Andando por los pasillos lentamente y en completo silencio, Gabrielle sentía como sus ojitos se cerraban lentamente a cada paso que daba. Xena andaba junto a ella, mientras todos los esclavos que siempre las acompañaban, las escoltaban a su alrededor. La bardo hizo un esfuerzo por apartar el sueño de su cabeza, aunque hiciese breves momentos que se había despertado. Sintió que un fuerte bostezo se hacía con ella al recordar como dormía placidamente y bostezó en silencio, pero no pasó desapercibido para Xena. La guerrera sonrió antes de volver a serenar su rostro y decir sería y firme:
"No bosteces. ¿Quién te ha dado permiso?" Xena se moría por reír al ver la cara atónita de Gabrielle. Sin embargo la guerrera aguantó las carcajadas al tiempo que Gabrielle comprendía que no podía contestarla, pues para todos los que la rodeaban ella tan solo era una sumisa esclava. Ya se vengaría más tarde, decidió Gabrielle, mientras entraban al comedor, otra vez.
Como siempre Kambara las esperaba ya sentado y con el espléndido desayuno servido sobre la mesa. Pero aquella mañana algo era diferente: los diez guardias colocados a las espaldas del dictador.
Gabrielle respiró hondo al ver aquello y buscando no parecer temerosa miró al suelo con la cabeza gacha, como una buena esclava. Sin embargo no podía dejar de temer aquella extraña situación, ¿les habría descubierto? En ese caso estaban perdidas.
Xena debió de adivinar que suposiciones pasaban por la cabeza de la bardo, o quizás ella también pensaba lo mismo, por lo que susurró:
"No te preocupes, actúa natural. Verás que no ocurre nada" fue un siseó casi inaudible, pero Gabrielle lo entendió y obedeció mientras andaban hacia la mesa. Igual que siempre, Xena tomó asiento, mientras que Gabrielle se quedaba de pie a unos metro de ella.
"Buenos días" dijo al fin Kambara
"Buenos días" respondió sonriendo Xena "¿A que se debe ese despliegue de soldados?" preguntó como si se tratara de lo más normal. Como siempre no importaba que el peligro fuera obvio, su templanza le acompañaba en cada sílaba
"Tengo un pequeño problema" comentó Kambara. Aquella frase sonó tan amenazante que Gabrielle echó realmente de menos sus sais "Creo que algo no va bien" añadió, mirando al instante a los ojos de la bardo. Nunca la miraba y menos directamente, siempre la ignoraba. Algo iba realmente mal. De nuevo echo algo más en falta, el chakram de Xena. Quizás si salía corriendo podría conseguir llegar a las armas y…
"Explícate. Odio a quienes se andan por las ramas" le exigió Xena, mientras se sentaba a la mesa y comenzaba a ojear el desayuno que habían servido.
"Tu fiel sirviente, Sofía, creo que no es tan fiel"
"Sigues andando por las ramas" bramó Xena
"¿Cómo se llama la que te acompaña a todas partes y es digna de tu confianza?"
"¿Cómo?" repitió extrañada
"Ya que no respondes tú, lo haré yo. Se llama Gabrielle, y algunos la conocen como la bardo de Potedaia" comentó el dictador con gesto furioso. Gabrielle conservó su mirada en el suelo y se obligó a mantener el cuerpo libre de tensiones, a pesar de que todo su ser quería contraerse de terror ante aquellas palabras. El dictador volvió a hablar, ¿aun tenía más que añadir?, pensó angustiada.
"Sin embargo otros la conocen como la compañera inseparable de Xena, la princesa guerrera" gruñó. Los hombros de Xena se tensaron, Gabrielle lo había visto, la guerrera también estaba nerviosa. Si Xena se agitaba, ¡Gabrielle perdía los nervios! "Sofía…" farfulló aquel desagradable hombre "…espero que tú no supieses nada de esto" declaró.
Xena se tomó su tiempo, levantó el rostro y le miró con calma, como inspeccionándole, antes de contestar "¿Bromeas? ¿Cómo no iba a saberlo?" preguntó como si fuese lo más lógico del mundo. Gabrielle miró a su amiga, ¿Qué iba a hacer? Quizás confesaría su auténtica identidad, se descubriría y todo su plan se iría al garete, tan solo porque a ella la habían reconocido.
"Señor, yo…" se adelantó Gabrielle
"¡Calla!" ordenó Xena. La bardo acató sus palabras al instante, mirándola extrañada. Debía tener otro plan en mente, en lugar de descubrirse. Perfecto "No te he dado permiso para que hables. Además no hace falta que te excuses. Lo haré yo" comentó Xena, sentada a la mesa y sin girarse hacia Gabrielle mientras se dirigía a ella. De nuevo tocó el turno de hablar a Kambara "No tomaré represalias pues sé lo importante que es la seguridad para sobrevivir en los tiempos que corren, pero esta insolencia bien podría haberte salido cara. Así que te aconsejo que los hagas desaparecer antes de que me ofenda"
"Pero…" reclamó él
"Ahora, ¡a todos!" aclaró Xena firmemente
"Es… esta bien" respondió, obedeciéndola como si el fuese el esclavo. A su señal cada hombre de su guardia volvió por donde había venido.
"Bien. Y en cuanto a la cuestión que planteabas, ¿cómo no voy a saber quien es esa mujer?" preguntó desayunando al mismo tiempo, con toda la despreocupación del mundo. "¿Cómo crees que llegó hasta mi?"
"¿Por un mercader de esclavos?" preguntó
"¡No! Esos solo tienen hombres viejos y zarrapastrosos. ¿Acaso no oíste que Cesar logró acabar con Xena, la princesa guerrera?"
"No te sigo"
"Es sencillo, para esa… asquerosa mujer, solo había un destino, la cruz. Oí que permaneció una semana viva, sin lograr acabar con su agonía, y después un mes colgando cadáver" relató fingiendo disfrutar con lo morboso de la historia "Pero quedaba la cuestión de su compañera, una agradable pueblerina que permaneció junto a Xena amenizando sus últimos años" comentó "Cesar no sabía que hacer, pero desde luego no pensaba gastar una cruz con ella, así que la pedí para mi; algo así como un regalo especial. En lugar de que ordenase a alguno de sus hombres matarla, quizás con una flecha en el corazón"
"Entonces, ¿desde el principio sabías quien había sido esta mujer?"
"Nadie se convierte en mi doncella de confianza, sin que yo confié en ella. Se cada trapo sucio de esa mujer, y desde luego conozco todo su pasado"
"En ese caso, no sabes cuanto lo lamento" respondió "He de admitir que ordené a uno de mis hombres que averiguase… cosas sobre tu criada"
"Cosas… ya" jadeó Xena
"Si, a mi también me gusta asegurarme de que puedo confiar en quienes me rodean" se excusó con una sonrisa torpe "Y al decirme aquello, no sé, al principio no imagine que tu pudieses mezclarte con alguien que lucho contra Roma. Y luego pensé que quizás no lo sabías."
"Quizás ese es el problema. A veces no es bueno pensar tanto" respondió ella, fingiendo estar ofendida.
"Supongo. Perdóname" pidió "¿Desayunamos?" Las tripas de Gabrielle se quejaron con un fuerte sonido. La angustia de momentos anteriores había desaparecido y con ello había regresado el hambre. ¡Y cuánto hambre!
"¿Y esto?" preguntó Xena observando lo que contenía el envoltorio. Se encontraba paseando con Kambara por los jardines que rodeaban su palacio. Caminaban los dos absolutamente solos y por cada paso que andaban, Xena echaba más de menos a la bardo. Pero Kambara, ajeno a todo aquello, le había dado un regalo. Se trataba de un paquete, en el cual encontró una piedra preciosa. "¿Por qué me lo das?"
"No lo sé. No tiene motivo alguno. Tan solo quise regalártelo. Una mujer tan bella como tu se merece este tipo de regalos"
"Es una joya bellísima" sonrió Xena, fingiendo que le interesaba. Seguramente cuando todo aquello acabase y volviese al camino con Gabrielle, lo venderían en el primer mercado "No será un sutil chantaje para que olvide tu error de este desayuno, ¿verdad?" inquirió mirándole a los ojos. Él comenzó a tartamudear.
"Bue… bueno, quizás si. Tan solo quiero que me perdones"
"Esta bien…" siseó mirando la joya y guardándosela "Pero creo que no será suficiente"
"Yo opino igual que tú" comentó sonriente "Tengo algo más preparado"
"¿El qué?"
"No puedo decírtelo, pero si te confesaré que con ello espero convencerte para que me recomiendes a Cesar, y él construya aquí su embajada"
"¿En qué estas pensando?" quiso saber, completamente intrigada
"Esta noche te mostraré como logro mis victorias"
"¿En serio? ¡Eso es fantástico!" celebró
"¿Si?" preguntó él eufórico
"Si" respondió ella, igual de contenta. Al fin vería el reloj y quizás entonces lograría recuperarlo y devolverlo, acabando con todo aquel aburrido teatro "Me parece una idea magnífica. Y si no te importa me retiraré a mi aposento hasta la cena, con el fin de escribir a Cesar. Le contaré todo mi viaje y las buenas noticias"
"Estupendo" sonrió Kambara, no creyendo su suerte y como había cambiado de un momento a otro "Entonces no te entretengo más y te dejo volver a tu cuarto"
"Por fin veremos el reloj" celebró en un susurró Xena, mientras andaba por los pasillos, camino a su habitación "¡Por fin!" repitió eufórica. Alcanzó el cuarto y abrió la puerta con prisa, deseando contarle a Gabrielle las buenas noticias "Gabrielle, est…"
Un litro de agua empapó a Xena por completo.
Se miró de arriba abajo, atónita, sin entender que había pasado. Solo era capaz de pensar que estaba empapada y calada hasta los huesos, cuando escuchó una risa sincera y alegre, que siempre le hacia sonreír.
"Gabrielle…" gruñó la guerrera, mirando hacia la puerta. Sobre esta, en el marco, había una trampa estratégicamente colocada. Volvió a mirar a la bardo que continuaba sin parar de reír. Gabrielle la miró también y entre carcajadas pronunció:
"Perdonad, mi señora, ¿me dais permiso para reírme?"
"Te mato" gruñó apartándose los pelos empapados que se habían pegado a su rostro
"Eh, eh, te advertí que no te aprovechases y lo hiciste. Así que…" No pudo evitarlo y volvió a reírse. Pero algo detuvo sus carcajadas al instante: Xena cambió el rostro. Borró su enfado y sonrió. La bardo tembló entera, al no imaginar que estaría tramando.
"Tienes razón" exclamó Xena, cerrando la puerta de la habitación y mirando fijamente a su amiga "Me aproveché de ti, ¿cierto? Así que esto ha sido un castigo justo" admitió derrotada, caminando hacia ella "¿Hacemos las paces…?" murmuró dando algunos pasos más en dirección a una bardo que no se creía aquel farol "¿…y me das un abrazo como gesto de amistad?" sonrió pícaramente
"No, no, Xena, ¡ni se te ocurra!" gritó nerviosa, antes de que la guerrera se lanzara sobre ella. Echó a correr por la habitación, intentando escapar de ella "Déjame, jajajaja, ¡déjame!"
"¡No!" contestó Xena, agarrándola por fin por detrás y dándole un estrecho abrazo.
"Estás empapada…" gimió Gabrielle entre carcajadas "¡Me estás empapando!" protestó mientras Xena reía feliz por su victoria
"Es culpa tuya" respondió, escurriendo su pelo sobre la espalda de la bardo.
"Me estas helando" murmuró Gabrielle retorciéndose, mientras Xena, satisfecha con la revancha, se separaba de ella.
"¿Empate?" preguntó la guerrera tendiendo su mano
"Estaaaa bien" gruñó la bardo, con una sonrisa resignada "Pero no se te vuelva a ocurrir prohibirme bostezar, ¿vale?"
"Prometido. Perdóname, no lo volveré a hacer" le sonrió Xena dulcemente. Gabrielle, por efecto domino, también sonrió sin apartar la mirada de los ojos de su amiga.
"Estas perdonada, lo sabes" respondió
"En ese caso me iré a dar un buen baño" comentó dirigiéndose a los aseos. Gabrielle, observando su andar, no pudo evitar sonreír. Le encantaban aquellos momentos con Xena, aquellos juegos y situaciones. Esa faceta de su amiga, a veces tan oculta, pero por otro lado maravillosa, le mostraba la parte más humana, divertida y dulce de ella. Y aunque ese tipo de momentos tan solo lograban enamorarla más, le gustaban. Eran como una dulce tortura.
De nuevo se repetía la escena del comedor, Xena cenando y Gabrielle cerca de la mesa. Le crujían las tripas cada vez que su amiga se llevaba un trozo de alimento a la boca. Al menos le consolaba que por cada delicioso bocado escondía una pequeña porción para ella.
Pero aquella cena llevaba un estimulante nuevo, él había dicho que mostraría su secreto. Y no mintió: cuando el alimento comenzó a menguar, miró a uno de sus criados y este marchó de la habitación.
"Te prometí que para conseguir la confianza de Roma y tu amistad, destaparía el secreto que esta haciendo crecer mi imperio. En seguida lo traerán"
"¿Es algo?" preguntó Xena fingiendo sorpresa
"Si, un objeto. Y muy curioso además. Supongo que tiene origen divino, así que agradezco al dios que lo haya perdido, su poca cabeza" siseó con una infantil sonrisa de felicidad. Terminadas sus palabras, el criado entró llevando un objeto cubierto con una gran manta de seda y lo dejó sobre las rodillas de su dueño. No debía medir más de cincuenta centímetros de altura y cuarenta y cinco de ancho. Por las descripciones de Afrodita aquel tenía que ser el objeto. En su día Gabrielle le preguntó porque no podía Afrodita aparecer en el palacio y apropiárselo sin más: Afrodita ya le había adelantado a la guerrera que se encontraba embrujado para que ningún dios pudiese cogerlo, a menos que un humano se lo ofreciera. La diosa, pensando que solo los inmortales lo utilizarían como un arma, dejó a los humanos total libertad sobre la posesión del objeto. ¡Ilusa!, pensó Xena. Pero en ese momento solo debía de preocuparse de una cosa:
Observar el objeto, deducir donde lo llevaban, preguntárselo a Kambara o al menos seguir al esclavo, y una vez lo hubiese recuperado y devolvérselo a la diosa del amor en su templo, que se encargaría de todo.
Kambara, mostrando su impaciencia, destapó el reloj con un suave tirón. Al hacerlo, un tic-tac, que no permitía descubrir de donde provenía exactamente, inundó levemente el aire de la habitación.
"¡¿Un metal?!" preguntó Xena indignada, y frunciendo el entre cejo "¿Qué hace? ¿Matar a los lideres con su propio y horrible reflejo? ¿O es una broma?" siseó templada
"No, nada más lejos. ¿Puedo mostrarte como funciona?" pidió él sonriendo, con la seguridad del que se guarda un As en la manga. "Y si aun así no crees en su potencial…"
"Esta bien, esta bien" permitió Xena impaciente; supuso que no les sobraría un poco de conocimiento sobre el objeto que debían recuperar. Él la sonrió al tiempo que, poniéndose de pie, le tendía el reloj "¿Qué debo hacer con él?"
"Probar su potencial"
"¿En mi?" pregunto pálida. Sabía lo que él reloj hacía. Sabía lo que revelaba. El corazón se le aceleró. Gabrielle no podía enterarse de sus sentimientos. Y estando allí, lo sabría seguro. Su corazón bombeaba aun más deprisa mientras notaba la presión en sus sienes. ¡No! "No, gracias" dictaminó, fingiendo calma. Kambara se quedó congelado a medio camino "Sea como sea, ese objeto es poderosísimo. Me niego a que lo utilices conmigo"
"La prudencia es una cualidad de las mejores mujeres" sonrió él. "Pero, ¿qué crees que puede hacerte este metal? Si todos a los que he vencido hubieran tenido que tocarlo, no habría conseguido ni la mitad de mis victorias" resumió él "Es quien lo sostiene, el que domina el arma. Pruébalo, fíate de mi" pidió y se giró hacia la bardo "Gabrielle, ven aquí" ordenó. Pero la bardo no reaccionó ni obedeció. Permaneció donde se encontraba, quieta, pero devolviéndole la mirada a Kambara. La guerrera creyó que estaría esperando a que ella le diera la orden, pero cuando lo hizo vio en los ojos de Gabrielle, ahora dirigidos a ella, agonía y temor.
"Ven" la pidió suavemente, abrumada por los sentimientos que había en su mirada. La bardo, mordiéndose el labio para no llorar ni quejarse, avanzó hacia ellos dos. Sabía que sería un suicidio llevarle la contraria a Xena pues se descubriría todo el plan, pero en esos momentos, cada paso que daba le hacía sentir que iba hacia el matadero. No sabía para que la requería Kambara, pero si la utilizaba como diana de Xena, no quería estar allí cuando el reloj le confesase a la guerrera su secreto…
"La tienes bien educada" felicitó Kambara "A pesar de haber pertenecido a Xena y a las amazonas" recalcó
"La fidelidad. La salvé de que la ejecutaran" contestó ella. Tras esas palabras había un inmenso vaivén de pensamientos. Sentía que traicionaba a Gabrielle al obligarla a aquello, porque ella misma no podía ofrecerse como diana de Kambara.
"Cogelo" le indicó Kambara, inclinando el objeto hacia Xena. "Piensa únicamente en tu criada" Xena respiró hondo, empezaba a pensar que no tendría coraje para hacerlo. Kambara volvió a mirarla y continuó "Una voz nos anunciara el nombre de su amado. Si es un hombre, será una voz masculina, si es una mujer, al revés" confirmó. Ambos nobles vieron como un escalofrió recorría a la criada. Y por efecto dominó, Xena comenzó a temblar: iba a saber a quien amaba.
Se calmó. Como le indicaba Kambara, cerró los ojos y pensó en Gabrielle. El reloj emitió una descarga que recorrió a Xena, el tic-tac aumentó momentáneamente y enseguida fue reducido al murmullo anterior, al tiempo que el reloj se iluminaba.
"Vaya, que rápido" siseó maravillado Kambara "Eso significa que su corazón lo tiene muy claro" le comentó curioso a Xena. Y entonces sin saber de donde venía el sonido, la voz de una dama anunció fuertemente…
"Esta mujer ama a Xena" declaró alto y claro.
Continuará...
