Cuando Xena sentía que el asco por Kambara no podía ser mayor, unos tímidos golpes en la puerta interrumpieron su charla con el líder. Sin duda por fin traían el reloj.

"¡Pasar!" ordenó Kambara desde su diván. La puerta se abrió a su orden y Xena pudo ver a uno de sus guardias portando el objeto con el cuidado de quien lleva su vida entre las manos. La guerrera supuso que las medidas de seguridad eran de una severidad extrema, pero fuera de su escondite solo sus guardias cuidaban de él. Seria fácil apropiarse por fin del reloj.

Mientras planeaba su captura, el guardia pasó al interior de la habitación mostrando a Xena algo con lo que no contaba. Fuera esperaban firmes y armados alrededor de treinta hombres más. El rostro de Xena se tenso por la sorpresa y el gesto no pasó desapercibido para Kambara, que dijo con orgullo:

"¿Te gusta mi despliegue militar? Ellos son parte de mis muchas medidas de seguridad" le explicó contento consigo mismo "Como ves cuido muy bien mis pertenencias más valiosas" siseo poniéndole ojitos.

"Si, ya lo veo" sonrió Xena falsamente "¿Cuántos son exactamente?"

"Fuera hay 30 o 31 más o menos y un poco más atrá caballo" calculó rápidamente "Pero tú, mi invitada, no te preocupes por esas banalidades y disfruta del Reloj" la susurró feliz. El soldado que sostenía el valioso objeto ando hasta la princesa guerrera y se lo entrego con una reverencia. Lo recogió encantada, casi sin creérselo y sonriendo de oreja a oreja. Con el reloj entre sus manos sintió que el plan marchaba y eso siempre era buena señal.

"¿Te gusta?" preguntó Kambara

"Me encanta" siseó Xena mirándolo detenidamente. Realmente era bello, incluso su sonido, su leve tic-tac sonaba armonioso.

"¡SEÑOR, SEÑOR!" jadeó un hombre apoyado contra el marco de la puerta, mientras recuperaba la respiración. Todos se giraron a mirarle y Xena supo al segundo que algo no iba bien. "Los presos... las mazmorras... y-yo..." intentaba hablar pero se asfixiaba.

"Cálmate, imbécil!" le ordenó Kambara "Respira y habla, ¡vamos!"

"Son los presos, señor. Se han escapado. Noquearon a los guardias y se dirigen hacia aquí, señor"

"¡¿Qué?! ¡¿Cómo ha ocurrido?!"

"Fue su criada" jadeó, como si ni él mismo lo creyese "Ella nos engañó y les liberó"

"¡¿Sofía?!" siseó furioso Kambara, girándose hacia su invitada. Xena ya tenía el reloj bien agarrado y con una sonrisa picara contestó:

"Supongo que hoy en día es complicado encontrar una buena sirvienta" bromeó con sorna.

"¿Lo sabías?" preguntó atónito "¡A por ella!" ordenó furioso. Recibió el primer ataque del mismo soldado que momentos antes le había traído el reloj. Le derribó de una sola patada mientras para asombro de todos los guardias que entraban en la habitación, realizó su grito de guerra. Todos los soldados se detuvieron al instante al reconocerla. Aquel grito les puso los pelos de punta, mientras se concienciaban de la enemiga a la que tenían k enfrentarse.

"Xenaaa.." siseó uno de los guardias con terror en la voz

"¡Ya se quien es!" rugió Kambara "pero no me importa... ¡acabar con ella!" ordeno enloquecido. Los soldados volvieron en si con la orden y arremetieron contra su temida princesa guerrera, que les esperaba con una sonrisa maléfica de oreja a oreja.

Empieza la diversión... pensó Xena mientras los soldados comenzaban a correr hacia ella.

"¡ENTRAR!" gritó fuera de si Kambara. Su orden fue escuchada por todos los guardias que fuera protegían el reloj. Xena echó cuentas rápidamente e imaginó que no sería nada fácil hacerse cargo de todos ellos. Necesitaba a los refuerzos. Con una hábil voltereta cayó junto a la puerta y la golpeó con una firme patada, sacudiendo a cuantos estaban detrás intentando abrirla, derrumbándolos. Echó firmemente el cerrojo, antes de comprobar cuantos hombres habían logrado entrar. Rodeando fielmente a Kambara, diez soldados la fulminaban con miradas de furia.

Agarró el reloj con fuerza y sacando su espada de su escondite, debajo de la cama, farfulló con una sonrisa malvada "¿Quién va primero?"


Gabrielle dirigía con furia y velocidad al pequeño ejercito que formaban los presos. Nadie les había detenido cuando atravesaban el pueblo y en su sonada llegada a las puertas de palacio tan solo habían encontrado a cuatro centinelas y la pelea había sido muy breve. Sonreía eufórica gritando palabras de animo a la multitud que la seguía ya de por si embravecidos.

A pesar de todo su corazón latía histérico, mientras pensaba en los problemas que podría estar teniendo su guerrera. El guardia que les descubrió ya habría dado la voz de alarma y Xena se hallaba sola ante todos los soldados que se encontraban en palacio. Un escalofrió de terror la recorrió, mientras cruzaban los pasillos que ya se conocía y doblaban una de sus esquinas. El grupo se detuvo de golpe, chocando entre si.

Varias caras atónitas les miraban sin entender nada. Gabrielle reconoció al grupo que tenía ante sí, como los criados que les habían atendido durante aquellos días. Aun conservaban sus uniformes y estaban rectos como estatuas. Se miraron entre si, y luego de nuevo al grupo liderado por Gabrielle. La bardo permanecía estoica y en posición de alerta, sin saber si eran enemigos, aliados o solo pasaban por ahí. Una joven, casi una niña, miró a Gabrielle y preguntó tímidamente:

"Hemos oído que vais contra Kambara… ¿es así?"

"Si" respondió la bardo sin saber que reacción esperar.

Una chispa traviesa iluminó los ojos de la criada, que soltando sus trapos de limpieza y una escoba, exclamó:

"¡A por él!" su grito fue devuelto por los demás sirvientes que con la misma euforia se unieron al resto de hombres, siguiendo a Gabrielle de nuevo.

El trepidante ritmo de la bardo no dejó atrás a ninguno solo de los aldeanos, que parecían no ver el momento de comenzar la pelea. Por su parte, ella solo tenía en mente alcanzar el dormitorio tan rápido como fuera capaz. Aunque sabía que la unión de los criados era un punto a su favor, la interrupción había incrementado sus nervios y sus prisas. Ni si quiera estaba segura de que la pelea se estuviese produciendo en el dormitorio de Xena y eso aumentaba sus miedos. No quería imaginar cuanto tiempo podría aguantar la guerrera sin los refuerzos.

Pero en cuanto alcanzó el pasillo de los dormitorios, comprendió que había acertado. El estruendo de la pelea llegó hasta sus oídos y frente a si se encontraron a un numeroso grupo de guardias. Intentaban derrumbar la puerta con todo lo que tenían a mano, desde patadas hasta con las espadas. E incluso los seis hombres que montaban a caballo parecían dispuestos a intentarlo con una coz. En medio de todo aquel jaleo la voz de Gabrielle se hizo oír:

"¡No os preocupéis tanto por lo que hay detrás de la puerta!" gritó con recochineo "Bastante tenéis con lo que os espera fuera" siseó amenazante, al ver sus miradas de terror al encontrarse con el grupo de rebeldes "¡Al ataque!" exclamó a pleno pulmón, lanzándose contra ellos, acompañada por todos los presos y criados.


Xena golpeó en el estómago a uno de sus atacantes y mientras este se derrumbaba por el dolor y otros tres cargaban contra ella, su corazón dio un vuelco de alegría. Fuera resonó la voz de su bardo hasta llegar a sus oídos. Su cuerpo se relajó entonces de una tensión que casi no había sentido que la recorría. Gabrielle estaba bien y el plan continuaba adelante.

Respiró hondo centrándose en su propia lucha y comprobó que junto a Kambara, tan solo quedaban en pie cuatro hombres, pero que no se atrevían a atacar de nuevo, sino que permanecían fielmente junto a su dictador, protegiéndole. Se encontraban en silencio, de manera que apenas se oían las aceleradas respiraciones de los cansados soldados y los gruñidos de Kambara, mientras llegaba el rumor de la lucha que acontecía fuera.

Xena, con la espada alzada y sin signos de fatiga, les sonreía retadora, cuando un golpe en la puerta llamó la atención de todos. Al principio imaginó que se trataría de algún puñetazo mal enviado. Pero su corazón le advirtió de que no era así, cuando los golpes se repitieron dos veces más. Su instinto le dijo que una joven bardo estaría detrás de la puerta, seguramente preocupada por el silencio casi sepulcral que debía escuchar. La guerrera respiró hondo, calmándose y fingiendo seguridad mientras su mente buscaba la manera de resolverlo. Pero el rostro de Kambara le advirtió de que su fachada de tranquila seguridad no había funcionado. El segundo de duda en los ojos de Xena no había pasado desapercibido a los ojos del dictador, que ahora sonreía malévolamente.

"¡Id hacia la puerta!" gritó imaginando quién estaría detrás de la puerta.

"Si abrimos, acabaran con nosotros" razonó con terror uno de los cuatro temblorosos guerreros. Pero Xena preocupada, sabía que esa no era la intención de Kambara. Otro golpe en la puerta aumentó la sonrisa del dictador.

"No. Porque tan solo hemos de retener a quien esta llamando tan amablemente" contestó, dirigiéndoles a todos hacia la puerta "¿Tu amiguita no quiere entrar? ¡Pues que entre!" ladró sonriente. Uno de los soldados se deslizó veloz hasta el pomo de la puerta, y escondiéndose tras ella, retiró el pestillo mientras los demás hombres cubrían su espalda de cualquier ataque de la guerrera. Pero Kambara comprobó que aquello no era suficiente. Cuando la bardo se asomó por la puerta, su hombre alzó la espalda para apresarla por sorpresa. Pero algo golpeó contra el casco del hombre. Su cabeza reboto por el efecto contra la puerta. Cayó inconsciente mientras Xena recogía su chakram, sonriendo inocentemente. La bardo comprendió la situación rápidamente, según entró en el cuarto y vio caer inconsciente al guerrero. Cerró la puerta tras de sí, armada con los sais y lista para atacar. Caminó de espaldas hacia la guerrera, sin perder de vista a los tres hombres y Kambara. Cuando sintió junto a ella la figura de Xena, alzó la mirada encontrándose con la más dulce de las sonrisa. Todas sus preocupaciones desaparecieron, y sonriendo completamente seducida por la guerrera, dejó que ella tomara las riendas. El plan no estaba saliendo como habían deseado, pero eso no era nada nuevo, e imaginó que Xena ya tendría una nueva idea en mente.

"Cuatro contra dos, ¿y no os atrevéis?" siseó Xena, sonriéndoles con superioridad "¿Cómo está la situación fuera?" susurró a su amiga

"Depende de cuanto tarden en rendirse. Les triplicamos en número" respondió, recibiendo una mirada sorprendida de Xena, lo que la hizo sentir muy orgullosa. "Conseguí que se unieran todos los presos e incluso los criados" añadió como explicación.

"Esa es mi niña" siseó cariñosamente guiñándole un ojo, sin ser consciente de las sensaciones que eso provocó en el estómago de su amiga "Pero no podemos arriesgarnos" murmuró "Tenemos que salir ya"

"¿Cómo?" preguntó intentando adivinar que había preparado "La pelea del pasillo nos impediría alcanzar la salida"

"Pues recurramos a la de emergencia" respondió con una sonrisa pilla. Alzó su chakram y observó como Kambara y sus hombres se retiraban velozmente contra la pared de la habitación. Xena con una risa juguetona lanzó su arma, rebotándola un par de veces antes de reventar la cristalera de la ventana.

"No, no, no…" murmuró Gabrielle con los ojos como platos. Pero el brillo travieso en los ojos de Xena le advirtió de que saltarían por ella sin lugar a dudas.

"Xena…" gruñó Kambara, tenso y lleno de rabia. La guerrera sabía que se debatía entre atacarla, y ser inteligente y no hacerlo. Adivinó que no se atrevería contando tan solo con tres hombres "¡No escapareis con el reloj!" ladró con una seguridad que no sentía.

"Ya se verá" respondió ella encogiéndose de hombros tranquilamente "Vamonos" le indicó a la bardo, quien intentaba estar serena, pero su mirada no decía lo mismo. La guerrera alcanzó su mano y la entrelazó con fuerza con la suya, antes de tirar de ella para dirigirla hacia la ventana. Subieron de un salto al marco y Gabrielle sin querer mirar los metros que las separaban del suelo, respiró hondo. Un cariñoso apretón le recordó quien estaba a su lado y una embriagadora sensación de seguridad la recorrió. Mirando a los ojos de Xena se veía capaz de saltar desde el monte Olimpo sin miedo a nada.

Cuando detrás suyo escucharon los pasos de Kambara y sus hombres intentando alcanzarlas, saltaron a la vez sin necesidad de mediar palabras. Gabrielle apenas tuvo un instante para comprender que unos oscuros arbustos serían su destino. Cerró los ojos y tan solo esperó el golpe. Pero mas que un choque, fue un suave aterrizaje. Su cuerpo cayó sobre algo blando y cómodo, y cuando se atrevió a abrir los ojos, varias almohadas la rodeaban cubiertas estratégicamente con algunas ramas. La bardo no supo decir quien estaba más sorprendido, si ella o los soldados que las miraban atónitos desde la ventana.

"¿Estás bien?" preguntó entonces la voz preocupada de Xena, que no había soltado su mano ni un instante

"Ahora entiendo porque desaparecieron todos los cojines" respondió tranquila, reclinándose cómodamente y haciendo reír a la guerrera. Xena se puso en pie y agarrando con fuerza el reloj, silbó atronadoramente.

"Xena, no vendrá" contestó Gabrielle levantándose y sacudiendo las ramitas que quedaban en su ropa

"¿Dónde está?" cuestionó apartando las almohadas, tirándolas lejos

"Te empeñaste en dejarla en la cuadra de palacio, ¿recuerdas? Querías que descansara y disfrutase mientras permaneciésemos aquí. Así que andará en la cuadra limpita y comiendo caviar para caballos" bromeó Gabrielle. La guerrera adoptó una pose gruñona por el contratiempo, cuando sobre sus cabezas resonó la voz de Kambara "¡Bajad a por ellas!"

"Que hombre más plasta…" farfulló Xena "Vayamos a por Argo" dictaminó mientras marchaban veloces hacia las cuadras.

Continuará...