La situación de Xena y Gabrielle había cambiado radicalmente. Ahora las rodeaban diez criadas a cada una y no se encontraban esperando fuera con el resto, sino dentro, en una adornada y sobrecargada habitación. Y tan rápido como habían surgido los cambios, apareció un hombre, en estado soporífero y tambaleándose. Le acababan de despertar de la siesta. Pero tuvo la suficiente conciencia como para mirar lascivamente a ambas mujeres y relamerse los labios en un descarado y desagradable gesto. Pero en cuanto uno de sus muchos criados se hubo acercado a él y siseó algo a su peludo oído, su actitud cambió:

"No digo que no me agrade, pero vuestra visita me sorprende" comenzó mostrando un atisbo de unos modales que costaba creer que tuviese.

"Solo estoy yo, así que habla en singular" murmuró Xena dejando ver un carácter orgulloso y arrogante

"Si así lo deseas, te tutearé" sonrió el hombre "Antes de nada, ¿cómo te llamas?"

"¿No prefieres preguntar primero porque estoy aquí?"

"A un rostro tan bonito prefiero ponerle nombre antes que motivo"

"En ese caso, me llamo Sofía"

"Curioso nombre"

"No tanto como Julio Cesar" siseó malévola "Sabría agradecerte que fuéramos rápido al núcleo del asunto" siseó

"De acuerdo. En tal caso, sepamos el porque de tan maravillosa visita" siseó él en su mismo tono. Xena iba a abrir la boca a fin de relatar la historia que tenía ensayada, pero él la interrumpió "¿Delante de tu criada?" La guerrera giró la mirada hacia Gabrielle, mirándola con una indiferencia que no sentía.

"Si. Para un viaje tan largo como el que he hecho, solo pude traerme a un sirviente. La elegí a ella. Es mi doncella personal. Y es de confianza." remató. Pero todo aquello a Kambara no le interesaba.

"¿Un viaje tan largo? ¿Habéis venido desde Roma?" cuestionó "En tal caso no pienso entreteneros más. Mañana hablaremos, hoy descansarás. ¿Te parece bien?"

"Si, ¿por qué no? Supongo que el asunto a tratar puede esperar" propuso aceptando su idea. Él chasqueó los dedos y al momento casi todos los sirvientes recogieron el equipaje de Xena, antes de marchar, acompañados por Gabrielle, hacia la habitación de invitados. Sin embargo uno de ellos permaneció en la sala, esperando a Xena, quien aun se entretuvo algo más:

"Nos veremos mañana" sonrió Kambara

"Así lo espero" comentó Xena, saliendo tras el último esclavo.

"Por cierto, yo prefiero el nombre de Sofía al de Julio Cesar" Xena se giró sonriendo ante esa inesperada galantería

"¿Estás seguro?"

"Si, es más bello de oír y significa inteligencia"

"Pocos saben eso" murmuró complacida antes de salir de la sala. Él esclavo encargado de guiar a la guerrera a su dormitorio, caminó delante suyo hacia el aposento. En la puerta del mismo le pidió entrar sola, antes de abrirla. Gabrielle esperaba con una sonrisa divertida y la amplió al decir:

"Me pido el lado derecho" Con su mano señalaba al tiempo una cama, la única de la habitación.

"¿Volvieron a creer que…?"

"Más o menos" la interrumpió Gabrielle "Dijeron que mi habitación estaba con la del servicio, en el último piso y contesté que seguramente tú preferirías tenerme aquí"

"Mejor, así no dormiremos cada una en una esquina de este inmenso edificio, y quizás Kambara se abstendrá de intentar ligarnos a alguna de las dos" sonrió Xena "Mañana, después de hablar con Kambara, bajaremos a los calabozos a hablar con Limus"

"El pobre esta ahí" recordó Gabrielle "¿No podríamos bajar hoy?" Los dientes de Xena rechinaron. Aun no teniendo derecho, no pudo evitar sentir celos ante la atención de Gabrielle hacia el muchacho.

"No" dictaminó enfadada "Quiero decir, que sería arriesgado y demasiado delatador. Además tengo una cuartada preparada para mañana" resumió.


El resto del día pudieron aprovecharlo instalándose y descansando, excepto Limus, que realizaba su parte del plan desde las mazmorras. Tenía que conseguir toda la información posible sobre los demás prisioneros y las instalaciones donde los mantenían. Y si le era posible, sobre los rehenes aristocráticos y nobles. Y parecía que no le iba a ser difícil llegar a esos datos. Junto a él, en la celda había trece personas más y hasta donde él alcanzaba a ver, había otras seis celdas, casi igual de saturadas, pero no tanto. Debían de mantener en aquellas jaulas a todos sus prisioneros comunes: Ladrones, carteristas y alborotadores. Excepto una de las celdas, que solo contenía a tres altivos hombres, vestidos como todos, pero con algo distinto en su porte.


Bastó despertarse para segundos después estar ya dedicándose a su actividad preferida: Gabrielle. Apenas le separaban de ella diez centímetros y durmiendo en la misma cama sentía su calor y su dulce olor. Sonrió tontamente y bostezando se imaginó que Gabrielle era realmente su esclava y no su inalcanzable amiga. Una sonrisa demasiado traviesa se coló en sus labios. Pero volvió a la realidad. Se estiró entre las mantas y salió de ellas para vestirse. Apenas se había puesto a ello, cuando llamaron a su puerta:

"Adelante" pronunció. No paso nadie, pero escuchó el murmullo de una hoja, deslizándose por el suelo. Habían pasado por la ranura de la puerta un trozo de pergamino cuidadosamente escrito:

Sofia te espero para desayunar en mi comedor. Quizás entonces podamos hablar. Mientras tanto, mandé colocar ropa en tu armario. He pensado que para aligerar tu viaje; no habrías traído mucha. Te espero.

Kambara

Xena releyó la carta antes de acercarse al armario sigilosamente. Ya había oído y visto a los sirvientes, mientras paseándose por le habitación la dejaban nuevas ropas, alrededor de las seis de la madrugada.

Para bajar a desayunar escogió unos pantalones negros y una camisa de tela igual de oscura, pero muy suave. Aquel hombre podría ser un canalla, pero tenía buen gusto.

Antes de salir de la habitación, se fijó en Gabrielle. No iba a despertarla aún. Se la veía tan delicada y feliz descansando despreocupada como un ángel, que decidió subir más tarde a por ella. Colocó la nota de Kambara, junto a una suya explicándole donde estaba, encima de su almohada.

Cerró la puerta y bajó.

Desde el pasillo que recordaba haber recorrido el día anterior, se olía un rico aroma: bollería y dulces se mezclaban en el aire, y más tarde en la mesa central de un precioso comedor, como pudo comprobar al entrar. Sobre la mesa había bebidas, bollos, fruta y más manjares, y presidiendo aquel banquete, Kambara. Sonrió, y le invitó a sentarse:

"Buenos días"

"Buenos días" repitió Xena

"Con el estómago dulcemente lleno es como mejor se puede hablar, ¿no crees?"


No abarcaron el tema de conversación que Xena pretendía, hasta que el desayuno no fue retirado y tan solo quedaron ellos dos y un par de humeantes tes. Entonces las trivialidades quedaron apartadas y Kambara permitió que Xena expusiera la razón de su visita:

"No solo tus enemigos se han dado cuenta de tus progresos en cuanto a territorios y poder. Cesar se percató de la magnitud de tu potencial y también de que sigue aumentando"

"¿Y cual es su opinión?"

"Que eres un inteligente estratega. Y podrías ser aun mejor aliado. ¿Qué te parece?"

"¿Qué se propone exactamente?"

"Cesar quiere empezar por una embajada" le informó "Sería un terreno, una zona que le pertenecería. Cada vez que necesitases algo, Julio querría que fueras allí a pedirlo. Sería como un contacto directo con Roma. ¿Qué te parece?"

"Que es demasiado bueno"

"Cuando algo parece demasiado bueno, no es real" sonrió ella "Todo tiene su truco"

"¿Y cual es el de esta oferta?"

"Yo. Tengo que evaluar la ciudad. Comprobar que realmente vale la pena el sacrificio de la embajada, que este lugar tiene la calidad necesaria"

"Me parece una buena oferta. Y si que se lleve a cabo solo depende de que tu des el visto bueno, estoy dispuesto a mostrarte lo maravilloso de esta ciudad" Xena sonrió complacida, al tiempo que se levantaba de la mesa

"Llamaré a mi doncella para que nos acompañe, y bajaremos a reunirnos contigo dentro de un rato, ¿si?" Y con esas palabras y la aprobación de Kambara, desapareció camino de los dormitorios.


Hacía sol y eso favorecía a la ciudad resaltando su belleza. Siendo además día festivo la calle estaba llena de tiendas, puestos y gente, entre ellos niños. Pero toda la alegría y revolución que había en las calles, se detenía momentáneamente al ver pasar siete majestuosos caballos, cuatro montados por guardias rectos y en alerta, un par por dos bellas extranjeras y el último por el gobernante del lugar. Las personas se apartaban para dejar paso, y se arrodillaban como muestra de respeto.

Aun no habían alcanzado la hora de comer cuando seguían visitando la ciudad, sobre sus monturas. La localidad tenía varios templos a cada cual más bello y los edificios gubernamentales y ociosos, como un foro o un teatro, podían alcanzar en coste al palacio de Kambara. Mas de una vez Xena preguntó de donde conseguía dinero para aquellas estructuras, pero solo lograba como respuesta una sonrisa y un cambio de tema. Así que sin llegar a hacer averiguación alguna, alcanzaron el medio día y los límites de la ciudad, con lo que Kambara propuso volver al palacio:

"¿Tan pronto?" preguntó la guerrera

"Creo que esto es cuanto puedo enseñarte. ¿Donde más podríamos ir?" inquirió Kambara, mirándola expectante

"Al reflejo del pueblo y el soberano"

"No te entiendo"

"La prisión" siseo ella "Supongo que tendrás, ¿no?"

"Si, por supuesto"

"Entonces vayamos. Allí, donde esta la alimaña del pueblo, es donde se ve como es realmente la clase de ciudad que se es"

"No te falta razón" sonrió él, aunque poco convencido "Iremos. Pero después de la comida, sino te parece mal"

"Perfecto" aceptó ella, mientras volvían a encaminarse hacía el castillo.


Eran típicas y simples. Estaban en los sótanos de un pequeño cuartel de soldados, acumulando toda la humedad del mismo, lo que las hacía mas lúgubres. Eso, y los gemidos de los casi ochenta prisioneros que podía haber allí. Y Kambara los mostraba con orgullo, como si fueran trofeos. Y como tales, los tenía organizados:

"En esta fila de celdas, todas las de la derecha, hay ladrones, y según sus robos, están en unas u otras"

"¿Todos estos hombres son ladrones?" preguntó Xena asombrada y mirando entre las rejas de cada apartado.

"Todos. Algunos son peores alimañas que otros, pero todos son francamente repugnantes. Como puedes ver, dentro de estas paredes está encerrada toda la porquería que pudiese haber en mi ciudad"

"¿Retienes aquí hasta los que han robado una mísera pieza de fruta?"

"Sí, ¿te parece cruel?" pregunto él, preocupado

"Para nada" musitó ella arrogante "Solo era por curiosidad. Porque supongo que entonces estará aquí la alimaña a la que detuvo mi criada, ¿no?" pensó como para si "Ve a buscar a ese descarriado" ordenó a Gabrielle "Quiero ver que es de él" añadió sonriendo a Kambara "¿Y las demás celdas?"

"En esta asesinos, en esta traficantes y usurpadores, en esta conspiradores, que pretendían levantarse contra mi…" al pasar al lado de esta celda, sonrió a los presos saludándolos burlonamente con la mano.

"¿El pueblo no esta contento con tu mandato?" preguntó Xena, dispuesta a meterle algo de miedo.

"¿Qué?" preguntó espantado "¡Que va! ¡Que va!" se dispuso a corregir "¡Solo estos imbéciles se atrevieron a conjurar contra mi!"

"Eso no es cierto, bella mujer" comentó uno de los hombres "Puedo darle nombres, lugares y más cosas, y vería que hay millares de hombres que desean verle en el lodo, además del atemorizado pueblo"

"¡Cállate!" ordenó fuera de sus casillas Kambara "¡Y no mientas a esta mujer! Es prima y enviada especial de Cesar"

"¿Cesar?" preguntó el hombre asqueado "Ese hombre es peor que tú" dicho lo cual escupió al suelo, mostrando su desagrado. Xena sintió que aquel rebelde iba a caerle bien. Y aquel preso no entendió como pudo ver en los ojos de la aristócrata, una chispa de picardía al oír su comentario.

"Creo que sé de alguien que no va a comer en una temporada" siseó malévolo Kambara "Sofía, te ruego que no le hagas el menor caso. Es un pobre desesperado que se agarra a cualquier oportunidad que cree tener" le excusó "Vayamos a ver a la sabandija que detuviste, ¿quieres?" preguntó tendiendo su brazo.


"¡Gabrielle!" siseó feliz Limus "No sabría cuando conseguiríais bajar" sonrió

"Pues aquí estamos, pero baja la voz y disimula"

"De acuerdo, de acuerdo" aceptó "¡Pero… pero… es que he visto a mi hermana!" anunció eufórico

"Shhhh" insistió Gabrielle "¿Dónde? ¿Cuándo?" preguntó cautelosa, pero partícipe de su alegría

"Y ella me vio a mi. Lo sé por como sonrió" insistió él "Detrás de esa puerta, dentro mantienen a varios nobles más" resumió señalando un portón, que había al fondo del pasillo "Se acercan, Gabrielle" murmuró mirando tras la espalda de la bardo "Antes de nada, te digo que no se más" tras eso calló y bajó la mirada, mientras las siluetas de Xena y Kambara se colocaban frente a él, delante de Gabrielle

"Así que entablando amistad con el ladronzuelo, ¿eh?" preguntó Xena

"Si, pero no vale la pena hablar con él. Solo es un niño aburrido de su casa que decidió escapar de ella. No hay más que contar" murmuró, como haría una correcta esclava, pero utilizando una clara señal de que tenía la información que necesitaban.

"Así que es un ser inútil" insistió, para confirmar la indirecta de la bardo

"Completamente" dijo Gabrielle, que aprovechando un despiste de Kambara le señaló la puerta del final del pasillo, con la mirada.

"¿Nos vamos?" preguntó el dictador, tendiendo su brazo de nuevo

"Claro" aceptó Xena "Pero antes, ¿qué hay detrás de esa puerta?"

"Na… nada, solo armas y municiones" siseó bajito, a fin de que ninguno de los presos le oyese y pudiera decir la verdad "Marchemos a cenar" pidió inseguro, haciendo sonreír burlona a Xena.


"Espero que la visita te haya dado una buena opinión del pueblo" comentó Kambara mirando a los ojos de Xena, mientras se llevaba el último trozo de carne a la boca.

"Si, no ha estado nada mal" comentó con desgana "Pero ha sido como esta cena…" susurró seria "Deliciosa, pero un poco escasa, sobre todo en nuestra visita a los calabozos"

"Por un lado, los calabozos no daban para más, no son interesantes ni muy complejos. En mi opinión creo que la visita ha sido tan intensa como debía" contestó convencido "Y en cuanto a la cena, queda un postre especial preparado exclusivamente para vos, así que la cena no es breve, pues aun no ha concluido"

"¿Qué te dije sobre tutearme?" preguntó.

"De acuerdo Sofia, te tutearé, pero mientras andamos hacia el balcón. Allí nos servirán el postre con el fin de que podamos charlar a solas" contestó sonriendo maquiavélicamente.

"Claro, ¿por qué no?" respondió Xena con tranquilidad. Sin embargo, con tan solo imaginar las intenciones de aquel postre, se le revolvían las tripas del asco.

Instintivamente miró a Gabrielle, mientras se ponía en pie junto a Kambara. La bardo se fijó en su mirada e hizo amago de seguirla. Cuando oyó al dictador, diciendo que el postre sería a solas, se enfureció pensando que se iría con su guerrera, pero a lo mejor con aquella mirada Xena la pedía que los acompañase.

La bardo ando hasta la guerrera, cuando se oyó de nuevo al dictador "Estaremos tan solo ahí fuera" murmuró señalando el balcón de aquel comedor "No vas a precisar a tu esclava. Todo lo que necesitemos ellos nos lo ofrecerán" añadió señalando a su propios sirvientes "Así que ella puede marcharse ya a sus aposentos"

Xena miró a Gabrielle buscando ver su reacción, pero la bardo tan solo mantenía la cabeza gacha y miraba al suelo, quieta en su sitio. Xena, con cierta desgana, creyó que a Gabrielle no le importaría que aquel estúpido quisiese estar a solas con ella. Con algo de pesar, asintió con la cabeza al comentario de Kambara, dijo "Márchate a dormir" Y comenzó a andar hacia el balcón seguida del dictador.

Gabrielle caminó hacia la puerta, manteniendo la mirada baja, porque sus ojos podían echar chispas en aquel instante. ¿A solas en el balcón, para tomar el postre? ¡Aquel estúpido era un descarado! Pero en ese palacio, ella tan solo era una criada y no podía quejarse. Mostrando su fingida obediencia y no su sentida furia se marchó de allí tan rápido como pudo.


Tumbados en dos hamacas, observaban el pueblo desde la altura del balcón. Era innegable la belleza de aquella desdichada ciudad y más de noche, con todas sus antorchas iluminando tambaleantes cada escondido rincón. Lo único feo en ella era quien la regentaba, Kambara. Aquel señor de la guerra, que había acabado con la democracia en la zona era el único capaz de estropear esa villa. Y con la panorámica de la hermosa ciudad frente a sí, Xena decidió que echaría a ese cerdo del poder tan rápido como fuese capaz.

Volvió a mirar a Kambara, que continuaba hablando. Desde hacía cinco minutos había comenzado un monólogo y no se callaba. La guerrera tan solo asentía con la cabeza y sonreía de vez en cuando, sin saber ni si quiera de que estaba hablando. Desde que el estupendo manjar que Kambara había ordenado servirles, se acabara, no tenía nada que comer, por lo que tan solo se limitaba a mirarle a él y luego a la ciudad. Además tenía que vigilarle, porque cada ratito, intentando disimular, Kambara acercaba su hamaca a la suya centímetro a centímetro, como si no estuviesen ya lo suficientemente cerca.

Volvió a prestarle atención justo a tiempo de oírle decir: "…así es como debe ser, ya me entiendes" sonrió

"Por supuesto" respondió Xena. Podía estar poniendo a parir a toda Grecia, y Xena no se hubiese enterado, pero el dictador no parecía darse cuenta, porque además de la charla, se encontraba encandilado por la belleza de aquella "noble romana".

"Veo que te agradó el postre"

"Si. Tenias razón, era un estupendo manjar, que sin duda remató la cena"

"Entonces, os ha gustado" celebró. Xena lo corroboró, asintiendo con la cabeza "¿Igual que mi humilde ciudad?"

"Si, vuestra ciudad me ha embrujado. Aunque de humilde tiene poco…" respondió Xena, mientras sentía unos pasos en el pasillo, entrando en el comedor

"¿Y yo, Sofía? ¿Os gusto?" preguntó con tono lascivo. Los pasos se hacían más fuertes y estaban atravesando el salón camino a aquella terraza. Xena sonrió, falsamente halagada ante aquella estúpida pregunta

"Te dije que me tuteases" le recordó, cuando los pasos se detenían. Fuese quien fuese, estaba en la puerta de aquel balcón.

"En ese caso…" siseó Kambara ajeno a la persona que les acompañaba

"Mi señora…" susurró una voz, sumisa, pero potente. Un torrente de felicidad recorrió a Xena. Siempre se alegraba de oír la voz de Gabrielle, pero en aquella ocasión, aun más. Aprovechando que se giraba hacia la puerta del balcón, igual que Kambara, sonrió feliz de oreja a oreja, antes de ponerse seria de nuevo y decir:

"¡¿Se puede saber que ocurre?! ¿Por qué has venido?"

"Lo lamento muchísimo…" siseó ella "…pero es uno de vuestros mensajeros. Acaba de llegar y con noticias de Roma. Creí que os interesaría" susurró

"Es posible que si…" meditó Xena, fingiendo que no quería acabar con aquella reunión a solas "Lo lamento, pero creo que he de retirarme" comentó con Kambara "Aunque de todas formas ya es una hora lo suficiente decente como para volver a mis aposentos. ¿nos veremos mañana?"

"Por supuesto que sí. Te estaré esperando a la hora del desayuno" sonrió el dictador

"Perfecto" sonrió Xena antes de abandonar su hamaca y avanzar dándole la espalda a Kambara y mirando a Gabrielle. La bardo puedo leer como Xena, moviendo los labios, le decía sonriendo "Muchísimas gracias"

Cuando ambas mujeres se hubieron ido, acompañadas por un sequito de esclavos, Kambara, frustrado y algo enfadado, se acercó a su mano derecha, su esclavo más fiel. Cuando el pobre hombre se acercó a su dueño, el dictador le pidió un recado muy exacto, acabar con aquella esclava entrometida y plasta, pero no con violencia -por si acaso a Sofía no le parecía bien-, sino con palabras:

"Quiero que investigues quien es, que busques cualquier trapo sucio que pueda tener y que pueda alejarla de Sofía. Y lo quiero mañana. No duermas si es necesario"

"Entendido, señor"

"Así me gusta"


Gabrielle, terminando de ordenar toda su ropa y sus pertenencias, observó a Xena, que con pasmosa rapidez ya se encontraba entre las sábanas. La guerrera miraba relajada al techo, como pensando en sus asuntos. La bardo sonrió al observarla. Ver a la guerrera tan solo tumbada y tan tranquila, le transmitía una dulce calma.

"¿Por qué me miras así?" preguntó Xena, sin retirar la vista del techo. Gabrielle apartó la mirada al instante. Debía haber recordado que lo notaría, igual que siempre notaba todo.

"Perdona..." se excusó

"No importa"

"Es solo que estaba pensando, ¿hasta donde dejarás que se acerque ese dictador a ti?"

"¿A que te refieres?"

"Sabes a que me refiero" respondió Gabrielle, buscando una forma de plantear el asunto sin arriesgarse a exponer sus sentimientos. "El plan avanza bien, pero se ve que Kambara tiene ciertas esperanzas contigo y quiere ir más allá en vuestra relación. Si le paras, puede que sospeche y se de cuenta de todo, pero si no le paras…" comentó torciendo el gesto

"…lo sé, si no le paro, puede ser asqueroso" respondió Xena, torciendo también el gesto y haciéndola reír. "La verdad, es que creo que intentaré mostrarme como una recatada y estrecha noble romana, aunque ese tipo de mujeres no exista" le comentó haciéndola reír.

"De acuerdo, me parece bien" comentó Gabrielle.

"Anda, ven aquí" le pidió Xena, señalando las sabanas. La bardo corrió a donde era llamada, metiéndose en la cama hechizada por la invitación de su amiga "Buenas noches, Gabby" susurró Xena junto a ella. Gabrielle sonrió encantada, antes de responder:

"Felices sueños, Xena"

"Y por cierto… muchas gracias por habernos interrumpido" añadió de carrerilla, haciendo estallar en carcajadas a Gabrielle

"Muchas de nadas" respondió ella "Ha sido un placer" añadió completamente sincera.

Continuará...