Diclaimer: Los personajes de The Hunger Games no me pertenecen.
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14
EL GRAN FINAL
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Tardo unos pocos segundos en darme cuenta de las cosas. Gale, la persona de la cual me he enamorado, es nuevamente mi aliado. Todas las reservas que pudiera haber tenido con él se desvanecen, porque, aunque sé que nunca hubiera podido hacerlo, si alguno de los dos hubiese matado al otro, seríamos parias a nuestro regreso al Distrito 12. De hecho, sé que, de estar viendo los juegos por la tele, habría odiado a cualquier tributo que no intentase de inmediato aliarse con su compañero de distrito. Además, hemos venido haciéndolo muy bien desde que estamos los dos juntos, y eso debe estar ayudándonos en las encuestas. Sin embargo, pasada la euforia inicial, me asalta una idea escabrosa: sí, acepté que me he enamorado como una idiota de Gale; tal vez por todo lo que recientemente pasamos juntos, o porque toda la admiración que despertaba en mí gracias a lo que Katniss me comentaba sobre él en casa se ha trasformado en otra cosa mucho más fuerte; sea cual sea la razón, el resultado sigue siendo que me he enamorado, y que Gale no me corresponde. Es decir, nuestra relación ha mejorado mucho desde que sólo nos tenemos el uno al otro para sobrevivir, pero nada más. Él nunca se interesaría en la hija del alcalde, una chica que representa todo lo que odia, como él mismo me dijo. Por otro lado, también está Katniss, de seguro mirándonos desde el Distrito 12. Es decir, nunca ha habido nada más que una buena amistad entre ellos, pero pasaban tanto tiempo juntos que era imposible no sospechar que había algo entre los dos.
Si había, no sé en donde quedo yo.
Me pregunto si el público se dio cuenta de mis sentimientos hacia mi compañero de distrito, aunque creo que eso es evidente. ¿Por qué si no habrían decidido los Vigilantes este cambio sin precedentes en las reglas? Para que dos tributos tengan la oportunidad de ganar, nuestro posible «romance» debe de ser tan popular entre la audiencia que condenarlo al fracaso antes de que comenzara pondría en peligro el éxito de los juegos. Ahora entiendo que tal vez todo lo que hice por Gale, y lo que él ha hecho por mí (como salvarme del bosque en llamas y de Clove), contribuyó a que la gente crea que algo ha nacido entre ambos, y en parte eso es cierto; me he arriesgado mucho por proteger a Gale y él ha hecho lo mismo por mí, a lo que no lo logro encontrarle una explicación. Desde que nos aliamos por primera vez creí que me había aceptado porque logré salvarlo de Cato y tenía medicinas, ¿es que realmente había algo más detrás? No lo creo posible, pero la sola idea basta para hacer que me sonroje.
Quizá más adelante pueda poner todas mis ideas en orden, pero, por ahora, sé que tengo que concentrarme en salir del estadio y sacar a Gale conmigo. En nada más.
¿A quién debo temer ahora? ¿A la chica del 5? El chico de su distrito está muerto y a ella no la he visto desde que empezaron los juegos; no sé cuál será su estrategia, pero no parece consistir en atacar, aunque no puedo estar segura. En realidad, no parecía ser una asesina, pero sí muy lista, y estoy segura de que ahora que sabe que es el único obstáculo entre dos parejas y la victoria no se expondrá antes de que nos matemos entre nosotros.
Cuatro de los tributos más fuertes, los de los Distritos 2 y 4, ya han caído. Eso nos deja con Marvel y su compañera, del Distrito 1, que seguramente estarán celebrando la nueva regla. Es la única pareja que queda, salvo Gale y yo.
Miro al cielo y suspiro. A mi lado, Gale cuenta sus flechas en voz baja junto a la hoguera que empieza a extinguirse poco a poco.
— ¿Crees que deberíamos buscarlos?— suelto, sólo para romper el sepulcral silencio que se ha formado entre nosotros. Sé que él entiende a lo que me refiero.
—No, ellos vendrán a nosotros con sus pesados cuerpos ruidosos, y solos se pondrán a tiro de mis flechas— dice, tensando su arco mientras apunta al oscuro bosque— Tú intenta dormir. Yo haré la primera guardia. Y estaré esperándolos...
Asiento y me acomodo a su lado. Estoy segura de que nadie vendrá hoy; si no vinieron a la luz del día guiados por nuestra hoguera, no se arriesgarán a caer en una trampa nocturna. No los conozco mucho, pero sé que no son tontos. Cuando vengan, será imponiendo sus condiciones, no porque sepan dónde estamos.
Consigo dormirme, esperando que Gale me despierte en la madrugada para hacer la segunda guardia, pero me deja dormir toda la noche. Por la mañana, él se comporta con un cuidado extremo, porque, aunque los profesionales podrían dudar en atacarnos en un árbol, sabe que son muy capaces de montar una emboscada. Se asegura de que los dos estemos completamente preparados para superar el día (tomamos un buen desayuno, cerramos bien la mochila, preparamos las armas) antes de descender. Todo parece tranquilo y sin cambios cuando llegamos al suelo. Para confundir al enemigo, Gale enciende una fogata con mucha leña verde. Aunque piensen que es una artimaña, espero que supongan que estamos escondidos por aquí, mientras que, en realidad, estamos moviéndonos.
El sol quema la neblina de la mañana casi de inmediato, y me doy cuenta de que hoy va a hacer más calor de lo normal. El agua me resulta fresca y agradable cuando meto los pies descalzos dentro, arroyo abajo. No sé adónde nos dirigimos. Gale es una persona difícil de predecir, lo que resultaría interesante en otras circunstancias, pero en este momento, sólo sirve para inquietarme.
Nos pasamos toda la mañana y la tarde avanzando bajo el sol abrasador, sólo deteniéndonos para cazar y cocinar las presas que Gale caza. Si los chicos del 1 nos siguen no lo sé, pero no los encontramos en ningún momento.
La noche se vuelva glacial, así que Gale busca un árbol y acampamos. Toda la euforia que sentimos ayer desaparece por completo. Gale apenas me dirigió la palabra durante el día, e incluso parece mucho más molesto que antes, por alguna razón. Evita estar cerca de mí, y cada vez que lo hace es como si esperara que algo más pase, cosa que no sucede.
El nuevo día no trae novedades. De nuevo hace mucho calor, parece que los arroyos han disminuido su cause y no vemos ningún animal cerca, lo que comienza a desesperarnos cuando acabamos la última lata de conservas.
—Deben querer que luchemos por lo que queda de comida— dice Gale, quitándose la chaqueta y dejando al descubierto sus fuertes brazos— En fin... Estoy asqueroso. Tomaré un baño, ¿tú quieres?— abro los ojos con asombro al ver que se deshace de su camiseta frente a mí sin ningún pudor, enseñando su bien formado torso, libre de cualquier tipo de vello y repleto de pequeñas y perladas gotas de sudor, que descienden lentamente entre los músculos cuadrados de su abdomen, pasando por los marcados huesos que sobresalen de su cadera y perdiéndose en la costura de la ropa interior antes que en la de sus pantalones. No me había fijado en el cuerpo de los hombres antes, pero Gale es, por mucho, perfecto, aunque nunca había visto a otro chico semidesnudo y tan expuesto ante mí, cosa que provoca que no pueda evitar sonrojarme— ¿Qué?— pregunta tras olisquear su ropa sudada y llena de tierra. Yo no me atrevo a mirarlo a la cara porque sé que mis ojos me traicionarán y se posarán sobre aquellos hipnóticos huesos de sus caderas, así que sólo suelto unos balbuceos sin sentido, cosa que parece divertirlo— Puedes mirar; todo el mundo lo hace en estos momentos y no voy a ofenderme por ello— bromea, aunque no me causa risa.
—Estoy bien— alzo la cabeza hacia el sol en intento quemarme las corneas, pero acabo decidiendo que tal vez no sea una buena idea.
—Puedes tomar un baño al otro lado de esas rocas. No creo que los profesionales nos encuentren aquí— me indica Gale, abriendo sus pantalones, y entonces decido que lo mejor es seguir su consejo y asearme un poco; no confío en mí misma, así que me alejo lo más posible cuando escucho como entra al agua, soltando un suspiro de satisfacción.
Empiezo a quitarme la chaqueta, aunque dudo en si deshacerme del resto de mi ropa o no, a pesar de que está cubierta de sangre, sudor y suciedad. Finalmente decido quedarme en ropa interior y meterme rápidamente al agua, intentando cubrirme con algunas plantas acuáticas hasta que olvido que miles de personas están mirándome, y me permito moverme con más libertad. De tanto en tanto Gale me llama para asegurarse de que estoy bien.
Restriego mi ropa y la dejo tendida bajo el sol, sobre una roca; me lavo el cabello y lo dejo suelto mientras me permito jugar con el agua. Estando en la situación en la que estoy sé que tengo que aprovechar cada minuto de paz. Paso las manos sobre la lisa superficie y recuerdo los largos baños en casa cuando era pequeña y mi madre tenía que sacarme casi a la fuerza de la tina. Sonrío ante ello y me deslizo por el arroyo, sentándome en la corriente mientras siento como masajea mis músculos tensos, tan abstraída que no me doy cuenta de que están mirándome hasta que, jugando como una pequeña, me doy la vuelta y encuentro a Gale de brazos cruzados, con el cabello mojado y dejando caer varias gotas por su fuerte pecho desnudo, sólo vestido con sus pantalones limpios, y con una sonrisa en el rostro, ante lo cual pierdo el equilibrio y caigo sentada sobre una roca, golpeándome el trasero.
— ¿Por qué no sigues?— pregunta, ampliando su sonrisa. Y de nuevo me ruborizo.
— ¿P-Por qué estabas espiando?— balbuceo con torpeza, intentando desesperadamente cubrir mi pecho y el resto de mi cuerpo casi desnudo. Gale deja de sonreír y me mira fijamente, pasando de la burla al reproche en menos de un instante.
—Te llamé y no respondiste. Creí que te había pasado algo— dice, muy serio. Y la posibilidad de que de verdad le preocupe que algo malo me pase hace que mi corazón dé un vuelco— Por cierto que el rosa te sienta muy bien— añade, señalando con la cabeza mi ropa interior; y me sonrojo tanto que casi siento que me asfixio, pero Gale sólo se echa a reír, curiosamente relajado— Debiste ver tu cara, Madge. No seas tan infantil y sal del agua. Tu ropa ya debe estar seca.
¿Infantil, yo? La idea me hace molestar tanto que me olvido de toda vergüenza y miro a Gale con enojo, olvidando, así mismo, intentar cubrirme. Entonces, antes de que mi cerebro pudiera reaccionar, estoy pateando el agua para mojarlo. Gale recibe las gotas en el rostro y parece perplejo durante unos segundos, entornando la mirada de forma acusadora luego.
—No acabas de hacer eso— dice, apretando los labios. Yo me quedo perpleja también, pero mi mano no tarda en moverse sola y arrojarle más agua al rostro. Él no se mueve ni descruza los brazos, sólo recibe el agua en la cara y cierra los ojos para disminuir el impacto, volviendo a mirarme luego (sin darme cuenta estoy sonriendo), con una extraña mueca— Si así lo quieres...
Antes de que pueda moverme él ya ha acabado con toda la distancia que nos separaba y siento como mi cuerpo se eleva, así como cada uno de los fuertes músculos de Gale contra mi piel. Me lleva a una parte un poco más profunda; no puedo dejar de reír, sin que me importe mi escasez de ropa ni la de él, y sólo dejo de hacerlo cuando me deja caer sobre el agua una vez más, empapándome de cuerpo entero, comenzando con la guerra.
No sé por cuánto tiempo estamos así, pero el que Gale y yo nos permitamos olvidar (aunque fuera por un solo segundo) nuestra situación, es impagable. Reímos como nunca he reído y como nunca he visto que él lo hiciera; jugamos como dos niños pequeños que descubren el agua por primera vez, y nos divertimos como si nuestras vidas no corrieran peligro, algo muy raro e inimaginable en el estadio. Quizá los dos estamos tan asustados que nos aferramos a cualquier cosa para olvidar aquella realidad que nos amenaza a cada segundo. Sea cual sea la razón, no le doy importancia. Por el momento sólo somo Gale y yo. Nada más existe.
Estamos tan perdidos en nuestro juego que casi nos perdemos el paracaídas, aunque flota delante de nuestras narices. Gale salta a recogerlo, lo saca del agua y arranca la tela plateada para conseguir la cesta que venía atada a él. La abre de inmediato y dentro hay un banquete: panecillos recién hechos, queso de cabra, manzanas y, lo mejor, una sopera llena de aquel increíble estofado de cordero con arroz salvaje que nos sirvieron en el Capitolio.
—Debe ser un obsequio de Haymitch para ti— dice, sin expresión, aunque puedo ver un ligero brillo en su mirada mientras se quita los pantalones para volver a dejarlos bajo el sol, quedándose sólo con unos ajustados pantaloncillos cortos.
Sin importarnos estar en ropa interior, nos sentamos sobre unas rocas, dejando los pies dentro del agua, para comenzar a comer como si estuviéramos en un día de campo cualquiera, no la arena de los Juegos de Hambre, dándonos cuenta de lo hambrientos que estábamos. Imagino que la gente del Capitolio debe estar eufórica al vernos en una situación tan... ¿romántica? En sus distorsionados pensamientos debe verse de esa forma.
—Supongo que no fue tan malo tener a Haymitch como mentor— dice mi compañero de pronto— Es decir, tal vez sea un borracho barrigón, pero debo admitir que hace bien su trabajo— Gale se lleva un puñado de arroz a la boca y mastica durante un rato. Su torso, fuerte, pálido y cubierto por varias heridas pequeñas, reluce bajo los rayos del sol gracias a la humedad de la piel, y yo me concentro especialmente en una cicatriz que tiene sobre el hombro izquierdo por un buen rato.
—Es un buen hombre— respondo tras bajar la vista hacia mis pies desnudos para esconder una sonrisa— Tal vez sea alcohólico y barrigón, pero no es tan malo como parece.
—Sí. Creo que tienes razón— Gale sonríe, haciendo una pausa— ¿Cómo lo hizo?
— ¿Qué cosa?
—Haymitch. ¿Cómo ganó sus juegos? Digo, tu tía y él estuvieron juntos en la arena, supongo que sabes la historia completa.
—Ah, bueno, no en realidad— admito— Ni siquiera sabía que mi tía había estado en los mismo juegos que él hasta que fui cosechada; es decir, sí sabía que ella había sido un tributo y todo eso, pero nada más... A mi madre no le gustaba mucho hablar de eso.
—Lo entiendo. A mí tampoco me gusta hablar sobre la muerte de mi padre. Sigue siendo muy difícil a pesar de que pasen los años— dice Gale, con aire distraído, mientras arranca unas cuantas briznas de la poca hierba que hay entre las rocas. Por un segundo compartimos un momento tan íntimo para ambos, con él hablándome de su padre que murió en las minas del Distrito 12, que resulta casi agobiante.
— ¿Tú cómo crees que lo hizo?— regreso la pregunta, intentando recobrar el aire casual. Gale me mira como si lo agradeciera, y, tras pensárselo unos minutos, sonríe de lado y levanta la vista al cielo.
—Fue más listo que los demás.
Asiento y dejamos el tema, pero, en secreto, me pregunto si Haymitch permaneció sobrio lo bastante para ayudarnos a Gale y a mí porque pensaba que quizá tuviéramos el ingenio suficiente para sobrevivir. Estoy segura de que no siempre fue un ebrio; quizá, al principio, intentara ayudar a los tributos, pero al final le resultó insoportable. Debe de ser horrible guiar a dos niños y verlos morir, año tras año, durante el resto de tu vida. Entonces me doy cuenta de que, si salgo de aquí, ése será mi trabajo, convertirme en mentora de la tributo del Distrito 12. La idea es tan repulsiva que me la quito de la cabeza.
La tarde empieza a caer y tenemos que salir del agua. Gale y yo guardamos el resto de la comida y nos vestimos.
Es agradable volver a sentirme limpia. Peino mi cabello nuevamente en un trenza, aunque no tan bonita como la que Katniss me hizo, y después los dos nos concentramos en repostar nuestras provisiones. Gale parece más relajado también, y ya no tan desconfiado ni renuente. Eso es un alivio. Nos movemos sobre las rocas antes de que anochezca en busca de alguna presa, y seguimos avanzando sin encontrar nada. Los cantos rodados se convierten en rocas que, poco a poco, pasan a ser guijarros y después volvemos a las agujas de pino y la suave inclinación de la tierra del bosque.
A pesar de los días que llevo aquí sigo sin acostumbrarme al bosque, que es un lugar aterrador y prohibido al otro lado de las alambradas del Distrito 12. Gale, en cambio, se mueve con tal soltura que parece tener pies de terciopelo. Es espeluznante lo silencioso que llega a ser, incluso cuando el suelo está todo lleno de hojas caídas y resulta complicado moverse sin hacer ruido. Yo sólo intento seguirle el paso como puedo, aunque no estoy para nada a su altura.
— ¿Adónde se fueron todos los animales?— pregunto tras varios minutos de caminata. Gale mira sobre su hombro y suspira.
—Quién sabe...
Nos movemos unos cuantos metros más. Cuando el cielo empieza a teñirse de naranja nos resignamos a buscar sólo algunas plantas que nos permitan mantener el estómago lleno cuando se nos acabe el estofado, hasta que aparezca algo más abundante.
—Mira— recojo unas bayas moradas de un arbusto y se las enseño a Gale— Son como las que Rue tenía. Tal vez podamos comerlas.
—Lo dudo— dice él, mirándolas con ojo crítico— Son jaulas de noche, y son muy venenosas. Estarías muerta antes de que lleguen a tu...— se detiene y alza la cabeza, alerta— ¿Escuchaste eso?
— ¿Qué?
—Hay alguien cerca— dice, sacando una flechas de su espalda y tensando el arco para apuntar— Sube a un árbol y saca tus dardos, Madge. ¡Ahora!— intento trepar, mientras Gale rodea el árbol con su arma en alto. Resbalo en la corteza y caigo en al mismo tiempo que Gale lanza su flecha, y el cañón no tarda mucho en sonar— ¡Madge!— Gale sale de detrás del tronco y se arrodilla a mi lado, agitado— ¿Te dieron? ¿Estás bien?
—Estoy bien, estoy bien. Sólo me resbalé— le digo, sobándome la cabeza antes de caer en cuenta de que podemos estar en verdadero peligro— ¿Qué fue eso?
—No lo sé— Gale me ayuda a levantarme y mira hacia el bosque con el ceño fruncido— No te separes de mí— indica, y los dos nos acercamos sigilosamente a los arbustos en donde su flecha se perdió; los remueve con una mano y devela el demacrado cuerpo de la chica del Distrito 5 tirado en el suelo, sin vida y con una flecha clavada en el corazón.
—Es la chica del 5...— susurro, sujetándome a su espalda.
—Creí que sería un profesional, o algún animal... No ella— Gale se agacha a su lado y recoge su pequeña mochila e inspecciona su cuerpo— Parece que estaba siguiéndonos y no me di cuenta. Debió haber sido muy buena...
— ¿Cómo sabes que estaba siguiéndonos?
Como respuestas recoge un puñada de jaulas de noche que la chica pelirroja tenía en una de sus manos, observándolas.
—Si mi flecha no la mataba tal vez lo harían las jaulas— suspira— Es una lástima... Era en verdad muy lista. Pero con su muerte estamos más cerca de ganar, ¿no?— suelta una sonrisa cansada, y después vuelve a suspirar— Será mejor que nos vayamos para que puedan llevársela.
Toma mi mano y regresamos por el bosque. Cuando nos alejamos varios pasos vemos el aerodeslizador llevándose a la Comadreja, como Gale la apodaba; su cabello rojo brilla bajo los últimos rayos del sol de la tarde.
—Mejor ella que nosotros— suelta Gale, apretando mi mano.
—Lo sé— respondo, porque, aunque suene horrible, sé que es la verdad— Sólo quedamos cuatro.
Quedamos cuatro.
Una vez más me permito pensar en serio en la posibilidad de volver a casa, de volver famosa y rica a mi propia casa de la Aldea de los Vencedores. Mi casa, ya que mis padres no podrían dejar su residencia en el centro, cerca del Edificio de Justicia, para vivir conmigo, por lo que viviría sola. Sería independiente y ya no necesitaría de ellos para solventar mis gastos. Un nuevo tipo de libertad, supongo, pero, después... ¿qué? ¿Cómo será mi vida cotidiana? Además de la riqueza y la fama, mi vida seguiría siendo parte de la misma monotonía de siempre, asistiendo a fiestas, siendo educada por puro compromiso y sonriendo a personas a las que no conozco y que no me agradan. Nada cambiaría, además de que sería conocida en todo el país. Entonces, pienso en Haymitch nuevamente. ¿En qué se convirtió su vida? Vive solo, sin esposa ni hijos, se pasa la mayor parte del día ebrio, presa de los horrores que le tocó vivir en sus juegos. No quiero acabar así.
«Pero no estás sola» pienso.
Tengo a mis padres, a Katniss y a Peeta. Bueno, por ahora. Y después... No quiero pensar en después, cuando mis padres mueran, mis amigos formen sus familias, y mis propios horrores no me dejen en paz. Siempre quise casarme y tener hijos, a pesar del fantasma de los Juegos del Hambre siempre presente, pero ahora empiezo a dudar de lo que realmente quiero, porque si hay algo que no te garantizan como vencedor es la seguridad de tus hijos. Los nombres de mis niños entrarían en las urnas de la cosecha con los de todo el mundo, y creo que no podría resistir ver a mis hijos en mi misma situación, luchando por sus vidas. No, no podría.
—Eso es lo que me temo— dice Gale, cansado, sacándome de mis cavilaciones.
Ya no decimos nada porque lo entiendo. Casi sin comida, y tras dos días de muy poca acción y emoción los Vigilantes no deben tardar en hacer algo para juntarnos. Eso también es lo que yo me temo.
Un relámpago corta el cielo a lo lejos cuando estamos buscando un árbol donde subir al caer la noche, seguido de un trueno ensordecedor que hace temblar toda la tierra.
—Parece que lloverá— comento. Gale me escucha pero sigue caminando, eligiendo un pino de ramas anchas y ayudándome a subir primero. De repente una luz cegadora nos cubre, seguida de un crujido ensordecedor— ¿Que fue eso?— pregunto, aturdida. Mi compañero me mira y deja de trepar. De la nada, un rayo cae sobre un árbol, muy cerca de nosotros, provocando que todo vuelva a temblar.
— ¡Maldición! ¡Baja, baja!— Gale se suelta del tronco y cae de pie, ayudándome a bajar con rapidez.
— ¿Qué pasa?— pregunto, confundida. Él mira al cielo y frunce el ceño, abrazándome contra su cuerpo como si fuera un acto reflejo, tirándome al suelo y lanzándose sobre mí justo antes de que otro rayo partiera el árbol que segundos antes intentábamos trepar.
—Es el gran final— murmura, recuperando el aplomo y mirándome fijamente a los ojos.
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Continuará...
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N del A:
Antes que nada, muchas gracias por todos sus reviews; estoy en verdad agradecido, por eso intenté no tardar mucho en subir éste capítulo. ¿Qué les pareció?
Gracias por leer también. Se acerca el final de la primera parte.
Espero sus reviews para la siguiente actualización.
Hasta la próxima!
H.S.
