Snape abrió los ojos completamente despierto. La luz verdosa se filtraba por la claraboya que daba al lago. ¿Cuántas horas había dormido?
Estiró el brazo hacia el otro lado de la cama, aún estaba tibio...Cerró los ojos y suspiró largamente. Se levantó, aún desnudo y se encaminó a la ducha. No había rastro de ella en la habitación salvo la túnica desgarrada en el suelo. El cuarto de baño aún estaba lleno de vapor, así que hacía poco que ella se había levantado, duchado y...marchado.
En efecto, amanecía cuando la muggle se despertó con el calor de Snape a su espalda, se giró y le miró con dulzura. Dormía. Por primera vez en las semanas que llevaba compartiendo su cuarto. Le había visto pasear mientras ella yacía en la cama despertándose a ratos, leer, tocarse constantemente las sienes o el entrecejo. Le había visto preparar brebajes, ordenar los frascos, tenderse en el sofá y levantarse de nuevo a pasear sin que ella se hubiese sentido capaz de interrumpirle ...y hoy dormía. Una tímida sonrisa se asomó a sus labios mientras apartaba un mechón de pelo de su frente. "Le sienta bien relajarse, señor Snape". Suavemente abandonó la cama y se dirigió al baño. Enjabonó su cuerpo aún sensible, rememorando sus caricias. Por un momento contempló la posibilidad de volver a la cama y "despertarle" pero siempre había tenido el mismo problema después de una noche apasionada...cómo largarse por la mañana sin hacer ruido.
Vestida y abrigada esta vez, salió del castillo intentando recordar el camino más corto y se dirigió al lago.
La bruma matutina creaba un velo blanco sobre él confundiéndolo con la nieve.
Se cubrió la cara con las manos ahogando un quejido de frustración.
La primera vez que él la miró a los ojos (el príncipe Cuervo), en su sombría casa, esos ardientes ojos negros asomándose a su alma...Ya entonces le deseó. Y la primera vez que tocó su piel a instancias del Perturbado, creyó que iba a derretirse al verle desabrocharse la túnica, a pesar de la terrible situación de la que no era aún totalmente consciente. Y la primera vez absorbió su alma supo que jamás en la vida, aunque viviera cien años, iba a encontrar otro hombre tan complejo, tan profundo, tan inteligente, tan seductoramente irritante, tan lógico, tan atormentado, tan valiente y con tanta capacidad de amar... como él.
Sus relaciones nunca habían terminado bien porque ella era siempre demasiado. Demasiado habladora, demasiado insensata, demasiado egoista, demasiado demandante..."No es por ti, es por mí" solían decirle, a lo que ella contestaba "cierto, no estás a la altura". Y ahora era ella la que no estaba (Lily) a la altura (maldita pelirroja).
_Pero, ¿te estás oyendo?_se dijo a sí misma_ ¿no pensarás que estás enamorada...?
El enamoramiento es un estado irracional y pasajero, dirigido por mecanismos hormonales con el único fin de la procreación. Ella lo sabía porque se había enamorado muchas veces y desenamorado con la misma rapidez.
_ La damisela en apuros, el caballero protector...es un cliché bien manido_se explicó_ La historia de siempre, vieja como la misma vida.
Pero él le gustaba como nadie le había gustado antes, le gustaba hacerle reir, hacerle enfadar, hacerle...suspirar roncamente.
_ Es el síndrome de Estocolmo, no lo flipes.
Este santo (y bien dotado) varón había conseguido sobrevivir en una guerra, exponiendo su vida en cada entrevista con el Perturbado. Había soportado las acusaciones de los que debían ser sus aliados por seguir querer llevando el sanbenito de ser mortífago y no permitir que se descubriera que su único fin en esta vida era proteger al hijo de la mujer que amó (que ama, nena, que ama)...y ella se lo había llevado a la cama solo porque había (¿sido atacada por un hombre lobo en un bosque?, ¿sido destrozada por una bruja que había reventado sus costillas encharcando sus pulmones una y otra vez?, ¿sido torturada por un psicópata, atormentándola sin compasión, abusando de su alma y casi de su cuerpo con un beso?...bueno, eso no fue un beso, fue una asquerosidad).. solo porque había tenido un mal día que quería olvidar.
¡Y que manera de olvidar!...porque no solo lo había vivido a través de su tacto sino que, tocando su piel, también había sentido lo que experimentaba él: la curiosidad, el deseo, la satisfacción de hacer que ella se derritiera, el placer... Había arruinado por completo su vida "amorosa" porque nunca ni aunque viviera mil años iba a volver a tener algo semejante. Había sido una locura, en varios sentidos.
De todos los disparates que había cometido en su vida, este, este precisamente, era el más vil, rastrero, mezquino, egoísta y deleznable.
Y ahora piensa, insensata, ¿ha merecido la pena arriesgar su imprescindible papel en una guerra que puede acabar con la civilización tal y como la conocemos y dejar expuesta a la humanidad, o a parte de ella, a las atrocidades de un déspota tirano?
La mujer no pudo reprimir una sonrisa culpable.
_ Por supuesto que sí.
Severus se metió en la ducha. Volvió a suspirar cuando el agua resbaló por su cuerpo. Tenía que admitir que sentía algo de nostalgia al limpiar el olor que ella había dejado en su piel.
Tenía que admitir que había resultado notablemente mejor que lo que había supuesto.
No era la primera vez que había traicionado el recuerdo de Lily acuciado por un aguijonazo de deseo,( la carne es débil), pero era la primera vez que lúcida y premeditadamente había alejado ese recuerdo para centrarse en el menudo, suave y provocativo cuerpo de la muggle. No debería haberle permitido (maldito idiota) que tuviera la ocasión de volver a tentarle así. Pero de alguna manera sabía que ella lo necesitaba, que él lo necesitaba... y tampoco era que él le hubiera puesto una varita apuntando al pecho. Había ocurrido de propia y mutua voluntad.
Ella no era ninguna niña, era una (toda una) mujer adulta consciente (muy consciente) de lo que (enloquecedoramente consciente) estaba haciendo.
Y eso no alteraba en nada su determinación.
No habría sido lo mismo si Lily estuviera viva, no había sido una infidelidad a su memoria. Había sido, simplemente, satisfacer una necesidad tan básica como comer, beber (acariciar, sentir, desear, poseer, gozar...y ser acariciado, sentido, deseado y gozado) o dormir.
Salió de la ducha y tras secarse ligeramente, enrolló la toalla a su cintura.
Sonrió.
La muggle había dejado una palabra impresa en el espejo que se había revelado con el vaho. Estaba loca. En realidad no era una palabra, simplemente una letra, varias veces.
Mmmmm
Y ahora tenía una cosa más que ocultarle al Lord: aunque hubiera dado su consentimiento no le apetecía compartir esos recuerdos, así que iba a necesitar... una ración extra.
En el dormitorio tomó una esfera de cristal translúcido rellena con un atemorizador humo denso y oscuro. Era la última, pronto tendría que fabricar más.
Sentado en el borde de la cama, aspiró la negra emanación dejando que envolviera su cabeza e invadiera sus sentidos.
_ Y luego me riñe a mí por fumar...se mete usted unas cosas bastante extrañas.
La muggle había entrado (maldita puerta reconocedora de habitantes, debí ponerle filtro a voluntad) y le había sorprendido mientras realizaba el conjuro.
_Señorita Demons, supongo que vistas las circunstancias, tal ver debiéramos poner unas...normas...para que nuestra convivencia no resulte incómoda.
La muggle se acercó y entremetió sus dedos entre el pelo de él. Si te tira del pelo, por Merlín, contente, se advirtió Snape.
_Así que este es el motivo de que su pelo sea tan graso_dijo notando la presencia de la poción en el cuero cabelludo.
_Sí, es un indeseado efecto secundario que, la verdad, nunca me he molestado en solventar_ hasta ahora_ en cuanto a lo de las normas...
_ Me parece bien_ contestó ella_ Por mi parte, tiene usted permiso para caminar medio mojado y envuelto en una toalla así de pequeña por la habitación cuando le apetezca.
Snape miró sus ojos que se reían mientras su cara mantenía un gesto indiferente. Y se mantuvo serio y frío...pero le costó.
