Continuación…
&SasuNaru&
Un día más, caminaba a través del campo para dirigirse hacia la tumba con su típico ramillete de flores. Observaba las flores entusiasmado sin dejar de caminar, esta vez eran de color diferente, amarillas. Levantó la vista con una sonrisa, pero se detuvo en sus pasos al ver sentado frente a la tumba al pelinegro.
Los ojos azules le observaban con bastante atención. Aquel joven sólo miraba fijamente la tumba en silencio. Se preguntó entonces si era un familiar. Recordó que era un estudiante transferido, así que a lo mejor no pudo ir a visitarla antes. ¡Eso tenía sentido! Pero otra duda le asaltó en sus pensamientos. Si estaba allí, eso significaba que no se había mudado lógicamente. Entonces, ¿por qué no le había visto en todo ese tiempo? No era que desease verlo, pero sí que le extrañaba de ese acosador. ¿Acaso se había enfermado? Esto también tenía sentido, seguramente algún resfriado o algo que le hizo estar en casa.
Sin pensarlo más, siguió avanzando sin perder de vista al que tenía en frente, hasta finalmente acortar la distancia con él. Al ver que el joven de ojos negros giraba la cabeza para mirarle, desvió su mirada y se agachó para depositar su ramillete en la tumba.
Iniciaría la conversación– ¿Eres su familiar? –Dio por hecho–. Ha de estar feliz entonces. –continuó.
Los ojos negros se desviaron del joven de cabellos rubios, para mirar hacia la tumba. Sus pensamientos todavía no estaban del todo claros–. No has recordado. –afirmó.
El rubio al escuchar eso, se incorporó y miró al otro–. ¿Tú qué sabes?
–Porque sigues aquí –se apoyó en el suelo con su mano derecha y se puso de pie–. Se te acaba el tiempo.
Aunque no entendió una vez más sus palabras, decidió contestarle–. No puedo hacerlo. Ya te lo dije.
Los ojos negros miraron una vez más a esa tumba sin nombre–. Claro, después de todo es lo que elegiste.
–Oye, ¿qué quieres decir? Hablas poco, pero cuando lo haces no dejas de decir incoherencias.
–Te niegas a ver la realidad.
–¿Qué realidad? –Preguntó, intentando atar cabos en esa especie de conversación, pero todo aquello era una locura–. Oye, si sabes algo de mí, cuéntamelo. Después de todo no sé ni quién eres, no te conozco de nada y me pides que recuerde algo que he olvidado.
–No funciona así. –le contestó, regresando su vista hacia él.
–¿Qué? –preguntó no dándole crédito a lo que acababa de escuchar–. ¿Me tomas el pelo? ¿Esto es una especie de juego para ti? Si piensas ayudarme, eres bienvenido, de lo contrario vete por dónde hayas venido.
Guardó silencio unos segundos antes de hablar– Dime, Naruto. ¿Te gusta esta vida?
Se cruzó de brazos indignado por la contestación que le había dado el pelinegro–. No veo que tiene que ver eso con nuestra conversación, pero ya que lo preguntas, iba muy bien hasta que tú has aparecido de la nada con una sarta de estupideces. –refunfuñó.
Metió las manos en los bolsillos de su pantalón–. Claro –susurró, dejándose ahora llevar por sus pensamientos. Por hoy había sido suficiente, no quería hacer enfadar más al rubio. Dio unos pasos hacia delante y pasó de largo del Uzumaki.
Naruto volvió a sorprenderse por el comportamiento de ese individuo, pero ya se estaba hartando. Frunció el ceño y se dio la vuelta– ¡Ah, no! ¡Tú de aquí no te mueves hasta que no aclaremos esto! –diciendo esto, agarró al pelinegro del brazo izquierdo para detenerle en su caminar, pero no se esperó lo que iba a suceder.
De repente estaba sentado en el interior de un coche. Movía la boca, pero no escuchaba lo que decía. Podía ver un paisaje frente a él. Unas montañas un tanto lejanas a su derecha y a su izquierda unos árboles que parecían seguir esa carretera por la que circulaba un tanto deprisa. Se notó fruncir el ceño y abrió la boca de más, al mismo tiempo que giró su cabeza hacia la izquierda. Ahí podía ver el asiento del conductor, pero no quién conducía. El asiento estaba vacío, aunque podía ver cómo el volante giraba hacia un lado y hacia otro.
Algo le hizo mirar con rapidez hacia delante, encontrándose con la fatal sorpresa de que parte delantera de un camión rojo iba a chocar contra él. Cerró los ojos asustado y gritó.
–¡Ah! –Abrió los ojos y se encontró con que sujetaba a Sasuke del brazo. Aterrorizado lo soltó de repente. ¿Qué había sido todo eso? ¡Parecía tan real! Sin poder evitarlo retrocedió unos pasos.
–Naruto –el pelinegro dio un paso para acercarse a él.
–¡¿Qué me has hecho?! ¡No te me acerques! –Gritó, haciendo que el otro se detuviese en el acto– ¡¿Qué coño ha sido eso?! –notaba su cuerpo temblar por el miedo que había sentido y todavía sentía.
Para el joven de ojos negros era evidente ver el dolor reflejado en la cara del rubio. Apretó los puños sintiéndose impotente por no poder hacer nada al respecto, aunque el dueño de los ojos azules no se daba cuenta debido a su nerviosismo. Volvió a dar un paso hacia delante, pero el otro volvió a regañarle.
Se echó manos a la cabeza ya que esas imágenes ahora estaban grabadas en su cabeza– ¡No te me acerques! ¡Déjame en paz! ¡Déjame solo! –Gritó, y fue ese el momento en el que sintió una tremenda punzada en su brazo– ¡Ah! –se quejó, echándose mano a la zona afectada. Rabiaba de dolor y no comprendía que acababa de pasar, pero lo único que sabía es que no debería haberle tocado jamás. Por alguna razón sentía presión en su corazón y un dolor intenso que jamás había sentido.
–¿Tanto duele? –preguntó lo obvio y eso hizo enloquecer al rubio.
Miró al pelinegro con ira. ¿Qué si dolía? ¿Es que era estúpido? ¿Acaso no era evidente? Desde luego ese chico no era humano y estaba claro que no estaba ahí para ayudarle, más bien para burlarse de él–. Desaparece de mi vista. –siseó con odio.
Estudió la mirada del rubio–. Como quieras. –dicho esto, desapareció en un pestañeo de su vista.
Ese fue el detonante que le hizo perder las pocas fuerzas que le quedaban. Con rapidez sintió su cuerpo caer y todo se volvió oscuridad.
&SasuNaru&
Abrió los ojos y sintiéndose desorientado miró a su alrededor. Estaba en el bosque. Poco a poco fue incorporándose hasta ponerse de pie. Se tocó la cabeza intentando recordar que había pasado y porqué estaba allí. Pero lo único que tenía claro es que estaba oscureciendo y llegaría tarde a casa. Así que comenzó a caminar hacia la ciudad.
&SasuNaru&
Abrió los ojos con rapidez a la misma vez que se incorporó en la cama. Sudaba a mares y estaba oscuro en su habitación. Angustiado se retiró el sudor de la frente. De nuevo había tenido su pesadilla nocturna, sólo que esta vez podía recordarla. Tenía una sensación rara en su pecho. Todo había sido muy real como para ser una simple pesadilla. Además estaba el hecho de que se le hacía muy familiar. ¿Y si era un recuerdo? Giró su cuerpo y estiró su mano para darle a la llave de la luz y así poder al menos ver.
"¿Son recuerdos? Pero de ser así tengo muchas lagunas y hay cosas que no entiendo. Y de ser así, ¿por qué ahora?". Se llevó ambas manos a la cara y se tapó los ojos–. Nada tiene sentido –susurró cansado. Cada vez despertaba con más frecuencia por las noches y eso le agotaba tremendamente, la diferencia es que los demás no podía recordarlos y este sí. Paseó su vista por la habitación intentando encontrar una respuesta a sus dudas y se detuvo al llegar al escritorio donde tenía un libro de la biblioteca, el que le había ayudado para su trabajo. Se rascó la nunca un momento y procedió a retirar las sábanas hacia un lado para salir de la cama.
Tan pronto se puso de pie, caminó hasta el escritorio y cogió el libro con su mano izquierda para mirar la portada. Vio el retrato terrorífico en la portada y dejó escapar una sonrisa–. No todos son tan terroríficos –se dijo a sí mismo al pensar en el fantasmal pelinegro. Podía recordarlo con una sonrisa al saber que no era un fantasma tras la confirmación de tanta gente. Dejó el libro de nuevo dónde estaba y con pasos algo ligeros se acercó hasta la cortina y la retiró con una sonrisa al pensar que ese chico podía estar al otro lado, pero pronto se desvaneció al ver que no era así. No había nadie y no le extrañaba tampoco, era demasiado tarde. Dejó caer la cortina de nuevo y se preguntó dónde estaría. Hacía un tiempo que no le acosaba y no sabía nada de él. Aunque al principio le asustaba y le molestaba, no podía evitar haberse dejado de sentir solo. Y desde que tuvo el accidente, incluso teniendo a su familia y a sus amigos a su alrededor no podía evitar sentir que nadie podría jamás comprenderle y eso le llenaba de soledad en su corazón.
Quizá lo que necesitaba era otro nuevo amigo para seguir adelante y aunque parecía que su fuerte no era hablar, atractivo sí que era. Eso no se podía negar. Sonrió avergonzado–. Me gustaría volver a verle, aunque sólo fuese en el instituto. –susurró. Con ese pensamiento volvió a meterse en la cama.
Un pelinegro apareció en el exterior y observó como la luz de la habitación del rubio se apagaba. Sonrió al pensar que tendría otra oportunidad con Uzumaki.
&SasuNaru&
El rubio se sentía nervioso sentando frente a la tumba. Ese joven había aparecido hoy en la biblioteca cuando él estaba regresando el libro que tomó prestado para el trabajo. Le pidió verle para hablar, diciendo que quería ayudarle y le pidió que eligiese un lugar para que se vieran. Naruto eligió el bosque donde estaba la tumba, porque allí no serían molestados por nadie. Así que ahora esperaba impaciente a que el otro llegase a su acordada cita.
El dueño de los ojos negros observaba cómo el rubio miraba la tumba. Era evidente que no recordaba lo que había sucedido la vez anterior, de lo contrario no estaría tan tranquilo y él no estaría allí. Decidió llamar al rubio para empezar con aquello cuanto antes, ya que el tiempo era muy valioso.
–Naruto.
El nombrado miró de inmediato hacia la izquierda y se puso de pie–. Estoy aquí –sonrió algo nervioso.
–Vamos a sentarnos –pidió.
–Claro –respondió, viendo que el pelinegro le imitaba en lo de sentarse. Al ver que tras tomar asiento uno frente al otro no paraba de mirarle, decidió romper el hielo, preguntándose en qué pensaba cuando observaba así–. Tú dirás.
–No me hagas preguntas, ¿de acuerdo? Sólo limítate a contestarme. –al ver la cara confusa del rubio decidió continuar–. Tú sólo hazlo. Aunque no le encuentres sentido, hazlo. –recalcó–. Quiero ayudarte. –le recordó.
Naruto desvió la mirada un momento hacia el suelo. Como siempre no entendía nada de ese misterioso chico, pero estaba ofreciéndole su ayuda y ya que él mismo pensaba que quizá podía ayudarle de alguna forma, pues no podía rechazársela. Miró de nuevo al pelinegro y asintió con la cabeza–. Está bien.
–¿Has recordado? –sabía que sí o al menos en parte, dado lo que pasó anteriormente, pero tenía que ser cuidadoso para no asustar otra vez al rubio.
–No lo sé. Anoche tuve un sueño muy extraño. Parecía muy real, pero a la vez no tiene sentido.
–¿Por qué no tiene sentido? –quería comprobar hasta dónde había recordado.
–Sueño que estoy en un coche en el asiento del copiloto, pero no hay nadie en el asiento del conductor y… –cerró los ojos unos segundos con fuerza, intentando sacar algo en claro, pero no lo hacía, así que volvió a abrirlos–. ¿Sabes quién iba conmigo ese día? –Desechó esa idea de inmediato–. Claro cómo ibas a saberlo –se echó a reír–. Creo que en mis recuerdos de ese día, perdí algo muy importante, pero no sé que puede ser. –se sinceró.
Miró fijamente al rubio y dejó escapar un suspiro por los labios–. Si es importante para ti o no, sólo puedes decidirlo tú. –contestó refiriéndose a ambas cosas, aunque no sabía si el otro lo habría apreciado–. Dime, ¿no sientes que todo ha cambiado desde ese día?
–Bueno hasta ahora le había tomado cierto hastío a hablar sobre lo que me sucedió o no…–fue interrumpido por el otro.
–No me refería a eso. –Al ver a Uzumaki confuso, continuó– ¿No sientes que hay cosas que no encajan a tu alrededor?
Negó la cabeza sin comprenderle– ¿Cómo qué?
–¿No es raro que todo te salga bien? Si deseas que tu amigo te compre el bocadillo, lo hace antes de decírselo. –notó en el momento que había dado en el clavo. Tras observarlo todo este tiempo había podido ver muchos detalles que sabía que se le escapaban al otro– ¿No te resulta raro que todo el mundo piense lo mismo que tú en el momento exacto? Tus amigos, tus familiares... ¿Que todo te salga siempre de maravilla incluso en momentos cruciales? –Vio la cara pensativa del moreno de piel y decidió dejarlo más en duda– ¿Por qué vienes a visitar esta tumba?
–Ah. Es que él o ella se siente solo –completó la frase con una sonrisa diminuta, al estar pensando en lo que acababa de escuchar.
–¿Es por eso? ¿O por una necesidad propia de estar aquí? –le hizo ver–. Si deseases que dos más dos fueran cinco, así sería –aclaró.
Miró inquieto al que tenía enfrente– ¿A dónde quieres ir a parar?
Apoyó una de sus manos en el césped para ayudarse a ponerse en pie–. Nada es lo que parece, sólo tienes que ponerlo en práctica. Piensa en ello y decide tu camino a seguir.
El rubio se puso de pie lo más rápido que pudo– Espera –dijo con rapidez– ¿Ya te marchas? –Le vio asentir. ¿Acaso no podía retenerlo allí más tiempo? Estiró su mano a modo de saludo–. Tú sabes cómo me llamo, pero yo no sé tu nombre. –le invitó así a que se lo dijera.
Miró esa mano durante unos segundos. No quería hacer sufrir al otro de nuevo al tener contacto físico–. Mi nombre no es importante y tengo afenfosfobia.
Con su mano estirada, enarcó una ceja desconcertado al escuchar eso tan raro–. ¿Afe qué?
–Tengo miedo a ser tocado por los demás –le informó–, así que… –fue lo mejor que pudo inventar para librarse de ser tocado –levantó la mano a modo de saludo–… Adiós.
Retiró la mano y vio al otro darse la vuelta, dispuesto a alejarse– Nos volveremos a ver, ¿verdad?
El pelinegro se detuvo–. Sólo si tú lo deseas.
–¡Lo deseo! –se apresuró a decir y al darse cuenta de que había sonado como alguien desesperado, se tapó la boca y se sonrojó, pero para su suerte el otro no se giró.
Sonrió con algo de tristeza–. Hasta entonces –dijo, para después comenzar a caminar.
El rubio se quedó observando cómo el pelinegro se iba alejando cada vez más de allí. No sabía por qué, pero le daba la sensación de que era alguien bastante solitario. Pensaría muy bien en lo que le había dicho.
&SasuNaru&
Kiba le sacó de sus pensamientos– ¿Qué decías? –le preguntó al tiempo que miró hacia él. Estaban sentados en el lugar de siempre, durante la hora del recreo. El sol apretaba, y necesitaban más que nunca las sombras de los árboles.
–Ya nada. –lo olvidaría. Después de todo no le gustaba hablar con las paredes, pero si reconocía que era raro en el rubio hacer eso– ¿En qué piensas?
Sonrió–. No es nada. Tranquilo. –miró hacia la derecha y vio caminar al pelinegro por el patio. Sonrió bobamente sin poder evitarlo. Le vio pararse frente al edificio, mirando seguramente hacia el reloj del edificio para ver la hora.
Vio a su amigo perder de nuevo su atención– ¿Qué estás mirando? –preguntó curioso, mirando entonces a la misma dirección.
Se sintió tan apenado que desvió la cabeza hacia otro lugar. "Ojalá que no le vea, me moriría de vergüenza si sabe que me gusta".
–Jajaja.
Genial, ahora vendrían las burlas–. No es nada.
–¿Te ha llamado la atención la construcción del edificio? ¿Los árboles?
Al escuchar aquel comentario, Naruto se extrañó y miró a su amigo para acto seguido, mirar hacia el lugar dónde se seguía encontrando el pelinegro en la misma posición en la que lo dejó.
–Pensé por tu reacción que se trataba de alguna chica guapa, pero no es así. A no ser que la belleza del paisaje y del edificio te hayan encandilado. –comentó bromeando.
Naruto abrió más los ojos a modo de sorpresa. ¿Acaso no podía ver al chico misterioso frente a ellos?–. No, de hecho me ha sorprendido no ver a nadie allí a estas horas –decidió seguirle el juego. Pensó en las palabras del día anterior, poner a prueba. "Dos más dos siempre han sido cinco", creyó eso tan firmemente como en que él era rubio–. Ayer hice un examen de matemáticas me quitaron un punto por poner que dos más dos eran cuatro. –sonrió como si hubiese cometido un fallo.
–Jajaja. –rió, bajo la atenta mirada del rubio–. ¿Cómo has podido tener un error tan tonto? Naruto, desde la infancia te enseñan a que dos más dos son cinco. ¿Acaso no puedes recordar algo tan simple?
Sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. Por la expresión de Kiba, sabía que no le estaba mintiendo, le había dado la respuesta que él esperaba sin vacilar y eso le asustó, pero no era el momento de titubear. Ahora lo intentaría con una mentira obvia. "Naruto, tengo una hija de mi misma edad".
La cara de Kiba se tornó seria–. ¿Sabes? Nunca le he contado esto a nadie, pero, en realidad tengo una hija de mi misma edad.
Naruto se puso de pie de inmediato. "No sabes mi nombre".
Su cara cambió a una de desconcertado–. Perdona. Pero, ¿cuál era tu nombre?
Sintió un puñetazo en el estómago que le atravesó la espalda, al igual que un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. Aún así, no lo demostraría frente a su amigo. Sonrió intentando mostrarse normal– .Uzumaki Naruto.
–Oh –añadió simplemente sin ninguna emoción.
Empezó a sentirse nervioso dada la reciente situación, así que lo mejor era salir de allí, bajo una excusa inventada–Tengo que irme Kiba, he quedado en la biblioteca. Mañana nos vemos.
–Está bien –sonrió.
Uzumaki observó que en el cuerpo de su amigo aparecía algo como una especie de interferencia que iba y venía. Se sintió angustiado, así que se apresuró con disimulo a darle la espalda. No pudo evitar sentir las lágrimas recorrerle las mejillas, pero debía ser fuerte y no llorar en voz alta, no hasta no estar completamente a solas. ¿Qué estaba pasando? El pelinegro tenía razón, algo no andaba bien.
&SasuNaru&
Lloraba descontrolado en su comedor por la escena que tenía en frente. Sus padres estaban estáticos frente a él. Estaban de pie junto a la mesa con dos platos en las manos cada uno. Su madre había depositado ambos sobre la mesa con una sonrisa, mientras su padre mantenía uno más alto que otro, con la boca abierta. Al igual que su amigo Kiba, sus cuerpos hacían una especie de interferencia. Nada más llegar del instituto había llegado a casa y sin querer había puesto a prueba otras tácticas con sus padres y para cerciorarse de que no era coincidencia, continuó con ello, con la diferencia de que sus padres cada vez comenzaron a ralentizar sus movimientos mientras esas interferencias como si de una tele vieja se tratase, aparecían y desaparecían en ellos. Por más que lo pedía, no se movían y él ya sentía que aquello estaba siendo como una pesadilla.
Sin poder evitarlo por más tiempo, echó a correr en busca de la salida.
&SasuNaru&
Paseaba nervioso por delante de la tumba de un lado a otro. Miraba al suelo como si en el encontrase la respuesta que desde ayer había estado buscando y que no le aparecía en la cabeza. Nada tenía sentido y tenía miedo. Esperaba al otro joven ahí, pero no había ni rastro de él. ¿Se estaba volviendo loco? Quizá era una mala pesadilla de la que no podía despertar, pero cuando todo volviese a la normalidad se reiría de todo y volvería a ser como siempre.
Se detuvo y miró hacia la tumba– ¿Es que hoy no va a venir? –le preguntó, esperando una respuesta que sabía que no llegaría. Por eso, no pudo evitar dar un respingo cuando escuchó una voz a su espalda.
–No te gires –le pidió.
Reconoció la voz–. ¿Dónde estabas? –preguntó, haciendo la intención de darse la vuelta para encararle, pero de nuevo el pelinegro le detuvo.
–Te he dicho que no lo hagas –instó autoritario con voz calmada.
Y por inercia, así lo hizo– ¿Por qué? ¿Qué pasa? –preguntó preocupado.
Se miró las manos, que eran ya prácticamente invisibles–. Nada –miró de nuevo al rubio–. Tengo que decirte algo muy importante.
–Yo también –se apresuró a decir–. Tienes razón, hay cosas que no encajan, pero no entiendo que está pasando.
Se sintió impotente, sus oportunidades se habían acabado y no volvería a verle–. Yo, he venido a despedirme.
–¿Despedirte? ¿Vas a mudarte? –se sintió intranquilo al escuchar aquellas palabras. Si eso era así, quería verle aunque fuese por última vez.
–Mi tiempo aquí se ha acabado. Este es el adiós definitivo.
Silenció unos segundos al escuchar esa frase, intentando analizarla sin éxito–. No lo entiendo –al escuchar aquello se había puesto más ansioso, así que sin poder evitarlo, se dio la vuelta, encontrándose con algo sorprendente. Su cara reflejaba la estupefacción que sentía en ese momento. Ese chico estaba desvaneciéndose. ¿Pero qué? –Le miró a los ojos preocupado– ¿Qué te está pasando? –Le rondó otra idea por la cabeza–. Dios, ¿eras un fantasma después de todo?
–Nunca rechacé esa idea, pero tampoco lo afirmé. –se miró a sí mismo, si es que quedaba algo, porque sólo podía verse de pecho para arriba–. Aunque ahora más bien lo parezca. –Miró de nuevo al rubio–. Es el precio a pagar por entrar en tu mundo.
Miró al joven aún más confundido – ¿Mi mundo? ¿De qué estás hablando?
Tomó aire por la nariz y lo dejó escapar de nuevo. Ahora que era el final, ya todo daba igual–. No estás en la realidad, Naruto. Tu mismo creaste este mundo perfecto para ti después del accidente.
Se sorprendió de sobre manera al escuchar aquello, quedándose con la boca abierta unos segundos. – Espera un segundo, no te entiendo.
–Despierta –sonrió con nostalgia.
Naruto palideció ante lo escuchado. Un mundo que no era realidad, las veces que le había pedido que despertase– ¿Estoy en coma? –preguntó, viendo al otro asentir–. Si sabías algo así, ¿por qué no me lo dijiste?
–Porque la realidad para ti parecía mucho más dolorosa. Aquí tienes todo lo que quieres, todo sale de acuerdo a tus deseos y yo no era nadie para negar tu felicidad. Y sólo depende de ti si quieres salir de ella o no. De todas formas este mundo era tan real que no me hubieses creído.
–Necesitabas que viera las evidencias por mí mismo y después decidiera –comprendió, aunque no por ello dejó de estar asombrado con todo aquello. Jamás hubiese notado algo por sí solo. –Al verle desvanecerse más, se acercó a él–. Dime tu nombre, por lo menos quiero saberlo si vas a desaparecer.
Volvió a sonreír con tristeza–. Uchiha Sasuke.
–Sasuke –repitió –Sasuke –volvió a repetirse. El nombre por alguna razón se le hacía familiar.
Sasuke acortó la distancia con él–. Decidas lo que decidas, espero que seas feliz por siempre. –dicho esto, acortó más la distancia hasta besarle en los labios.
Un cúmulo de imágenes regresó a su cabeza hasta transportarlo a aquel día.
Habían escogido una cabaña abandona para la reunión, perteneciente a la familia de Choji. Se encontraba en mitad del campo y nadie les molestaría allí. Aprovechando que habían terminado los exámenes finales, decidieron reunirse tras meses sin verse. Todos vestían ropa informal y ahora estaban sentados en el suelo de un comedor, al cual se habían ocupado de retirar los muebles hacia una esquina para estar más anchurosos, y poder formar entre ellos un medio círculo, mientras escuchaban historias de terror. Choji, Lee, Shino, Shikamaru, Temari, Ino, Sasuke, Sakura, Kankuro, Gaara, Naruto e Hinata, miraban con atención a su amigo para ver qué historia escucharían ahora.
Kiba estaba frente a ellos de pie, poniendo una voz tenebrosa para crear el ambiente.
–Un amigo me contó, que su abuelo le contó a su hermano mayor, que algo terrible ocurrió aquí hace muchísimo tiempo. –la atención del público ya la tenía, así que debía continuar –. Me contó que un chico estaba saliendo con una chica en mi instituto, pero sus familias no estaban de acuerdo con esa relación, así que quedaron una noche en ese edificio para fugarse en secreto de esta ciudad. Sus nombres eran Rin y Obito. –Les hizo saber–. Obito llegó a la hora acordada y esperó a que llegase Rin. Y lo hizo, pero no en circunstancias normales. –observó la cara de miedo de alguna de las chicas, la de algunos de los chicos era de intriga, la de Sasuke y Gaara no daban mucho a conocer que estarían pensando, pero la de Naruto lo decía todo. No estaba cómodo con aquella situación y lo sabía sólo con verle la cara. Aún así, el público le seguía esperando–. Cuando el chico la vio, ella tenía el rostro desfigurado por una severa paliza. Ella le dijo que nunca volverían a estar juntos y desapareció delante de él sin dejar rastro. –silenció unos segundos para hacerles dudar–. Así es, Rin apareció ante Obito como un fantasma. Su promesa hizo que pudieran verse una última vez. –esclareció –. Todos decían que el chico enloqueció al perder a su primer amor. Decían que se le veía hablar solo en los pasillos y cuando le preguntaban que con quién hablaba, siempre respondía que con Rin. Hasta que un día… –retrasó la frase un poco para causar más tensión–. Él apareció ahorcado en un aula de mi instituto. –los ojos azules de Uzumaki no tardaron en demostrarle lo asustado que estaba –. Desde entonces se dice que él se aparece en ocasiones, buscando a su primer amor. Algunos estudiantes han dicho verle, otros que escuchan voces cuando están solos. Otros sólo escuchan un llanto desgarrador por los pasillos…–fue interrumpido por Naruto.
–¿No son ya suficientes historias por hoy? –preguntó, mirando a Kiba con algo de nerviosismo.
Se detuvo a mirar al rubio con evidencia– ¿Asustado? –preguntó sonriendo al saber la respuesta.
Miró a sus amigos y les vio mirarle. Miró de nuevo a Kiba– No. –sabía que había llamado la atención de todos y ahora se sentía peor que antes–. Es que podríamos hacer otras cosas que contar historias de miedo.
Se cruzó de brazos– ¿Cómo qué? –le preguntó esperando una mejor propuesta que esa.
–No sé. Hace tiempo que muchos de nosotros no nos vemos por culpa de la distancia y de los estudios.
Shikamaru también habló–. Eso es verdad. –comentó, mirando al que tenía en frente.
–Pero las historias de miedo son divertidas –interrumpió Lee, quien había hecho esa propuesta.
Kankuro fue el siguiente en hablar–. Seguro que los tortolitos preferirían estar solos, a tener que escuchar unas historias sobre fantasmas –hizo referencia por Temari y Shikamaru que salían desde hacía tiempo y al no estar en el mismo instituto mantenían su relación a larga distancia.
Algunos rieron al ver la vergüenza reflejada en la cara de ambos, otros hicieron ciertas bromas al respecto.
Gaara miró hacia su derecha. Su amigo Uzumaki miraba al suelo, pero su mirada era muy inquieta y su color de piel no era el de siempre. Se acercó bastante a él para dejar sus labios a la altura de su oreja derecha–. Naruto, ¿estás bien? –le susurró–. Estás pálido. –reconoció.
Le miró de frente y se encontró con que estaba muy cerca. Así que se alejó un poco hacia atrás–. No es nada. Saldré a tomar un poco el aire. –le contestó en el mismo tono y apoyando su mano en el suelo, se puso de pie y caminó hasta la puerta para salir de allí. Bajo la atenta pero disimulada mirada de Sasuke, Gaara imitó a Naruto y se fue tras él.
El rubio abrió la puerta que daba al exterior de la cabaña y salió por fin a la calle, o más bien al campo. La entrada estaba rodeada por una baranda de madera que conducían hasta tres escaleras según se salía hacia la izquierda. Frente a la baranda, abajo estaban aparcados los coches de algunos de sus compañeros y del chico que desde hacía meses le estaba dando quebraderos de cabeza.
Bajó las escaleras y se retiró un poco de la cabaña. Comenzó a tomar aire por la boca con fuerza y a expulsarlo. El aire de allí era bastante limpio y estaba rodeado por un bosque precioso, así que disfrutaría de la vista mientras intentaba tranquilizarse.
Hacía dos años que era consciente de su amor hacía Uchiha y meses atrás decidió confesarle su amor, pero fue rechazado. Eso y otro acto reciente, le tenían más nervioso de la cuenta.
Gaara abrió la puerta y miró hacia la izquierda, encontrándose con el solitario Naruto que le daba la espalda. Preocupado bajó las escaleras y tan pronto como llegó a su altura, le puso su mano izquierda sobre el hombro derecho.
–¿Qué te pasa?
Soltó el aire y decidió contestar a eso, intentando sonreír–. Las historias de fantasma no son mi fuerte. Qué vergüenza, ¿no? –no era capaz de mirarle, si lo hacía, sabía que su amigo descubriría en parte la mentira.
–Todos le tenemos miedo a algo, no hay de qué avergonzarse. Pero ese no es tu problema. Estabas así incluso cuando llegamos a la cabaña. Yo diría que más bien algo te preocupa. ¿Qué es? –sin mover el brazo de ahí, caminó unos pasos, rodeándole, para ponerse frente a él y mirarle a los ojos.
Tan pronto apareció en su campo de visión, le rehuyó la mirada hacia la izquierda–. Las cosas no me han salido bien, eso es todo. No he tenido suerte. –comentó, sonriendo con tristeza.
Estudió su mirada, ahora no tenía dudas–. Tiene que ver de nuevo con Uchiha, ¿verdad? ¿Qué ha sido esta vez? –preguntó, ya que estaba al tanto de todo lo que ese desgraciado le hacía pasar a Naruto.
Sabía que podía confiar en Gaara, después de todo, el sabía sobre sus sentimientos por Sasuke desde hacía tiempo y no se lo dijo a nadie. En él, podía confiar plenamente, sabía que podía guardar secretos y le aconsejaba en lo que podía–. Ayer volví a declararme, pero volvió a rechazarme. Aproveché la ocasión de que íbamos a tener vacaciones de por medio y a pesar de que sabía su respuesta, volví a intentarlo. Sólo que…–fue interrumpido por Gaara.
–No sabíamos nada de la reunión, hasta que Kiba nos llamó por la noche para decírnoslo.
Miró a Gaara–. Cuando Kiba me llamó para decirme que nos reuniríamos todos por hoy, no podía decir que no. –en realidad sus amigos no sabían nada acerca de sus sentimientos por Uchiha, entonces no encontró una excusa apropiada para negarse.
Sabaku le miró con compresión–. Debe dolerte mucho. –puso su otra mano en el otro hombro del rubio.
–Jeh, me siento patético –reconoció sin mucho ánimo. Él siempre me trata con un cero a la izquierda. No me tiene en cuenta para nada y siempre pelea conmigo. Y yo ya no sé qué hacer para hacerle ver que existo. –sintió su corazón oprimirse y no pudo evitar sentir que una lágrima escapaba de su ojo izquierdo contra su voluntad.
–No llores –le pidió en un tono lleno de comprensión.
–Tenerle al lado, en la misma habitación, hace que me cueste respirar –sorbió el moquillo.
Levantó su mano derecha y procedió a limpiarle la lágrima–. No merece tus lágrimas y lo sabes. Te dije que yo estaba aquí para ti.
Al saber por dónde iba la conversación, decidió que era mejor detenerle–. Gaara –el nombrado llevó su dedo hasta los labios del rubio para hacerle callar.
–Yo te haría feliz si aceptaras salir conmigo. Sé que ahora mismo no es el momento, pero podríamos intentarlo. –Retiró la mano de allí y procedió a abrazar a su amigo–. No es necesario una respuesta inmediata.
Se sentía muy herido y el abrazo de Gaara era protector, necesitaba esa tranquilidad que le proporcionaba, pero también sabía que no estaba enamorado de él y no quería hacerle daño–. Gaara, yo…
No pudo terminar la frase, ya que el pelirrojo se apartó de él con rapidez, de haberle correspondido el abrazo, cosa que no hizo, estaba seguro de que habría perdido algún brazo en el camino. Pero se sorprendió al ver que no había sido el pelirrojo que se había alejado por motivo propio, sino que Uchiha lo tenía agarrado de la parte trasera de la camiseta. Al parecer él había sido el que había forzado la separación.
–Aléjate de él –sentenció con una mirada fría, soltando la camiseta del joven de cabellos rojos.
Gaara le miró con reproche. No le había gustado nada ese comportamiento egoísta digno de un Uchiha–. Quien debería de alejarse de él, eres tú. –aclaró, frunciendo el ceño.
Se puso delante de Naruto, como si quisiera protegerle y asegurarse de que no volvía a haber algún tipo de acercamiento entre ellos–. Me tienes harto –siseó sin perder de vista a Sabaku.
Naruto miraba estupefacto la escena. ¿Qué hacía allí Sasuke? ¿Les había escuchado?
Gaara sonrió y se cruzó de brazos–. Dime, Uchiha, ¿me tienes celos?
–Jeh. No seas ridículo.
–Que yo sepa no se te ha perdido nada aquí, así que déjanos solos. Estábamos en mitad de algo muy importante. Interrumpes –descruzó los brazos y dio un par de pasos para acercarse, pero Sasuke estiró el brazo y le puso la mano sobre su pecho para impedirle que siguiese avanzando.
–He dicho que no te acerques a él. –siseó con enfado, mandándole una mirada de advertencia.
–Él no es un juguete. Tiene sus sentimientos. –le recordó.
–A mí que me importa. –fue su contestación.
El rubio frunció el ceño, cogió al pelinegro del brazo y le obligó a voltearse a la fuerza. Tan pronto como lo hizo, le dio un merecido puñetazo en la mejilla izquierda–. ¡Eres un bastardo! –le gritó. El pelinegro, permaneció en silencio al igual que lo hizo el pelirrojo–. Ya me has dejado claro dos veces que no sentías nada por mí, pero acabas de demostrarme que ni siquiera tienes corazón. Los dos nos hemos criado sin padres, pero entre tú y yo siempre estará marcada esa diferencia. –se dio la vuelta indignado y empezó a caminar sin esperar nada más. Ya había sufrido bastante. No era la marioneta de nadie. ¿Cómo se había podido enamorar de un energúmeno así? Si sus padres hubiesen estado vivos, seguramente le habrían regañado y le habrían hecho ver la verdad desde un principio.
Sasuke miró enfadado la silueta del rubio marcharse. Eso no se iba a quedar así, dio un paso hacia delante, pero fue detenido por Gaara que lo sujetó del brazo.
–¿Qué pretendes hacer? –le preguntó, viendo que el otro ni siquiera se había molestado en darse la vuelta para encararle.
Tan pronto escuchó eso, se dio la vuelta y le dio un buen empujón al pelirrojo con ambas manos, haciendo que este cayese al suelo de inmediato. Volviendo a su anterior posición, echó a correr hacia el rubio y tan pronto lo tuvo cerca, sin previo aviso le agarró del brazo y comenzó a tirar de él.
El abrupto tirón que sintió en el brazo por parte del otro, casi le hizo perder el equilibrio–. ¿Eh? –tan pronto vio de quien se trataba, se sintió confundido por unos segundos– ¿Qué estás haciendo? Suéltame –exigió, aunque Sasuke se lo estaba llevando a rastras. Más bien el caminaba raro, porque no guiaba sus propios pasos e intentaba guardar el equilibrio.
Con su mano libre, Uchiha sacó la llave del coche del bolsillo de su pantalón y apretó el botón para así quitar el seguro de su coche desde la distancia. Un onda civic 2015 rojo y sin alerón que le había regalado Itachi por su cumpleaños, estaba un poco más apartado de los otros dos coches. Apretó el agarre para evitar que Uzumaki pudiese escapar.
–¡Me estás haciendo daño en la muñeca, idiota! –se quejó, intentando soltarse con la otra mano.
Se puso frente a la puerta del copiloto y la abrió, metiendo al rubio dentro del coche sin miramientos, de un empujón, como si de tirar la basura se tratase. Cerró la puerta y rodeando por delante el coche, se subió en el asiento del conductor, echando el seguro por dentro.
Naruto había caído tumbado. Para cuando pudo sentarse, escuchó el seguro del coche cerrarse. Miró al otro con enfado–. ¡¿Qué estás haciendo?!
Ignoró al rubio en su comentario y se acercó hasta él para ponerle el cinturón de seguridad. Mientras el rubio ahora procedía a intentar abrir la puerta sin éxito, él se puso el cinturón, arrancó el coche y metió la marcha atrás.
Dejó de forcejear con la maneta y volvió a mirarle– ¡Quiero bajarme! –vio al otro quitar el freno a mano y el coche fue marcha atrás con gran rapidez, incluso para dar la vuelta. No pudo evitar agarrarse a su asiento, porque sentía que de no hacerlo saldría despedido hacia uno de los dos lados, a pesar de tener el cinturón puesto. Sintió el frenazo del coche y vio al otro hacer unos movimientos rápidos con las marchas y el volante y no tardaron en ir con la misma prisa hacia delante–. ¿Estás loco? ¿Así te enseñaron a conducir? –iba a seguir con aquello, pero de repente escuchó su teléfono móvil sonar en el bolsillo de su pantalón. Con rapidez lo cogió y vio que en la pantalla aparecía el nombre del pelirrojo. Seguramente estaba preocupado por él. Procedió a descolgarlo y a ponérselo en la oreja izquierda.
–Naruto. ¿Estás bien? –escuchó.
–Gaara, tranquilo, estoy bien.
Tan pronto escuchó ese nombre, miró hacia la derecha con rapidez y soltando su mano derecha del volante, agarró el móvil de Naruto y se lo cambió de mano, poniéndoselo en la oreja izquierda y volviendo a tomar el volante con su mano libre. El rubio intentó alcanzar el móvil, pero él ladeo la cabeza para que no pudiese llegar–. No le llames más –dicho esto, se puso el móvil frente a sus ojos durante un segundo. Apretó el botón de colgar y haciendo impulso con su mano, tiró el móvil hacia atrás.
Naruto lo vio caer en el asiento que había detrás del pelinegro. Giró su cuerpo y estiró su mano hacia el objeto, pero no llegaba. Se rindió en ello, no llegaría allí a no ser que se bajase del coche para volver a cogerlo y dudaba que el otro estuviese por la labor de hacerle ese favor.
Giró su cuerpo de nuevo y miró al otro– ¿Por qué lo has hecho? –preguntó, esperando una buena explicación.
–Ese pelirrojo me enferma. –si pensaba en todas las veces que se acercaba al rubio como si fuese una sombra, le ponía histérico.
Se cruzó de brazos y miró hacia la carretera–. Por si no lo has notado el móvil era mío. No tenías derecho a quitármelo y mucho menos a tirarlo.
–La otra opción era tirarlo por la ventana. He sido considerado. –confesó irritado.
Miró al pelinegro– ¿Considerado? –Negó con la cabeza–. Lo que eres es un egoísta. ¿Qué tienes contra Gaara? –miró de nuevo hacia delante, viendo unas montañas un tanto lejanas a su derecha y a su izquierda unos árboles que parecían seguir esa carretera por la que circulaba un tanto deprisa.
–No te conviene.
–¡Ja! Y va y me lo dice el que me ha rechazado dos veces. Para que lo sepas Gaara es un buen partido. Es sincero, simpático, sabe cómo tratar a la gente. Me ha pedido salir con él y voy a hacerlo. –le comunicó.
Agarró el volante con más fuerza y pisó inconscientemente el acelerador. ¿Salir con ese? Ni que lo pensase–. Ni se te ocurra. –frunció más el ceño.
Frunció el ceño al escuchar esa respuesta. Giró su cabeza hacia la izquierda para poder mirarle de nuevo– ¡En primer lugar no corras tanto, vamos a matarnos! ¡Y en segundo lugar no tienes derecho a decidir por mí! ¡Tú ya me has dejado bien claro lo que sientes hacia mí, así que soy libre y puedo salir con quien me dé la gana! –sintió que sus ojos comenzaban a arder. Desde hacía un rato había intentado ser valiente y aguantar sus sentimientos. Pero estos pedían ya salir casi a gritos. Sí, todo hubiese sido muy diferente si se hubiese enamorado del pelirrojo en lugar del pelinegro. Ahora sentía que un mundo en el que no hubiese existido Sasuke era lo mejor para él. Un mundo en el hubiese conocido a sus padres, que hubiese sido malcriado por su cariño. Un mundo en el que siempre hubiese sido comprendido por sus amigos. Un lugar en el que jamás sintiese el dolor de no ser correspondido.
No había mucho tráfico así que llegarían pronto a casa, pero aquella pelea estaba siendo intensa. Un camión rojo se podía ver en la lejanía. O él iba muy deprisa conduciendo o el camión no iba suave. Uchiha vio que algo salía de entre los árboles por la cuneta del carril contrario y que empezaba a cruzar la carretera. ¿Qué era eso? Se lo preguntaba justo cuando escuchó al otro decir que no tenía derecho a decidir por él. Que ya le había dejado bien claro sus sentimientos y que era libre de salir con quien quisiera. Miró al rubio y vio que en su cara había reflejada furia y que sus ojos estaban irritados al intentar aguantar las lágrimas. Nunca le había visto así. ¿Le estaba haciendo tanto daño? Aún así él no se guardaría sus palabras.
–Te lo prohíbo. –miró hacia delante y su expresión cambió totalmente. El camión no sólo estaba más cerca de ellos, sino que también se tambaleaba hacia ellos. Algo estaba arrojado en mitad de la carretera. ¿Un ciervo? No lo sabía, pero eso había hecho que el camionero seguramente perdiera el control del vehículo. ¡Debía frenar cuanto antes! Pisó el pedal a fondo, haciendo que la parte trasera del coche, girase hacia delante. Intentó con unos volantazos rápidos tener el control del vehículo, pero el choque iba a ser inminente.
Al ver la expresión asustada de Sasuke, miró hacia delante a la vez que sintió el coche frenar. Pero ya era tarde. La parte delantera del camión rojo iba a chocar contra ellos. Gritó asustado y se puso ambos brazos sobre la cara por reflejo para protegerse, aunque sabía que no le serviría de nada.
Fueron décimas de segundo las que vio que el camión se echaba encima, ya no podía hacer nada más. En un rápido reflejó miró hacia el rubio, quien dio un grito, aterrorizado por lo que iba a pasar.– ¡Naruto! –se desabrochó el cinturón y saltó hacia el rubio como pudo, quien ya se había cubierto la cara, para abrazarle e intentar protegerle.
El estruendo al chocar no se hizo de esperar. El camión los golpeó destrozando la luna y haciendo que el coche más pequeño se desplazase forzosamente hacia el lado derecho. No tardaron en caer por la cuneta, dando a una ladera empinada, haciéndoles dar vueltas de campana, que cada vez destrozaban más el coche. El coche finalmente se detuvo al chocar contra unos árboles, que les hizo frenar en la interminable cuesta. El coche estaba totalmente abollado del techo. El morro estaba destrozado. Alguna rueda faltaba también y los cristales estaban rotos, al igual que las puertas. El coche más bien parecía un acordeón en muchos trozos.
Cuando se detuvo el movimiento, abrió los ojos negros con dificultad. Debido a la fuerza de los golpes y a que él se había quitado el cinturón de seguridad, le había costado mantenerse abrazado al rubio, así que había terminado en la barriga de este. Levantó un poco su cuerpo para intentar estar a la altura de Uzumaki. Llevó su mano izquierda con temblor hasta la mejilla morena para acariciarla y con esfuerzo miró al joven. Lo tenía muy cerca, pero no le enfocaba bien. Uzumaki parecía estar inconsciente, tenía tanta sangre en la cara que ya no sabía si era suya o de él. Su cara estaba apoyada sobre el marco de su puerta–. No –pronunció débilmente y con esfuerzo, ya que no se encontraba bien–. Naru… –no le dio tiempo a pronunciar su nombre cuando todo su ser le abandonó, haciendo que callera inconsciente sobre el pecho del nombrado.
Separó sus labios de los del rubio y le sonrió– Sé feliz –su cara comenzó a desvanecerse desde la barbilla hasta la boca.
Notó cómo en sus ojos se estaban formando unas lágrimas– ¡Eras tú! ¡Siempre habías sido tú todo este tiempo! –se dio cuenta de que debía detenerle como fuera, antes de que desapareciese por completo– ¡No! ¡Espera! –sintió en ese momento que eso tan importante que le había faltado durante tanto tiempo y podía recuperar de nuevo, lo estaba perdiendo. Vio desparecerle la nariz, los ojos– ¡No me dejes! –, la frente, hasta que desapareció por completo. Sintió sus piernas flaquear y se dejó caer al suelo. Las lágrimas no dejaban de brotar de sus ojos– ¡Sasuke! –Golpeó el suelo con fuerza un par de veces. Incluso aunque había deseado que no desapareciese, lo había terminado haciendo. ¿Es que ya no podía controlar sus propios deseos sobre ese mundo?–. Te quiero –susurró y escuchó un ruido proveniente de la lápida. Miró hacia ella angustiado y vio aparecer un nombre en ella con lentitud, pero bien claro. Negó con la cabeza al leer lo escrito. Aquello no era real, ¡no era posible! Apoyando las manos en el suelo gateó hacia ella, agarrando la piedra por ambos lados. Por más que leía el nombre Uchiha Sasuke, no era capaz de comprenderlo. Su corazón le dolía tanto que no pudo evitar llevar su mano derecha hacia su pecho para intentar amortiguar tanto dolor.
–No puedes estar muerto –negó con la cabeza angustiado y entre lágrimas– . Tú no, Sasuke –sorbió el moquillo y quitando las manos de la lápida, miró al suelo y procedió a cavar con ambas manos desnudas la tierra. Medio tapadas entre la tierra estaban las flores que el siempre depositaba en la tumba. Al verlas recordó el significado y dejó de cavar. 'Nunca te olvidaré' – ¡Perdóname por olvidarte! –sin poder evitarlo, dejó salir todo lo que tenía dentro. Un grito desgarrador salió de su garganta, acompañado de un llanto imparable. Recordó que según Sasuke estaba en coma y ese mundo supuestamente no era real. ¿Para qué lo quería si Uchiha ya no estaba en él? Ya no tenía sentido, sólo su dolor intenso lo tenía. Por si fuese poco, el brazo también comenzó a dolerle, aunque en comparación al otro dolor, no tenía importancia.
Se sentía furioso consigo mismo por ser tan idiota y no haberse dado cuenta de la verdad. Golpeó el suelo de nuevo con ambos puños cerrados– ¡No es justo! ¡Te amo, Sasuke! ¡Quiero despertar de esta dolorosa pesadilla! ¡Quiero estar contigo!
Otro sonido de nuevo despertó su atención. La lápida poco a poco empezó a agrietarse. Un pequeño terremoto sacudía la tierra. Y no era sólo eso, los árboles de alrededor estaban siendo difusos. Se incorporó un poco y vio con temor que la lápida rota cayó al suelo y se hundió en la tierra. Y no era lo único. Sintió un gran estruendo y miró hacia su izquierda. ¡La ciudad estaba siendo destruida! Las casas caían una a una, levantando en el camino una gran polvareda– ¿Qué está pasando? –se preguntó en un susurro. Notó mucha luz, así que miró hacia el cielo y pudo ver cómo una luz intensa y cegadora se acercaba hacia él tan rápido, que le obligó a cerrar los ojos y a cubrirse la cara con los brazos.
Continuará…
&SasuNaru&
Gracias por sus reviews a:
Zanzamaru: Jajaja, espero que sea en el buen sentido de la palabra. Este ha sido el segundo capítulo, espero que te haya gustado y de paso te haya despejado alguna de tus dudas y que te haya dejado otras a cambio.
Takaita Hiwatari: ¿Qué me dices? ¿Era lo que te esperabas que iba a pasar? Espero que este capi también te haya gustado. Ahora ya sabes que sucedió, aunque quedan otras cosas por resolver que seguramente lo harán en el próximo capi.
Anomino12: Jajaja, sí. Hubiese estado bien que Sasuke en la biblioteca se le hubiese acercado por detrás y le hubiese dicho buh al oído como dices tú. Pero no quería asustarlo, aunque el pobre era lo único que conseguía hacer. Estoy segura de que como al resto se te habrán despejado algunas dudas, pero seguramente han llegado otras nuevas. ¿Qué crees que pasará ahora?
Higary: La verdad es que suele pasar. Cuanto más metido está uno en la historia, plash, llego yo y le meto corte XD. Mira que Takai me lo regaña siempre, pero nada, que no aprendo. Espero que te haya gustado el capi.
ShinigamiXD: ¿En serio? Pues ahora que lo has mencionado, recuerdo haber visto ese trozo de película cuando era pequeña y ya ni me acordaba. Pero ahora que lo mencionas es verdad, sólo que este no tiene que hacer que sus padres vivan. ¿Y qué me dices? ¿Te esperabas lo que ha pasado en el capi?
Ana Reiko: Hola Ana. Pues tenías razón en lo de la tumba hasta cierto punto. Eso se desvelará en el siguiente capi. ¿A que ahora te surgen más dudas? Es normal, espero que sigas disfrutando de la lectura n.n
ReiraUchihaUsui: Aquí se desvela lo que sucedió aquel día tan fatídico. Seguramente nuevas dudas te han surgido. Pero por lo menos creo que ahora sabéis el porqué de las cosas en parte. De todas formas en el siguiente capi intentaré esclarecerlo un poco más por si algo no se entendió bien.
Risana Ho: Jajaja, ¿en serio soy mala? Bueno si es cierto que os dejé en el capi anterior con la dudilla, pero aquí se aclaró parte. Lo de compartir mi trabajo con vosotras, ha sido un placer. Creo que esto de la edad de oro nos ha hecho a todas disfrutar sobre historias y trabajos bien hechos y por supuesto a sacado lo mejor de las autoras porque le pusimos nuestro corazoncito. Espero que te haya gustado el capi.
Shimysol: De nada, ha sido un placer. Me alegra mucho que te gustase Sasuke fantasma como tú le dices n.n, aunque en este capi ya se despidió del rubio. ¿Te imaginabas que algo así había ocurrido? Nuevas dudas te habrán surgido, estoy segura. Pero no desesperes, poco a poco iré aclarándolas, aunque siempre puedes preguntármelas.
Ambu780: Me alegra que te guste tanto la historia. Y en ese aspecto puedes estar tranquila, yo nunca dejo mis historias sin terminar. Creo que si el anterior capi te dejó en suspense, puede que este te haya dejado igual XD. Hacer esto dos veces es más maldad pura que antes, ¿no crees? XD
Karolita: ¿En serio? Bueno al finalizar el capi ya te diste cuenta de que no era one–shot. Gracias por decir que escribo bien, aunque no soy del todo buena explicando los detalles.
Eso es todo por ahora. Espero que os haya gustado. Si tenéis algunas dudas, podéis preguntar. Hasta el siguiente capi, cuidaros mucho, bye. ¡Viva el SasuNaru!
