VII

Liga Oscura Z

PARTE 2

Mientras que Kento hablaba con el profesor estando conectado a una máquina detector de mentiras.

- Proyecto "Dark Z", día 2, vemos que el observado está mostrando señales de desesperación, lo cual quisiera saber el por qué.

- Es que tengo que ir al baño, me hace esperar en esta silla durante dos horas.

- Si tienes tantas ganas, hay uno a dos puertas de aquí a la derecha.

Siendo la actuación otro de los talentos de Kento, sale disparado tratando de evitar otro minuto más con el sujeto de bata y su clon pequeño, y mientras se lavaba la cara, pensaba en muchas cosas.

- En serio no piensan nada más que en ciencia, que les pasa si estoy bien.

Levanta la cabeza para mirarse al espejo, y al verse, descubre que alguien más había ocupado su lugar en el reflejo.

- Tal vez los golpes en la cabeza están afectando mi visión.

Levanta despacio la mano, al igual que su reflejo. Este reflejo presentaba el cabello alto de estática, los zapatos voladores y el resto de su ropa color negro. Abre sus manos y el hace lo mismo.

- Hola Kento.

Aquella voz, muy similar a la suya provocó que Kento se asustara y luego resbalara con la toalla mojada que por equivocación dejó caer irresponsablemente.

- No, no puede ser cierto, se suponía que esto nunca había pasado.

Kento se para y baja de forma chistosa esperando que el otro hiciera lo mismo; sin embargo, el reflejo deformado se encontraba firmemente quieto.

- Veo que estás pasando un mal rato.

- Así que eres tú –cambiando su cara a una más seria- ¿Qué quieres ahora?

- Tú sabes bien lo que es. Lo habíamos dejado postergado desde hace ya un año.

- Y por si lo recuerdo yo había rechazado esa oferta. Tuve una promesa que jure bajo la línea del tiempo, así que tú nunca volverás a salir.

- Pobre ingenuo, hablas como si fueses un héroe, pero lo único que lograste fue perder a tu familia –viendo como Kento fruncía el ceño- Y por si no te has dado cuenta, aquel incidente tuyo en las ruinas hizo que la jaula que me aprisionaba desapareciera para siempre. Muy pronto vas a ver que el destino nos unió para pelear juntos contra el resto del mundo. Destruir todo y dejar miserable a todos los que odias, empezando con…

- ¡Basta! ¡Sal de mi cabeza! –agarrándose fuertemente-. ¡Vuelve de dónde viniste, porque nunca saldrás!

- Pobre chico, recuerda que siempre estaré aquí.

De manera macabra el brazo del reflejo sale del espejo señalando el pecho de Kento, y que al tocarlo, su ropa y apariencia del chico empezaba a asemejarse al del otro sujeto asustándolo y obligándolo a alejarse, éste se ríe y se despide desapareciendo como una ilusión y reapareciendo el verdadero reflejo de Kento.

- Tal vez si debería tomar esos exámenes –y sale del baño dispuesto a colaborar.

- ¿De dónde sacaste ese poder? –siendo su primera pregunta.

- En realidad esa pregunta es difícil de responder –poniéndose muy depresivo-, ya que no estoy seguro si fue real o no.

- Entiendo, entonces, pasemos a la siguiente pregunta. ¿Desde cuándo usas tú ese poder?

- Desde el día en que me enteré en que los tengo.

- Los has usado para el bien ¿supongo?

- Por supuesto.

- ¿De qué manera ayudabas a las personas con esos poderes?

- A salvar a las personas de los desastres de sus batallas.

- Eso dolió, bueno ya que respondes eso ¿en qué casos apareciste?

Kento poniéndose a pensar en los lugares y días en que usaba la máscara.

El primer robot de la Princesa, ayude a las personas a salir de los edificios.

La aparición de ese Michael corta estructuras, salve a las personas que caían.

Cuando Mojo y los Ameba se unieron. (Detrás del robot)

Yo fui quien vio al monstruo Cámara, fui su primera víctima.

A aquel desfile de modas en la ciudad. (Sentado en una silla)

Soy un gran amigo del monstruo con cabeza de fideos.

Ayude para que alagaran a la Princesa.

Ayude a mi amigo Jesse en el periódico escolar haciéndole varias llamadas.

Puso una barrera contra el monstruo Digitron y sus ondas electromagnéticas.

La primera alianza de los monstruos. Ese intento de ayudar fue en vano.

El día que aparecieron por primera vez los chicos alborotadores, trabajé en la reconstrucción de algunos edificios

Yo fui quien encontró a Taka y lo llevé hacia el parque.

Entre otras cosas más que no se escuchaban porque la escena volvió a enfocarse en Miyako que venía corriendo luego de darse cuenta de la hora.

- Ay, qué amiga estoy resultando ser. ¡Cuidado!

Otra coincidencia hizo que se encontrara y chocara con Momoko y Kaoru

- Hola Miyako, justo pasábamos para ver si podrías venir con nosotras a la playa, ya sabes, para aprovechar el día –le dice Momoko.

- No puedo, tengo que ir al laboratorio para ver cómo anda el profesor con Kento.

- Debes tranquilizarte, de seguro tienen todo bajo control.

En el laboratorio, el profesor y su hijo se cubrían las cabezas detrás de una mesa al intentar alejarse de un chico que empezó a lanzar sillas.

- ¿Quién quiere sabe si me gusta Miyako?

- Pregunte si usabas polos de marca Laco.

- Tranquilízate –le suplica Ken.

Regresando con las chicas, mirándose muy serias al parecer, notan que las nubes se formaban para dar inicio a una tarde lluviosa.

- Será mejor que nos ocultamos de la lluvia… ¿Qué? Oigan, suéltenme, ustedes también se van a mojar –Momoko por la izquierda y Kaoru por la derecha.

- Te soltaremos si prometes venir con nosotros a la playa Autumn.

- Podemos quedarnos aquí por el resto de la lluvia –probando Kaoru su palabra.

- De acuerdo, bien iré, ahora suéltenme.

Tratando de arreglarse aquella cabellera dorada que por lo que se veía había crecido un par de centímetros durante el año que pasó volando en la ciudad de Tokio, fueron a buscar refugio bajo una vieja pero linda cabaña cerca de un tren eléctrico. Mientras esperaban conversaban lo que había a su alrededor.

- Sé que a veces me pongo muy alarmante, pero aún no terminan.

- ¿Hablas de la reconstrucción del vecindario de Kento? –pregunta Momoko.

- Y ahora tengo más responsabilidades en la casa.

- No te preocupes que un descanso siempre es bueno para todos,
¿cierto Kaoru?

Aunque casi nunca lo daba a conocer, en ese preciso instante se pudo notar en el rostro de Kaoru una mirada en parte deprimente y por otro lado dulce, y pensando ella que no la estaban observando tarda en reaccionar frente a la pregunta.

- ¿Eh? Ah, sí, lo que digas.

- ¿Algo te pasa Kaoru? –siendo ahora Miyako la preocupada-. Puedes decirnos.

- Es que… -observando la ciudad siendo cubierta por la lluvia-. Ya pasó más de un año desde que fuimos elegidas para defender esta ciudad, pero las cosas ya no son tan fáciles como solían ser antes. Cada vez me siento más vulnerable y a veces siento esa sensación de que llegara el día que no podré protegerlas.

- Esas suelen ser las consecuencias de una batalla –dice Miyako.

- ¿Nos estás diciendo que no nos podemos defendernos solas?

- ¡Momoko! –pidiéndole que se calme- Pero si estamos unidas, nada malo nos ocurrirá, eso te lo puedo asegurar.

- Lo sé, pero quisiera que no fuéramos las únicas en hacer este trabajo, que otros usen estos poderes para que nosotras pudiéramos descansar un tiempo.

- Pero esa vez que nos enfrentamos con ÉL no querrías perder tus poderes para derrotarlo –responde Momoko,

- Pero cada día me empieza a pesar un siglo. No sé, creo que sería el momento en que pudiéramos decirle a todos quienes somos.

- Bueno,discúlpame por lo que voy a decir, pero eso sería la estupidez más grande que cometerías en tu extraña vida.

- (¿Qué me habrá querido decir con eso? ¿Yo? ¿Rara?)

- Como fanática de los superhéroes he aprendido muchas cosas. Los enmascarados se mantienen ocultos, porque si dan a mostrar la cara, los villanos conocen a las personas quienes le importan y entonces ellos correrían el riesgo de ser los blancos de sus enemigos.

- Entonces en ese caso solo me quedaría con ellos y los protegería.

- A pesar de que nuestros poderes son increíbles, no son suficientes para resolverlo todo, proteger a los que queremos o perderlos por la verdad. ¡Entendiste! –ve que Kaoru reacciona ignorándola- Oye, disculpa si fui muy directa.

Kaoru sonríe un segundo, para que Momoko dejara de hablarle, y cuando ella y Miyako se adelantan, por la mente de Kaoru vuelven a pasear esos pensamientos tan confusos los cuales trataba de encontrarles algún sentido.

Toda mi vida fui de capaz de arreglármelas sola, teniendo la fuerza que una joven no podría tener. Sin embargo, lo que me dijo ella me dio a conocer y ver toda mi infancia. Parando ya la lluvia decidimos salir a dirigirnos a nuestro destino. Bajando por las escaleras, aún me sentía confundida pues los recuerdos empiezan a volar frente a mis ojos, camino detrás de ellas que esperaban el tren que nos llevarían a la playa, el lugar al que en un principio estaba destinada a visitar.

De pronto, cerca de allí escuché los llantos de una niñita al costado de otro que parecía ser su hermano, sorprendida le pregunte por qué lloraba.

- Discúlpenla, es que mi hermana está así porque no encontramos a nuestra mamá.

- ¡La extraño mucho! ¡Quiero estar con ella!

- Tranquila hermanita, estoy seguro que no debe estar lejos –el niño se me vuelve a dirigir-. Disculpe, por causalidad usted no la habrá visto.

Niego con la cabeza, y el niño regresa rascándose la cabeza como si pensara que más decirle a la pequeña para que se tranquilizara. Entonces…

- Oigan-logrando llamar su atención-. ¿Qué tal si juntos la buscamos?

Con unos minutos para que llegara el tren decidí buscar por el lugar a una señora de bolso rojo, vestido verde claro con una chaqueta azul y cabello marrón. Llegamos a entrar a diez tiendas y el tiempo se agotaba, eso y que la niña seguía llorando, pero mientras caminaba escuche un silencio absoluto.

- ¿En serio hermano?

- Claro que sí hermana –sonriéndole su hermano.

Me acerque al niño y le pregunte qué había pasado.

- Es que le había dicho que eras una chica superpoderosa –me quedé pasmada por su respuesta-. Disculpa si le mentí a mi hermana, pero creo que las chicas que ocultan ese gran secreto se defienden y ayudan en diferentes formas, y aunque se usted no es una de ellas, el secreto más valioso es el que protege a los que amas.

Grande fue mi sorpresa que después de que me dijera eso y entráramos a la siguiente tienda estaba su madre, que preocupada también los estaba buscando.

- ¡Hijos míos, que bueno que estén bien! Pero les dije que me esperaran en el parque que iba a volver pronto, y cuando volví ya no estaban.

- ¡Mamá, te encontramos! ¡Me siento muy feliz de verte mamá! –y la abraza.

La cara de felicidad de la dulce niña bastó para que su madre olvidara todo el asunto y le devolvió el abrazo, tanto para ella como para su hermanito. Aliviada me despedía y corrí para abordar el tren. Nunca entendí el clima que pasaba en la ciudad, pero después de comparar a esos dos conmigo y mi hermano mayor entendí lo valioso que era tenerlos a ellos y para seguir viéndolos el secreto debería seguir guardado, después de eso el sol empezó a salir.

Y más aún, ahora tenía una nueva familia, con el que compartimos el secreto, y nada podrá romper ese lazo inmortal.

- ¡Espérenme chicas! –gritando Kaoru desde lejos.

Y al ser un sentimiento mutuo el que sentían las chicas saltan para juntar sus manos y demostrar lo que Kaoru había dicho hace unos segundos. Mientras que en un campo de fútbol, lejos de la posición donde ellas disfrutaban de su compañía mutua, se veía a Taka en medio de un partido de fútbol, el primero en jugar después de varios años internados en el hospital Aizawa.

- Bien chicos –hala el entrenador-, hoy tenemos un partido importante, el primero de esta temporada. Así que demos un buen inicio a nuestro equipo.

- No se preocupe entrenador, no lo defraudaremos –diciendo Taka muy motivador.

El equipo de Taka con camisetas verdes y franjas azules oscuro representaban al equipo juvenil de Tokio, mandados por el entrenador de bigotes rizados, contra el de la ciudad vecina con camisetas rojas con una franja diagonal negra.

- Vamos a demostrarle de que está hecho este equipo –dando ánimos a sus compañeros.

- ¡Sí! –responde todos al mismo tiempo.

Suena el silbato y el equipo de Tokio es el primer en dar la primera jugada. Taka a pesar de aun tener un poco débil los huesos no pasaba más del límite que le recomendaba el doctor. El equipo contrario mostraba mucha competencia, sus pies eran más veloces y tenían mejor defensa; sin embargo, eso no intimidaba a Taka pues confiaba en sus compañeros y les hacían la guerra.

- Van bien chicos. ¡Defensa, defensa!... Muy bien, y ahora ¡Avancen, avancen!

La pelota no duraba un segundo en el mismo lugar. En un momento Taka recibe el balón y avanza con ella, y a punto de disparar un robusto del equipo contrario lo barre, el árbitro cobra la falta y le saca tarjeta amarilla.

- Takaaki, ¿estás bien? –viendo una larga herida dibujando su pierna.

- Sí entrenador (Por suerte no duele tanto) –se levanta del suelo lentamente.

En Taka nace la necesidad de esforzarse más del límite y así poder demostrar que tanto hacía falta en el equipo. Ya faltaba pocos minutos para el primer descanso.

- Pásame el balón, estoy solo –Taka recibe la pelota-. Esta vez lo voy a lograr.

- Qué bien lo manejas Takaaki, avanza más con los muchachos.

- Aquí va –patea al arco pero falla el tiro-. Falto poco, aún puedo lograrlo.

El sol vuelve a brillar y con más ánimos va de nuevo por la pelota, logra quitarle al equipo contrario y corre, pero entonces otro defensa lo derriba y cae de nuevo.

- ¡Takaaki!

Sus compañeros lo rodean y empiezan a pelearse con el otro equipo. El sol aún brillaba, Taka se para creyendo que solo fue un moretón, el árbitro suena el silbato cobrando la falta. Taka saca rápido la pelota y la juega junto con Sakamoto, el payaso bromista del colegio y el amigo de Kento.

- ¿Listo? –le pregunta Taka a Sakamoto

- Cuando quieras.

Faltando ahora cinco minutos para que terminara el primer tiempo.

- ¡Busquen cualquier agujero en la línea de campo! –les grita el entrenador.

- (Agujero, agujero…) –de pronto descubre un vacío a la derecha-. Allá voy.

Dos del equipo contrario lo persiguen, así que lo pasa a Sakamoto. Él va con todo por la esquina derecha del arco y viendo que no había más espacio patea, pero Taka estaba demasiado lejos, pero eso no le impidió que esforzase más del límite a sus piernas salta para dar el cabezazo y marcar el gol para dar el desempate. El público grita de emoción pero luego ven que Taka no se levanta del suelo.

- ¡Taka! Traigan la camilla, hay que llevarlo al hospital –ordena el árbitro.

- (Esta enfermedad nunca se va a curar, estoy condenado) –y entonces se desmaya.

- (No sé cómo va a tomar esto Kento) No te preocupes, mantendremos la victoria, te lo prometo –y observa cómo se aleja inconsciente.

Taka sale cargado en la camilla, y los demás compañeros de su equipo se despedían con la mano en sus corazones.

- Bien –dice Sakamoto-, ya se acabó el momento de la tristeza, si queremos que Taka se sienta mejor, consigamos la victoria por él. ¡¿Están conmigo?!

- ¡Vamos!

El árbitro suena el silbato del segundo tiempo, 45 minutos sin el apoyo moral de su compañero caído, más ellos se sentían más motivados y salieron a ganar ese partido, consiguiendo cumplir su palabra.


Próximo episodio ("El Quinto Cuarzo")