Disclaimer: Los personajes de The Hunger Games no me pertenecen.
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15
LOS VENCEDORES
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Un segundo rayo nos obliga a saltar para alejarnos. El bosque tiembla, la luna ha desaparecido y el suave y tranquilo canto nocturno de los sinsajos se convierte en un chillido de advertencia.
Brillantes líneas de luz empiezan a iluminarnos como si fueran guirnaldas colgando del cielo sobre nuestras cabezas. Gale y yo alzamos la mirada un momento para observar el espectáculo de luces con formas irregulares danzando en la noche. Es hermoso e hipnótico, tanto que de un momento para el otro me veo estirando una mano para intentar tocarlas.
— ¡Madge!— siento como mi cuerpo vuelve a ser derrumbado sobre las hojas al tiempo que todo se desata: las guirnaldas de luces dejan de oscilar sobre nosotros y caen sobre la tierra como rayos, uno tras otro, destruyendo, carbonizando todo a su paso, pero ya no nos quedamos a ver. Corremos por el bosque sin mirar atrás, escapando de una muerte segura.
Los rayos caen con demasiada frecuencia como para ser obra de la naturaleza. Uno tras otro; a veces en el mismo sitio una y otra vez, otras veces no, siempre cortándonos el paso. Es obvio que están guiándonos adonde los Vigilantes quieren que vayamos, y Gale lo sabe, me lo dice su mirada de terror cuando toma mi mano, alejándonos de las corrientes eléctricas que cortan la oscuridad con sus formas indefinidas, iluminándonos, cegándonos. Gale y yo nos abrimos paso entre los árboles, él a la cabeza, esquivando los ataques que nos pisan los talones, así que no podemos detenernos.
— ¡¿Adónde nos llevan?!— grito, porque a estas alturas es claro que de nuevo estamos siguiendo el camino que ellos quieren.
— ¡No lo sé!— responde Gale, apresurando el paso. Entonces, un rayo cae justo a sus pies, obligándolo a echarse para atrás, cayendo al suelo, con las botas quemadas, y cambiando nuestra dirección. Nos pasa lo mismo otras cinco veces hasta que tomamos el único sendero que no fue marcado por los rayos, y llegamos a un claro cuando, tan de repente como había comenzado, el ataque se detiene.
— ¿Se terminó?— pregunto en un hilo de voz, con la respiración agitada, al igual que la de Gale.
—Yo no estaría muy seguro de eso— dice, empuñando su arco— Mantente alerta.
Obedezco, temiendo que los profesionales estén cerca, y saco mis dardos junto al botecito de veneno; mi cerbatana la llevo siempre sujeta al cinturón.
Gale se mueve muy lenta y cautelosamente para reconocer el terreno mientras yo intento recobrar la respiración tras él. Avanzamos un poco más, mirando al cielo cubierto de gruesos nubarrones.
De pronto un trueno ensordecedor vuelve a hacer temblar la tierra y nos aturde a los dos, y, de la nada, empieza la tormenta.
La lluvia avanza desde el otro extremo del Estadio como una inmensa cortina de agua, acechándonos. Miro a Gale, preguntándole con los ojos qué debemos hacer, y él me regresa el gesto encogiéndose de hombros, como diciendo «sólo es agua». Sin embargo, cuando la primer gota cae sobre nuestras cabezas nos damos cuenta de que no solo es una lluvia y ya.
El agua cae a borbotones, como si alguien estuviera arrojándola con cubetas desde arriba, empapándonos de pies a cabeza, anegando los senderos y entorpeciendo nuestra visión. Litros y litros de líquido que se mete en mi boca y ojos, casi ahogándome por la obscena cantidad en la que cae. Es una tormenta, pero jamás he visto una que soltara tal cantidad de agua; ¿acaso los vigilantes pretenden ahogarnos? Es probable porque nadie en los distritos, salvo las excepciones del Distrito 4, sabe nadar; no por falta de interés, si no por la falta de lugares para aprender. La gente del Distrito 4 vive junto al mar, y se dedican a la pesca, así que es obligatorio que aprendan a nadar a lo largo de sus vidas; en el Distrito 12, en cambio, el único contacto con grandes fuentes de agua son los pozos de abastecimiento para las minas, pero nadie puede meterse ahí.
— ¡Tenemos que buscar un terreno alto!— grita Gale; me cuesta un poco escucharlo a causa de la tormenta que hace sonar el agua que comienza a arremolinarse a nuestros pies.
Terreno alto... Sólo se me ocurre un árbol, pero todo está demasiado resbaloso como para trepar, e intentar hacerlo podría ser peligroso. Tenemos que encontrar otra forma.
Toma mi mano y corremos bajo la lluvia ahora, protegiéndonos las caras con los brazos, él con su arco por delante. Mientras corremos me asalta la idea de nuevos mutos tras nosotros, pero lo único que se oye es el incesante sonido de los truenos y el agua chapoteando sobre el suelo cubierto de hojas y agujas de pino. Corremos nuevamente por el bosque, casi a ciegas, ahogándonos con el agua que cada vez cae con más brío; no tengo idea de qué es lo que Gale planea para salirnos de esta, porque regresar al arroyo podría ser letal si éste desbordara, tampoco podemos meternos en la parte desconocida del estadio, así que me devano los sesos intentando recordar algún lugar alto, pero nada.
De repente un árbol derrumbándose nos corta el paso. Gale nos lleva hacia la derecha y pasa lo mismo; quieren que sigamos de frente, y así lo hacemos, bajo la lluvia infernal, chapoteando ruidosamente con cada paso, intentando no resbalar en el lodazal en que se ha convertido el Estadio.
Alzo la mirada de a ratos, intentando ubicarme, y en una de esas veces me doy cuenta de adónde nos dirigimos: la Cornucopia.
— ¡Es la Cornucopia!— exclamo, divisando la punta del cuerno dorado entre la copa de los árboles. Gale se detiene un momento, apretando mi mano. ¡Terreno alto! ¡Podemos trepar al cuerno!
— ¡Ahí!— grita, señalando el final del bosque, desde donde puede verse el metal dorado de la Cornucopia reflejando la luz de los relámpagos del cielo, de forma aterradora.
Nos precipitamos hacia allí sin detenernos a pesar de que la lluvia parece cada vez más insistentes. Finalmente salimos del bosque a grandes zancadas, y yo resbalo en la mezcla de lodo y hierba, doblándome el tobillo. Gale me ayuda rápidamente a erguirme para seguir corriendo, sujeta mi cintura con la mano con la que sostiene el arco y pasa mi brazo sobre su hombro para llevarme dentro de la Cornucopia, protegiéndonos del aguacero.
— ¿Estás bien?— me pregunta, con la respiración agitada, producto de la carrera. Lo veo colocar las palmas sobre sus rodillas mientras se inclina hacia adelante e intenta recobrar el aliento.
—Sí— afirmo, en las mismas condiciones que él.
— Tenemos que trepar— dice— Los del Distrito 1 no deben estar lejos... ¿Tienes tus dardos?
—Tengo algo mejor— le digo, enseñándole el botecito de veneno, el cual mira con el ceño fruncido.
— ¿Qué es eso?
—Veneno— contesto con simpleza, poniendo el recipiente en sus manos a la vez que un nuevo trueno hace vibrar el metal— Puedes ponerlo en las puntas de tus flechas y…
— ¿Cómo lo conseguiste? ¿Desde cuándo lo tienes?— me interrumpe, ¿molesto? Yo solo inhalo profundamente.
—No lo sé, desde hace días… Fue el regalo de un patrocinador…
— ¿Y por qué no me dijiste nada?— pregunta con brusquedad, frunciendo mucho más el ceño.
—Yo… N-No… No lo sé…— la voz me falla; de verdad no tengo una respuesta para él.
— ¿Ibas a envenenarme?— dice entre dientes, tomándome por los hombros con fuerza. Abro los ojos con terror ante su ira, y siento mi cuerpo temblar de pies a cabeza.
— ¡Claro que no!— grito, apartándome— ¿Por qué haría eso si los dos podemos ganar?— intento sonar firme, pero no lo consigo.
— ¡¿Entonces por qué no me dijiste del veneno antes de que cambiaran las reglas?!
— ¡No lo sé!
— ¡Estás mintiendo!— me grita; su voz se oye apagada por la tormenta.
— ¡No te estoy mintiendo!— refuto, casi suplicante. Gale me mira, abriendo la boca, pero de la nada me empuja y cae al suelo al mismo tiempo que escucho algo chocando contra el fondo de la Cornucopia, causando un sonido metálico que retumba cruelmente en mis oídos.
— ¡Gale!— grito tras la sorpresa inicial, inclinándome hacia él sin pensarlo. Gale no responde. En un movimiento limpio se sienta con el arco listo y dispara una flecha hacia la lluvia, la cual mis ojos siguen, viendo como Marvel, del Distrito 1, la repele con la punta de su lanza y sigue corriendo hacia nosotros.
— ¡Tus dardos!— grita mi compañero, preparando otra flecha para asomarse a la entrada y detener su avance, corriendo hacia él bajo la lluvia.
Yo asiento y me llevo una mano a la cintura, tocando la cerbatana con la punta de los dedos. No obstante, antes de que pueda sujetarla con firmeza siento como alguien pasa su brazo por mi cuello y pone algo punzante a mi costado, inmovilizándome.
—Quieta, linda— sisea su compañera en mi oído, ajustando la presión de su brazo a mi cuello— Arroja eso— un escalofrío me recorre la espalda al verme atrapada, así que obedezco; tiro mi cerbatana a un lado e intento no empezar a temblar de terror— ¿Quién diría que te convertirías en la piedra en nuestro zapato...? Una piedra muy... ¡molesta!— gruñe, clavando superficialmente la punta de su cuchillo en mi piel, haciéndome gemir de dolor, aunque su brazo en mi garganta me impide soltar otro sonido.
Es todo, me tiene en sus manos; mis ojos se llenan de lágrimas mientras intento desesperadamente reunir fuerzas para liberarme y pedir ayuda.
—Debí adivinar que serían un estorbo desde que tú y tu noviecito se aparecieron tomados de la mano... No sabes las ganas de asesinarte que tengo desde entonces— me dice, presionando mucho más mi cuello— Te mostraré un truco que aprendí de Cato, y después Marvel y yo iremos por tu novio y nos divertiremos torturándolo antes de ser coronados...
Aún a punto de ser asfixiada abro los ojos con ira al escucharla decir eso. Su comentario sobre hacerle daño a Gale me pone furiosa, y toda esa furia hace que el miedo que invadía mis entrañas desaparezca, y sin saber cómo logro soltar mi mano y sacar el cuchillo que llevo escondido en el cinturón, y sin pensarlo se lo clavo en el muslo. Ella chilla y se desestabiliza, dándome la oportunidad para golpear su vientre con mi codo y apartarla, dando una bocanada de aire para llenar mis pulmones mientras caigo de rodillas al suelo.
— ¡Gale!— consigo gritar, sujetándome la garganta a la vez que intento recobrar la voz— ¡Gale!
— ¡Maldita!— la chica se lanza sobre mí, tirándome al suelo de espaldas para abofetearme con fuerza, pero esta vez no me dejo capturar tan fácil. Haciendo fuerza con mis piernas y brazos consigo empujarla hacia atrás y derribarla de una patada.
— ¡Gale, Gale!
Me lanzo hacia afuera, bajo la lluvia, pero no consigo ver a mi compañero ni a Marvel. ¿En dónde están? Muevo la cabeza de un lado a otro mientras con las manos temblando intento sacar mis dardos.
Un cuchillo pasa junto a mí, rozando mi brazo y obligándome a soltar el estuche, y no tengo tiempo de defenderme antes de que la chica del 1 se abalance sobre mí y me derribe una vez más con todo su peso, anclando sus rodillas a mis hombros para tenerme bien sujeta.
Yo vuelvo a luchar, me remuevo e intento liberarme desesperadamente.
— ¡Gal...!— empiezo a gritar, pero el puño de la chica del 1 chocando contra mi rostro me impide seguir gritando. Puedo sentir la sangre brotar de mis labios.
—Estás empezando a hartarme— gruñe, engarzando sus manos alrededor de mi cuello. No somos muy distintas en tamaño, pero ella es mucho más fuerte que yo.
No sé si lo que más me ahoga son sus manos o el agua que cae en mi boca, mezclándose con mi propia sangre, pero no tardo en empezar a perder el aire, aunque mis manos no se quedan quietas, buscando con desesperación algo con lo que pueda defenderme. Toco la punta de mi estuche, y estiro la mano con mucho más desespero, intentando abrirlo y sacar un dardo antes de perder la consciencia. Si tan solo pudiera clavárselo... Entonces lo consigo. Abro el estuche con torpeza y tomo el primer dardo con prisas; intento clavarlo en su muslo para acabar con todo aquello, cuando ella toma mi muñeca con fuerza excesiva y me detiene justo a tiempo, teniendo que soltar mi cuello para quitarme el dardo, lo cual me permite volver a intentar respirar.
— ¿Qué es esto?— dice, mirando el diminuto artefacto; su voz se ve sosegada por la lluvia que nos cae encima, pero aun así puedo escuchar su retorcida risa— ¿Pensabas matarme con esto?— ríe, alzando el dardo, haciéndolo oscilar sobre mi pecho antes de hacer el amago de clavármelo.
— ¡No!— logro suplicar, con los ojos llenos de terror. Ella se detiene y frunce sus cejas rubias con escepticismo.
— ¿No? ¿Qué tiene este pequeño dardo?— canturrea, encontrando el estuche con la mirada. Ahora sí que estoy perdida. La tributo del 1 analiza los dardos por un rato, divertida— ¡No me digas que es veneno!— ríe con más fuerza, alzando su brazo para volver a apuntarme con el dardo.
— ¡No, por favor!— vuelvo a gritar, retorciéndome con pánico, pero ella no me escucha: baja su brazo y yo cierro los ojos ante la vista de mi inminente muerte, tomando una última bocanada de aire. Sin embargo no tardo en sentir la puñalada junto a mi cabeza, la cual da sobre le hierba levemente inundada.
—Ups. Fallé...— se lamenta mi atacante, con falso pesar. Abro los ojos y la veo empuñar otro dardo— El veneno debe ser muy potente como para que estés tan aterrada. Dime, fue con estos dardos que mataron a Cato y a Clove, ¿no? Porque estoy segura de que ustedes lo hicieron— gruñe, sin darme oportunidad de hacer nada antes de clavar la punta al otro lado de mi cabeza— Ups— ríe y se regocija ante mi miedo. ¿Cuál es su problema? Me tiene a su merced, lista para ser aniquilada, ¿por qué disfruta tanto martirizándome de esta forma? De pronto la chica del 1 alza la vista y mira a nuestro alrededor; cuando se asegura de que no hay nadie cerca vuelve a mirarme, empuñando un tercer dardo— Marvel y tu novio se han ido. Juguemos— dice, sentándose sobre mi pecho para tomar el estuche y analizarlo, tomando los dardos restantes en su puño; saca un cuchillo de hoja larga de su chaqueta y de forma imprevista me lo clava en el hombro, haciéndome gritar por el dolor de sentirme atravesada, y al girar la cabeza puedo ver como mi sangre nuevamente se mezcla con la lluvia torrencial— Esto evitara que te muevas— vuelve a levantar su brazo y clava otro dardo junto a mi oreja, haciéndome soltar lágrimas de impotencia— Volví a fallar...— sonríe, dejando el pequeño objeto vacío dentro del estuche— Veamos si fallo dos veces— esta vez clava el dardo entre los dedos de mi mano, sobresaltándome— ¡Muy bien! Creo que ya entendiste que si te mueves, te mueres— celebra, clavando otra aguja junto a mi cuello, casi rozando mi piel. Y me veo obligada a no mover ni un músculo, presa del terror y la desesperación— Esto se está volviendo aburrido— dice tras el séptimo u octavo dardo; la lluvia sigue cayendo sobre nosotras, y cada vez siento más y más frío— Es hora, 12— le veo empuñar el dardo sobre mi corazón, y entonces siento como la diminuta aguja se hunde en mi piel.
— ¡No!— grito con todas mis fuerzas, desgarrándome la garganta, pero ya es tarde. Cierro los ojos, llenos de lágrimas, y espero la muerte; sin embargo, los segundos pasan y milagrosamente sigo respirando, cosa que no le causa la menor gracia a mi atacante.
— ¡Demonios! Tienes suerte; el estúpido dardo estaba vacío— gruñe. Yo abro los ojos, consternada.
El dardo de Cato…
No obstante no tengo tiempo de sentir alivio, porque de inmediato vuelva a sacar otro, asegurándose de que está cargado antes de colocar la punta de nuevo sobre mi corazón, pero sin hacer presión todavía, con una sonrisa siniestra.
—Esta vez no habrá errores, Madge. Despíde...— dice, pero sus palabras se ven silenciadas por el sonido del cañón, y un único pensamiento me golpea: Gale.
Mientras dura su estupor veo mi oportunidad; me armo de tanto valor como puedo, por el simple hecho de que acabo de decidir que no quiero morir, y, mordiéndome los labios con fuerza, me atrevo a sacar el cuchillo de mi hombro. Ella se alerta por mis gritos, pero ya es demasiado tarde, porque la hoja se clava en su muslo, y se ve obligada a salir de encima mío para analizar la herida que, si bien no es muy profunda, asumo que sí es dolorosa.
Tengo que hacer de tripas corazón para ponerme de pie e intentar ponerme a resguardo, intentando al mismo tiempo contener la sangre que sigue brotando de mi hombro. Pero ella me impide alejarme sujetándome por el brazo y me azota contra la dura superficie de la Cornucopia mucho más furiosa que antes.
— ¡Estás más que muerta!— vocifera, presionando mi herida con la mano para hacerme más daño— ¿Por quién crees que fue el cañonazo, imbécil? En este momento Marvel debe estar regresando a la Cornucopia para que los dos terminemos contigo.
— ¡N-No!— consigo gritarle, alzando la mirada con furia. Gale no está muerto. ¡No puede estarlo!
La chica del 1 sonríe, pasando el filo de su cuchillos sobre mis labios.
— ¿Sabes lo que es un avox? Tal vez también debería cortarte la lengua para que no puedas gritar mientras nos divertimos contigo— dice, apresando mis mejillas con su mano libre para obligarme a separar los labios— Prometo ser breve...No, en realidad no.
Con los ojos llenos de lágrimas la miro, suplicándole, rogándole que no me haga aquello. Sin embargo, cuando esta a punto de acercar su cuchillo a mi boca suelta un nuevo grito de dolor, y con sorpresa veo que una flecha ha atravesado su mano y la ha obligado a soltar su arma. ¡Una flecha de Gale!
— ¡Ah!— la chica del 1 me suelta, e intenta huir, pero dos flechas más salen del bosque, impactando en su cuerpo y haciéndola caer frente a mis ojos, justo antes de que alce la mirada y vea la figura de Gale trastabillando entre los árboles, causando que mis ojos vuelvan a llenarse de lágrimas. Lágrimas de felicidad.
— ¡Gale!— grito, lanzándome hacia él sin importarme nada más. Él me ve y me enseña una sonrisa ensangrentada, al igual que la mayor parte de su rostro, que luce golpes y heridas por todos lados. Su arco cae a un lado, Gale abre sus brazos y no dudo meterme en ellos, apoyando mi cabeza a su fuerte pecho, sin poder contener las lágrimas.
—Estás bien— suspira, apretando su abrazo— Temí no llegar a tiempo...
—Yo creí... pensé que Marvel...— intento hablar, pero no me salen más que sollozos ahogados en la ropa mojada de Gale.
—Shh... Estoy bien... Estamos bien ahora y... ¡Cuidado!— Gale nos da la vuelta; abre los ojos de pronto y calla, llevándose una mano al cuello para sacar el pequeño dardo que lo golpeó, y yo siento que mi corazón se detiene cuando veo a la compañera de Marvel tras él, con mi cerbatana entre los labios, lista para atacarme a mí.
Y de nuevo todo sucede demasiado rápido. Aparto a Gale, ruedo por el suelo y sin saber cómo logro recuperar el arco, cargar una flecha y lanzarla directa a la garganta de la chica, arrancándole la vida. El cañón suena, pero no bajo la guardia, y ya he buscado otra flecha para recargar. Durante unos segundos me veo incapaz de levantar los ojos para ver si el cañonazo ha sido por ella o por Gale.
Cuando al fin me atrevo lo único que veo es a mi compañero de distrito y a la chica del 1 desplomados en el suelo, y empiezo a temer lo peor.
La lluvia comienza a cesar, pero ahora me ahogan las lágrimas mientras me arrastro hacia el cuerpo de Gale, con la imagen de Cato y su muerte plantada en mi cabeza.
Cierro los ojos y lloro sin poder soportarlo; de ira, de dolor, de impotencia. Intento abrazarme a mí misma y esperar las trompetas que me anuncien como vencedora, aunque estas no llegan.
— ¡Madge! ¡Madge, ¿estás bien?!
Mi mundo se paraliza. Me obligo a abrir los ojos y veo a Gale, arrodillado a mi lado, muy lastimado pero con vida, ¡con vida! Antes de pensar que podría ser una ilusión me abalanzo sobre él y los dos caemos al suelo.
—Pero... ¿Cómo...?— consigo preguntar, entre lágrimas.
—No lo sé. Creí que tus dardos eran letales— responde Gale, acariciando mi cabello.
—Lo son, pero...— me separo de él con lentitud. La lluvia por fin se ha detenido y ahora los dos estamos tiritando de frío, pero una ligera luz en el horizonte me indica que el sol saldrá pronto. Tras pensarlo un poco me acerco al cuerpo sin vida de la chica del 1, que yace sobre el suelo, bañada en agua de lluvia y su propia sangre, con la flecha todavía enterrada en su garganta. Armándome de valor reviso sus manos encontrando seis dardos, tres de ellos vacíos, y entonces me permito suspirar con alivio— Creo que no se dio cuenta y te disparó un dardo vacío como a mí... Había estado jugando con ellos antes de... ¡Ah!— el fuerte dolor en mi hombro me obliga a apretar los dientes y sujetar la herida.
— ¡Madge!— Gale se acerca a mí y los dos caemos de rodillas. Su rostro se deforma de terror al ver mi hombro, pero noto que intenta disimularlo— Todo está bien. Estaremos bien...— me dice, poniendo presión— Pronto vendrán por nosotros, sólo... sólo...— mira al cielo, como preguntándose porque todavía no nos anunciaron como ganadores, y yo lo imito, haciéndome la misma pregunta. De pronto Gale abre los ojos con impacto, los cuales no tardan en llenarse de furia— No, por favor... que no sea lo que estoy pensando— murmura, más para sí mismo, aunque logro escucharlo.
Esperamos a que llegue el aerodeslizador para llevarse los restos de nuestra enemiga, a que suenen las trompetas de la victoria, pero nada.
—Gale, ¿qué pasa? ¿Por qué no nos anuncian?
—No lo sé... ¡Eh!— grita Gale al aire— ¿Qué está pasando?— La única respuesta es el parloteo de los pájaros al despertarse— Quizá sea por el cadáver, quizá tengamos que apartarnos.
Intento recordar si hay que apartarse del último tributo muerto. Tengo el cerebro demasiado embotado para estar segura, pero ¿qué otra cosa podría ser?
Un sinsajo emite un largo silbido bajo y se me llenan los ojos de lágrimas cuando aparece el aerodeslizador y se lleva a la hermosa chica del 1. Ahora vendrán por nosotros, y podremos irnos a casa.
Sin embargo, sigue sin haber respuesta.
— ¿Qué están esperando?— le pregunto a Gale débilmente.
—No lo sé.
Sus palabras me angustían. Tampoco sé a qué se deberá el retraso, pero ya no soporto el dolor. Gale se quita la chaqueta mojada para seguir haciendo presión en mi herida, y está ayudándome a limpiar la sangre cuando la voz de Claudius Templesmith retumba en el estadio.
—Saludos, finalistas de los Septuagésimo Cuartos Juegos del Hambre. La última modificación de las normas se ha revocado. Después de examinar con más detenimiento el reglamento, se ha llegado a la conclusión de que sólo puede permitirse un ganador. Buena suerte y que la suerte esté siempre de su lado.
Un pequeño estallido de estática y se acabó. Me quedo mirando a Gale con cara de incredulidad hasta que asimilo la verdad: nunca han tenido intención de dejarnos vivir a los dos. Los Vigilantes lo han planeado todo para garantizar el final más dramático de la historia, y nosotros, como idiotas, nos lo hemos tragado.
—No pueden hacer esto— gruñe Gale en voz baja, apretando la mandíbula y crispando un puño con ira— ¡No pueden hacernos esto!— grita, poniéndose en pie a duras penas y señalando al aire— ¡No pueden jugar con nosotros de esta forma!— se derrumba a mi lado y estoy temiendo que me falten las fuerzas suficientes para abrazarlo, aunque consigo hacerlo, y él me corresponde, enterrando su rostro en mi cuello.
—Está bien, Gale— intento calmarlo. Sólo uno de los dos saldrá con vida, y yo ya he decidido cual de los dos será. Lo he decidido desde antes de entrar al Estadio.
Mientras Gale sigue abrazándome consigo sacar el cuchillo que sé que lleva dentro de la bota. Él se da cuenta; se separa con brusquedad y rápidamente sujeta su arco y apunta una de sus flechas a mi cabeza. Yo no lo miro; sólo levanto el cuchillo a la altura de mi pecho.
— ¡¿Qué haces?!— grita con rabia— ¡Baja eso!— exige, tensando la flecha.
—No— respondo, conteniendo las lágrimas que igualmente caen por mi rostro— Sólo uno puede ganar, ¿no?
Gale abre los ojos por la impresión, ajustando su arco.
— ¡Aleja ése cuchillo de ti! ¡Te lo advierto!
— ¿O qué? ¿Me vas a disparar?— suelto una sonrisa triste y bajo la mirada— Hazlo. Nos ahorrarás el trabajo a ambos y regresarás a casa con tu...
— ¡No!— Gale tira el arco, sujeta mi mano y me arrebata el cuchillo, furioso— ¡No vas a morir para que yo salga de aquí!
—Gale, es lo que quiero— Admito, porque, en retrospectiva, los vencedores son la esperanza de los que ya no tienen esperanza, y Gale es el vencedor que Panem necesita, no yo.
—No vas a dejarme solo— insiste, tomando mi rostro entre sus manos llenas de sangre— No mueras por mí. Por favor, no lo hagas...
—Gale... Los dos sabemos que necesitan a un vencedor. Sólo puede ser uno de nosotros, y esa no puedo ser yo. Por favor, acéptalo. Hay muchas personas esperándote en casa, en cambio a mí...— Él me mira, pero de pronto parece demasiado concentrado como para escucharme.
—Madge…— susurra, un tanto indeciso— No habrá nada para mí en el Distrito 12 si tú te quedas aquí— dice después de unos segundos, acercando nuestros rostros para mirarme a los ojos.
—Gale...
La intensidad de su mirada gris me abruma. Sin embargo, no me da tiempo a nada porque une nuestros labios en un beso, no uno como el de la laguna para compartir aire, si no uno real, como el que siempre ansié que me diera y sólo hasta ahora me doy cuenta.
Sus labios presionan suavemente los míos, casi como si no se atreviera a hacer algo más. Cuando interrumpe el beso se queda con su frente apoyada en la mía y mis mejillas apresadas entre sus manos, respirando en mi nariz.
—Sé que no te merezco, y que nunca podrás ser para mí, pero…— suspira, y siento como mi corazón lucha por salírseme del pecho— Me he enamorado como un tonto de ti, Madge Undersee... ¿Ahora ves por qué no puedo dejarte morir?
Sus palabras me quitan el aliento, las lágrimas de mis ojos caen con más intensidad, y la angustia se me atora en la garganta. ¿Esto es verdad o sólo un sueño cruel? Gale acaricia mi rostro y me hace saber que es real. Que de verdad acaba de confesarme su amor, a mí, a la inútil hija del alcalde, la que no sabe cazar ni ha pasado las mismas penurias que él, pero que lo ama contra todo pronóstico.
—También te amo, Gale— contesto, con voz ahogada; ahora todo duele mucho más—, por eso no puedo permitir que mueras...
Llevo las manos de nuevo al cuchillo e intento arrebatárselo. Gale se da cuenta y me sujeta la muñeca.
—No, no te dejaré— dice, arrojándolo lejos de mí, y de la nada saca mi botecito de veneno, quitándole la tapa.
— ¡No!— le grito, intentando quitárselo, pero él es más rápido.
—Confía en mí— susurra, soltándome. Toma la tapa y le echa un poco de la sustancia oscura dentro; después me la pasa, sin dejar de mirarme a los ojos— Si tú no sales de aquí, yo tampoco quiero hacerlo— dice, mirando nuestras manos mientras entrelaza sus dedos a los míos.
Mis ojos se encuentran con los suyos y me limpio las lágrimas saladas con el brazo sano, luchando por no empezar a llorar.
—Y si tú te quedas aquí, yo me quedaré contigo— respondo, tan abrumada como confundida, pero sé que puedo confiar en él.
Gale me mira y sonríe, dándome otro beso en los labios.
— ¿A la de tres?
—A la de tres— respondo, incapaz de hacer nada más que inclinarme para darle un último beso. Nos ponemos de pie, uno frente al otro, tomados con fuerza de la mano.
—Enséñalo, quiero que todos lo vean.
Alzo la mano y el oscuro líquido reluce al sol. Gale me da un último apretón de manos para indicarme que ha llegado el momento, para despedirnos, y empieza a contar:
—Uno— No miramos, y sé que los dos pensamos que podemos estar equivocados— Dos— me tiemblan las piernas, pero ya lo he decidido— ¡Tres!
Es demasiado tarde para cambiar de idea. Levanto la mano y le echo un último vistazo al mundo. Justo cuando el borde de la tapa hace contacto con mis labios, las trompetas empiezan a sonar.
La voz frenética de Claudius Templesmith grita sobre nosotros:
—¡Deténganse! ¡Deténganse! Damas y caballeros, me llena de orgullo presentarles a los vencedores de los Septuagésimo Cuartos Juegos del Hambre: ¡Madge Undersee y Gale Hawthorne! ¡Les presento a... los tributos del Distrito 12!
Gale suelta el bote de veneno, tira el que tengo en mis manos y nos abrazamos, sin fuerzas.
—¿Tragaste veneno?— pregunta. Yo niego.
—¿Y tú?
—No, creo que esta...— Veo que mueve los labios para contestar, pero no lo oigo con el rugido de la multitud del Capitolio, que sale en directo por los altavoces y el mareo que me embota los sentidos— ¿Madge?
Veo que el aerodeslizador aparece sobre nosotros, y escucho la voz asustada de Gale diciendo mi nombre una y otra vez, pero no soy consciente de lo que pasa a continuación.
Tengo mucho frío, y de pronto todo se vuelve oscuro, y la voz de Gale desaparece, junto a todos los rugidos de la gente del Capitolio.
A pesar de eso una última idea asalta mi mente, y basta para que no importe nada más: con todo en contra, los dos nos hemos convertido en vencedores.
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Continuará...
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N del A:
Y casi llegamos al final...
Je... ¿qué les pareció?
Personalmente no tenía pensado hacer este final, pero sus reviews me convencieron de adaptarlo mucho más a la historia original, con ligeros cambios.
Espero que les haya gustado.
El próximo capítulo será, tal vez, el más dramático de todos, y posiblemente el último antes de adaptar En llamas y Sinsajo.
Sin más me despido hasta la próxima, agradeciendo todos sus reviews.
Ustedes hacen que las manos de este escritor se muevan más rápido con una reseña, queridos lectores.
Saludos!
H.S.
