_Minerva, hemos discutido esto hasta la saciedad_ Snape trataba inútilmente de controlar el tono de su voz, para que no sonara demasiado iracundo_ Los profesores...
_No les llame profesores..._ el ceño fruncido de McGonagall no admitía réplica.
_Los profesores Carrow, son los encargados de imponer los castigos este año. Si quiere que los alumnos de su casa no sean castigados, procure que no infrinjan las reglas.
_¿Qué reglas, Severus? ¿No haber nacido de una familia de sangre pura?¿Cuántos de aquí no cumplirían ese requisito?
Los párpados de Snape se entrecerraron afilando su mirada, con "de aquí" se refería evidentemente a su origen mestizo, y dió por terminada la discusión señalando al puerta con un dedo.
Cuando Minerva cerró la puerta tras ella, él se levantó del asiento, deseaba romper algo, quizá un cuello, pero se conformó con resoplar.
_Solo hace dos semanas que se retomaron las clases. Apenas estamos acabando enero...no puedo desear más que se acabe el curso.
_¿Qué ha sido esta vez?_preguntó Dumbledore.
_La casa de Griffindor no acepta el nuevo temario...y lo demuestra abiertamente en sus clases_ dijo pasando sus dedos por su cuero cabelludo.
_Tienes que poner fin a esta sangría, Severus, la integridad de los alumnos...
_¡Decídase, Albus! ¿Quiere que salve a los alumnos, que proteja a Potter, que le mande a morir o que averigüe como va la búsqueda del Lord? No puedo estar en varios sitios a la vez. Deje de exigir tanto y comience a dar...Dígame qué está buscando a Potter, y para qué le hace falta la espada.
Dumbledore apretó los labios, terco.
_Dígame por qué le cedió a Potter la snitch dorada.
El mago abrió los ojos en un gesto de sorpresa, pero siguió mudo.
_Lo suponía. Ninguna pista para mí, vaya a ser que saque conclusiones.
Dumbledore mantuvo su asombro. El cambio de actitud era notorio en Snape. Siempre había acogido sus indicaciones con escepticismo y desagrado, pero ni incluso cuando le pidió que le matara se mostró tan combativo.
_ No puedo impedir a los Carrow que hagan aquello que el Lord les ha encomendado_ continuó algo más calmado_ Al menos, he conseguido que los castigos más fuertes no se apliquen en los magos de sangre limpia. No es una decisión que me agrade, pero he protegido a unos pocos. He impuesto todos los toques de queda habidos o por haber. Ya no me temen, Albus. Antes les bastaba con la amenaza, no hacía falta el castigo. Ahora ya existe el castigo, la amenaza no les afecta. Si se le ocurre algo más que pueda hacer, no dude en decírmelo.
Acomodó su pelo y su ropa y se dirigió con paso largo hacia la puerta tras anunciar que iba a supervisar algunas clases.
Demons lo llamaba "medidas preventivas" y se había prestado a ello desde el primer momento. Ambos procuraban estar presentes en las clases de Amycus o Alecto para disuadir que se tomaran medidas disciplinarias inadecuadas. Snape procuraba ir a la de estudios muggles, porque no respondía por Demons. Si escuchaba lo que la bruja decía de los muggles muy capaz era de partirle la nariz delante incluso de los alumnos. Sí, había logrado controlar la muñeca suelta de Alecto para lanzar maldiciones.
También se le había ocurrido destruir por completo la rotación en los turnos de noche, se hacía de forma aleatoria, de manera que los alumnos no se aventuraban tanto al no saber con quién iban a encontrarse en los pasillos, y Snape se había devanado los sesos buscando un hechizo que hicieran los muros autolimpiables, así les resultaba más difícil...aunque seguían apareciendo pintadas. Si esos chicos hubieran mostrado la misma tenacidad con su asignatura...
Tras la clase, nauseabunda como siempre, de Alecto, Snape caminó por el pasillo hasta su antigua aula de pociones. Slughorn estaba dando clase.
Severus sintió una punzada de nostalgia al no estar allí abajo, aspirando los vapores, distinguiendo los olores, adivinando los errores en cada caldero. Asomó con disimulo la nariz por la puerta entreabierta. ¿Era posible? En la última fila, Demons cortaba ingredientes y los añadía a un hirviente líquido de color morado.
Sin hacer ruído entró en la sala y se situó detrás de ella.
Observó sus manos seguras escogiendo bayas. Llevaba las uñas pintadas de un azul eléctrico. Snape sonrió al recordarlo. Había conseguido el esmalte de una alumna. En el bote era de un rosa pálido, pero estaba encantado para cambiar de color según el estado de ánimo. Ella pidió que se lo quitara y él dijo que lo iba a llevar unas semanas, por imprudente.
_¿Por qué escoge las más secas?_susurró en su oreja.
_Me ha asustado, señor Snape,_ respondió ella mientras sus uñas pasaban del azul al púrpura_ Porque hay que raspar la carne, si cojo una madura o más verde en el peso de la pulpa tendría que descontar el peso del jugo y esas gotas de más podrían echar a perder el resto al cambiar la proporción de los ingredientes.
Snape valoró pensativo la respuesta. Evaluando el resultado cuando líquido morado siseó al contacto con la pulpa y rápidamente espesó cambiando a un color verde lodo, nada atractivo pero el exacto para esa fase de la poción.
_Muy bien, señorita Demons_ dijo inclinándose hacia su nuca y riendo al ver que el esmalte de sus uñas pasaba del púrpura al rojo. Sin poder resistirse a ese rojo, disimuladamente apoyó su mano en la cintura de ella.
Demons ante el ataque dejó caer sin querer el siguiente ingrediente en el caldero que empezó a generar una no muy buena espuma verdosa. Alle le miró alarmada y el mago, con un gesto desdeñoso golpeó el caldero haciendo desaparecer la poción.
_Usted ha tenido la culpa_ siseó como una serpiente mientras sus uñas pasaban al negro a una velocidad alarmante.
Snape rió por lo bajo aunque no lo suficientemente bajo, algún alumno se volvió a mirar. Así que tomándola de la mano, la sacó del aula.
Reprimió el impulso de acorralarla sobre la pared y robarle un par de besos, eso no sería propio de un director de Hogwarts y mucho menos de un mortífago.
_¿Cómo se le ha ocurrido?
_¡Tenía permiso de Slughorn y nadie me observaba! Todo me iba bien hasta que ha llegado usted ronroneándome al oído. Exijo una compensación.
Snape alzó una ceja, pero un estruendo al final del pasillo cortó la propuesta que iba a hacerle, corrieron ambos y al girar en el recodo encontraron a Amycus varita en ristre lanzando maldiciones al pecho de Longbottom haciéndole rebotar contra las paredes y el suelo.
Demons se interpuso en la trayectoria de los hechizos y Snape, sin apenas esfuerzo, lanzó un impedimenta que paralizó al mortífago.
_Amycus...¿qué es lo que se te ha pasado por la cabeza?
_¡Es un alborotador!¡No muestra respeto por las artes oscuras y se niega a emplearlas!¡Merece que...!
La intensa mirada de Snape le hizo callar. Este le habló muy cerca, intimidante.
_Creo que quedó muy claro, nada de castigos tan...severos... a magos de sangre limpia. Debemos atraerle a nuestra causa, no acabar con él.
Snape miró hacia Neville, boqueando en el suelo. Demons en cuclillas a su lado palpaba el cuerpo del chico buscando daños.
_Ven conmigo_dijo Severus amenazador_, vamos a discutir ese punto hasta que te quede bien claro.
Ambos, Snape con la mano sobre el hombro del mortífago, se encaminaron pasillo adelante.
La muggle levantó la cabeza del muchacho.
_¡Eh, chico! ¿Cuántos dedos ves?_dijo alzando el dedo índice delante de sus ojos.
_Cuatro.
_Perfecto, chaval, estás como una rosa. _ Le dijo mientras continuaba palpando el cráneo y las costillas del joven_Deberías ir a la enfermería, tal vez necesites alguna poción o algo así.
Neville se negó.
_Nada de pociones, ¿eh? Uno de los míos...No parece que tengas heridas abiertas. ¿Puedes conseguir hielo?¿Sí? Vale, pues ponte un poco.
Demons ayudó a levantarse al muchacho. La mirada parecía aclarársele. Ella tocó su mejilla un momento absorbiendo su calor. Él la miró extrañado y ella le dedicó una sonrisa triste.
_Estás loco, chico, ten cuidado o conseguirás que te maten.
_ No voy a dejar que torturen a mis amigos y mucho menos que me manden a que lo haga yo.
No cabía más decisión en sus 17 años.
_No he dicho que les dejes...solo que tengas cuidado.
Seamus Finnigan acudió en su ayuda y le sostuvo ayudándole a caminar hacia su casa. Neville se volvió varias veces a mirarla. Para ser mortífaga, era una mortífaga muy rara.
