El Conde de Alberdeen
Capítulo 3
¿Dónde está el cuarto de Emily Cullen?
Bueno chicas acá les dejo un capítulo más, espero que les guste y también que lo recomienden a sus conocidas.
Yo por este momento estoy TAPADA EN INFORMES
y evaluaciones de mis niños, para la que no sabe soy maestra así que es una fecha complicada para mi...
ánimo para las que están igual
Un abrazo grandote
Tiwii C.
¿Por qué estás mirando a escondidas de mi puerta?— preguntó con sus ojos negros y brillantes, mi boca se secó de inmediato y solo balbuceé algunas palabras sin sentido. Una de sus manos paso por al lado de mi cabeza y se apoyó en la muralla— ¿Te gusta mirar? ¿eres voyerista?— susurró cada vez más cerca, tenía mi corazón a mil y sentía que todo mi cuerpo temblaba
― No, lo… lo siento Conde, no…— tartamudeé, él puso un dedo sobre mis labios y el solo contacto me hizo estremecer, lentamente bajo su dedo deslizando mi labio hacia abajo.
― Me gusta que me mires ¿Sabes? Me gusta— susurró y sus labios quedaron cerca de los míos, sus ojos… sus ojos estaban negros y una energía que hasta el momento no había sentido con nadie me calentó la sangre y me hizo querer más— Eres hermosa…— su mano nuevamente tocó mi rostro
― Esto no…— antes de que terminara la frase sentí el frio de la pared en mi espalda y todo su cuerpo sobre el mío, mis mejillas se tornaron casi violetas al sentir su erección sobre la base de mi estómago, gemí audiblemente
― Eso— presionó su erección— quiero más— el soltó un gemido e inclinó su cabeza hacia atrás— Vamos dame más— sus caderas punzaban mi cuerpo más duro, de pronto mis manos estaban sobre ellas invitándolas a tener más contacto, mi cuerpo reacciono y se balanceó sobre el para hacer más sensible el roce.
― Edward— gemí cerrando mis ojos, sus manos ya estaban en mis pechos masajeándolos con rudeza, creo que en este momento el toque amoroso no me importaba tenía que zacear este fuego como fuera.
― Te quiero follar duro, rudo… quiero sacarte el aire a polvos ¿me entiendes? Isabella… ah— gimió con furia mientras su cadera aún seguía moviéndose al compás, su frente se pegó a la mía y sentí mi parte baja apretarse con fuerza mi cuerpo se elevó más allá, el rose era tanto que el orgasmo estaba ahí, lo podía sentir, solo unos cuantos movimientos más de caderas y me dejé llevar por ese poderoso sentimiento.
Fue una descarga bestial…
Abrí mis ojos con un jadeo ¿Dónde demonios estaba…?, miré a mi alrededor y no conocía el lugar, la luz del día se metía por entremedio de las cortinas pero mi vista aún no se lograba acostumbrar a su presencia.
― ¿Dónde es…? Oh— suspiré cerrando mis ojos, al ver la habitación todos los recuerdos se agolparon en mi mente cerrando con la última imagen de Edward masturbándose en su habitación— Dios— susurre cerrando mis ojos, mi cuerpo estaba literalmente ardiendo, mi piel estaba cubierta por perlas sudor y la ropa de mi cama estaba completamente desecha. Intente calmar mi corazón unos minutos, el galopaba con potencia descomunal, mi boca emitía ciertos sonidos aun disfrutando del maravilloso orgasmo que me había azotado. Definitivamente este hombre me hacía delirar.
― Srta. Isabella— un golpe suave en mi puerta me hizo sobresaltarme, me enderecé en la cama y trate de arreglar mi cabello
― Adelante— La puerta se abrió y la figura de April apareció en la orilla— Buenos días Srta. Isabella, los niños se han despertado más temprano y preguntan por usted
― April, llámame Bella
― Está bien— la chica asintió con vergüenza
― ¿Qué hora es?
― Son casi las 8 de la mañana, normalmente los niños no despiertan hasta las 9 pero creo que hoy están emocionados— sonrió tímidamente
― ¡Qué bueno!, entonces diles que iré en un momento para allá
― Está bien, mientras los bañaré
― Muy bien—
April desapareció por la puerta y me proyecte hacia la ducha, sin duda los niños Cullen tenían mucha energía es por eso que había pensado pasar nuestro primer día al aire libre. Con mi plan trazado me vestí con ropa ligera, unos jeans, convers y una blusa suelta de color blanco además de mi pelo sujeto en coleta. Cuando ya estaba lista cruce al cuarto no sin antes dar una pequeña mirada hacia el pasillo de Edward, nuevamente un recuerdo azotó mi mente mandando una carga de energía a la parte baja de mi vientre, apreté las piernas y blanquee mi mente para poder llegar a salvo hasta la noche.
― ¡buenos días!— saludé con un tono animoso, desde el cuarto de baño se escuchan a los niños hablar, mire por la puerta y estaban ya vestidos con sus batas de baño y peinándose— ¿Se puede?
― Bella— grito Marianne y se acercó para besarme— Hoda
― Buenos días— la tomé en brazos y la pegue a mi cuerpo, aún parecía estar tibia del baño— Hola Phillip— el niño me sonrió abiertamente pero no se acercó para besarme, creo que era más reservado, tal vez como su madre o Padre… su padre, nuevamente mi mente se dejó llevar pero frené mis pensamientos antes de que tuviera que encerrarme en mi baño por un largo rato
― ¿Qué haremos hoy?— preguntó Phillip mientras se pasaba un cepillo por el cabello
― Hoy planeo que lo dediquemos a los juegos ¿Les gusta jugar al aire libre?— ambos niños me miraron y después se miraron entre si— ¿Qué pasa?
― Papá… papá no nos deja mucho jugar afuera— termino el niño casi en un susurro
― ¿Por qué no?— mi voz creo que salió un poco más chillona que de costumbre
― Al Conde no le gusta que jueguen afuera porque se puede caer y lastimar, salen muy pocas veces— me contestó una de las mucamas
― Debes estar bromeando— la miré con la incredulidad reflejada en mis ojos pero ella al contrario me miraba seria y dándome a entender que era verdad, aclare mi garganta— Bueno… hablaré con el Conde si es que dice algo pero hasta entonces ¡Nos vamos al jardín!— levanté mis manos para darle más énfasis
― ¡Sí!— ambos niños me miraron alegres y se fueron a vestir rápidamente.
Al cabo de una hora ya estaban vestidos y desayunados, era muy temprano en la mañana y tal vez el Conde no se había levantado por lo que esta era una buena oportunidad. Salimos al jardín bajo la intensa mirada de Gretel y las demás niñeras, era maravilloso respirar algo de aire puro.
― Wow— suspiro Phillip— hace mucho que no veía una mañana como esta, estoy feliz
― Y estarás más feliz porque ahora jugaremos con esto— elevé hacia el aire una pelota de futbol.
A decir verdad estar en el patio era excelente pero se sentía esa beta de adrenalina recorrer mi cuerpo, si el Conde nos viera aquí no sé qué me diría, alejé todos esos pensamientos y me dediqué a disfrutar. Estuvimos por más de dos horas jugando en el patio, nos dieron las 11 de la mañana y aún seguían con cuerda para rato. Les enseñé todos los juegos que conocía con pelota y nos entretuvimos hasta que los tres caímos al pasto exhaustos.
― Toy cansada— dijo Marianne elevando sus brazos, me senté en el paso e intenté relajar mi respiración, estos niños sí que absorbían energía
― Yo igual—suspire mirando al cielo— pero ha sido una mañana maravillosa
― Si— susurraron los dos al unísono
― ¿Y ven? No se han lastimado— sonreí— por lo pronto ahora jugaremos a las escondidas ¿Han jugado alguna vez?
― Si pero solo dentro del castillo
― Bien entonces ¿Quién quiere contar?
― ¡Yo! ¡Yo quedo!— dijo Marianne levantando su manito
― Bien entonces Phillip y yo nos esconderemos, espero que puedas encontrarnos.
― Clado que si— Marianne se puso de pie y se encamino hacia una de las murallas frontales del castillo, puso su mano encima y se giró— ahí voy, Uno, dos, tes, cuato
En un abrir y cerrar de ojos los dos comenzamos a correr en diferentes direcciones, mire por encima de mi hombro y Phillp se metió entre las plantas del jardín, yo quería prolonga un poco más el juego por lo que me fui a meter a la parte de atrás del castillo, hace muchos años que no corría tan fuerte por lo que al doblar en la primera esquina jadee por los rápida que estaba mi respiración, caminé un poco más y llego a donde habían unas estatuas en las murallas.
― ¿Por qué pusieron estatuas acá?
Miré hacia la muralla y esa parte tampoco tenía ventanas ni nada por el estilo, las estatuas eran encerradas por un cerco de arbustos perfectamente cortados por lo que caminé hacia allá y me senté en el suelo para respirar. Mi corazón latía desbocado en mi pecho intentando calmarse, sentí a los niños a lo lejos llamarme pero al parecer no tenían ni idea en donde estaban, pasaron unos minutos y cuando mi corazón estaba más relajado decidí levantarme, estaba tan cansada que me apoye en una palanca que tenía una de las estatuas en su base, con lo que no contada era con que la palanca se movió hacia abajo haciéndome caer.
― ¿Qué demo…?— no alcancé a terminar la frase y sentí la pared a mi espalda moverse, un escalofrió recorrió mi cuerpo y lentamente gire mi cabeza, al mirar lo que pasaba atrás el aire de mi cuerpo se escabulló de repente— Es una… una…
Ni siquiera podía articular, sinceramente toda esta historia parecía sacada de un cuento de terror, gracias a que me afirmé de esa palanca una puerta secreta se abrió detrás de mí, al mirar hacia dentro una larga escala conectaba con otra habitación ¿será que encontré la habitación de Emily? Dios mío, ni siquiera mis ideas estaban tranquilas, cálmate Bella ¡Cálmate, respire intentando alivianar mi tensión y caminé hacia la puerta no sin antes mirar a los lados, los chicos deben andar buscándome en otra parte porque ya no sentía sus voces. Caminé hacia el primer peldaño y sentí un grito desde muy cerca, un escalofrío nuevamente me atravesó ¡Eran los niños, algo había sucedido! Retrocedí mi paso aun atónita por este descubrimiento, este castillo sí que era raro, jale la palanca hacia arriba y la puerta se cerró de inmediato, con plena curiosidad pase mis manos por la muralla y sentí miedo al ver que ni siquiera se notaba
― Volveré pronto— susurre a la pared, tenía que saber a toda costa que era lo que había al final de ese pasadizo secreto, salí de los arbustos y doble en la esquina del castillo, a lo lejos vi a phillip tirado en el suelo
― ¡Bella!— grito la voz de Marianne, apresuré un poco más el paso y cuando llegue Phillip se retorcía agarrando su rodilla— Corríamos a buscarte y se cayó
― Demonios— susurre, inmediatamente la cara del conde apareció en mi mente, saque su mano de la rodilla y solo tenía un raspado— ¡Vamos mira esto! Es solo un raspado, no te preocupes con un poco de agua yodada estaremos bien— El niño compuso su expresión y lentamente abrió los ojos para mirar
― No recuerdo cuando fue.. la última vez que me caí
― ¿Enserio?— enarque una ceja, realmente a estos niños les faltaba calle y mundo— bueno puede que conmigo eso suceda más a menudo, los niños deben caerse ¿Sabes? Nadie se aprende a parar sin caerse alguna vez por lo que es necesario, ahora vamos ponte de pie y caminemos a la casa.
Ayudé al pequeño a llegar a la puerta y entramos en la casa, por suerte no nos topamos con nadie en el camino hasta su habitación, ahí encontré un kit de primeros auxilios y lo curé.
― Eres buena cuidado niños Bella, curas como lo hacía mamá— levante mis ojos y Phillip me miraba con un brillo diferente, sin duda extrañaba mucho a su madre. Cada vez me convencía más de que algún día ellos querrían una respuesta por lo que era importantísimo saber quién había asesinado a su madre, el problema sería descubrir que su padre tenga que ver en esto.
Estuvimos jugando en la tarde en la habitación hasta que dieron las tres en punto y llegaron los maestros para sus clases, ambos besaron mis mejillas y se fueron con las mucamas, recogí todo el desorden de su habitación y salí hacia la mía. El día se pasó rápidamente, creo que mis nervios estaban cada vez más de punta porque sabía que cuando cayera la noche y nadie estuviera dando vueltas por el castillo tendría que emprender el retorno al posible cuarto de Emily, ¡Dios! La cabeza me daba vueltas de solo pensarlo.
Como ya se había hecho costumbre el conde pidió cenar solo con sus hijos y yo me fui a comer con las demás criadas, creo que esta noche lo que menos quería ver era a ese hombre que me trastornaba el pensamiento. Comí lo más rápido que pude y me fui a mi habitación, lo importante ahora era esperar a que todos se fueran a dormir para poder entrar al cuarto. Acosté a los niños no sin antes leerles un cuento.
― "… y es así como blanca nieves y el príncipe vivieron felices para siempre"— cerré el libro y ambos me miraban con los ojos muy abiertos— ¡Hey! ¿Por qué tanta energía hoy?— sonreí— pensé que con la mañana en los jardines se quedarían dormidos enseguida
― No queo— negó Marianne— además papi dijo que vendría a leernos un cuento— comentó con una sonrisa, por un momento los miré y pude descifrar inmediatamente por qué estaban aún esperando
― Nunca lo hace ¿verdad?— susurré con una pequeña sonrisa, Phillip negó
― Algunas veces pero como antes siempre salía de viaje… mamá lo hacía
― Ya veo— de pronto se sintió la perilla de la puerta girar y un par de ojos intensos entraron observándolo todo.
― Buenas noches Srta. Swan— me saludó el hombre acercándose con la gracia de un felino a punto de atacar a su presa, mis ojos no se pudieron desviar hacia ninguna parte, me sentía atrapada por su mirada y por el calor que esta me provocaba, fue tanto lo que me produjo que mis piernas se contrajeron para controlar mi lívido amenazante bajo la tela de mi ropa.
― Buenas noches… conde— terminé en un susurro, por un momento me sentí como una idiota, ambos nos mirábamos pero nadie daba el primer paso pero con un gran esfuerzo aclaré mi garganta y comencé a ponerme de pie— bueno… los niños me dijeron que usted les leería esta noche— caminé hacia donde él estaba
― Efectivamente— corroboró con voz pesada y aún con sus ojos clavados en los míos, era primera vez que nos veíamos después de ayer, desde que lo sorprendí masturb…, a pesar de que no era virgen y tenía experiencia con hombres me sonrojé violentamente— ¿Qué pasa?— preguntó con aterciopelada voz, debía de salir de allí inmediatamente
― Nada, me voy a dormir— dije de manera atropellada y casi escupiendo las palabras— me incliné para despedirme de los niños, ambos estaban mirando la escena con particular interés— Buenas noches niños, que duerman bien
― ¡Beso!— dijo Marianne y se levantó para besar mis mejillas, le correspondí el saludo pero de reojo veía que el conde nos observaba con bastante atención
― Buenas noches Bella— dijo Phillip casi en un susurro. Me enderecé y caminé hacia fuera rogando por llegar a mi habitación en una pieza pero cuando estaba saliendo una mano firme me sujeto del brazo y me hizo girar, no alcancé ni siquiera a tocar el pomo de mi puerta
― ¿Por qué corre tan asustada Sr. Swan?— Edward se aproximó a mí, ambos estábamos parados en la oscuridad del pasillo.
― No… no estoy, no estoy corriendo— intenté articular pero al parecer mi voz y conciencia no querían cooperar.
― A mí me parece que si— susurró casi encima de mi cara, de pronto la lujuria y el deseo que tenía contenido explotaron en mi cara, me giré y su boca su entreabrió para soltar un suspiro sobre la mía, estábamos a solo centímetros de tocarnos, su hálito estaba sobre mi piel quemando cada pedazo que tocaba
― ¿Qué es lo que quiere?— pregunté llevada por el deseo, Cogerte, follarte gritaba mi mente en un intento desesperado por salir de mi cuerpo
― Sé que me viste anoche— susurró solo para ambos— también sé que te quedaste observando, sentí que alguien miraba por entremedio de la puerta— su mano fue subiendo por mi brazo provocando un escalofrío que me recorrió entera, sentía mis entrañas calientes y amenazando con incendiar todo mi cuerpo.
― ¡Papá!— grito Marianne desde adentro de la habitación, su mano bruscamente salió de su recorrido y fue a parar al lado de su cuerpo, se separó de mí estrechando sus ojos y mirándome fijamente. Mi cuerpo no fue capaz de hacer nada, creo que un toque más y una gran combustión espontánea se produciría en mi interior quemándonos a los dos. Edward retrocedió lentamente y se metió a la habitación dejándome sola en el pasillo, solté el jadeo que estaba contenido y me metí en mi cuarto
Mi mente no fue capaz de procesar las sensaciones en unos cuantos minutos, me dejé caer en la cama mirando la puerta como una vil estúpida y excitada mujer, ¿Por qué se habrá acercado tanto? ¡Sabe que lo vi masturbándose!, demonios esto cada vez se complicaba más y más. Por esa noche no fui capaz más que de buscarle explicaciones a lo que había pasado ¡Al diablo con el cuarto de Emily! Total no se movería a ninguna parte. Después de un par de horas aún seguía divagando en sus palabras y recordando las sensaciones que me había producido.
― Estuve tan cerca de besarlo— me dije a mi misma pasando mis dedos por los labios, las sensaciones eran intensas por lo que cerré mis ojos y disfrute de las pulsaciones de excitación que se producían en mis entrañas, todo mi cuerpo estaba revolucionado con tan pequeño contacto, sus dedos, su halito, todo me hacía querer más, mucho más.
Estuve despierta hasta altas horas de la noche, me asomé al pasillo pero no se veía luz en su habitación por lo que me metí corriendo a la mía y trate de dormir, me costó pero como a las cuatro de la madrugada al fin Morfeo me vino a buscar y mi cuerpo se relajó de toda la tensión sexual que había acumulado en tan poco. El otro día llego más rápido de lo que quería, mis ojos a penas se abrieron cuando Gretel abrió las cortinas y se paró frente a mi cama.
― Srta. Isabella— dijo con su característico acento
― Dime— susurré entre sueños
― Tenemos un problema, el conde ha salido de viaje esta mañana y el amo Phillip esta con fiebre
― ¿Fiebre?— me enderecé en la cama de un salto— ¿El conde salió de viaje?
― Si, ambas respuestas son afirmativas
― Bien, me ducho y voy enseguida para allá
Sin esperar a que la mujer saliera de la habitación y en un escuálido pijama me levanté hacia el baño y me duché lo más pronto posible, cuando llegue a la habitación de los niños Marianne se paró a buscar mis brazos, esta mañana se veía adorable ya que traía un lindo vestido de color crema y lazos burdeos en su cintura.
― ¿Qué pasa cariño?— la tomé contra mi pecho, ella escondió su cara en mi cuello
― Mi hermano esta enfedmo— me dijo desde su posición— no quiere jugard conmigo
― Claro que no cielo, vamos acompáñame a verlo— caminamos hacia la cama de Phillip quien estaba despierto pero su rostro denotaba la condición en la que estaba, sus mejillas estaban sonrosadas y sus ojos algo rojos.
― Buenos días Bella
― Hola cariño, dime ¿Cómo te sientes?
― Me duele el estómago y tengo escalofríos— se apretó los brazos, tomé el termómetro que estaba en el buró y marcaba 39,4
― ¡Dios! Tienes muy alta la temperatura— me giré hacia donde estaban las mucamas— necesito que traigan compresas de agua fría, un vaso con Coca—Cola helada y también que llamen al doctor de la familia
― Si señorita— ambas asintieron y se fueron a buscar los encargos, mientras ellas salían Gretel entro en la habitación con el teléfono en la mano
― Es para usted— dijo con su voz serena y dándole una cálida mirada a los niños
― ¿Quién es?— pregunté extrañada
― Es el conde, ha demandado hablar con usted— mi estómago se apretó y mis entrañas dieron un salto al escuchar la palabra, asentí y tomé el teléfono con cuidado
― Hola, buenos días Conde— saludé con toda a tranquilidad del mundo
― Isabella— dijo casi arrastrando las palabras, en muy pocas ocasiones lo escuchaba llamándome directamente por mi nombre— quiero saber que ha sucedido ¿Cómo está mi hijo?
― Yo me acabo de enterar pero ya he tomado cartas en el asunto, las chicas me van a traer compresas frías y llamamos al doctor
― Muy bien— su tono cambio a uno más serio— cualquier cosa que necesites le avisas a Gretel, ella tiene en su poder recursos para cualquier cosa, el auto está a tu disposición si hay que trasladar a mi hijo a la clínica, quiero saber todo lo que pase así que avísame de su avance
― ¿Cuándo va a volver?— dije antes de poder refrenar mi boca
― Espero que pronto— me sonroje— odio estar lejos de mis hijos pero espero que los cuides bien— su voz ahora transmitía confianza, sus cambios de ánimo me estaban produciendo mareos— confío en que todo estará bien.
― Claro que si— asentí mirando hacia Phillip
― Yo estoy en Francia pero volveré tan pronto como me sea posible
― Está bien ¿Quiere hablar con él?
― De acuerdo— me dijo y le pase el teléfono al pequeño, hablaron por cerca de dos minutos en que Phillip asentía con entusiasmo y prometía hacer caso en todo, mientras la conversación avanzaba llegaron las compresas y la Cola. El teléfono volvió a mis manos.
― Bien señor, entonces le diré a Gretel que lo mantenga informado
― ¡No!— exclamó haciéndome sobresaltar— quiero tú me mantengas informado, tu eres la niñera de mis hijos, no Gretel
― Bie.. bien señor. Entonces hasta su regreso
― Hasta entonces— un silencio incómodo se produjo y con los nervios opté por cortar la conversación, aún lo sentía ahí.
― Gretel— llamé a la ama de llaves que estaba un poco más apartada— Necesito el número del celular del Conde— ella asintió y le entregué el teléfono.
El día paso lento y más atareado que cualquier otro día, Phillip no le bajo la fiebre, el doctor dijo que podía ser un virus o tal vez alguna bacteria por lo que le tomó muestras médicas y pidió que Marianne se mantuviera alejada de la habitación por ahora. El berrinche no se hizo esperar, con lágrimas en los ojos la pequeña demandaba ver a su hermano pero lamentablemente tuvo que entender que no se podía, el doctor prometió avisar de los resultados esta misma tarde. Cuando el reloj marcaba las tres en punto Gretel entró junto a Jacob, había llegado la hora de estudiar.
― Buenas tardes— saludo el moreno profesor desde la puerta, una sonrisa se extendió en sus labios al posar sus ojos sobre los míos, no sé porque pero le respondí con el mismo gesto.
― Buenas tardes Jacob— estaba en una silla al lado de la cama de Phillip leyendo un libro, el por su parte dormía desde hace una media hora respirando tranquilamente
― ¿Cómo va todo?— Jacob se sentó en la orilla de la cama mirando a su alumno
― Estable, no le ha bajado mucho la fiebre pero algo vamos avanzando.
― ¿Srta. Necesita algo?— preguntó el ama de llaves
― No muchas gracias, te llamo en caso de que sea necesario— ella asintió y se retiró.
― Que lastima que se haya enfermado, esperaba esta clase con ansias— comento con una mueca
― ¿Por qué?
― Porque hoy iniciaríamos diálogos, él quería llegar a esa parte— suspiró— en fin, lo dejaremos para cuando se recupere— cambio la dirección de su mirada hacia mi
― ¿Qué?— le pregunté después de unos minutos que no decía nada, solo me observaba, mi risa salió natural— ¿Qué pasa?
― Me preguntaba cuando aceptarías salir conmigo
― Te dije que saldría a tomar un café contigo pero creo que no es buena idea en este momento— con mi cabeza señale al pequeño durmiente
― Claro que no— sonrió— pero no quiero que pase mucho tiempo, me gustas Bella— un leve sonrojo tiñó mis mejillas
― ¿Cómo puedes decir eso?— sonreí— apenas me has visto un par de veces
― En esta vida hay dos clases de personas, las vivas y las estúpidas— una sonrisa seductora se posó en sus labios— yo soy vivo Bella, me doy cuenta de lo linda y alegre que eres, sería un honor mostrarte los paisajes más bellos de escocia.
― Aceptaré tu oferta cuando todo vuelva a la normalidad— un suave golpe en la puerta nos interrumpió, Eva entró con el teléfono en sus manos, su rostro estaba pálido
― Srta. Swan, la llama el Conde— sus mortificados ojos me dieron mala espina, Phillip abrió sus ojos lentamente por lo que Jacob se puso a saludarlo.
― Buenas tar…
― ¿Por qué no me ha llamado para informarme?— su tono de voz era severo y teñido por el enojo
― Lo siento pero estaba con Phillip y después con el doctor, he olvidado avisarle— a mi lado Jacob hacía reír a Phillip, estaba encantado con su visita
― No es una excusa usted tenía órdenes estrictas de…— guardó silencio— ¿Dónde está?
― En la habitación de Phillip— respondí
― Siento una voz masculina que no es la de mi pequeño hijo ¿Quién está ahí?— su tono se puso un color más oscuro
― Jacob, su maestro, como no pudo bajar a clases lo vino a visitar
― ¿Y usted está sola en esa habitación con él?— se escuchó un gruñido— dígale que se retire de inmediato de ahí, no me gusta que gente extraña deambule por los pasillos de mi castillo
― Pero Conde…— intenté hacerlo cambiar de opinión
― ¡DIJE AHORA!— grito haciéndome despegar el teléfono de mi oído, todos escucharon y guardaron silencio, Jacob siendo tan inteligente comprendió de inmediato se señaló a sí mismo a lo que yo asentí
― Bueno pequeño nos vemos cuando estés mejor— le dio un rápido beso en la mejilla y se fue despidiéndose con un guiño de su ojo para mí.
― Ya se ha marchado, no puedo creer que haga esto si…
― Yo no te pago para que transgredas mis órdenes, una de tus tareas es obedecer lo que yo te digo— su tono era amenazante y por un momento, y en contra de toda posibilidad, me excito.
― Si señor— susurre arrastrando mis palabras y conteniendo la reacción que tenía mi cuerpo
― Estaré devuelta antes de lo previsto, infórmeme en dos horas más de la situación
― Si señor— la llamada se cortó y mi pecho pudo nuevamente respirar.
Al pobre de Phillip no le tocó nada fácil, estuvo con molestias toda la tarde, tercianas y escalofríos lo acompañaron hasta que cayó la noche. Los resultados de los análisis que le tomaron dieron que solo tenía un virus de resfriado pero que era mejor tener cuidados especiales, otra de las indicaciones era que Marianne no durmiera con él en la habitación por lo menos hasta que la fiebre bajara. A eso de las 9 de la noche al fin pudimos cantar victoria y decir que Phillip ya tenía su temperatura habitual, todas nos alegramos mucho porque ya estaba mejor. Marianne a las 11 ya estaba durmiéndose parada por lo que ya era hora de ir a dormir.
― ¿Dónde va a dormir Marianne?— le pregunté a Gretel mientras le ponía el pijama en el baño del pasillo
― Quiedo dormid en la cama de papá— dijo con un pequeño puchero
― ¿Puede dormir ahí?— pregunté mirando al ama de llaves
― Cuando el señor estaba de viaje ellos solían dormir con su mamá en su habitación, no creo que exista problemas— comentó con una leve sonrisa, era la primera vez que tenía ese gesto.
― Bien, entonces vete con Gretel que yo me quedaré a velar el sueño de Phillip.
― ¡NO!— grito y se abrazó a mi cuello— no quiedo dormid sola, me da susto, duedme conmigo Bella
― Pero no puedo tengo que…
― Tranquila— interrumpió el ama de llaves— yo me puedo quedar a velar por el sueño del amo Phillip, usted duerma con la pequeña dama por favor
― ¿Está segura?— pregunté con duda y algo de miedo en mis palabras.
― Sí, claro que sí. Vaya y le aviso cualquier cosa.
― ¡Sí!— grito la niña y se bajó del mesón en donde la tenía sentada, su mano tomo la mía y me encaminó hacia la habitación
― Espera, me tengo que cambiar— señale mis vaqueros y polera
― No me quiero quedar sola
― Entonces acompáñame— volví a tomar su manita y la encaminé devuelta a mi habitación.
En unos veinte minutos ya estaba lista para dormir, entramos en la habitación del conde y su olor podía respirarse en todas partes, tomé una fuerte bocana de aire y memorice el delicioso aroma que llegaba a mis sentidos. Marianne se soltó de mi mano y corrió hacia la enorme cama con dosel que había en el medio, le costó subirse pero lo logró, su pequeña mano y sonrisa me invitaron a acomodarme junto a ella.
― No puedo— le dije con una sonrisa despreocupada— tu papá se podría enojar si me ve aquí
― Papi no está— sonrió aún más ampliamente.
― Si lo sé pero…
― No quiero dormir sola— un puchero más grande que el de hace un rato se marcó en sus labios
― Vamos, está bien— no podía decirle que no a esta niña— dormiré contigo pero solo un rato.
― ¡Bien!
Con movimientos propios de una niña feliz se acomodó con toda la energía que pudo, sus risas llenaron de inmediato la habitación, me metí entre las sábanas y la textura de ellas me envolvió nuevamente los sentidos eran realmente suaves y tersas, pensar que él duerme todos los días aquí. Mi cuerpo estaba emocionado por esta pequeña aventura, jamás había dormido en la habitación de un conde y creo que este sería mi mayor acercamiento. Marianne comenzó a cerrar sus ojos pero tenía una sonrisa en sus labios, en solo media hora ya estaba completamente dormida. No sabía si era su proximidad o el aire acondicionado pero sentía calor y daba gracias a haberme puesto solo un camisón por lo menos mis piernas y muslos podían respirar. Mis ojos lentamente se fueron cerrando, no quería dormir, debía estar alerta por si algo sucedía pero mi cuerpo estaba cansado y no me resistí a la tentación de pegarme una siesta en esta deliciosa cama, cuando menos lo esperé ya estaba durmiendo.
Dentro de mi inconsciencia sentí una brisa que me hizo estremecer pero era un aire tibio que acariciaba mi piel, entreabrí mis ojos y la luz aún estaba encendida, no le di importancia y volví a dormir. En mis sueños un conde de ojos verdes, de mirada oscura y penetrante me tenía arrinconada en una pared.
― Duerme— susurró su voz cerca de mi mejilla, era el sueño más vívido que había tenido, de pronto sentí que sus labios tibios se posaron en mi mejilla y mis entrañas se contrajeron provocando fuego en mi interior, gemí
― Edward— su nombre salió en un susurro adormecido, aún tenía cerrados mis ojos y su imagen me susurraba en sueños. Me giré y con mis manos busqué a tientas el cuerpo de Marianne y la abracé para ahuyentar el recuerdo de su padre, de pronto la inconsciencia me ganó nuevamente y la presencia de Edward se esfumó al igual que mi sueño.
Sentí mi espalda abrazada por un calor demasiado agradable, removí mis pies y la suavidad de las sábanas de la cama me acariciaron dando la bienvenida a un nuevo día, de pronto no sabía dónde estaba pero me sentía segura, unos fuertes brazos me agarraban con seguridad por la cintura pegándome a su cuerpo, mis ojos parpadearon algunas veces acostumbrándose a la luz, mis extremidades se sentían perezosas pero tenía muchas ganas de moverme por lo que comencé a desperezarme, los fuertes brazos que me protegían me pegaron aún más a su cuerpo evitando que me alejara, era una sensación maravillosa.
Debo levantarme para ir a clases
Murmuró mi mente, sin duda Dean me sujetaba con fuerza… de pronto y en medio de una laguna un recuerdo se hizo presente en mi mente Dean había sido mi novio hace meses y habíamos terminado hace tiempo, mi cuerpo se levantó con violencia sentándome en la cama, miré hacia mi estómago y un fuerte pero blanquecino brazo me sujetaba por la cintura, seguí la trayectoria con mi mirada, el Conde de Alberdeen resopló y exhaló por su boca pero siguió durmiendo plácidamente. Miré su cuerpo y solo tenía puesto un pantalón de pijama, su torso estaba desnudo y abrazándote pensó mi subconsciente.
Esta es una de esas situaciones que te dejan sin reacción porque pasaron largos segundos antes de que mi boca cayera y mi mente procesara lo que pasaba, Estaba en Escocia, en la mansión de un Conde que tal vez era un asesino y estaba cuidando de sus hijos, en especial de uno que ayer tenía fiebre y de la otra que no quiso dormir sola, pero ahora estaba en su enorme cama con dosel con un diminuto camisón y abrazada a su cuerpo. La respiración se me cortó en el acto pero lo que vino hizo que me mareara y viera puntos negros en mi vista
― ¡Mira!— gritó con alegría la voz angelical de una niña— te lo dije
― Wow— mi vista se dirigió a la puerta y Marianne estaba en su camisa de dormir señalando la cama, Phillip que parecía recuperado estaba a su lado— no lo creo— susurró con una media sonrisa
― ¡Te lo dije! ¡Papá dudmió con Bella anoche! ¡Te lo dije Phillip!.
Ese momento me congeló, de pronto el conde levanto la cabeza y se apoyó en un codo rascándose uno de sus ojos.
Estoy perdida… susurre presa del miedo y ahora ¿Quién podrá rescatarme?
¿Cómo está?
Espero que cada vez mejor, un saludo especial para mi amiga POLA CULLEN
que me ha manifestado con ansias que suba el nuevo capitulo
Polita es para ti
ESPERO SUS COMENTARIOS! :)
