Mientras el pasillo de los aposentos se había convertido en todo un campo de batalla donde los rebeldes vencían sin mucha dificultad. El dictador asomó su rostro apenas un segundo y el miedo se hizo con él. Su ambición le ordenaba salir al pasillo y perseguir a la zorra que huía con su reloj, pero su prudencia le advertía que sería un suicidio. Tras él los tres guardias esperaban sus órdenes, cuando la solución apareció ante los ojos del dictador. Entre el fulgor de la batalla nadie parecía reparar en la puerta entreabierta por donde Kambara se asomaba. Aprovechó su oportunidad y abrió la puerta de golpe, atrapando por la espalda a una criada. La joven, la misma que había hablado con Gabrielle, se encontró dolorosamente retenida y con un cuchillo en su yugular, lo que detuvo la lucha al instante. Todos se volvieron hacia ellos, mientras Kambara alzaba la voz fuera de sí.

"Soltad las armas, ¡YA!" ordenó. La joven, con rostro de pánico, sacó valor y gimió negando suavemente con la cabeza.

"No, no, no os dejéis…" gimió de dolor cuando el dictador aumentó la fuerza de su agarre y la presión del cuchillo sobre su cuello.

"No te hagas la valiente" propuso molesto "¡Hacedlo ya!" insistió, comprobando como en aquella ocasión si hacían caso de la orden. El ruido de metales contra el suelo le hizo sonreír victorioso y continuó exigiendo "¡Alejaros de mis hombres!" gruñó arrastrando a la chica con él hacia sus soldados y los que permanecían aun a caballo "Tú, tú, tú y vosotros dos, subid con ellos" añadió ordenando a algunos de sus hombres que se montasen junto con los jinetes, mientras él se acercaba hacía el sexto caballo, dispuesto a acompañar al jinete en cuanto soltara a la chica "En cuanto monte, salid corriendo hacia las cuadras" ladró junto a los hombres a caballo

"¿Y qué pasa con nosotros?" preguntó uno de los soldados que no había subido a ningún caballo

"No lo sé… dependerá de lo que os quieran hacer los rebeldes" respondió con indiferencia. Entonces en rápido movimiento lanzó a varios metros a la chica con una brusca patada en su espalda, antes de subirse a la montura de un salto "¡Vámonos!" ordenó, mientras salían galopando pasillo abajo.


Cuando distinguieron sin problemas la figura de las cuadras, Xena detuvo un segundo su carrera. Gabrielle aprovechó para recuperar brevemente el aliento, mientras observaba como su guerrera reventaba la cerradura del establo con el chakram. De nuevo echaron a correr, mientras un silbido de Xena provocó un fuerte relinche dentro del edificio. No tuvieron que alcanzar las puertas de la cuadra, porque Argo ya corría veloz hacia ellas, tras derrumbar la entrada con una fuerte coz. Trotó hasta su dueña, que la esperaba sonriente.

"¡Esta es mi chica!" exclamó orgullosa, escuchando tras de sí una sonora y provocada tos. Se giró hacia la bardo con gesto inocentón y ronroneó "Bueno… mis chicas" Gabrielle frunció el ceño con humor, fingiendo no estar del todo contenta, cuando la guerrera se acercó seductoramente a ella "Por cierto, fui muy buena, no permití que me tocara ni un pelo"

"¿Si?" ronroneó ella, siguiendo su juego. Xena asintió efusivamente con la cabeza… cuando el sonido de cascos interrumpió el momento. Xena entrecerró los ojos y tensó su cuerpo, mientras la adrenalina comenzaba a recorrerla

"Ya están aquí" gruñó "Tenemos que irnos" decidió montando a Argo sin soltar el reloj y subiendo a Gabrielle detrás de ella. Con un pequeño relinche, Argo comenzó a correr a la orden de Xena. A su derecha observaron que Kambara les había conseguido alcanzar acompañado de once hombres y seis monturas. La guerrera jadeó, comenzaba a estar realmente harta de aquel tipo.

El lento tic-tac del reloj contrastaba con el acelerado galope de la yegua. Atravesaron la ciudad casi sin dificultades, tan solo con la preocupación de sus perseguidores. Pero cuando las calles principales se acabaron, las afueras dieron lugar a caminos más escarpados y silvestres y tuvieron que reducir la velocidad de Argo. La guerrera confiaba en no ser alcanzada, porque sus perseguidores también montaban a dúo, y eso resentiría a sus caballos. Pero ellas también contaban con el reloj. Con él se hacia más difícil mantener el equilibrio sobre la yegua, lo que podía complicar la huída.

Gabrielle observó como los hombros y el cuello de la guerrera se tensaban y sin verlo, presentía el gesto serio y preocupado en su rostro. Se abrazó con más fuerza a ella, rodeando su estómago, acariciándolo suavemente y acoplando su cuerpo a su espalda con cariño. Lo acompañó de un tierno beso sobre su hombro, entre trote y trote. Ella confiaba en Xena y estaba segura de que todo saldría bien.

La guerrera dejó que su cuerpo sintiera el de Gabrielle, logrando que sus nervios se apaciguasen. Además cuando acto seguido sintió los dulces labios de la bardo en su piel, su confianza comenzó a rebosar y una sonrisita se coló en sus labios. Llegarían al templo y vencerían, de repente estaba segura.

El edificio dedicado a Afrodita no dejaba lugar a dudas de su uso. Desde el escarpado camino que llevaba a su entrada pudieron distinguir el mármol rosa del que estaban construidas sus paredes, y las estatuas en su honor que decoraban el jardín y su recibidor. Xena, animada por la cercanía de la puerta, pero sobretodo por la de Kambara y sus hombres, animó a Argo a aumentar el ritmo.

Bajaron de la yegua frente a la entrada del templo y con un silbido le indicó a Argo que se alejara de allí. No quería arriesgarse a que los hombres del dictador se encontraran con su caballo y decidiesen arremeter contra ella.

Mientras el trote de Argo se alejaba, el de Kambara y sus soldados se acercaba peligrosamente. Habían logrado darlas alcance más rápido de lo que Xena había esperado. Ayudada por Gabrielle abrieron las pesadas puertas empujándolas duramente. Al fin habían llegado. Pero no tuvieron tanta suerte para cerrarla. El sonido de cascos les aviso de la cercanía y cuando comenzaron a empujar de nuevo las puertas, el primero de los caballos entró trotando salvajemente y tras él, lograron seguirle el resto de ellos. Xena retrocedió frustrada, evitando ser alcanzada por los caballos, antes de girarse hacia la bardo:

"¿Por qué no se me ocurrió a mi?" preguntó cómicamente haciéndola reír

"Porque Afrodita te hubiera matado" respondió acercándose a ella, mientras observaban a los soldados reagrupándose con las furiosas ordenes de Kambara

"Cierto" contestó satisfecha "Hablando del rey de Roma… ¡Afrodita!" gritó

"¡Bajad la mitad del caballo y rodeadlas!" ordenó el dictador "Los demás, no permitáis que entreguen el reloj" vociferó furioso

"¡Afrodita!" insistió la guerrera desenvainando su espada. Aunque eran cerca de quince hombres y confiaba en que la mayoría se centraría en ella, Gabrielle se encontraba junto a ella en posición defensiva, preparada para el ataque.

Pero Xena estaba demasiado preocupada por la posibilidad de que Gabrielle corriese riesgo. ¿Dónde estaba esa irritante diosa cuando más la necesitaban? "¡AFRODITA!" insistió fuera de si, colocándose inconscientemente más cerca de Gabrielle, de manera casi protectora, al comprobar que los hombres se acercaban lentamente.

"Cambio de planes" comentó entonces Kambara con una sonrisa maliciosa "¡Atacad todos a la zorra rubita! Eso es Xena, todos a por tu novia" gruño malévolamente. La guerrera había temido aquella estrategia, era el chantaje perfecto para complicarle la lucha y la manera más sencilla de llegar a su punto débil. Y Kambara no necesitaba ningún reloj para saber que funcionaría.

"Maldita sea… ¡Afroditaaa!" gritó a pleno pulmón, casi como una orden, colocándose directamente ante Gabrielle. Nadie tocaría a la bardo, por encima de su cadáver, se dijo a si misma tensando cada músculo de su cuerpo.

"Déjame alguno también a mi, cariño" comentó detrás suyo, haciéndola sonreír y tranquilizándola. A veces olvidaba que junto a ella viajaba una auténtica guerrera. Podría dejarle cuatro o cinco, calculó sonriendo. Un escalofrió recorrió su columna entonces. Afrodita haría por fin acto de aparición.

"Llegas un poco tarde" masculló mirando hacia el altar del templo, donde la diosa del amor se había materializado acompañada de un pequeño cojín

"Lo siento, es que no lo encontraba" se disculpó sacudiendo su cojín, haciéndola resoplar "Debéis dejar el reloj sobre él, para que yo pueda poseerlo e intervenir" aclaró nerviosa

Xena observó su situación. Aunque la divina aparición parecía haber detenido unos momentos a los sorprendidos hombres, la diosa se encontraba en el otro extremo de la sala, con ellos de por medio "¿No puedes poner las cosas más difíciles?" gruñó pensativa. La diosa se encogió de hombros sin saber que contestar, exasperando aun más a la guerrera. Con gestó gruñón se giró hacia la bardo que la miró con una hermosa sonrisa.

"Hazte con él" pidió entregándole el reloj, sin poder evitar suavizar el tono por su dulce bardo "Cuando te haga una señal corre tan veloz como seas capaz. Yo te cubriré hasta que llegues" le explicó levemente, con un asentimiento conforme como respuesta.

"No las dejéis… ¡atacad!" ladró Kambara, dando comienzo a la batalla

"¡No! En mi templo no" lloriqueó la diosa con el primer cruce de espadas. El objetivo de los soldados era llegar a Gabrielle, pero Xena detenía cada amago de ataque. La princesa guerrera se movía rápidamente y con ferocidad, desarmándoles y noqueando a cada hombre que pretendía levantar su espada. Unos caían y otros gemían mientras volvían a atacarlas. Minutos más tarde, se reagruparon entre ellos, bastante aterrados, pero aun dispuestos a pelear. El siguiente ataque fue más numeroso. Los cinco hombres que continuaban en pie, cargaron sobre ella, flanqueados por los dos únicos jinetes que aun no habían sido abatidos.

"Corre" gritó entonces, para sorpresa de todos, casi incluso de la bardo. Los pies de Gabrielle sin embargo reaccionaron al momento y respondieron al grito como si el suelo quemara. Recorría el templo atravesando los metros que la separaban de Afrodita, con grandes y veloces zancadas. Pero cuando el sonido de la batalla que dejaba a unos metros, menguó, otro llegó a sus oídos.

Sin dejar de mirar el cojín que sostenía Afrodita y que era su meta, un leve tic-tac alcanzó con fuerza sus oídos. El reloj entre sus brazos parecía llamarla muy suavemente.

"Cargar contra Xena, no le dejéis respiro" vociferó a sus hombres "Excepto Trises, tú mata a la rubia" ordenó dirigiéndose al único jinete que se mantenía en su montura. Este, agarrando con violencia las riendas del animal, le golpeó con fuerza obligándole a trotar velozmente. La bardo aceleró su carrera rezando por no tropezar antes de alcanzar a la diosa. Cuando al fin Afrodita se encontró frente a ella, el sonido de cacos o las palabras sin sentido de la diosa no parecían llegar a los oídos de Gabrielle. Era capaz de observar el cojín a tan solo unos centímetros de su mano y un escalofrío le advertía del peligro que estaba cerca de alcanzarla. Pero Gabrielle estaba permitiendo que el suave tic-tac invadiera su mente.

La guerrera derribaba a otro de los hombres, cuando el templo se llenó con el fuerte ruido del sonar de un reloj. Los cuatro hombres que aun le hacían frente, dirigieron, junto a ella, la mirada hacia el otro extremo del templo. Allí Gabrielle sostenía concentrada el reloj y a su lado Afrodita se movía nerviosa, al tiempo que el jinete montaba furioso hacia ellas. El tic-tac volvió a su fuerza habitual, regresando a ser solo un suave murmullo. La adrenalina, recorriendo cada centímetro de su cuerpo, advirtió a Xena de lo que su bardo estaba haciendo. Si no se equivocaba, a no ser que el soldado a caballo y con la espada en mano la alcanzara antes o que Gabrielle soltara el objeto, en unos segundos todos en el templo conocerían el interior de su corazón.

La bardo mantenía los ojos cerrados, escuchando el latir de su corazón, curiosamente sincronizado con el del tic-tac que la envolvía. La sutil tentación del reloj le había vencido y en ese instante solo pensaba en Xena. Quizás por culpa de esa concentración, no lograba recordar lo cerca que estaba el mercenario. Solo pensaba en Xena, en su corazón, sus sentimientos, su mirada, esa mirada que era capaz de decirle y demostrarle todo… se recordó a si misma

"Esta mujer…" comenzó a pronunciar una suave voz femenina. Comprendiendo que no necesitaba escucharlo, Gabrielle abrió los ojos. Y su corazón se detuvo un segundo al entender su situación. Un jinete montaba histérico hacia ella, cargando la espada a modo de lanza. "…ama…" continuó la voz. Debía salvar el reloj, fue todo lo que su mente llegó a decidir. Se giró hacia la diosa depositando el objeto. Y la voz se cayó.

Gabrielle observó temblorosa al soldado, cuando el chakram voló casi rozando su rostro, antes de impactar contra el casco del hombre. Le derrumbó al momento, sin que tuviese la más mínima posibilidad de tocarla. Gabrielle tomó aire aliviada y con fuerza, sin recordar haber dejado de respirar. Miró casi incrédula a Xena, que en ese momento recuperaba al vuelo su chakram sin inmutarse. Al mismo tiempo continuaba peleando contra los dos últimos hombres con la más fría de las expresiones y golpeando sin descanso contra los pobres mercenarios, que parecían aterrados.

Gabrielle sintió un escalofrío recorrer su espalda, antes de girarse hacia Afrodita "Ya tienes el reloj, intervén"

"Tienes razón, pequeña" respondió sonriente "Déjamelos a mi, Xena" decidió con tono malvado, elevando sus manos. Con una risueña risita, derrumbó con sus poderes a quienes quedaban en pie, y un pestañeo después Kambara se encontraba ridículamente atado a sus hombres con firmes lazos rosas.

"Gracias" gruñó la guerrera enfundando su espada y recuperando el aliento "Creo que al final no habrá embajada" gruñó rodeando a Kambara y sus hombres que se revolvían contra sus ataduras. Pero estaba reducidos y bien atrapados, no cabía duda "Volvamos a Palacio. Quiero comprobar que te han derrocado definitivamente" comentó agarrando a Kambara y sus hombres, para sacarlos de allí "Afrodita, ¿necesitas algo más?" preguntó con voz dura. La diosa se limitó a negar con la cabeza, intimidada "En ese caso, ayúdame" comentó dirigiéndose entonces a Gabrielle, en lo que casi parecía una orden, pero sin mirarla. La bardo caminó hacia ella rápidamente, colocándose junto a los hombres. Intentó conseguir la mirada de la guerrera, pero esta apenas le dedicaba su frío comportamiento y sus duras maneras.

"Xena…" murmuró Gabrielle, mientras el dictador comenzaba a decir improperios contra la guerrera y toda su familia.

"¿Les has agarrado?" preguntó noqueando a Kambara con un golpe seco. Gabrielle trago ruidosamente.

"Si…"

"Pues a los caballos" zanjó Xena trasmitiéndole a la bardo una oleada de frió y distancia por todo su cuerpo. La guerrera comenzó a caminar, supuestamente ajena a la sensación de malestar que recorría entonces a Gabrielle.

"Claro" aceptó resignada caminando con ella y arrastrando también a los hombres.


El pueblo había salido a la calle y parecían estar invadiendo cada camino y avenida con una improvisada fiesta. Y entre el jaleo y la algarabía, se sumaron aplausos y vítores con la llegada de las dos mujeres y sus prisioneros. Gritaban sus nombres y las dejaban avanzar por un pasillo de multitudes.

"Xena, todo esto es en tu honor" comentó Gabrielle sonriéndola orgullosa

"Gabrielle, aplaudirían a un asno si les trajera a este cerdo atado" respondió cortante sin dejar de otear por encima de la multitud, para llegar a palacio. "Estamos cerca" comentó al aire, arrastrando más rápido a los hombres y pillando desprevenida a Gabrielle, que casi tropezó.

Cuando alcanzaron el palacio, el panorama era completamente diferente al de horas antes y se dejaba comprobar en seguida. Los que habían trabajado como criados, ahora ataban a los soldados reducidos y atendían a los rebeldes heridos. La sala principal se había convertido en una acogedora entrada donde todos esperaban la llegada de su nuevo preso, Kambara. Sin llegar a dar dos pasos en el interior del Palacio, Limus las localizó

"¡Gabrielle!" exclamó el muchacho trotando alegremente hacia ellas. Con una sonrisa de oreja a oreja, la abrazó con fuerza "Xena, gracias, de verdad" añadió estrechando su mano "Todos los prisioneros están arriba descansando, mi hermana entre ellos"

"Me alegro muchísimo, Limus" respondió Gabrielle sonriéndole feliz

"He de admitir que por un momento en la prisión pensé que todo se había acabado…" murmuró dejando que su rostro reflejara parte de la preocupación que había sentido.

"Fue para darle más emoción al plan" bromeó la bardo intentando restarle importancia al asunto, pero Xena no parecía tranquila con eso

"¿Qué ocurrió allí abajo?" preguntó adoptando un tono menos seco que el de sus últimas palabras

"Los guardias la descubrieron antes de abrir las celdas" comentó con tono emocionante "La rodearon durante un buen rato, pero entonces logró lanzarme las llaves" exclamó impresionado

"¿Te rodearon?" preguntó mirándola preocupada. La bardo disfrutó de aquel azul que la volvía loca

"No fue nada" respondió sonriéndola

"¿Cómo que nada? ¡Estabas en el suelo y te dieron un par de duras patadas!" exclamó el joven

"¡Limus!" le gruñó molesta

"¡¿Qué?!" exclamó Xena "¿Por qué no me dijiste nada? ¿Estás bien?" preguntó girándose hacia su bardo, agarrando su cintura y observando detenidamente sus costillas

"Estoy bien" respondió feliz por las preocupadas atenciones de Xena, quizás no estuviese tan enfadada "He recibido golpes peores" comentó con una risa despreocupada, mientras depositaba sus manos sobre las de la guerrera y las acariciaba.

"Supongo que si" contestó la guerrera de nuevo con tono neutro, pero sin conseguir borrar la sonrisa que lucía Gabrielle "¿Hay algo más que podamos hacer?" preguntó, soltando a Gabrielle para mirar a los heridos que se encontraban por el palacio y a los presos que continuaban maniatados

"No, ya habéis hecho más que suficiente. Los rebeldes se están reorganizando en el palacio y de estos presos me hago cargo yo" añadió encantado "Vosotras solo descansad, por favor" les pidió casi en un ruego "Han recolocado a los rehenes de Kambara en los aposentos, pero el vuestro sigue perteneciéndoos" comentó con tranquilidad "Vamonos, señores" gruñó contra los prisioneros, retirándolos del agarre de Xena y llevándoselos ayudado por dos rebeldes más.

"¿Descansamos entonces?" preguntó Gabrielle con tono inocente, buscando su mirada

"¿Por qué no?" preguntó ella, echando un último vistazo a la sala del palacio confirmando que no las necesitaban, antes de comenzar a andar sin esperarla. La bardo la alcanzó con un par de zancadas.

"¿Estás muy enfadada?" preguntó mientras subían las escaleras

"¿Qué?" cuestionó como si no supiese el porque de la pregunta

"Hablo de… ¡sabes de que te hablo!" respondió intentando leer la respuesta en sus ojos

"Pues no. Porque no estoy enfadada" contestó mirándola con total tranquilidad

"¿Y el templo? ¿Cuándo cogí el reloj?"

Xena se encogió de hombros "¿Qué? Estabas en todo tu derecho" respondió sin más "Yo te obligué a pasar por lo mismo, ¿no?" Gabrielle la miró sin encontrar una respuesta y abrió la boca como queriendo decir algo que no llegó a pronunciar "¿Pasas o no?" preguntó la voz de Xena, sacando de sus cavilaciones a Gabrielle. Habían llegado a su habitación y la guerrera esperaba con la puerta abierta a que la bardo se decidiera a entrar.

"Perdona" murmuró entrando "Xena, tienes que estar enfadada. Es cierto que las dos utilizamos el reloj, pero tu lo hiciste obligada. Tuviste que usarlo para que Kambara no desconfiara" comentó observando como la guerrera se sentaba sin mediar palabra y comenzaba a desatar sus botas "Pero en mi caso, no necesitaba escuchar a ese reloj" añadió sentándose junto a ella

"Pero lo hiciste" contestó la guerrera con tono despreocupado, mientras liberaba al fin sus pies y se estiraba, desentumeciendo cada músculo de su cuerpo

"¡Xena!" suspiró Gabrielle exasperada con la actitud calmada pero distante de la guerrera "No quiero que pienses que desconfío de ti" suplicó mirando a la guerrera que continuaba de perfil

"¿Entonces?" cuestionó acompañándose de una risa sarcástica y girándose hacia ella

"Caí en la tentación" murmuró obteniendo una ceja alzada como única respuesta "¡Aun me parece increíble que me ames! Mis miedos no se han concienciado de que me correspondes. Y por culpa de ese terror, hice el imbécil"

"Y usaste el reloj" añadió la guerrera con la mirada perdida en la pared del cuarto

"Eso es…"

"Es una lástima que no terminases de escucharlo"

"¿Por qué?" preguntó confundida

"Porque quien sabe que nombre hubiese dicho el reloj" contestó la guerrera encogiéndose de hombros, haciendo sonreír a la bardo aunque ella permanecía seria "Quizás aun quiero a LaoMa"

"No tengo celos. Esta muerta" bromeó Gabrielle sonriéndola de oreja a oreja y arrimándose más a ella, aunque Xena continuaba sin mirarla

"Pues Amarice quizás"

"¡Amarice nunca te gustó!" exclamó Gabrielle sin poder reprimir la risa

"No te creas, tenía su puntito" bromeó con gesto serio, mirándola y comprobando que Gabrielle fruncía tiernamente el ceño, pero sin dejar de sonreír "Sea como sea, ya nunca lo sabrás" añadió sin impedir que Gabrielle arrimase su cuerpo a su costado, hasta mantenerlos totalmente pegados.

Los dedos de la bardo acariciaban la piel de su brazo, antes de alzar el rostro para mirar directamente a sus ojos "Si, si que lo sabré, porque ya lo sé, Xena" murmuró observando feliz como lograba estremecer a la guerrera con su caricia "No necesité seguir escuchándolo porque no tenía dudas de que diría mi nombre" añadió besando el brazo que había acariciado

"Esa es una afirmación muy seria, ¿en que te apoyas?" preguntó girándose hacia la bardo, enfrentándola.

"Porque me lo dices tú" afirmó la bardo sonriendo ante la sorpresa en el rostro de su guerrera "Cuando me miras…" siseó acariciando sus cejas suavemente "…o cuando me sonríes…" su pulgar se paseó dulcemente sobre los labios de la guerrera "Me lo dices cada segundo que paso a tu lado" añadió descendiendo su mano hasta su cuello, acariciando su nuca "Además, lanzaste tu chakram contra el soldado. No intentaste impedir que escuchara el reloj, solo evitaste que me atacara. Estabas dolida por mi actuación, pero no preocupada por lo que oiría" afirmó sonriendo feliz

"No podía permitir que te hiciese daño" susurró la guerrera perdida en los ojos de Gabrielle, rindiéndose a las atenciones de la bardo. Elevó la mano para acariciar dulcemente su mejilla.

"Porque me quieres" afirmó ella reclinándose sobre esa mano

"No…" respondió negando con la cabeza "… porque te amo" admitió, dejando que sus ojos se posaran en los labios que la sonreían. La bardo reprimió las lágrimas antes de contestar, aunque el brillo de sus ojos la delataba

"Yo también te amo" murmuró acercándose aun más para fundirse en el más dulce de los abrazos. Se dejaron inundar por el calor de la otra, por sus dulces aromas y por el amor que disfrutaban en ese instante. Gabrielle se acomodó tiernamente entre los brazos de la guerrera, antes de susurrarle pícaramente:

"¿Entonces me dijiste que Kambara no llegó a tocarte?"

"¡No!" contestó orgullosa "Ni un solo pelo" aseguró vehemente, mirándola alegre "¿Tendré mi premio?" preguntó con gesto inocente.

"Te lo has ganado" ronroneó en su oído suavemente, haciéndola temblar, antes de depositar sus labios sobre su lóbulo. Descendió por el hasta la curva de su cuello con suaves mordisquitos y dulces besos, notando como todo el cuerpo de la guerrera se convertía poco a poco en esclavo de sus besos "Ahora que Sofía ya no existe, eres toda mía" susurró sonriendo pícaramente

"Gabrielle… siempre he sido toda tuya" murmuró acariciando su mejilla y apartando un mechón rebelde de su rostro. Sus ojos se volvieron hacia los de la bardo con todo el amor que escapaba de su alma "Si vas a llorar, cierro la boca" susurró con su cálido aliento, recogiendo sus lágrimas.

Gabrielle negó con la cabeza, sonriendo emocionada "Es solo que no lo esperaba…" murmuró acercando sus rostros y juntando las frentes con cariño "Eres increíble" siseó reduciendo la distancia entre sus labios, antes de derretirse en un suave beso. Pero la pasión no tardó en tomar partido y desbordarlas, mientras la guerrera se dejaba tumbar lentamente por Gabrielle. La bardo aprovechó su posición para mirarla, alejándose un poco:

"También soy tuya…" reconoció sonriendo de medio lado "Y no quiero dejar de serlo nunca" añadió mirándola directamente. Xena rodeó su cintura y con un rápido movimiento la derribó suavemente, colocándose sobre ella.

"¿Siempre juntas?" preguntó pegando sus cuerpos, mientras la bardo no dejaba de reír "Si, por favor" susurró casi en una súplica antes de reclamar sus labios. En ese momento solo un sonido invadía la habitación. En lugar del suave sonar de un reloj, podía escucharse el apasionado latido de dos corazones, acelerados, acompasados… enamorados.

¡FIN!