Bien, saludos a todos. ¿Cómo pasaron todos el día de San Valentín? Jajajaja... Yo la pasé solo, en fin, hace algunos días mencione que hoy publicaría la continuación, y pues, pienso cumplir mi palabra. Aquí es donde el bien y el mal se preparan para enfrentarse, pero antes ocurrirán hechos que si bien pueden afectar el resultado de la batalla.

Este episodio constará de tres partes. Si es muy recibido, la siguiente saldrá más pronto de lo esperado.


IX

La Gran Tormenta

PARTE 1

Cuatro días después, comenzando en aquella mañana que seguramente ninguno de ellos olvidará. Un sábado en el hospital, y Taka estaba muerto de aburrimiento, hasta que unos pasos se empiezan a escuchar y parecían acercarse.

- Bien, si puedo aguantar cuatro días seguidos, seguro que puedo con uno más –la puerta se abre-. ¡Déjenme salir, es una tortura, prefiero morir que otro día más en esta celda para niños!

- De seguro dices eso cada mañana, te puedo entender.

- ¿Kento? Ay, qué alegría. De todas las personas que no querría ver, eres el único al que puedo soportar su grata y generosa compañía.

- Ehmmm…Tomaré eso como un cumplido –se acerca y toma asiento a su costado-. Vengo aquí para pedirte un consejo de amigo, pero antes, también desearía hacerte algunas preguntas.

Estando la ventana abierta, el aire daba a ambos un gran respiro.

- He escuchado que Miyako te ha ido a visitar desde que te hospitalizaron. ¿Es cierto? –sacando su libreta y un lapicero.

- Tú mismo lo has dicho.

- ¿Es cierto que odias estar en este cuarto apartado una vez más del mundo?

- Tú mismo lo has dicho.

- ¿También es verdad que conquistas a alguien con una carta de amor?

- Tú mismo lo has… ¿disculpa?

Con el aspecto que tenía, podía decirse que se veía como un reportero, sólo le faltaba un sombrero.

- ¡Espera! –saca un sombreo de su mochila-. Ahora sí.

- Escucha, si sigues así, harás que cambié mi opinión sobre la enfermera, tanto que harás que pida que venga –sintiéndose muy incómodo.

- Por favor, no me hagas esto. Estoy inquieto por este proyecto, y si no consigo que funcione no tendré otra oportunidad, y si la pierdo tendré que quedarme a vivir solo por el resto de mi vida, y si eso también pasa moriré convertido en un alma en pena, y si eso realmente pasa yo… –salpicando saliva a cataratas.

- ¡Ok, de acuerdo! –le tapa la boca-. ¡Qué asco! En fin, ni siquiera me has dicho de qué es o de qué se trata.

- Oh, claro, disculpa, esto está tomando realmente mucho tiempo, así que iré directamente al grano. Todo comenzó cuando escribí una carta de amor a una chica, en estos tiempos se usan a los mensajeros del colegio…

Su mente vuelve a reflejarse otro recuerdo.

- …Mi madre, muy cariñosa, me convenció de tratar esa forma de conquista, me quede a vigilar al pequeño para que cumpliera su misión, ella se encontraba de espaldas mientras él se le acercaba, vi que había recibido la carta, pero entonces una de sus amigas se le acerca, justo antes de que abriera la carta -Momoko aparece en el recuerdo-, no pude escuchar lo que hablaban, pero vi que después de la conversación ella corre y suelta la carta en el suelo. No sé si fue su intención, sólo sé que no llegó a leer la carta. Jamás pude recuperar la voluntad de escribir otra carta, al menos hasta hoy. Por eso vine hasta aquí, porque tú solo puedes saber cómo ganarme el corazón de Miyako… ¿Taka? ¡Taka!

Agarrando la silla lo clava fuerte contra el suelo despertando al dormilón. Él sin problemas no decide asustarse y abre los ojos suavemente.

- Lo siento, el paisaje me dio sueño ¿qué querrías decirme?

- ¡Qué si podrías ayudarme a ganar el corazón de una chica!

Taka saca debajo de su manta un bote de burbujas, Kento pone una cara muy confundida, pues él saca su varita para burbujas y empieza a soplar de la manera que sabe hacer, y montón de ellas salen flotando por todo el cuarto, y como la ventana estaba abierta las burbujas van hacia la libertad.

- No sé porque crees que yo pueda ayudarte ya que no sentado aquí no he practicado mucho sobre el amor, pero sí sé cómo ganarme amistades –y sopla una vez más-. Si consigues una amistad con una chica, con el tiempo ese lazo se fortalecerá y se convertirá en algo hermoso –y vuelve a hacer su gran truco.

- He visto muchas burbujas en toda mi vida, pero es la primera vez que veo algo como eso –entonces en su mente nace una idea-. Y… ¿Así te hiciste amiga de Miyako?

- Pues sí, le gusta ver ese truco. De hecho, fue así como nos hicimos grandes amigos.

- ¿Y podrías enseñarme tal secreto?

Taka se muestra muy generoso y le asiente con la cabeza. Mientras tanto, Momoko estaba sentada en el parque sosteniendo una moneda, seguramente para comprar un dulce, pero en su cabeza habitaba un problema.

- Ya estoy más confundida de lo que estaba hace un año, ahora debo llevar la misión del profesor: controlar a Kento para que no lo corrompa el poder oscuro e interrumpa esta tarde en la gran tormenta. Después de mis largos años como fanática de las historietas, no se me ocurre nada.

Cuando el peligro empieza a tomar forma de rayos y truenos, la presión recae sobre los líderes que dejan que su miedo domine su cuerpo, para ello decidí brindarle un poco de ayuda pues pasa una pareja de enamorados, dos jóvenes mayores, el varón con una piel bronceada acompañando a esa dulce mujer de cabello azul oscuro, sentados en otra banca cerca de donde estaba Momoko.

- Hmmm… ¡Oh, eso es! Todos saben que el amor es la única forma de debilitar las energías negativas, pero, eso traería un problema. ¿Él y Miyako? ¿Qué pasaría con Taka?, yo podría ofrecerme para ocupar su corazón, pero no lo encuentro tan atractivo. Esto de pensar me está malogrando mi delicado cerebro, tendré que elegirlo como se elige la mayoría de las importantes decisiones –y saca una moneda-. Kento, cara; sello, otro plan.

Lanza la moneda lo más alto que puede y con los dedos cruzados esperando a que el destino elija la mejor opción. De pronto, se da cuenta que la lanzó demasiado alto y entra por el agujero de la rama del árbol que está al costado de ella.

- Demonios, y cómo sabré la decisión del destino.

Ve pasar a Kaoru, quien al parecer estaba conversando con Butch, los cuales se detienen en otra banca a lo lejos.

- A ver, me puedes decir, con completa seguridad, que podemos confiar en ustedes.

- Hoy es el día, no creo que las dudas sean necesarias antes de la tormenta. Muchos cobardes se han ido a refugiarse fuera de la ciudad por miedo a la predicción que dieron los del clima.

- ¿Acaso tienes televisión?

- Tengo de todo en todo lugar.

- Eso quiere decir…

- Que me escabullo en las casas de otras personas.

- Guau, espera, entonces… –lo agarra de la casaca-. ¡¿Me has estado espiando?!

- Aún no he ido a tu casa, pero no te preocupes, que tu olor es como una trampa de seguridad –riéndose a carcajadas.

- Más te vale que te límites a hacer bromas.

Butch de pronto para de reír y saca su cinturón, el mismo que le hizo el profesor.

- Podemos conservar esto luego de la tormenta.

- ¿Y para qué lo quieres conservar?

- Es que… Me gustaría poder seguir hablando contigo.

- ¿Qué? –entonces se sonroja.

- Bueno –poniendo sus manos detrás de su cabeza-, toda esta mañana nos obligaron a pasarla juntos para poder forjar nuestra confianza, y pues, me empiezas a agradar, un poco.

- Je, je, yo también la he pasado bien contigo –y le da un suave golpe en el hombro.

- Ya veo que ustedes ya se llevan tan bien como lo demás.

Momoko aparece por detrás, interrumpiendo la cómoda charla entre estos dos. Le jala del brazo, dejando a Butch esperando y viendo como la loca idea de Momoko se materializaba al incluir a Kaoru en ella.

- Recuérdame, ¿por qué te estoy haciendo este favor?

- Porque así demuestras que eres la más fuerte del equipo.

- No es buena respuesta, pero sí un buen punto. Allí voy.

En el hospital, Kento seguía fallando en tratar de hacer el truco de las burbujas.

- Bien, bien, trata una vez más. Sincroniza tus labios con la varita.

- Muy bien, aquí voy -se escucha a una bandada de palomas saliendo del parque-. ¿Qué está pasando? ¡Rayos!, se acabó el líquido para burbujas.

- Si te soy sincero, no creo que tengas habilidad con las burbujas, y con este van cinco frascos –a un lado se veían los cuatro botes vacíos.

De nuevo en el parque Kaoru seguía golpeando el árbol, y dentro de la rama donde estaba la moneda se movía con cada sacudida.

- ¿Por qué no usas otra moneda?

- Porque no tengo más monedas. ¿Acaso tú tienes una que me prestes?

- Claro –revisa sus bolsillos y no hay nada-. Mejor sigo intentando.

La moneda sigue rodando con cada gota de sudor que suelta la cara de Kaoru. Finalmente se escucha un sonido que corre por el tronco, Momoko acerca su oído derecho al árbol, de arriba hacia abajo, hasta que de pronto la moneda sale por atrás a través de un agujero, Momoko se da cuenta y trata de seguirla esperando que caiga cara o sello, lamentablemente la moneda llega hasta una grieta en el suelo, y cae dentro de ella. Momoko frustrada cuenta hasta diez y finalmente…

- Bien, supongamos que cayó cara, entonces debo preparar todo para la cita –y justo ve a un chico pasar-. Pero antes,…. Hola, mi nombre es Momoko, ¿y él tuyo? –viéndolo de espaldas.

- ¿Quién yo? –se da la vuelta-. Hola, mi nombre es Kotaro.

- Hola, mucho gusto mi nombre es… Un momento, creo haberte visto antes.

- Bueno, supongo que mi apariencia haya sido muy popular en la…

Momoko con destreza e ira le concentra un puño en la nariz, cayendo este por el suelo, y sangrando un poco.

- Auch, mi mano –voltea a verlo-. Eso es por Kaoru –y se marcha.

Kaoru se sorprende ante la reacción de Momoko, y juntas salen del parque, mientras todos veían a Kotaro con vergüenza.

- Wow, nunca creí que fueras capaz de darle un golpe.

- Bueno, hay muchas cosas que aún no sabes de mí

- Sí, pero yo pude haberlo mandado a volar.

- Entonces podemos decir que le acabo de hacerle un favor al golpearlo yo y no tú.

Y ambas se echan a reír.

En el hospital, Kento pone sus manos en sus ojos tratando de no llorar, pues aún no lograba aprender el truco de las burbujas libres, ni con Taka como maestro.

- Es inútil, definitivamente nunca aprenderé ese truco tan difícil.

- No puede ser, enseñe a ocho niños en mi primera día en el hospital y los ocho pudieron lograrlo antes de legar al décimo bote de burbujas, mucho más antes –ve que se pone triste-. Lo siento, no quise llamarte incompetente.

- Supongo que hay un truco que todavía no me has dicho.

- De hecho…creo que sí la hay, pero ya no tenemos con que hacer burbujas.

Kento ve por la ventana y trata de ubicar a un vendedor de burbujas, lo logra ver y de un disparo sale corriendo con un poco de efectivo para gastarlo responsablemente, y luego de tres segundos trae un bote pequeño de líquido de burbujas, el único que pudo conseguir con unas cuantas monedas.

- Bien,..., dame un minuto –tratando de recobrar el aliento-. La última oportunidad. Ahora dime, ¿cuál es el truco?

- Según parece, las cosas lindas ocurren cuando hay felicidad en el corazón. Acaso tú tuviste algún pensamiento negativo mientras practicabas.

- Bueno, puede que no haya pensado en nada –agarra el soplador con mano temblorosa-. Muy bien, esta es la definitiva.

- Vacía tu mente de las desgracias y tristezas –Kento empieza a enojarse y a cerrar los ojos-, en cualquier día de tu niñez –se muestra cada vez más irritado-, no trates de recordar recuerdos deprimentes –haciéndole recordar el día que perdió a su madre-, recuerda… cuando tú y tu familia eran muy unidos.

Entonces una luz se hace presente en su recuerdo transformándolo en una foto junto con sus padres que yacen ahora en un mundo mejor, sin olvidar claro a su hermanita de vestido amarillo, esos ojos azules y ese cabello corto y anaranjado, una familia realmente feliz. Entonces una gran burbuja empieza a crearse, y luego pequeñas de estas empiezan a llenarla, Kento abre los ojos y empiezan a soltar lágrimas, pues sentía por primera vez que la paz habitaba en su corazón.

- Ya es momento de liberarlas –dice Takaaki.

Kento asiente la cabeza y con un nuevo soplido revienta la gran burbuja, continuando con un hermoso espectáculo de burbujas que van escapando por la ventana, y secándose con la manga de su chaleco empieza a sonreír.

- Adiós, mamá y papá.

- Sabía que lo lograrías –y le da palmada en el hombro-. Eres muy especial, y creo que debes tratar de nuevo con la carta, pero esta vez trata de hacer que la lea –y le entrega una hoja que había en la mesa.

- Muchas gracias, esta vez lucharé más fuerte.

Parecía un final feliz para este momento, pero entonces Kento piensa en darle las gracias mediante un acto de agradecimiento, aunque no sabía cómo. De pronto, la voz que había dentro de él reaparece y trata de charlar con él.

- Hola Kento, algo así debe pagarse con un favor, ¿no crees? –él voltea y observa su estado crítico-. Lo sé, lo sé ¿y cuál favor sería ese?, pues tengo una idea.

Kento queda parado frente a la puerta un largo rato, y Taka lo miraba muy raro. Entonces Kento se sorprende a sí mismo, cuando al volver a hacer memoria, recuerda que al caer de aquella altura en las ruinas y un poder negro lo había salvado, era el poder encerrado que había pertenecido a Taka.

- Sería de buena educación si devolvieras lo que por derecho fue suyo.

Kento cierra lentamente la puerta, y se dirige de nuevo a Taka.

- Taka, te quiero agradecer de la mejor manera que he hecho.

- ¿Pero de qué estás hablando?

Pone sus dos manos sobre sus dos rodillas que estaban vendadas como se mencionó hace algunos minutos, saliendo un destello oscuro, Taka empezaba a asustarse, todo empieza a temblar, por lo que llama la atención de los doctores que estaban en los pisos de arriba y abajo. Cuando la luz desaparece las vendas habían desaparecido.

- Te devolví el don que se te quitó y el que se le da a cada humano bendecido, el de poder caminar.

Lentamente un pie, y luego el otro, Taka se para y nota que ya no siente dolor, las dobla, las estira para saltar, baila, aplaude, aunque eso último no tenga nada que ver con el regalo. Justo después, entra el doctor y la enfermera Nanako.

- ¿Qué está pasando aquí? Pero que…

- Guau, es increíble volver a sentir la sensación de vivir, otra vez.

- Espere –dice la enfermera-, todavía no puede irse, debemos hacerle unos exámenes para saber cómo ocurrió.

- Veo que aún creen que sigo enfermo, entonces traten de atraparme.

Taka salta y corre lo más rápido que puede, lo cual no parecía tener límites, saliendo del hospital lo perseguían el doctor y la enfermera, y después de un rato sale también Kento, y viendo lo que hizo lo hacía sentir muy bien.

- No creo que ese chico tenga algo malo, ¿o sí doc? Bueno, yo me voy.

- ¿Enfermera?

- Sí doctor.

- Llame a los padres de Taka, díganles que su hijo está volviendo a casa.

Kento se pasa todo el camino casa caminando, y pensando en lo que pasó cuando Taka le pidió recordar a sus padres y a su hermana.

- Todo pasó tan rápido y no lo puedo recordar, mis padres se separaron por una extraña razón, era muy pequeño para entenderlo y mi hermana todavía menos. Ahora que ambos se fueron, no podré saber la verdad. Supongo que muchas cosas cambian a medida que uno va creciendo, pero yo no estaba preparado para esto.

- ¡Kento! –aparece Momoko por su atrás-. Tengo algo para ti.

- (Y supongo que las cosas seguirán cambiando después de todo)

Mientras tanto, en el laboratorio, el profesor Utonium daba los últimos toques a su máquina que sería usado para salvar a la ciudad de Tokio, transfiriendo el poder de la poderosa tormenta que se avecinaría muy pronto.

- ¿Puedo ayudarte papá?

- Sí, verifica que el sistema de operaciones de la máquina portátil funcione correctamente. Peach, puedes traernos unas limonadas, todo este trabajo me ha dejado sediento.

- En seguida salen unas limonadas –y Peach sale corriendo.

Girando tuercas y uniendo cables, el profesor se llenaba cada vez más de confusiones, porque para una máquina creada por el hombre dominar un poder tan fuerte como la misma naturaleza lo ponía nervioso. Un pequeño error podría cambiar las cosas, ya sea para mal o cosas peores.

- Y si no funciona, y si la máquina se sobrecarga, si la energía es demasiado como para ser acumulada, toda la ciudad será destruida, sin mencionar los monstruos que querrán poseerlo –mostrándose muy alterado.

- Tranquilo papá, recuerda que el profesor Pitium lo logró y no tenía la tecnología que ahora nosotros tenemos.

- Exacto, y justo un gran poder de electricidad puede arruinarlo, a diferencia lo que se usaba anteriormente, y no menciona algún plano de sus proyectos en este cuaderno que trajo Kento.

- Aquí están las limonadas –aparece Peach.

- Oh, gracias –agarra un vaso y se lo toma.

- Y entonces, ¿qué descubriste en ese libro? –agarrando Ken el otro vaso.

- Bueno, para empezar que este no es de mi ancestro –Ken y Peach se quedan sorprendidos-, pero relata lo que pasó hace 200 años, y yo pensando que ÉL era el ser más malvado del universo. Sé que es muy importante que te diga lo que he descubierto, pero primero hay que preocuparnos de esto ahora.

Ken muy preocupado termina rápido su limonada, se dirige a devolverlo a la cocina, y cuando regresaba vio la puerta que dirigía a las partes del robot "Mecha Dynamo". Durante toda la historia se rompió el refrán de que la curiosidad mató al gato, y hasta ahora sigue así. Ken, viendo las cámaras de seguridad, descubre que el profesor entro a aquella guarida con muchas herramientas y maquinarias en los últimos días, y al ser su hijo, siente la necesidad de averiguar el misterio.

- ¡Ken! –Peach lo sorprende-, ¿qué estás haciendo? –bajando la voz.

- Solo quiero saber que hay en ese…

- No, digo que no puedes porque el profesor ha instalado un equipo de máxima seguridad, y a menos que quieras terminar rostizado, este lugar está cerrado.

Peach se acerca y recoge una moneda del suelo y la lanza al aire, y no demora ni un segundo para que un láser le atine y lo derrita.

- Pero ¿por qué? Tú lo sabes, dímelo.

- Lo siento, pero no lo sé. Sólo me aclaró la advertencia del equipo de seguridad.

Ken tendría que averiguarlo más a fondo, pero en otra ocasión.


Ya empieza a caer las primeras gotas de lluvia, por lo que todos reconocen que algo muy peligroso está a punto de llegar. Bien, gracias por su tiempo en leer este capítulo. Dejen comentarios, denme consejos, o lo mejor que salga de sus corazones. Hasta Luegi.