Bienvenidas a este capítulo que nada tiene que ver con la trama, parece ser que hay quien insiste e no dejar intimidad a la pareja..así que invito a esperar al siguiente a aquellas personas que no sean amigas de leer escenas calentitas. Ansiosas y viciosillas varias, sean bienvenidas.
Los menores a la camita.
Contenido para adultos.
(Espero que lo disfruten)
Snape no dejó de mirarla a los ojos mientras sus manos seguían subiendo la túnica, ni cuando bajó su barbilla y arañó la cara interna de sus muslos con una barba incipiente. La muggle abrió sus muslos y adelantó sus caderas. Con un suave gruñido, Snape se acercó más a su ropa interior sujetando la tela con los dientes, mordiendo y tirando de ella en distintos lugares para luego obedecer a la chica y acariciar con su nariz primero, y luego con los labios y la lengua.
La fina tela no era escudo suficiente para protegerla del calor de su aliento, aún así Snape se las quitó, exasperantemente lento, y volvió a atacarla.
La besaba entre las piernas como le hubiera besado la boca, deteniéndose en los labios, tirando de ellos con los dientes, haciendo chocar su respiración cálida que se volvía fría en la piel mojada. Con parsimonia, abría los pétalos de esa exótica flor con la lengua, en busca de su pistilo.
Demons se incorporó un poco más para poder ver el brillo de sus ojos cuando la mordía e, impaciente, abría sus muslos y con su exigente mano guiaba su cabeza un poco más arriba donde comenzaba a hincharse la carne. Snape sonrió un momento y luego subió un poco más aún, mordiendo el crujiente vello y como ella suspiraba, demoró la llegada a su meta explorando los alrededores con los labios y... su nariz.
_¿Se ha perdido, señor Snape?¿Tengo que hacerle un mapa?
Snape le contestó con una ronca risa.
Apartó una de las manos de sus muslos y antes de besarla puso un par de dedos sobre el pequeño botón palpitante y lo frotó con suavidad, arriba y abajo. La muggle ya no era una mujer, era un río. A los dedos les siguió la lengua mientras un pequeño gemido rompía el silencio.
_¿Eso significa que es de su agrado?
Su voz profunda era como otra caricia más. No esperó respuesta y se dedicó de nuevo a su tarea aprisionando entre sus labios el pequeño apéndice, presionando y succionando.
_ Completamente, _ dijo ella en un suspiro_esto se le da muy...aah!
El aludido sintió el tremecimiento de la chica cuando mordió su pequeña presa rápidamente varias veces. Su pecho se hinchó de orgullo cuando ella comenzó a mover sus caderas, imponiendo un ritmo a sus caricias. Volvió a usar sus manos, colocando una sobre el pubis para frenarla. Ella suspiró, le encantó tener algo contra lo que empujarse. La otra mano buscó su hendidura y mientras continuaba besando, deslizó un dedo dentro de ella.
Ardía.
La muggle presionaba su ansioso monte contra la mano de Snape mientras apretaba la cabeza del mago contra sí y a pesar de tener poco margen de maniobra el dedo del mago entraba y salía acompasado con los movimientos de ella. Volvió a apartarse para unir otro al primero penetrándola y buscando con ellos ese punto en su interior que iba a hacerla gemir más fuerte.
Ya no le interesaba mirar, la chica colgó la cabeza hacia atrás elevando su busto y su cuello mientras enrollaba las piernas en la espalda del hombre que la estaba llevando al delirio. Adoraba esa sensación de tenerlo desnudo, para ella, mientras ella seguía medio vestida. Le obligó a subir por su vientre, tirando de su pelo como una rienda, porque el resto de su cuerpo también estaba hambriento. Estaba deseando sentir su peso.
_¿Impaciente, señorita Demons?
Snape trepó a la cama y deshaciendose del lazo, pasó una pierna por encima de la de ella, atrapándola como un cepo, pegando su muslo a la vulva hinchada y húmeda. La muggle se frotaba contra él con un ritmo lento y constante y abría la boca suspirando, reclamando un beso.
El mago se agarró a su cintura. Ella bajó sus manos hasta apresarle las nalgas para pegarle más a su cuerpo y luego, una se desplazó, curiosa, hasta el ariete con el que esperaba ser embestida.
Ahora, era él quien gemia mientras la mano de su, en esos momentos, dueña, le palpaba y apretaba y abrazaba su miembro sin dejar de deslizarse arriba y abajo.
Ahora, era él el que balanceaba su pelvis para frotarse contra ella, para explorar la cueva que había creado entre esa mano y su cuerpo sintiendo la cálida palma encima y la suave piel del vientre de ella debajo mientras las humedecía involuntariamente.
Demons seguía aprentándole allí donde la espalda pierde su casto nombre, guiándole, como si quisiera conseguir que el mago la atravesase con su muslo, con el vello de él enredándose en el de su propio pubis. Snape gruñía cuando la otra mano que le aprisionaba contra su vientre ondulaba aumentando la presión haciéndole creer que estaba dentro de ella en lugar de encima. Estaba ardiendo y sólo eran sus manos...
Severus se acomodó para poder dar uso a las suyas y llevó una de ellas al rostro ruboroso de la chica pasándole el pulgar sobre la boca.
_¿Es una indirecta, señor Snape?_pronunció ella antes de atraparlo con sus labios y morderlo suavemente.
Sin amedrentarse, Snape lo metió en su boca para sentir su lengua succionando.
_Ya habrá tiempo para mí_ dijo sacando el pulgar, apretando con su cadera y deslizando la mano por su garganta hasta el cuello de la túnica comenzando a desabrocharla_ Las damas primero.
Con parsimonia la desabotonaba, disfrutaba al contemplarla cada vez más caliente, con la respiración jadeante y levantando la pelvis.
_ Tan exasperantemente lento.._ se quejó ella.
_ Acabo de comprender por qué las túnicas le parecen poco prácticas_ sin compasión tiró de la tela haciendo saltar los botones descubriendo su pecho en un segundo_ ¿Sigue opinando lo mismo de los chicos malos, señorita Demons?.
Snape le cubrió los pechos con las mismas manos que había odiado más de una vez, satisfecho de poder emplearlas en tareas tan placenteras como la de sentir su calidez, su redondez y la rigidez que se formaba contra sus palmas. Decidió ayudar a ello tomando la oscura guinda de sus senos entre su índice y su pulgar tirando de ambos a la vez y retorciendo, un poco, un poco más, lo justo para hacerla suspirar, primero hacia un lado y luego hacia el otro. Varias veces hasta que el aire salió temblando de su boca. Entonces, abarcó con toda la mano cada uno de sus pechos, apretó ambos trofeos, tirando firmemente de ellos para acercarlos a su boca. La muggle alzó tanto sus caderas que casi lo levantó en peso.
Severus reía roncamente al cambiar de postura y situarse entre sus piernas, haciendo al tiempo descender su cabeza para chupar y lamer y morder sus senos y ella volvió a aferrarse a sus cabellos guiando sus labios allí donde la piel le reclamaba.
Le quería ya.
Pero Snape se conformaba con acercarse y llamar tímidamente a su puerta cuando ella deseaba una invasión vikinga en toda regla.
Consiguió rodar sobre él y colocarse encima, completamente sentada encima de él y apoyó las manos sobre su pecho para aprisionarle contra la cama.
_¿Practica usted equitación?_ bromeó Snape con la voz profunda, quebrada de deseo.
_Solo cuando la montura lo merece_ Contestó.
Y, al momento, comenzó una cabalgada suave buscando el lugar preciso en el que ensartarse. Estaba tán húmeda que no le hacía falta ni mirar, tarde o temprano, el sólido, firme, suave y caliente miembro del mago se deslizaría entre sus pliegues, llenándola. Mientras, sólo podía aumentar su excitación con el húmedo roce y viendo la expectación en el rostro de Snape.
Demons abrió la boca conteniendo el aliento, Snape apretó los labios conteniéndose entero para no empujar y dejar que el peso de la muggle clavándose en él borrara el maldito mundo de su cabeza.
El mago buscó de nuevo sus pechos, recordando que ella prefería cierto grado de rudeza no contuvo sus propios deseos de amasarla, de pellizcarla incluso, lo preciso para oirla gemir otra vez. Snape clavaba la mirada en el rostro de ella sin perder detalle de como se humedecía los labios o de como se los mordía; de como echaba la cabeza y el cuerpo hacia atrás, elevando su pecho; de como se le cerraban a ella los ojos aunque él se hubiese prohibido hacerlo; de como le miró intensamente, puro fuego, cuando usó su pecho plano de apoyo clavándole las yemas de los dedos, cabalgando furiosa mientras su pelo le cubría el rostro..., Snape no hacía sino jadear entrecortadamente y concentrarse en no rendirse mientras su enemiga presentara batalla.
Pero no podía más. Y si él no podía frenarse, tendría que acelerarla a ella. Estiró sus brazos y sus dedos alcanzaron aquel nudo pequeño y turgente. La muggle agradeció sus atenciones con una espiral de,( ah, ah, aah...),suspiros celestiales. Aunque no era suficiente. Totalmente enfebrecido, se aferró a las caderas de la chica y forzó su compás, empujando y tirando de ella con rudos y secos movimientos y cuando ella gruñó, él se incorporó sentándose en la cama; tiró de su pelo obligando a que echara atrás su cabeza; besó su garganta; y la encerró entre sus brazos, pegándola a su cuerpo; obligó a sus músculos a empujar perforándola, pese a la incómoda postura, con un ritmo cada vez más rápido y profundo.
Demons entre sus brazos tembló y abrió su boca en un mudo gemido cuando una oleada de calor húmedo desbordó la estrecha gruta que le acogía y sus paredes le aprisionaron candentes. Snape se pegó aún más a su cuerpo sudoroso mientras su propio sexo palpitaba inundándola.
Y entonces, y solo entonces, y sin dejar de mirarla a los ojos, Snape la besó.
