_ Pasa que nos enrollamos, señor Snape.

Severus mantuvo la frialdad al contestarle. "Sí, a veces me pregunto lo que hace que "nos enrollemos", si soy yo realmente lo que le gusta o solo es la adrenalina" Vaya, señor Snape, ¿se pregunta ese tipo de cosas..?.Mentalmente, Demons alzó el brazo, cerró el puño y dobló el codo celebrando el tanto. Demons 1 -Lily 0

_ Ante la duda, lo mejor es experimentar ¿Cree que en esta situación, aquí, hay mucha adrenalina?_ Demons contenía la sonrisa mientras veía a Snape ponerse serio y altivo, como si realmente le molestara el cariz que iba tomando la conversación.

La intención de la muggle era besarle, pero él, con sus cejas algo elevadas, su labio algo fruncido y mirándola por encima de su aguileña naríz, no daba señas de inclinarse hacia ella. Muy lejos de colgarse de su cuello y suplicar, sus ojos volvieron a brillar maliciosos. Le empujó suavemente el pecho, con las dos manos, para que se retirara de la alta mesa y se situó entre la gruesa madera y el cuerpo del mago. Todavía le dió tiempo de volver a mirarle.

"Última oportunidad" decían sus ojos, y aunque el pecho de Snape comenzaba a rugir se esforzó por mantener su actitud altiva de tipo inmune a sus encantos.

Snape se preguntó fugazmente por qué ella tenía la misma expresión que un gato esperando comerse un ratón.

Deliberada y lentamente, la muggle fue dejándose caer sobre sus rodillas, manteniendo unos segundos más sus manos sobre su pecho y su mirada en los ojos negros, antes de bajarlas. Delineando sus costados, agarrándose a sus caderas antes de que sus rodillas tocaran el suelo.

_ ¿Qué cree que está haciendo?

Uhmm, esa voz, profunda como un pozo. Empieza a ronronear, señor Snape.

_Pagar mis deudas, señor Snape, creo que le debo algo.

Casi debajo de la mesa, la muggle rezonga algo sobre las ropas de los magos.

_Nunca pensé que iba a hacer esto debajo de una falda_ efectivamente, ella desapareció debajo de la túnica.

Snape trató de contener firme la compostura y las piernas mientras Demons hacía de las suyas en la parte de atrás de los muslos subiendo hasta la cintura y, usando los dientes, con una habilidad que le despertó una punzada de celos, desabrochó y bajó los pantalones que cayeron pesadamente, haciendo luego lo mismo con la ropa interior.

_¿Por qué no usa las manos como haría todo el mundo?

_ Como ordene_ murmuró, con la voz amortiguada por la tela que la cubría.

Así que usó las manos, no ya para desnudarle, sino para acariciar con descaro sus muslos, sus nalgas y su cintura.

_ Salga de ahí, no es el momento ni el lugar.

La biblioteca, el lugar donde casi todo estaba prohibido, rodeados de tomos y tomos de sabiduría ancestral perfectamente conservados entre sus muros tan altos como los de una catedral...se sentía como si estuviera profanando aquel lugar...

Aunque era inútil protestar. Por mucho que intentara contenerse, su cuerpo ya había reaccionado. No sería serio si su mitad de arriba negara lo que evidenciaba su mitad de abajo. Aunque a Demons no parecía disgustarle demasiado, dado el suspiro que se ahogaba bajo su túnica.

El silencio quejumbroso de la biblioteca era como una burbuja aislándole. Snape tuvo que apoyar sus manos sobre la mesa cuando sintió su mejilla y sus labios rozando sus muslos y su respiración hacía la competencia al murmullo casi audible de los libros al salir fuertemente de sus pulmones cuando ella depositó un beso suave cerca de su ingle, uno más y luego un menos suave mordisco...tan cerca, a un lado y al otro, pero sin aproximarse al centro, salvo para rozarlo.

Ni siquiera para no maldecir a Longbottom tras alguno de sus desastres había necesitado tanto autocontrol como necesitaba ahora para no sujetar su preciosa cabecita por la nuca y dirigirla.

Un ronco gruñido fue toda su respuesta cuando una lengua curiosa iba dando toques aquí y allá. Clavó los dedos en la madera en vez de impulsar su cadera al sentir los suaves labios y su boca aportando más calor a una zona que ya ardía. Un grave gemido y su cabeza se inclinó mientras cerraba los ojos al sentir el filo acerado de sus dientes marcando su tensa piel. Inevitablemente su miembro temblaba escapando y acercándose a la boca que le torturaba.

_¡¿Severus?! ¿Qué hace aquí, casi a oscuras?

Snape levantó la cabeza rápidamente para enfrentarse a una sorprendida McGonagall.

_ No pensé que hiciera falta más luz, solo he venido a buscar algo.

Minerva observó con una mirada escrutadora el rostro congestionado de Snape, sus ojos brillantes y la expresión que ella llamaba "no te cruces en mi camino" y sospechó que algo no iba bien cuando se percató que lo que tenía abierto sobre la mesa era un libro de cuentos.

_¿Te encuentras bien?

Snape trató de recobrar la compostura pero era difícil sobre todo cuando sintió unas breves sacudidas de aire provocadas por la risa muda de la muggle bajo su túnica. Algo debió de notar la bruja porque su mirada empezó a pasearse por toda la sala, alzando la cabeza para buscar entre las estanterías.

_ ¿Estás solo, Severus?¿Hay alguien más aquí?

El mago trataba de convencerse de que Minerva no iba a ser capaz de verla detrás de la alta mesa y cubierta por su túnica.

_¿Ve a alguien más?_ contestó con cara de pocos amigos.

Y entonces, en ese preciso momento, como si lo hubiera estado esperando, la húmeda boca de Demons le rodeó y le absorvió aprisionándole entre la lengua y el paladar.

Minerva arrugó la frente al oir el gruñido de Snape y ver como su pecho se encorvaba afianzándose en la mesa.

_ Severus, vayamos a la enfermería, creo que necesitas...

_Lo que necesito es que te vayas, Minerva..._ Snape apretó los dientes, la dulce, aterciopelada y cálida guarida que le proporcionaba Demons parecía no tener fin sintiéndose cada vez más profundo y más apretado_ ...Por favor.

Aun sofocada por la túnica sobre su cabeza, el calor que desprendía Snape y su respiración un poco restringida, Demons supo que ese "por favor" era para ella y su garganta vibró de triunfo. Mientras clavaba las uñas marcando la piel de las caderas del mago, se esforzó en tenerlo más adentro, como nunca hubieras soñado con tu pequeña Lily..

Minerva se asustó, a Severus le pasaba algo, ni siquiera en él era normal esa mirada asesina y la expresión furiosa cercana al pánico en su rostro. Prefirió no tentar a la suerte y se giró rápidamente, indignada, abandonando la sala con paso ligero.

Snape se relajó ligeramente y latió proximo a liberarse y justo entonces el apretado abrazo que le dedicaban se deshizo delicadamente dejándole expuesto al frío y a un par de segundos, a un par de míseros segundos...Oh, mil veces maldita muggle...No hubo rudeza, pero la destapó y con firmeza la agarró por la nuca, la levantó del suelo rodeándola con sus brazos y besándola ansiosamente. Paró un instante para acomodarse la ropa.

_Definitivamente, es la adrenalina_dijo ella y él la volvió a besar apretando su cuerpo contra la mesa.

Luego se separó de ella, solo un par de centímetros para decirle con una voz que parecía subir del propio infierno.

_Espero que se haya divertido mucho, señorita Demons, porque me lo va a devolver, con creces.

Por alguna extraña razón, ella no estaba asustada, sino que seguía con aquella mirada clavada en sus ojos y eso agradó más a Snape de lo que hubiera admitido. ¡Por Merlín! Hubiera sido capaz de recorrer los doscientos metros de pasillos y escaleras que le separaban de su cama con ella cargada sobre su hombro como un troglodita.