequeños golpecitos en el clítoris.
- Seiya – gimió ella
- Te dije que no hablaras – el muchacho seguía en su labor.
El chico llevo el instrumento a sus labios para después dárselo a probar a ella, haciéndola degustar su propio sabor.
- Así es como sabes – le dijo él, introduciéndole la legua al oído.
Lo siguiente que escuchó Serena fue un zumbido provocado por la fuerza ejercida que rompía el aire y enseguida sintió el ardor y escozor de aquél golpe asestado en los glúteos. La rubia soltó un grito de dolor, lo cual excitó al pelinegro, quien le asestó otro golpe en el otro glúteo.
- Tranquila Bombón, no te voy a dar mucho, solo otros dos – le dijo, asestándole un tercer golpe.
Los blancos glúteos de Serena comenzaban a tornarse rojos, mientras ella comenzaba a sollozar.
- ¡Basta Seiya! – decía
- Uno más Bomboncito y ya – le contestó, asestándole el cuarto y último golpe.
La rubia había intentado aguantar aquello, sin embargo, no pudo evitar soltar unas lágrimas, pues Seiya la había golpeado duro. Se sorprendió así misma de que esos golpes, además de dolerle, la excitaran.
Seiya se acercó a ella nuevamente y le vendó los ojos con la corbata que traía puesta, para después, quitarle las esposas y depositarla en la cama.
El muchacho le elevó los brazos sobre la cabeza y después recorrió con las manos bien abiertas todo el cuerpo de la chica, deteniéndose a masajear un poco los senos y después continuar su recorrido hasta la punta de los pies.
No era la primera vez que la veía desnuda, claro está, pero aquella atmósfera erótica que los envolvía hacía que la experiencia fuera completamente nueva, lo que había agudizado sus sentidos y elevado sus hormonas al por mayor.
El pelinegro se deshizo del bóxer y se colocó sobre Serena, haciéndola sentir el peso de su cuerpo, lo que provocara que emitiera un gemido.
- Bombón… - le dijo al oído – te amo
- Y yo a ti – le respondió ella, al tiempo que le rodeaba la cadera con las piernas y le echaba los brazos al cuello, aprisionándolo.
Lentamente, Seiya fue introduciéndose dentro de ella, mientras besaba los pechos al tiempo que ella echaba la cabeza hacia atrás y enterraba los dejos entre los cabellos de él.
El chico comenzó a moverse poco a poco, hasta que fue tomando un ritmo que iba aumentando de velocidad.
La rubia comenzó a gemir, pidiéndole a su novio que no se detuviera mientras éste se movía cada vez más rápido.
Aferrados, el uno contra el otro, pronto llegó el orgasmo que los hizo estremecerse, gimiendo sus nombres.
El muchacho se desvaneció sobre ella, y de la misma manera lenta en la que entró, salió, quitándole la corbata de los ojos y acostándose a su lado.
- ¿Te gustó tu regalo, Bombón? – le preguntó sonriente, pero la mirada que vio no era la que él esperaba.
Sin decir más, Seiya sintió como la pequeña mano de su novia se estampaba contra su mejilla con tal fuerza, que lo hizo girar el rostro.
- ¡Ay Bombón! – dijo él, mientras se sobaba la mejilla – con un gracias hubiera sido suficiente.
- ¡Eso es por haberme pegado! – le dijo enojada
- ¡Pero oye! Te dije que solo iban a ser cuatro golpecitos
- Pero me dolieron
- Pues parece que después los disfrutaste muy bien – dijo él, acomodándose la mandíbula - ¡casi me sacas un diente!
- No seas exagerado. No fue lo mismo a lo que yo sentí – le contestó ella, cruzándose de brazos – y esto es por todo lo demás.
La chica se colocó sobre él, rodeándole el cuello y besándolo con pasión mientras él la rodeaba de la cintura y la atraía aún más contra su cuerpo.
- Wow Bombón, esto si es un agradecimiento – jadeó él – eso hubieras hecho desde un principio.
Ella le dedicó una mirada pícara
- Bueno Señor Kou, yo no le he dado permiso de que hable.
- ¿Qué? – Seiya tragó saliva con dificultad.
- Estoy diciendo que ahora usted será mi sumiso. A ver qué le parecen sus Cincuenta sombras de Tsukino.
- Serena creo que se nos hará tarde para llegar a cortar tu pastel – dijo él incorporándose y dejando a la rubia a un lado de la cama.
- Ah ah. Nada de eso – le dijo ella, poniéndole una mano en el pecho y haciendo que se recostara, mientras se mordía el labio.
Voluptuosamente, la chica se incorporó de la cama y meneando la cadera de forma provocativa, se acercó al estante donde estaban las fustas.
Con pasos felinos, Serena ya se encontraba de nuevo en la cama, donde un muy excitado y urgido Seiya la esperaba con impaciencia.
- Gracias por el regalo, Bomboncito – le dijo ella divertida mientras se acercaba sin pudor al rostro de él, vendándole los ojos con la corbata.
Una vez vendado, la rubia recorrió lentamente el torso de su novio con la fusta, deleitándose con los movimientos sugestivos que él hacía al sentir la caricia del instrumento.
- Bienvenido a tus Cincuenta sombras de Tsukino – le dijo ella, asestando el primer golpe.
50 sombras
- ¿Me podrías dar el libro mañana?
- Si Bombón, mañana te lo entrego – dijo Seiya, mientras la rubia abría la puerta de su casa.
- ¡Feliz cumpleaños Serena!
La chica soltó un grito de emoción al ver a su familia y amigos reunidos esperándola para cortar el pastel.
Mientras era abrazada por sus padres y su hermano, Seiya cerró la puerta. Luego, Serena se vio rodeada de sus amigas y los novios de éstas, lo que aprovechó el pelinegro para saludar a sus suegros.
- Señor Tsukino, buenas noches – dijo el chico, estrechando la mano de Kenji.
- Hola Seiya, buenas noches. Me alegra ver que hayas cruzado la puerta con mi hija y no salido del pastel.
- Ay señor que gracioso es – dijo el chico sonriendo vergonzosamente.
- Hola hijo
- Hola Señora Ikuko.
- Espero que este año no hayas hecho que mi pobre Serena se infartara.
- Por supuesto que no Señora – el pelinegro sonrió – de hecho si se fija, podrá ver que mi Bombón lleva puesto un bonito collar que le regale en medio de una cita romántica.
Yaten y Taiki se acercaron al lugar donde su hermano estaba con los papás de su cuñada.
- Con que cita romántica, ¿no? – dijo el castaño
- Si como no – agregó el platinado maliciosamente.
- Bueno, con permiso, nosotros nos retiramos – dijeron los padres de Serena, dejando solo al trio.
- Oigan ¡cállense! Por mero me delatan con mis suegros – alegó el pelinegro – además, si le regalé el collar
- Pero no en una cita romántica – recalcó Taiki
- Y a todo esto, ¿cómo les fue? – preguntó pervertidamente Yaten
- Yo diría que más que excelente – dijo fanfarronamente Seiya, mientras bebía su soda – Ambos vivimos nuestras 50 sombras…
- ¿Los dos fueron sumisos? – preguntó Taiki curioso, haciendo un movimiento de manos.
- Yep. Obviamente primero ella y después yo, pero si.
- Lo más divertido ahora va a ser, que le pagues a papá todo lo que te prestó – el platinado se cruzó de brazos, mirando burlonamente a Seiya.
- ¡Ja! Ese no será problema. Además, Faraón jamás me ha cobrado un centavo de lo que me presta – les guiñó un ojo.
- ¡Pero por qué! A nosotros si nos hace pagarles – dijo sorprendido Taiki
- Eso es porque soy su hijo favorito, y el más guapo – el pelinegro agitó si cola de caballo y se dirigió a la mesa donde ya estaban reunidos todos dejando a sus hermanos boquiabiertos.
- ¡Hey chicos! ¡Acérquense! Ya vamos a cantarle a Serena Las mañanitas – gritó Ikuko hacia los otros dos Kou.
50 sombras
Una vez partido el pastel y convidado los bocadillos, todos se encontraban platicando y degustando las exquisiteces que mamá Ikuko había preparado con ayuda de Lita.
Serena y las chicas se encontraban charlando amenamente en el comedor mientras los chicos (Taiki, Seiya, Yaten, Nicholas, Andrew y Sammy) hablaban cosas de chicos en la sala.
- ¿Y cómo estuvo la sorpresa de éste año, Serena? Preguntó curiosa Mina, mientras las demás esperaban expectantes.
- Excelente. De todas las que me ha dado, esta ha sido la más decente
- ¿De qué se trató? – preguntaron a coro
- Me llevó a la Starligth Tower – dijo despreocupada mientras comía pastel – y vivimos nuestras 50 sombras.
- ¡¿QUÉ?! – volvieron a preguntar a coro
- Creímos que Seiya sería incapaz de pegarte – dijo Lita
- Además, ¿cómo supo que querías tener una experiencia así? – preguntó Rei
- Pues no lo sé, pero lo supo – les contestó la rubia – y debo decir que ha sido la mejor experiencia de mi vida.
Serena dirigió su mirada al grupo de chicos que platicaban alegremente, cuando Seiya se volvió hacia donde ellas estaban y sus miradas se toparon.
Una sonrisa cómplice se dibujó en los labios de ambos, sabiendo que esa sería la primera de muchas veces que recrearían las Cincuenta sombras de Kou.
Fin
Buenas noches!
Espero que este fic haya sido de su agrado y que no tenga algunas incoherencias y errores (muero de sueño, soy una sailor zombie -.-)
Gracias a Serenity Rose Kou, Milagros Montero, Blackbomberwoman sensei, ShadowKitty Moon1999, Lizbeth Vara y Kamisumi Shirohoshi por sus reviews y a Anna Álvarez, Kary Martínez, Mirel GutArch, Kathi Riquelme, Paola Noguera y Ana Bella por sus comentarios vía inbox!
Me despido Bombones, no se olviden pasar por mi página en FB, me encuentran como Gabiusa Kou. Nos leemos pronto! Besos estelares!
P.S. Mañana es mi cumpleaños :p jiji Happy Birthday to me :3
