El conde de Alberdeen

Capítulo 2:

A esto le llamamos tensión

Buenas Tardes Chicas! Perdón por la tardanza pero lamentablemente las actualizaciones de este fic serán lentas, espero que no tanto como con Scort pero haré lo posible para actualizar por lo menos 1 vez al mes…

Este capítulo ya está subido de tono así que ojo a la que no le guste el lemmon, espero apoyen con los rws y nos leemos al final…

Con amor

Tiwii Cullen


― Buenos Días— me saludo con una voz fría, sin demostrar lo mucho que estaba afectándome le respondí

― Buenos Días— respiraba tan fuerte que sentía su hálito en mis mejillas— mi nombre es Isabella Swan, he venido por el puesto de niñera.

― Muy bien— se aclaró la garganta sin dejar de mirarme, sus ojos verdes estaban traspasándome y de la mejor manera posible ¿Por qué no podía dejar de mirarlo? Estaba estúpidamente embelesada— entonces vamos a sentarnos— me susurró despegando sus ojos de los míos, sin querer deje salir el aire que tenía contenido y fue bastante sonoro, creo que Edward Cullen ya se había enterado de lo mucho que me había afectado su cercanía. Se fue a sentar detrás del escritorio pero cuando me giré sus ojos escrutadores estaban nuevamente pegado a los míos, me indico que me sentara en una de las sillas de enfrente, el silencio incómodo no duro mucho tiempo— Josephine quien fue una antigua empleada en esta casa me ha dicho que eres de confianza, espero que así sea.

― Si señor— mi voz volvía a ser la de siempre, recta y sin demostrar emoción alguna, benditos dioses de la mentira que confabulaban a mi favor. Crucé mis piernas y entrelacé mis dedos

― El trabajo es muy simple, muchas niñeras han pasado por esta casa en los dos últimos años, mis hijos a pesar de ser pequeños son muy inquietos y al ser dos se dificulta un poco el trabajo, espero que su experiencia en niños pueda ayudarla

― Claro que si— insisto, mis mentiras me harían convertirme en pinocho algún día

― Como ya pudo ver tengo solo dos hijos, Phillip es el mayor y tiene 5 años

― Ya casi 6— terminé— cuando estuvo aquí me lo comento— sonreí

― Eh… bueno— ambos nos quedamos mirando nuevamente, sus ojos parecían estar mirando una parte de mi cara— mi hija se llama Marianne y ha cumplido tres años la semana pasada, ella aún tiene problemas de lenguaje ya que cuando su madre murió dejó de hablar o más bien de balbucear cosas por mucho tiempo por lo que presenta un retraso en el habla, el doctor dice que con el tiempo lo podrá superar.

― Qué bueno, a pesar de todo es una pequeña que se hace escuchar

― Si es por eso le pido que ocupe estrategias con ellos, lamentablemente es muy poco lo que recuerdan a mi difunta esposa por lo que necesito toda la cooperación posible.

― Lo hare señor, le aseguro que todo estará bien.

― Qué bueno— un pequeño pero muy pequeño atisbo de sonrisa apareció en sus labios, que la comisura derecha se elevó pero parecía ser un sueño, Edward Cullen se levantó y me hizo seguirlo, al caminar por el despacho lucia aún más imponente, tenía una espalda ancha y unas caderas completamente formadas, sin traje debía ser un… un…, por no mirar por donde iba sentí que chocaba con una pared levanté mis ojos y Edward se había detenido antes de abrir la puerta, no me di cuenta pero me agarre de su chaqueta para no caer por lo que rápidamente la solté

― Lo siento— susurre y nuevamente ese aire denso se esparció entre nosotros. El me dio una rápida mirada y siguió caminando, abrió las puertas y salimos al corredor pero se me hacía muy difícil seguirle el paso por lo que casi tuve que correr.

Llegamos al que parecía ser el centro del castillo, un enorme salón con una gran chimenea y candelabros del siglo pasado yacía en frente de mis ojos, Edward paso como un rayo y se dirigió hacia las escaleras.

― ¿Dónde vamos?— pregunte mientras subía de dos en dos los escalones

― Debe conocer en donde duermen mis hijos ¿No cree?— algo en él había cambiado lo notaba tenso o nervioso tal vez, ¿le afectaba tanto mi presencia como a mí la suya? Mi subconsciente estaba bailando de felicidad pero mi ética la miraba con recriminación, tenía que concentrarme en el asesinato de Emily Cullen, no en su marido ¡Demonios! ¿Por qué tenía que ser tan… tan… irresistible?, suprimí la mueca y seguí subiendo.

Al llegar al segundo piso del castillo de me di cuenta que si hacia este ejercicio todos los días quedaría echa una obra de arte, ahora entendía por qué todas las niñeras se habían ido ya que perseguir a dos niños inquietos por estas escaleras no hacía gracia.

― Este pasillo es el ala en donde duerme la familia, en este momento solo estamos yo y mis hijos, mis familiares no vienen casi nunca por lo que siempre estamos solos, este es el recibidor— comentó mostrándome nuevamente otro enorme hall pero a su alrededor habían diferentes pasillos que conducían a otras partes del castillo— el primer pasillo y el que más debe manejar es este, aquí es donde duermen los niños

Caminamos por un pasillo que más que eso parecía entrado a un calabozo, casi no tenía luz y no se podía ver bien, pobres niños con razón son inquietos a mí tampoco me gustaría estar aquí.

― ¿Por qué todo es tan oscuro?— pregunté mientras caminábamos

― ¿Quiere un poco más de luz? Es la primera niñera que pide eso

― Le digo la verdad Señor Cullen si yo fuera su hija no me gustaría estar aquí— El hombre se detuvo y se giró levemente

― ¿Por qué lo dice?

― No me mal interprete pero a los niños les gusta la luz, sus hijos si corren de allá para acá es porque tal vez quieren buscar luz en donde jugar.

― Sus habitaciones son bien iluminadas

― Pero eso no es suficiente, los corredores por donde ellos pasan también deberían estar iluminados, solo es un comentario— terminé desviando mi vista, sus ojos me observaban cautelosos, si me quedaba mirándolo más tiempo es posible que cometiera una estupidez como por ejemplo: morderle su labio inferior.

― Esta es su habitación— se giró completamente hacia la puerta y abrió de par en par, ante mis ojos estaba la habitación más grande y llena de cosas que había podido ver, es como una juguetería.

― Wow— sonreí al ver salir a Marianne dentro de un barco con un parche de pirata y a Phillip con un garfio y una espada— Hola, nos volvemos a ver— les sonreí y los fui a saludar

― ¡Es ella!— dijo Marianne y se sacó el parche para ir a saludar, se paró en frente de mí y saludo con propiedad— Mi nombre es Mariane Cullen, "Tondesa de Abereen"— se agachó y levantó un poco su vestido, reprimí las ganas de reírme

― Buena tarde señorita, mi Nombre es Phillip Thomas Cullen, heredero del Conde de Alberdeen.

― ¡Oh!— me hinque en una rodilla para saludarlos con propiedad— Condes de Alberdeen, mis mayores respetos, mi nombre es Isabella Swan y seré su nueva niñera, he de cuidarlos con mi vida y serviros con gracia y lealtad.

― Ya puede levantarse señorita, no haga de esto una burla, mis hijos están acostumbrados a saludar así por lo que no quiero que ese hábito desaparezca— su mirada había cambiado, ahí estaba nuevamente el edojon de Edward.

― No se preocupe señor Cullen, mantendré los comportamientos de etiqueta vivos en sus hijos.

― Me aseguraré de ello— frunció un poco el ceño— bueno niños ella será su nueva niñera, espero que se porten bien con ella, Señorita Isabella ¿Cuándo traerá sus cosas aquí? Su habitación ya debe estar lista es en este mismo pabellón

― ¿Mis cosas? ¿Por qué habría de traer mis cosas aquí?— Pregunté con sincera curiosidad

― ¿Por qué?— enarcó una ceja y se metió las manos en los bolsillos— porque yo necesito que la niñera esté presente en todo momento, no puedo salir a buscarla en el medio de la noche si mis hijos la necesitan ¿No creen?

― Pero yo… yo no— Intenté salirme de este embrollo ¿Cómo demonios iba a vivir en esta casa sin que él me descubriera?

― ¿Usted qué?— dijo con un tono más severo de voz, me puse de pie y lo miré fijamente los niños quieren estaban en silencio rápidamente retrocedieron desapareciendo por una puerta de al lado.

― Yo no sabía que tendría que vivir en su casa Señor Cullen

― ¿Acaso Josephine no te lo mencionó? ¿Emmett tampoco?

― No, ninguno de los dos

― Bueno este es el trabajo, tu paga será increíblemente generosa por tus servicios a toda hora, necesito que la niñera viva aquí ¿Quieres el trabajo sí o no?— en este momento era cuando debía decir que no y correr de este intimidante y sensual hombre si no lo hacía me vería perdida pero ¿Cómo iba a irme y después con que excusa volvería? Él ya me había visto sin duda no me dejaría entrar nuevamente a su castillo.

― Sí, lo quiero— afirme con la peor de las seguridades

― Entonces el auto la esperara afuera en 15 minutos, vaya por sus cosas y terminé hoy de acomodarse en su habitación, está al lado de la de los niños. Buenas tardes— el hombre se dio la media vuelta y salió de la habitación.

― Demonios— suspiré pesadamente y casi me dejé caer en una de las camas de los niños

― ¿Estás bien?— preguntó Phillip desde la puerta de la otra habitación, Mariane apareció debajo.

― Si lo estoy, vengan aquí ¿Por qué se portan tan mal con las otras niñeras?— ambos se sentaron, uno a cada lado, y suspiraron.

― No sé, quedemos a papá de vuelta— Dijo Marianne con pequeñas lágrimas asomándose en sus ojos, la tomé en mis brazos y la senté en mi regazo.

― ¿Se portan mal para llamar su atención, eh?

― Algo así— comentó Phillip— pero tampoco nos gustan las otras niñeras, son feas y viejas en cambio tu…— sus pequeñas y rosadas mejillas se sonrojaron más

― Tu edes linda y me gustas— Mariane me abrazó y se rió en mi hombro.

― Ustedes también me gustan y espero que nos llevemos bien, les prometo una cosa ¿Sí? Mientras yo esté aquí trataremos que papá juegue más con ustedes pero para eso tenemos que hacer un plan ¿Están de acuerdo?— ambos tenían los ojos brillantes de emoción, Pobres niños, solo querían un poco de atención.

Conversé un poco más con ellos y les prometí que volvería pronto. Salí de la casa con la extraña sensación de ya querer volver pero debía calmarme, tenía que hablar con Vick. Llegué a la puerta de entrada y como era de esperarse el coche con un chofer estaba esperándome, me saludó con la cabeza y entre sin decir ni una palabra.

― Me dieron el trabajo— comenté antes que ella pudiera arremeter con preguntas

― ¿Qué? ¡Bella es maravilloso! Eres un genio— comenzó a decir

― Pero no sé qué hacer, él me ha pedido que viva en su casa, bajo su mismo techo

― Haber… siento algo raro aquí, Bella ¿Qué demonios sucedió?— ¿Cómo le explicaba aquella tensión?

― No sé, yo…— mis palabras no salían pero un calor se extendía a paso lento pero seguro desde mi vientre— Estaba agachada y él se acercó a mí, tenerlo tan cerca y estando en esa posición me ha… me…—

― ¡Te excito! ¡Santa madre!— Vick comenzó a reír

― No te rías, no es gracioso— me senté en el borde de la cama y sujete mis ojos— no puede pasarme esto se supone que vengo a investigar la muerte de su mujer no acostarme con el

― Si pero eso no quita un poco de diversión, además...

― No Vick— sentencié duramente— no puedo dejarme llevar por la carne y perder el norte, no recuerdas todo lo que nos han hablado sobre nuestra ética como profesionales.

― Si bella pero eres mujer y tienes necesidades ¿O no?— no contesté— vamos no seas tan grave, solo sentiste una pequeña tensión entre ustedes, nada malo además él no te ha tirado sobre el escritorio

― No

― ¿Ves? Creo que estas exagerando tal vez deberías tomarte las cosas con más calma, si sale algo ¡Disfrútalo! Y si no bueno siempre puedes volver aquí y buscarte alguna entretención

― Si tienes razón— suspire, estaba un poco asustada.

― Además tú no eres ninguna mojigata Bella, nunca te había sentido asustada por algún acto sexual

― No pero es que Edward Cullen…. Intimida a cualquiera.

― Bien y ahora que vas a hacer ¿Te vas a su casa?

― Sí, me ha pedido que viva allá

― Wow, la cosa se pone buena, dormir junto al hombre que te quita el suspiro.

― No te burles, lo conozco hace 3 horas

― Y por lo visto tiene sus técnicas porque llevas hablándome de él más de 20 minutos

― ¡Ya, suficiente! Me iré a empacar, las llamadas las haré más restringidas y mientras este sola, mándame cualquier cosa a mi correo y te responderé en la noche

― Si mi capitán— imaginaba su mano volar hacia su frente.

― Bien, te llamaré cuando ya esté instalada en el castillo

― Te espero, cuídate Bella y cuidado

― Sí, nos vemos

― Adiós

― Adiós— colgué

Tenía los nervios de punta, si bien Edward no me había dicho ni hecho nada su sola presencia había marcado un antes y un después pero tenía que concentrarme, mi investigación era primero. Empaqué todas las cosas y me despedí de Josephine, ella estaba muy triste pero al mismo tiempo contenta de mi partida, sabía que estaría bien en el castillo. Jasper y Alice también se fueron a despedir de mí, ellos habían sido una gran compañía las pocas horas que permanecí en la casa esperaba volver a verlos algún día. El chofer estaba esperándome afuera de la residencial, ahora que lo veía más atentamente me di cuenta que llevaba un impecable traje negro.

― Buenas tardes Señorita, mi nombre es Marco y soy el chofer personal del Señor Cullen— el hombre era alto y tenía un aspecto de cuento de terror pero en su mirada se notaba que era una buena persona.

― Buenas tardes, mi nombre es…

― Isabella, el señor ya nos comentó sobre su llegada— el hombre tomó mis maletas y se adelantó hacia el auto, cuando guardo todo se apresuró para abrirme la puerta— No la saludé hace un rato porque parecía venir en sus propios pensamientos pero ahora no me resistí a presentarme— me sonrió amablemente— Suba, el señor la estará esperando en la casa.

― Está bien— susurre.

Decidí en ese momento que pasara lo que pasara me iba a controlar por lo menos todo el tiempo que fuera necesario por lo que a medida que el auto avanzó y se fue acercando hacia el castillo me tranquilicé más y más. Ahora que tenía más tiempo pude observar que el enorme edificio estaba rodeado por bellos jardines y que tenía unas cuantas fuentes de agua, sería maravilloso pasear por ahí en las noches. El auto se detuvo y dos criadas salieron inmediatamente detrás de Gretel el ama de llaves

― Nos volvemos a ver Srta. Swan, el señor nos ha informado de su mudanza, sea usted Bienvenida al Castillo Cullen.

― Muchas gracias Gretel, espero que nos llevemos muy bien— sonreí

― Le presento a sus asistentes, ellas son April y Eva, ambas son las niñeras personales de Mariane y Phillip.

― ¿Asistentes? ¿Niñeras?— balbuceé, aquí había algo que no calzaba, si los niños ya tenían niñeras entonces ¿Para qué fui contratada?, mi ceño se frunció y fue percatado por la ama de llaves

― Si, el señor Cullen necesita que solo una persona con más conocimientos y estrategias que nuestras chicas se hiciera cargo de los niños, ambas no tienen más de 20 años por lo que necesitamos a alguien con experiencia y yo ya estoy muy vieja para correr detrás de ellos— mi ceño no se relajaba con nada, si realmente necesitaban a alguien con experiencias y "estrategias" tendría que comenzar a leer, solo asentí

― Comprendo— miré a las niñeras con una pequeña sonrisa— buenas tardes a las dos, ambas asintieron en mi dirección

― Bueno pasemos a su habitación.

Las mujeres alzaron mis maletas sin dejarme llevar algo, las seguí en silencio mientras deambulábamos por los pasillos de la casa, sorpresivamente nos comenzamos a dirigir hacia el mismo pabellón en donde dormían los niños y en ese momento todo vino a mi "Su habitación está en este mismo pabellón", ¿Dónde dormiría Edward Cullen? De pronto un subidón de una energía desconocida me lleno el vientre bajo y se extendió por mis piernas, a medida que nos íbamos acercando hacia la habitación de los niños todo se hacía más denso de pronto al girar en la última esquina para comenzar el largo corredor de puertas, en el medio de aquel espacio estaba parado él con un elegante traje sastre de color azul.

― Buenas tardes Conde— saludo Gretel y las dos asistentas hicieron una pequeña reverencia

― Buenas tardes— contesto con voz grave, de pronto y a pesar de mi exuberante personalidad sentí el impacto de su mirada, sus potentes ojos de color verde me traspasaron cada célula haciéndome perder el control de mis sentidos. Sus ojos se fijaron en los míos y de pronto todo el mundo dejó de existir ¿Cómo un hombre podía afectarte tanto en solo unas cuantas horas? Y a esto le llamamos tensión sexual, de carácter netamente sexual. Sus ojos siguieron sobre los míos por largos segundos de pronto me di cuenta que yo era la única que no había abierto la boca, mi vergüenza se extendió rápidamente por mis mejillas, solo logre articular dos palabras

― Buenas tardes— y mi boca se hermetizo nuevamente, ¡No podía seguir así! ¿Qué demonios te pasa Bella? ¡Yo no soy así!

― Quiero que le muestren a la señorita Swan todos los lugares del castillos, especialmente que le indiquen los de acceso restringido, a las ocho de la noche quiero a mis hijos cenando como siempre— sonrió cambiando su mirada hacia el ama de llaves— ya sabes Gretel como me gustan las cosas, encárgate que la Señorita se entere de todo.

― Si señor— la mujer asintió, el hombre comenzó a dar pequeños pasos acercándose hacia donde estábamos paradas, las criadas se hicieron a un lado para dejarlo pasar pero mi cuerpo no comprendió la instrucción mental por lo que se quedó ahí, en solo 1 segundo estaba parado en frente obviando que hubiera más gente a nuestro alrededor

― Pareces un ratón asustado— susurro tan cerca de mi piel que pude sentir su hálito golpeando mis mejillas, sus ojos me observaban cautos pero penetrantes al mismo tiempo— o una oveja… me siento como el león de los cuentos— dejando la frase en el aire se alejó con sus manos en los bolsillos y un caminar despreocupado.

Nadie miro extrañada ni tampoco hubo preguntas incómodas, las tres mujeres se enderezaron y siguieron caminando. Intente componerme y las seguí de cerca, pasamos la habitación de los niños y enseguida nos detuvimos en una puerta que estaba enfrente.

― Bueno Señorita esta es su habitación— la mujer abrió la puerta y un mundo completamente distinto se abrió a mis ojos, la habitación era del mismo estilo dela que había en la casa de Josephine pero era el triple más grande, había incluso una sala de estar acompañada de un hermoso librero lleno de textos, caminé por las alfombras hasta llegar a las ventanas, la vista era hacia los jardines y la enorme fuente que había en el medio se podía ver a todos los jardineros trabajando en las plantas que crecían allí. Solté un suspiro y cerré mis ojos, Emilly Cullen veía estos paisajes todos los días ¿Por qué la habría matado? A veces sentía que ella era quien escondía algo o tal vez el hombre tan varonil que tenía como marido la había matado, fruncí el ceño solo para mover mi cabeza apartando los pensamientos. Debo comenzar cuanto antes

― Al estar aquí ¿Puedo deambular por todas las zonas del castillo?

― Depende, hay zonas que hasta para nosotros están prohibidas

― ¿Prohibidas?— nuevamente fruncí el ceño, esto no me ayudaba mucho— ¿Cuáles son?

― El despacho del señor Edward, no está prohibido pero él trabaja mucho en el por lo que debemos intentar molestar lo menos posible, el segundo es su área de dormitorio, está se compone de dos partes una es el cuarto de entrenamiento o gimnasio y la segunda es su dormitorio. Al señor no le gusta que lo molestemos cuando duerme o cuando entrena, los niños son los únicos que tienen libre acceso a todo lo que le nombre y la última pero no menos importante es la sala privada de la Sra. Cullen— Bingo—

― ¿Sala privada?

― Si— continuo el ama de llaves— Como usted sabe el Sr. Cullen estaba casado y su esposa fue asesinada en este mismo castillo, la Sra. Tenía una sala que es parecida a una biblioteca en donde ella tenía sus momentos de esparcimiento mientras el señor andaba de viaje por lo que esa sala está completamente cerrada para todos, el señor Cullen es quién tiene la llave y desde que la Sra. Emilly ya no está ha permanecido cerrada.

― Interesante— susurré perdida en mis pensamientos— esto quiere decir que nadie ha entrado desde que la señora murió

― No nadie, el señor Cullen no fue capaz de entrar y la cerro inmediatamente, como usted comprenderá el perder a alguien es terrible, imagínese si esa persona es con la que ibas a compartir toda tu vida, el señor estuvo devastado por mucho tiempo— las mucamas rápidamente desarmaban mis maletas y acomodaban mis cosas dentro de los armarios, yo estaba parada en el medio de la habitación contemplando a la mujer que me estaba hablando.

― Es una lástima

― Si, lamentablemente los que más han sufrido han sido los niños ya que perdieron a su madre muy pequeños, nosotras hemos intentado apalear esas carencias pero no es mucho lo que podemos hacer.

― Comprendo, es por eso que estoy aquí

― Sí, más que nada es para que los niños tengan a alguien quien pueda dedicar todo su tiempo a ellos, lo necesitan mucho.

― Muchas gracias por lo que me has contado

― De nada y procure recordar las zonas prohibidas así no tendrá problemas con el señor.

― Dígame pero la zona del señor ¿Dónde está?— intenté que sonara sin interés

― En este mismo piso pero hacia el otro lado de las escaleras, ahí está su habitación y también su sala de entrenar.

― Ah perfecto, entonces evitaré ir para allá

― Si, muchas gracias, niñas— aplaudió y las criadas como dos perritos se acercaron a ellas— nos vamos, que pase buena tarde Señorita Swan

― Usted igual— las tres mujeres comenzaron a salir pero el ama de llaves se detuvo un momento

― ¡Ah! Olvide decir que los niños tienen instrucción con profesores particulares todas las tardes y están ocupados de las tres hasta las siete horas por lo que esos momentos le quedan libres

― Está bien

― A las ocho, todos los días, deben estar bañados y listos para cenar.

― Muy bien— la mujer se giró y salió

Me tiré en la cama y pensé en todo lo que me había dicho. Mi primer objetivo es visitar el cuarto de Emilly Cullen, ahí sin duda encontraría algo, el segundo es no acercarme a Edward Cullen por nada del mundo y el tercero era preocuparme por esos niños, si bien yo nunca había tenido sobrinos ni primos esos niños me caían bien por lo que mientras estuviera aquí preocuparía estar más cerca de ellos. Me pare de la cama y metí mi bolso de mano en el fondo del closet ya que ahí tenía todo lo de Emily Cullen. Salí de la habitación a buscar a los niños y me los encontré jugando acompañados de las niñeras, de acuerdo con mi reloj solo quedaba una hora para que los profesores llegaran

― ¡Hola!— salude alegremente entrando, sus vistas se pusieron inmediatamente brillantes al verme

― ¡Hola!— saludaron al unísono y se levantaron para abrazarme

― ¡Hey!— comenté con asombro— me fui dos horas y ya me extrañaban ¿Qué están haciendo?

― Todes— dijo Marianne despegándose de mí y volviendo a sus labores.

― ¿Todes?— enarqué una ceja pero al mirar hacia donde se dirigía comprendí, Ah… Torres con cubos de madera.

― ¿Quieres jugar?— pregunto Phillip caminando de vuelta

― Claro pero me van a tener que explicar bien porque tengo serios problemas de coordinación— me reí, al sentarme a su lado estuvimos largo rato hablando de sus gustos, descubrí por Phillip que Emilly Cullen era una excelente madre, que siempre se preocupaba por ellos y que jamás se fueron a dormir sin un cuento de ella— ¿Tu papá no les lee historias?— ambos cambiaron el gesto

― No, papá a veces esta tan ocupado que no puede venir a hacernos dormir, casi siempre nos lee Gretel o April— comentó el niño poniendo cubos uno sobre otro— ahora no viaja pero cuando Marianne era un bebé no lo veíamos nunca, mamá a veces lloraba cuando él no estaba— al ver el semblante de tristeza decidí cambiar el tema

― ¿Qué es lo que les enseñan los profesores que vienen?

― Bueno— comenzó Marianne— a mí me edseñan a tocar ed piado y a Phillip lenguas.

― ¿Piano?— ella asintió— ¡Pero si apenas tienes tres años!

― Pero a mamá le gustaba— Dijo Phillip aún con la tristeza en sus ojos

― Si a mami le gustaba— Marianne ni se inmutó y siguió construyendo, como ella no recordaba mucho de su madre era un poco más suelta al contar temas relacionados con ella pero la cara de Phillip decía todo lo contrario.

Entonces el matrimonio de ellos no era perfecto, Edward pasaba mucho tiempo afuera y ahora por la culpa pasa todo el tiempo acá, Emily era buena madre pero Edward siempre estuvo alejado, juntando datos.

A las tres y con una puntualidad inglesa entro Gretel a buscar a los niños, antes de que llegaran con ayuda de las mucamas los arreglamos y preparamos para sus clases. Salieron corriendo seguidos de las chicas, caminé también para conocer a los profesores que les harían clases. Al llegar al gran salón del castillo un hombre y una mujer estaban elegantemente parados en el medio de la habitación.

― Buenas tardes— saludaron al unísono, Gretel se adelantó para presentarnos

― Buenas tardes profesores, ella es Isabella Swan, la nueva niñera de los niños

― Buenas tardes— me saludo una mujer de cabello castaño y nariz respingada— Mi nombre es Jessica Stanley y soy la profesora de Piano de Marianne— la mujer parecía muy educada

― Muy buenas tardes— saludó el tono grave y varonil del hombre a su lado— Mi nombre es Jacob Black y soy el Profesor de lenguas de Phillip

― Gusto en conocerlos a ambos, espero nos llevemos bien ya que nos veremos muy seguido dentro del castillo— sonreí, la mujer parecía algo molesta con mi presencia pero el chico que no parecía tener más de 25 años lucía encantado, me dirigió una sonrisa.

― Bien profesores pueden irse a clases con los niños— ambos tomaron de las manos a los pequeños y se encaminaron hacia un lado del castillo que yo no había visitado

― ¿Dónde van?— pregunté siguiéndolos con la mirada

― A los salones que tenemos disponibles para que los hijos del conde estudien. Primero se encuentra el salón de música donde está el piano de la Sra. Emily y unas puertas más allá esta la biblioteca en donde estudian el profesor Black y Phillip. Le recuerdo señorita que está libre en este momento

― Si, lo sé. Estaré en mi habitación ordenando mis cosas

― Muy bien, el señor está trabajando en el despacho por lo que le pido no se acerque allá

― Tranquila no lo haré, nos vemos— me despedí y rápidamente subí hacia mi habitación al estar adentro me puse ropa cómoda y salí a investigar, tenía que averiguar en donde estaba el cuarto de Emilly Cullen.

Caminé por el pasillo y me dirigí hacia el gran recibidor del segundo piso, si Emily Cullen vivía aquí su espacio debería estar cerca o tal vez lo más lejos que se pudiera de Edward. Revise todas las puertas que daban con el recibidor y eran solo habitaciones de invitados, todas vacías y sin nada interesante. De pronto me fije que la escalera era doble y que tenía un piso más arriba, un face palm mental fue lo único que pasó por mi cabeza. Subí rápidamente y me encontré con un tercer piso de techos altos pero muy oscuros, creo que era más oscuro que el corredor de nuestras habitaciones. Caminé con precaución y me encontré nuevamente con una serie de puertas pero en el medio había una doble de madera.

― Esta debe ser— caminé hacia donde estaba pero al intentar abrirla estaba completamente cerrada— maldición

Forcé un poco más y no pude conseguir nada, abrí las otras puertas pero todas eran habitaciones vacías o con cajas dentro de ellas, al parecer este piso jamás había sido ocupado. Me senté en la escalera a pensar ¿Cómo demonios podía abrir esa puerta?, lamentablemente lo único que se me ocurrió fue forzarla, está noche sería perfecta para comenzar, total si nadie ocupaba este piso no creo que se dieran cuenta de inmediato si la puerta había sido forzada. Decidida a volver esta noche baje a mi habitación a arreglar todo pero cuando llegue Eva estaba esperándome en la puerta

― Eva ¿Qué haces aquí?— la mujer me hizo una reverencia

― Srta. Isabella el señor Cullen la quiere ver, me ha mandado a llamarla, está en su despacho

― Muy bien, voy enseguida.

Me giré sobre mis talones y me encaminé hacia el despacho. Al llegar a la enorme puerta suspiré esperando que no sucediera lo mismo que paso la última vez que estuve aquí. Giré lentamente la manilla y miré por la puerta, Emmett el abogado estaba en uno de los sillones del costado con lentes y leyendo unos papeles en cambio Edward estaba sentado en su escritorio, al sentir la puerta sus ojos se elevaron encontrándose de inmediato con los míos, fui víctima de la potencia de su mirada.

― Buenas tardes— tenía que cambiar el swtich y dejar de ser un ratón u oveja asustada.

― Pase Srta. Swan y siéntese

― Gracias ¿Qué se le ofrece Sr. Cullen?— me senté en frente de él apretando mis piernas al cruzarlas

― La mandé a llamar para que firmara su contrato, es importante que todo lo legal esté en orden, además usted es extranjera por lo que debe necesitar la seguridad de este documento

― Si claro— lamentablemente la seguridad me la daba la beca de la universidad que me permitía estar aquí pero claramente eso yo no se lo iba a decir.

― Bueno le pido que lo revise y firme si está conforme— me entrego un documento de unas tres páginas en donde se detallaba todo lo que ya habíamos comentado, según este papel tenía un salario bastante grande en consideración al poco trabajo que era realmente y también un día libre a la semana a mi elección, lo demás eran solo trivialidades.

Mientras leía se me ocurrió levantar la vista solo unos segundos y el magnetismo de sus ojos me atrajo inmediatamente, ¿Por qué se me quedaba viendo? Eso a cualquier mujer la ponía nerviosa o por lo menos la incomodaba. En segundos que nuevamente se sintieron eternos sostuvimos la mirada, sus ojos no demostraban ninguna expresión pero su boca se sentía apretada y lista para soltar una sarta de blasfemia si se lo permitía pero está claro que no, él no podía dejar de ser el correcto Conde de Alberdeen. El primero en retirar la mirada fue Edward se puso de pie y se fue a observar el paisaje de las ventanas, mire de reojo a Emmett pero él estaba completamente concentrado en sus papeles, intente apaciguar mi lívido y seguí leyendo el contrato, todo estaba en orden por lo que terminé de leerlo y firme.

― Listo— dije dejando el documento nuevamente en su escritorio

― Emmett— lo llamó Edward el hombre se puso de pie y tomó los papeles

― Me lo llevaré enseguida, volveré mañana para lo que acordamos, Buenas tardes a los dos

― Hasta mañana— se despidió Edward, Emmett salió por la puerta cerrándola a sus espaldas, el aire se comenzó a espesar y supe que era el mejor momento para retirarme

― Volveré a mis labores Sr— Me puse de pie pero antes de poder dar un paso el hombre se giró hacia mi

― No, espere, siéntese nuevamente

― ¿Qué sucede?— dije mientras depositaba lentamente mi trasero en la silla

― Quiero saber cómo ha visto a mis hijos ¿Está todo bien?— pregunto con genuino interés, su actitud a pesar de ser seria era más jovial que cuando nos encontramos en el pasillo, se sentó al borde del escritorio muy cerca de mi silla y se cruzó de piernas.

― Bien pero he de confesar que me encontré con muchas sorpresas al momento de hablar con ellos.

― ¿Sorpresas?

― Si, cuando hablé con sus hijos descubrí que son unos niños encantadores pero que a pesar de tener pocos años son muy maduros, espero que todo lo que trabaje con ellos les sirva para explotar un poco más ese lado infantil que siento está reprimido— el ceño de Edward se frunció levemente

― ¿Reprimidos? ¿está diciendo que mis hijos son unos… reprimidos?— susurro con molestia, yo y mi enorme y estúpida boca.

― Algo así— mantuve el tono— no reprimidos si no que no han podido disfrutar como corresponde su niñez, tener a niños de tres años estudiando piano y a uno de cinco lenguas… creo que a mi parecer es algo extralimitado, ellos deberían estar juegan…

― ¿Usted tiene hijos?— me interrumpió el hombre parándose frente a mí, nuevamente él estaba arriba y yo mirándolo desde abajo, desde esta posición me sentía sumisa y sin ninguna oportunidad de reclamar.

― No pero creo que algún día los tendré

― Entonces no se meta en la crianza de mis hijos— su tono ya no era despreocupado y había tomado una actitud más fría.

― ¿Entonces para que fui contratada?— me puse de pie quedando a escasos centímetros de él, si extendía mis manos estas podrían quedar sobre su pecho

― Para cuidar de ellos, no educarlos ya contamos con suficientes maestros para ese trabajo— sus ojos no se despegaban de los míos y su voz era completamente letal, sentía correr por entremedio de mis dedos la tensión y mi propia excitación, me gustaban los desafíos pero más me gustaba este hombre cuando me retaba de esta manera.— no se entrometa.

― Lo haré de igual manera— susurre— esos niños necesitan vivir su vida como corresponde, le aseguro que ni sus normas ni sus hábitos desaparecerán por correr unas horas al día o disfrutar de la vida saludable, son niños no máquinas, si usted quiere estrategias… se las daré pero a mi manera.

Y en un arranque de valentía me di la media vuelta y salí dejándolo en el medio de la habitación, cerré la puerta y en solo dos segundos volví a tener 15 años porque corrí como si no hubiera mañana hasta mi habitación, cerré la puerta y me deje caer sobre ella

― ¿Por qué demonios me pasa esto?

Tenía que concentrarme, hoy revisaría la sala de Emily Cullen por lo que tenía que concentrarme, miré el reloj y ya eran casi las 5:30, tenía que arreglarme para después alistar a los pequeños para la cena. Lentamente comencé a sacar mis ropas para darme una larga ducha, solo me quedé en mi ropa interior mientras buscaba que ponerme para la cena ¿se vestirían normal o de etiqueta? Nunca había asistido a una cena con un conde pero además nunca me habían dicho que tendría que estar presente así que solo saque un vestido sencillo de mi armario. Lo dejé encima de la cama y fui por unos zapatos de tacón rojos porque el vestido era negro y haría un maravilloso contraste, dejé los zapatos en el suelo y comencé a sacarme mi ropa interior de color negro, quede desnuda completamente pero de pronto sentí un golpeteo en el pasillo y me puse de pie para taparme pero antes de que pudiera hacer algo la puerta se abrió hasta atrás y la figura de Edward Cullen apareció frente a mis ojos, lo distinto es que su cara se veía encolerizada y sus ojos desprendían fuego

― Tú nunca más vuelvas a dejarme hablando solo y menos en mi casa

Gritó dentro de la habitación pero cuando se dio cuenta de cómo estaba sus ojos abrazadores me recorrieron de arriba hacia abajo, vi que sus labios se entreabrieron lentamente soltando un pequeño gemido, sus ojos tocaron y acariciaron cada parte de mi piel desnuda haciéndome quemar por dentro cambiando su expresión en un par de segundos. Allí estaba yo, completamente desnuda y siendo devorada por él, si pudiera describir este momento lo haría con la palabra erotismo, moría de ganas porque se acercara y me diera algo más que una mirada en esta cama o tal vez en el suelo. El solo pensamiento hizo que me excitara, la parte baja de mi cuerpo palpitaba con vida propia, él estuvo por lo menos cinco segundos más observando sin decir nada, mi mente en una proeza reaccionó y me giré para tomar algo de ropa de la cama cubriéndome aunque mi expresión seguía siendo la misma, alborotada y excitada.

Edward bajo su mirada, tomó el pomo de la puerta y el cerro dejándome nuevamente sola, el vestido que había agarrado para cubrirme cayó al suelo y mi cuerpo colisionó contra la cama, cerré mis ojos y en lo único que podía pensar era en sus manos recorriendo mi piel y tocándome hasta en lo más íntimo de mi existencia. La Ducha que continuo a esto no fue más o menos mejor, el rozar mis manos con mi cuerpo despertó todas las terminaciones nerviosas que estaban dormidas desde hace semanas, el solo pasar mis dedos por cierta parte avivo el fuego y me fue imposible continuar sin zacear mis deseos más primitivos, la ducha se extendió por mucho más de lo que pensaba.

Diez minutos faltaban para las siete y salí a buscar a los pequeños, los profesores ya deberían haber terminado. Al llegar al salón del primer piso solo estaba el Profesor Black

― Hola— me saludó con un aire juvenil— Mi nombre es Jacob ¿Isabella?

― Solo Bella— me acerqué a él y extendí mi mano pero el en un rápido movimiento la tomo y me atrajo hacia su cuerpo, su beso cayó en mi mejilla.

― ¡Hey!— reclame con una sonrisa

― Lo siento, costumbres inglesas

― ¿Tú no eres de aquí cierto? Tus rasgos son más…

― ¿Indios?— rió— no eres la primera que lo nota, también soy americano y me doy cuenta por tu acento que tú también

― Si, vengo de Florida

― ¡Maravilloso! Yo pertenezco a Forks un pequeño pueblo cerca de Seattle pero mi padre por trabajo se mudó a Escocia y me vine con él.

― Que interesante ¿Por qué lenguas?

― Fue mi carrera favorita en la universidad, es muy interesante saber el idioma y la cultura de la mayoría de los países, es bastante interesante— yo solo me reí, el chico estaba lleno de vida y solo era dos años mayor que yo por lo tanto tenía a un posible buen amigo enfrente aunque en mi cabeza solo rondaban dos cosas— Bueno solo Bella ha sido un verdadero placer conocerte, ¿Te quedarás mucho tiempo?

― Todo el que sea necesario

― Qué bueno, yo vengo aquí todos los días tal vez podamos ir a tomar algo

― Me encantaría— el chico parecía simpático.

― ¡Me alegra!, entonces ¿Nos vemos mañana?

― Nos vemos, que te vaya bien

― A ti igual solo Bella— me guiñó un ojo.

Jacob tomó el maletín y se fue por las enormes puertas de entrada al castillo, me alise el vestido y caminé hacia el estudio a buscar a los niños, cuando llegue a la biblioteca Phillip estaba recogiendo sus cosas.

― Hola Campeón— una enorme sonrisa se extendió por su rostro

― Hola…— se quedó pensando— ¿Cómo te debo llamar?

― Bella, mi nombres Bella— el pareció pensarlo un poco

― ¿Le irá a molestar a papá?— de pronto la escena que sucedió en la tarde en mi habitación apareció de golpe en mi mente trayendo consigo todas las sensaciones de verlo enojado y también ver cómo me devoraba con solo su vista.

― No sé pero mi nombre no es incumbencia de él así que no te preocupes, llámame Bella— lo ayudé a recoger sus cosas y salimos de la habitación— ¿Cuál es el estudio de Marianne?

― Dos puertas más allá, ven yo te llevo

Caminamos por el pasillo y al llegar se sentía a Marianne practicando por lo que entramos sin hacer ruido y nos sentamos al lado de la puerta

― Muy bien Mariane ya casi terminamos, demos una repasada más a la partitura, toca la última pieza por favor.

― Si— Marianne deslizo sus dedos por el piano y me hizo sentir cosquillas de ternura en mi estómago ¿Cómo una pequeña tan… pequeña podía tocar así? Tal vez no fuera el mejor concierto del mundo pero ella se esforzaba mucho, al terminar Jessica la felicitó

― Muy bien, buen trabajo, hemos terminado por hoy así que puedes irte

― Gacias, nos vedmos mañana

― Agitó su pequeña mano en el aire y corrió hacia nosotros

― ¡Viste eso!— me dijo cuándo se acerco

― Bella, ella dijo que la podíamos llamar Bella

― Bella… ¡Como da bella y da bestia!— sus pequeños y verdes ojos le brillaron.

― Si como ella, ahora vámonos a arreglarnos que si no tu papá se va a convertir si no llegan a la hora

― Edojon edojon— comentó la pequeña al salir del cuarto

― Hasta mañana profesora— me despedí pero la mujer ni se inmutó.

Corrimos entre risas por los pasillos hasta la habitación, no había visto señales de Edward y no quería ni siquiera preguntar por él. Con ayuda de las mucamas bañamos y cambiamos a los niños, a las ocho en punto estaban listos para la cena y bajando por las escaleras. Gretel nos esperaba en la entrada al comedor, su gesto era algo compungido

― Srta. Swan el señor ha pedido cenar solo con sus hijos así que le pido que los deje aquí

― Yo quiedo cenad con Bella— Marianne se cruzó de brazos y frunció el ceño

― No puedes Marianne, yo los estaré esperando arriba en la habitación, escogeré el mejor cuento de todos— los dos niños me sonrieron asintiendo aunque Marianne no entró con la mejor disposición al salón. Al momento de abrirse las puertas vi a Edward sentado en el extremo de la mesa con sus manos cruzadas y apoyadas en su frente, se veía cansado.

― Bien, sígame Srta.

Gretel me condujo a otro comedor más pequeño y en donde comían todas las mucamas y empleados de la casa, el ama de llaves me presentó y me senté entre April y Eva ambas me conversaron de todo, parecían muy diferentes a cuando rondaban por la casa. En realidad si miraba a mi alrededor todos parecían distintos, hasta Gretel sonreía más ¿Tal vez Edward no los dejaba sonreír? No lo sabía, dentro de este espacio todos me parecían mucho más amigables. Escuché atentamente de lo que hablaban pero al parecer eran chistes personales porque no entendía mucho, terminé mi cena y me despedí de todos con una sonrisa deseando las buenas noches.

Esperaba que los niños aún no terminaran, llegue a la habitación y me encontré con la sorpresa de que ninguno había llegado. Baje las luces, abrí las camas y saque de debajo de las almohadas las pijamas mientras pensaba en que cuento iba a leerles esta noche. Cuando ya todo estuvo listo fui al enorme librero y me maraville con todos los textos que tenían, cuentos de toda índole y para todas las edades, sin pensarlo dos veces saqué el cuento de la Bella y la bestia a Marianne le va a encantar. Mientras terminaba de acomodar las cosas sentí pasitos y risas en el pasillo, me puse de pie y sin pensarlo dos veces salí al pasillo los niños me vieron y corrieron para darme un abrazo pero cuando levanté mi vista Edward nos contemplaba

― Buenas Noches Conde

― Buenas noches Señorita Swan.

― Espero hayan tenido una buena velada

― La tuvimos— sus respuestas eran escuetas pero ambos nos mirábamos intensamente, tal vez me lo imaginaba y a todos los miraba igual.

― Bueno…— comenté un poco nerviosa— iré a acostar a los niños, que pase buenas noches señor.

― Usted también señorita— me incliné para hacerle una reverencia y me metí en la habitación, sus pasos deben ser como los de un puma porque no sentí cuando se alejó.

― ¡Bien! ¿Listos para un cuento?

― ¡Sí!— ambos levantaron los brazos.

Se pusieron los pijamas y nos acostamos los tres en una cama, me saqué los tacones y comencé a leer. Efectivamente el cuento les encanto pero los dejos fuera de combate en la mitad del relato, cambié a Marianne a su cama y los arropé a ambos. Estos niños definitivamente necesitaban el cariño y amor de su padre yo que era mujer ajena y que no tenía relación familiar con ninguno me podía dar cuenta. Besé sus frentes y los dejé descansar ya que tenía un objetivo mucho más importante que cumplir, me cambié de ropa a algo más cómodo y saque una linterna que tenía en mi bolsillo. Como era necesario esperar hasta que todos estuvieran dormidos repasé los datos que tenía sobre la familia e hice la hora hasta que el reloj marcó las 11 de la noche, cuando salí al pasillo solo las lamparitas de mesa estaban encendidas indicándome que lo más probable es que nadie anduviera rondando por ahí. Caminé lentamente hacia las escaleras y subí los peldaños de a uno armada solo con una navaja suiza, al momento de llegar arriba me fijé en si no había nadie pero para mi suerte el piso estaba completamente vacío.

― Vamos Bella, tu puedes hacer esto— susurré dándome ánimos, metí el primer accesorio de la navaja en la cerradura pero era muy grande por lo que tuve que cambiar de inmediato, mi frente se comenzó a perlar de sudor por el trabajo y por los nervios ya que si Edward Cullen me atrapaba aquí estaría de patitas en la calle en solo unos cuantos minutos— Maldición— gemí despacito al no poder abrir la puerta con el sexto intento, solo me quedaban unas cuantas posibilidades y con ayuda de mi linterna escogí la mejor— ¡Vamos esto es pan comido!— me animé, metí la herramienta y la comencé a mover, las gotas de sudor ya caían libremente por mi frente, me seque con el dorso de la mano y empuje la herramienta cuando menos lo pensé un CLIK me hizo dejar de respirar— Se abrió— susurré— ¡MALDITA SEA SE ABRIO!— grité en un susurro, un baile espontáneo de felicidad comenzó pero no podía perder el tiempo, no ahora.

Me guardé la herramienta y abrí la puerta de la habitación, la linterna era muy necesaria porque las luces del cuarto no encendían, la perdí y mi boca cayó unos centímetros.

― Qué demo… oh por Dios— miré a mi alrededor y en todas partes estaba la misma escena— No pue… no puedo creerlo, este hombre es…— el solo pensarlo me daba escalofríos y ganas de querer salir corriendo esta noche, en la habitación habían máquinas de castigos medievales, camas de tortura, grilletes, cadenas y un montón de cosas más— Dios mío…

Mi asombro no terminaba, en el techo habían correas y cinturones, fustas de caballos, guadañas y espadas, muchísimas cosas de las que quería olvidar de lo único que estaba segura es de que ese no era el cuarto de Emily Cullen

― A menos que sea sádica— susurre alumbrando, revolví un par de cosas pero no había nada más que esas máquinas y mucho polvo por lo que decidí salir de ahí

Cerré la puerta y suspiré derrotada ¿Dónde mierda se encontraba su sala personal? ¿Si le pregunto mañana a los niños? ¿A las mucamas? ¡Demonios!, Baje del tercer piso completamente frustrada y me detuve en seco cuando vi luz en el pasillo pero no era precisamente nuestro pasillo… sino en el pasillo de Edward y la luz venia de su habitación, la puerta parecía entreabierta y mis ganas de mirar en su cuarto crecieron con una rapidez impresionante, Maldita sea Dios ¿Por qué me hiciste tan curiosa? Sin pensarlo dos veces caminé hacia la habitación con paso silencioso lo que no esperé escuchar al momento de pararme en frente de la puerta entreabierta fue un gemido, otro, otro, otro gemido lleno de placer. Traje una pelota de saliva que se acumuló en mi boca y suspiré ¿Estaba con una mujer? De pronto las ganas fueron incontrolables y me acerque a mirar por la abertura que quedaba.

Mi ojo se movió como loco mirando la habitación, era sofisticada y varonil pero lo que más me llamo la atención fue ver a Edward sentado en una silla, con su camisa abierta y su torso desnudo muy cerca de su cama masturbándose, el solo pronunciar esa palabra en mi mente me excito haciéndome apretar mis entrañas.

― Ah, Ah— miré sus manos e iniciaron un ritmo frenético de subir y bajar, su miembro estaba completamente erecto y parecía querer explotar en cualquier momento, mi boca se secó y no pude apartar los ojos de él se veía tan… viril y excitante— Ah, Ah— los gemidos no cesaban, en un momento su cabeza se fue hacia atrás y sus caderas se elevaron un poco moviéndose al compas

Mi cordura abandonó de manera voluntaria mi cuerpo…

Venciendo todos los prejuicios que tenía mi mano se fue directamente hacia mi clítoris masajeándolo de manera furiosa, descubrí que estaba completamente lista para recibir mis caricias, Edward seguía balanceándose y tocándose con rapidez no se cuánto aguantaría pero el verlo así y el estar tocándome estaba llevándome al éxtasis rápidamente.

― Ah Bella— de pronto mis ojos se abrieron como platos ¿Había dicho mi nombre?— Oh Bella eso… sí, así— mi centro se contrajo con velocidad supersónica y mis manos no perdieron oportunidad de continuar, me masajee los pechos y frote mi centro imaginándomelo a él, mi cabeza se fue hacia atrás y tomó la misma posición, ambos estábamos muy excitados pero quería más, mucho más.

― Edward— susurré moviendo mis caderas y mi mano al mismo tiempo, la vista era subliminal, el agito su mano mucho más rápida y dura, ahí estaba a solo un paso del orgasmo, el movimiento que realizaba con su pelvis era imnotizante, cerré mis ojos y de pronto me sentí sobre el mirando por sobre mi espalda y viendo su rostro contraído por el placer produciéndome una sonrisa involuntaria en mi rostro

― Ah, Ah Bella oh si, Bella duro, vamos nena— y solo esas palabras fueron suficientes para que sus movimientos tuvieran una reacción en cadena, mis entrañas fueron víctimas de un orgasmo bestial, mientras me corría Edward gritaba de placer sobre la silla haciendo saltar su semen hacia su pecho desnudo, los espasmos aún hacían mella en nuestras caderas— Oh Dios…— suspiró entre jadeos. En un movimiento estúpido apoye una de mis manos en la muralla y empuje la puerta haciéndola abrir un poco más— ¿Quién anda ahí?— grito el Conde con sus ojos muy abiertos, la luz llegaba directamente a la cara y él se quedó mirándome no sé si me reconoció porque salí corriendo hacia mi habitación, cerré la puerta y me dejé caer sobre ella.

― Oh Edward— susurré presa de los recuerdos y del deseo tan grande que me había producido verlo.

En este momento estaba segura de dos cosas 1. La habitación que vi no era la de Emily y tenía que averiguar que hacían todas esas cosas ahí y 2. Si él pensaba hacer esto todas las noches tendría una entretenida estancia dentro de esta mansión.

No todos los días vez a un Conde masturbándose en su habitación… y menos si tú eres la protagonista de sus morbosas fantasías.


Bueno... y que les parece?

Espero que bien... me encanta este edward jugueton

Chicas les advierto que esto se pone cada vez mejor,

espero sus rws y nos leemos

en el siguiente capitulo

¿RWSSSSS?

abrazos