Quiso apartarse, rodar, huir...pero su cuerpo se mantenía inmóvil, colgada de su varita como una marioneta.

Luchó contra su instinto de supervivencia. No quería demostrarle la aprensión que sentía...al fin y al cabo, él no le haría daño...al menos, no tanto daño ¿verdad?

_Humedezca sus labios.

Su voz era autoritaria y profunda, hablando muy despacio con una precisa dicción, arrastrando las palabras, dándole tiempo a hacer lo que le ordenaba

_ Lámalos, quiero ver asomar su desvergonzada lengua entre ellos...¿Ve? Es fácil. ...Muérdaselo suavemente. ...¿comprende que va a lamentar sus palabras?

Bueno, señor Snape_pensó_ tampoco es tan... terrible.

_Bien, señorita Demons..¿por dónde iba?...¡Ah, sí!_Snape agitó sutilmente su varita y las manos de ella comenzaron a moverse ingrávidas.

La muggle trató de frenar el movimiento notando que algo en su interior arañaba al intentarlo.

_No dolerá si no se resiste, déjese llevar...

Al fin del mundo, chico. Está bien, obedecería, era lo único sensato que podía hacer.

Dejó volar sus manos que se enredaron en su propio pelo, peinando mechones hacia arriba, estirando sus sienes. Luego bajaron por su nuca y rodearon su cuello hacia su garganta bajando hasta las clavículas, hacia el valle poco profundo de sus pechos y de allí a sus costillas y a su vientre, deteniéndose cerca de su ombligo. Los ojos negros de Snape la miraron a la cara un par de segundos y luego siguió observando sus manos.

_¿Qué tal un poco más abajo?

Volvió a agitar la varita y los dedos de ella caminaron hacia sus ingles y deslizó las palmas por la cara interna de sus muslos hasta las rodillas que permanecían dobladas.

_...un poco más arriba...

El pecho de la chica se hinchó cuando las manos desandaron el camino ascendiendo hacia sus senos hasta cubrirlos con las palmas.

_ Apriete un poco_ ordenó Snape_...un poco más, vamos, sé que no es tan dulce como aparenta..¿Ve? Su rubor la delata.

Cierto, las mejillas le ardían. No podía hablar, pero casi mejor, porque no estaba segura de querer protestar. Solo controlaba sus ojos y su respiración y aunque con la mirada intentaba matarle, la fuerza con la que respiraba, excitada, hizo que Snape no temiera por su vida.

_ Así, me gusta, sea buena chica...Vamos a prestarle atención a este_ dijo señalando uno de sus pechos_ Es hermoso, ¿verdad? tan elástico, tan suave...sosténgalo con su mano...así...bien, señorita Demons, vamos a... «afilarlo» un poco más. Despacio, querida, he decidido no tocarla... pero tengo intención de...disfrutarla...igualmente.

Con movimientos lentos y decididos, la muggle apretó su pecho y el círculo oscuro que lo coronaba provocando que la pequeña redondez abultara. Al mismo tiempo, crecía el otro sin ser acariciado.

_ Vaya, un hermano celoso... atiéndalo también, señorita Demons, no provoquemos una pelea familiar.

Maldito seas, Snape. Pero sin dudarlo tomó también el otro entre sus dedos, repitiendo las caricias sobre él, sobre ambos, al mismo tiempo, mientras que una corriente eléctrica nacía de ellos y la iba invadiendo.

_ Con dos dedos_ pidió Snape formando una pinza con el pulgar y el índice de su mano izquierda, la derecha no dejaba de apuntarla con la varita_ Es una pequeña bolita, ¿lo nota?

¿Bromeas, verdad? _ contestaba mentalmente ella_ ¡Cómo si yo no los conociera...!

_ Hágalas rodar..._ dijo haciendo el gesto con sus dedos_ ¿Es agradable?

La muggle cerró los ojos.

_ De eso nada, querida, no va a esconderse tras sus bonitas pestañas. Abra los ojos. ¿Está furiosa? No lo creo. Tire, señorita Demons, alárguelos...Sin miedo, no van a romperse...Yo sé que eso le gusta. ¿Lo niega?...Veamos. Abra las piernas._ pronunció lentamente con su grave voz_ ... con las manos.

Dicho y hecho, ella bajó las manos a sus muslos separando sus piernas que continuaban flexionadas y enrojeció aún más porque sabía que él iba a ver lo mojada que estaba. Adiós indignación, mírale ahora como si estuvieras enfadada, que se lo va a creer.

Su risa ronca era como un arrullo.

_ Vuelva a sus pechos, pequeña tramposa...enséñeme cómo hace cuando carece de otras manos de las que servirse.

No demasiado en contra de su voluntad, Demons aprisionó sus senos e hizo lo que él ordenaba, como si estuviera sola, como si el no estuviera quemándola con la mirada. Tocarlos, apretarlos, exprimirlos incluso, juntarlos, soltarlos, pellizcar sus areolas...hasta que sintió su piel caliente y enfebrecida. Formó suaves garras con sus dedos y apretó con sus uñas dejando una marca roja, pulsante, sobre el lienzo de su blanca piel.

_Mmmm ¿eso le gusta? Es bueno saberlo...Use sus uñas, tigresa, vamos a marcar sus costados... y sus muslos...es tan excitante verla...

Para ella era excitante oirle.

_Ahora por la parte de dentro de sus muslos... respire despacio, va a hiperventilar.

Espera que recupere el uso de mis manos, que te voy a marcar las uñas en las mejillas.

Snape bebía con sus ojos las marcas paralelas en sus piernas, deseoso de recorrerlas y suavizarlas.

_ Entonces, es así como deja mi espalda...quizá a mí me trata con menos cuidado, creo...mis marcas suelen durar un poco más pero, tranquila, no voy a tomar represalias.

Daba igual que no la tocara, su voz la envolvía como mil manos.

_ Bien, señorita Demons, necesito una de sus manos. Así _ Snape le mostró su propia mano con los dedos extendidos y juntos. La mirada de la muggle parecía preguntar dónde_ entre sus piernas, obviamente.

Demons suspiró, o la mano estaba muy fría o aquella zona muy caliente.

_ Frote. Nada de apretarse, _advirtió_solo frote.

La cara de la muggle enrojeció hasta competir con sus uñas carmesíes. Sus suspiros se agarraban un poco a su garganta rompiendo en gemidos, rítmica como las olas rompiendo en la orilla mientras frotaba, sintiéndose hinchada y anhelante, tan caliente que en breve temía empezar a echar humo.

Él no perdía detalle. Ni sus manos, ni de su respiración, ni de sus temblorosos labios, ni del sudor que iba perlando su frente o como su piel se sonrosaba hasta casi brillar. Este iba a ser un magnífico recuerdo.

_ Palméese.

Demons no entendió lo que dijo, escondido en esa exhalación que era suspiro y gruñido y caricia.

_ Vamos, señorita Demons, ya se lo he hecho algunas veces.

Ella golpeó suavemente su mano extendida sobre su húmeda hendidura provocando un pequeño chasquido.

_ Frote...

La muggle observó por el rabillo del ojo que una mano de Snape aferraba las sábanas mientras la otra perdía firmeza al agarrar la varita.

_ Hágalo otra vez, varias veces... más rápido.

Una sucesión de vibrantes chasquidos respondió a esa orden dada entre dientes.

_ Se quiere usted mucho, señorita Demons... si lo estuviera haciendo yo...¿Cómo me llamó? No lo recuerdo...

¡Oh que no!, seguro que sí, le dije que tenía las manos blandas como una nena.

Los oscuros ojos de Snape reían cuando ella le miraba tensa, lanzando cuchillos.

Pero obedecía, golpeando más firmemente, provocándose un cosquilleo, un picor que, más que satisfacerla la inflamaba más, deseosa de un contacto más intenso... más... profundo.

_ Se empieza a sentir vacía, lo noto, no se preocupe pronto pondremos solución a eso.

Se tumbó a su lado, cuando largo era, y con un giro de su varita hizo que volviera la cabeza para mirarle.

La proximidad de su cuerpo, el calor que le brindaba, era insuficiente para la chica sin un contacto entre ellos. Pero él se mantenía firme en su propósito de no tocarla,a dos centímetros de su rostro, con los labios entreabiertos, amagando un beso que no llegaba.

_ ¿ Un dedo?...¿ Dos, mejor?

Lo que hubiera dado ella por poder levantarse y salir del cuarto, sin darle la satisfacción de..¡ Bah, a la mierda!..Carpe diem.

Su cuerpo temblaba, sus rodillas se abrían y cerraban imperceptiblemente, ondulaba limitada en sus movimientos por esas mágicas ataduras. Sólo su muñeca era capaz de flexionarse y extenderse impulsando el índice y el corazón dentro de su cuerpo. Ya no intentaba ni negarle sus gemidos y entrecerró sus ojos olvidándose de todo, de él incluso, para subir atropelladamente los peldaños que la llevarían al cielo.

¡Por Merlin! Su cuerpo entero parecía una hoguera, una pira qué amenazada con deflagar e incendiar ambos cuerpos, la cama, la habitación,... el castillo entero...un magnífico recuerdo.

¿No se cansaría nunca de ver la Vía Láctea en sus ojos brillantes, de presentir el Big Bang en su vientre? ¿cómo puede ser a la vez tan tierna y tan apasionada, tan frágil y tan fuerte? Ella no se rendía, no se entregaba, simplemente explotaba, y el que estuviera al lado que tuviera cuidado con los escombros.

La muggle cerró los ojos. Snape notó que volaba sin él. «Ábralos» ¿Qué quería decirle? Conjuraría un potente legeremens para leer en esos ojos castaños que todavía le miraban retadores, si sirviera de algo.

_ ¡Hable, maldita sea!

_No dolerá si no se resiste_ dijo ella entre gemidos con la voz temblorosa como el resto de su cuerpo, repitiendo sus palabras _ déjese llevar...

Ahí estaba, tenía que morir matando.

¿Que había dicho él? ¿Demons o demonios?

No importaba, ...no importaba, ... lo que importaba eran los dedos del mago acompañando los suyos dentro de ella y su boca, por fin, devorándola.

El infinito estallaba en sus entrañas cuando él murmuró contra sus labios.

_ Espero que su dios se apiade del hombre que se enamore de usted.