Lordo Voldemort abrió los ojos. Las hendiduras de sus pupilas se contrajeron unos segundos debido a la claridad que se había adueñado de la habitación.

Tras dejar a la muggle en el bosque regresó a la mansión Malfoy a por Nagini. Se entretuvo en dar instrucciones a Lucius y en asegurarse de que Bellatrix mantenía a buen reacudo la espada de Griffindor. Por puro placer, le contó que parecía que los rumores de que Severus había encontrado con quien divertirse eran ciertos y que había dejado a la muggle en el bosque tras recibir la marca. "Snape no estará muy complacido si ella muere" había comentado Bellatrix ocultando su regocijo. "Severus está más allá de esas cuestiones, Bellatrix." Afirmó en cambio el señor oscuro "Él jamás antepondría una mujer a sus obligaciones para con su Lord". Notó que no estaba muy convencida, pero ella era un ser pasional, muy distante de lo que a su entender debería ser un mortífago, y no comprendía el desprendimiento de Severus. Luego había tomado a Nagini sobre sus hombros y volando hasta Godric's Hollow.

El halo que protegía a la casa también le había protegido a él de miradas indiscretas. Sí, había sentido la ira revolverse furiosa en su interior. Allí, justo donde debía haber terminado su temor, fue donde comenzó su calvario pero pronto, muy pronto aquel maldito niño correría la misma suerte que sus padres y por fin sería invencible. Inmortal y, con la varita de sauco, todopoderoso...Había buscado algún lugar dónde poder emboscarle observando lentamente con sus agudas pulilas. Aquella vieja, Bathilda, se había acercado a la casa con un ramo de flores en la mano como tal vez era su costumbre. Ella no lo sabía, pero iba a convertirse en su aliada.

Al menos parte de ella.

Había sentido un inenarrable placer al desprender la piel de su carne...la próxima vez que lo hiciera intentaría probar con alguien vivo. Había necesitado descansar, contando con la protección de Nagini. Y ahora, despertado por la luz de la mañana, decepcionado por no haber tenido la suerte de encontrarse con Potter, se marchó en busca de aquel ladrón que poseía algo que le pertenecía."Espera aquí, y cuando venga avísame inmediatamente. No le dejes ir" Habló en pársel a la serpiente. En su apresuramiento no miró nada de aquella casa salvo el sangrante cuerpo que hizo desaparecer consumido por un fuego mágico.


El suave chasquido de la puerta del baño al cerrarse tras ella, dolía casi más que un portazo.

No le apetecía nada enfrentarse con ella cuando saliera del cuarto de baño pero, necesitaba quitarse la ropa sucia y darse una ducha, fría o no. Y necesitaba dormir.

Ordenó algo de comer y esperó a que ella acabara. Sí, podía usar algún otro baño del colegio pero... demonios, tampoco quería irse. Protestar pensando que ese era su cuarto no le serviría para ocultarse el hecho de que realmente deseaba volver a verla inmediatamente y comprobar que estaba bien. Ella salió rápidamente del baño, tiritando y envuelta en una mullida toalla. Snape sintió una oscura satisfacción rugiente en su pecho al ver que, efectivamente, se había duchado con agua fría.

_He pedido algo para comer. Hágalo_ pidió Snape antes de entrar en el baño.

Ella asintió suavemente mientras buscaba alguna prenda en la cómoda. Mientras Snape entraba en el baño, en el cajón sonó un pequeño tintineo. Entre la ropa, la muggle descubrió las botellitas que Colagusano le había regalado, el veneno de Nagini y la poción protectora antimagia.

_ A buenas horas..._ musitó frotándose el brazo en un gesto que conocía muy bien.

Snape se sacó la túnica rota y acartonada por la sangre seca y se metió bajo la ducha, maldiciendo a la muggle que la había dejado en el punto más frío, queriendo o no.

Snape dejó que el agua corriera sobre su pelo y su cara. Estaba helada.

Mientras se aseaba con las finas agujas de agua cayendo sobre él, consciente de que estaba muy cansado -la noche ha sido muy intensa- y que probablemente no fuera capaz de razonar coherentemente -y la mañana, más aún, incluso para mí- necesitaba poner en orden algunas cosas antes de acostarse hoy.

Su lista de prioridades la encabezaba -cuándo no- Potter. En paradero desconocido, con una posible escala en Godric's Hollow donde le esperaría una emboscada y sin medio alguno para avisarle...Nigellus. Sí, Nigellus y su retrato cautivo era la única posibilidad de ponerse en contacto con él Tendría que pedirle al mago que estuviera muy pendiente de su otro lienzo, por si se podía poner en guardia al chico.

Los siguientes dos puntos debían tratarse juntos. Por un lado, el castigo del señor oscuro..., realmente el Lord no necesita nunca una razón para castigar a alguien pero si la causa esta vez había sido la señorita Demons y ambos habían salido relativamente ilesos podían darse con un canto en los dientes. Si bien les había dejado marchar y al parecer, dado su consentimiento para continuar con su inexistente relación esto no garantizaba la integridad de ninguno de ellos por lo que tendría que hablar con el señor oscuro lo antes posible y aclarar ese punto... al gusto del Lord, por supuesto, además de asegurarse de que no hubiera más rumores...

...y eso enlazaba con el siguiente tema que era la señorita Demons y su...apasionada demostración. Comprendía su "deseo". Más de una vez él mismo había necesitado de esa "compensación" tras una experiencia arriesgada pero poco más adivinaba de lo que hubiera en su hermética mente. Su reacción cuando su pensamiento se distrajo hacia Lily, incluso habiendo sido tan teatral, era perfectamente comprensible. Nada podía concluir respecto a cómo comportarse con ella una vez que saliera de la ducha. Porque no había una respuesta lógica- Piensa demasiado- satisfactoria.

Se reía sin querer de sí mismo al pensar que de que, con todo lo que tenía que lidiar, lo que más le desconcertaba fuera la mujer. Haz lo que sueles, se decía, ignora aquello que escapa de tu control. Dedícate a lo que sí sabes. Pero su pecho gruñía ronco, revindicando su hombría. Al fin y al cabo, ella se había -duchado con agua fría- " interesado" por su virilidad. Se preguntaba qué opinaría Dumbledore, su último punto del día, de todo eso.

Salió del baño envuelto en el suave albornoz del colegio, verde con el escudo de Slytherin, y la encontró en la cama, revuelta entre las sábanas y profundamente dormida.

Torció el gesto cuando vio la comida intacta -ha delgazado tanto...- y ya se disponía a echarse en su incómodo sofá cuando llamaron a la puerta.

_ Amycus..._ saludó hoscamente desde la rendija de la puerta_ ¿Qué se te ofrece?

_ Venía a interesarme por tu estado. Y por si necesitabas ayuda para encargarte del cuerpo de la muggle, aunque en el Bosque Prohibido...igual no tienes que preocuparte por eso_ una torcida sonrisa decoraba su rostro.

Sus palabras sonaban sospechosamente parecidas a las de Bellatrix.

_ Agradezco tu ofrecimiento, Amycus._ No podía evitar que su voz sonara amenazante a pesar de hablar casi en un murmullo_ Pero, ya me he encargado del "cuerpo" de la muggle.

Abrió la puerta de sus habitaciones de par en par, Amycus abrió los ojos como platos al ver a la mujer en la cama.

_¡¿Está viva?!

Snape le agarró por el cuello, arrastrándole dentro de la habitación, desarmándole y apuntándole con su propia varita.

_No solo está viva, sino que además tiene la marca tenebrosa. Nuestro señor ha decidido que es digna de ser un mortífago. Así que ocúpate de tus asuntos en este colegio, castiga y controla a los alumnos, enséñales la magia oscura...pero_ recalcó apretando la varita contra su pecho_ no vuelvas con correveidiles de vieja, ya que el Lord me ha autorizado para zanjar esos asuntos como decida. Y eso no sería bueno para ti, Amycus. Espero que la obtusa mente que albergas en esa bellota que tienes por cabeza sepa entender a qué me refiero con "zanjar".

Severus le devolvió su varita y el mortífago corrió tosiendo hacia la puerta que Snape atrancó a conciencia. Necesitaba dormir.

Cuando despertó, había pasado con creces la hora de la comida.

Haber dormido más de tres horas seguidas era un record en estos últimos años. Tras vestirse adecuadamente abrió uno de los cajones de su escritorio, bebió varias pociones de un trago y tomó uno de los bocadillos que habían traído horas antes con inusual hambre. Iba a llevárselo a la boca cuando la muggle se incorporó despeinada y con los párpados pesados.

Ella hizo un ademán con la mano.

_ Auch.

_ Se lo merece, su bocaza es lo que nos ha metido en este lío. ¿Cómo se le ocurre decirle al Lord...?

_ ¿Qué quería que hiciese?_protestó indignada_¿Negarlo? ¿A quién daría más crédito? ¿A uno de sus mortífagos o a mí?

_Por lo visto, a usted._ Severus señaló el brazo de la muggle donde aún latía la marca_ Si le duele mucho puedo darle alguna poción.

Ella se tocó el brazo sintiéndose extraña. El dibujo aparecía y desaparecía ondulando, la piel latía debajo como si la serpiente tatuada estuviera viva. Negó el ofrecimiento de Snape y cambió de tema al verle con el bocadillo aún en la mano.

_ Coma, necesita fabricar sangre. Un par de litros, concretamente.

_ Usted también debería.

_ Aún tengo naúseas_ dijo ella negando con la cabeza.

_Oblíguese. Así podrá mostrar más que huesos cuando se desnude.

_ ¿Se refiere a cuando me desnude para usted?_ sonrió divertida_ Confiese, señor Snape, le encanta eso de quitarme la ropa.

De acuerdo, pensó Severus, ella está bien.