Snape regresó a Hogwarts aún furibundo, ni siquiera el castigar a dos alumnos que se hacían carantoñas en el pasillo le sacó de su profundo mal humor. El encontrarse el castillo invadido por un inusual aire festivo y parejas cogidas de la mano, no ayudó. Con paso enérgico se dirigió a sus habitaciones. Al llegar encontró a Winky, con un saco perfectamente blanco y el pelo esponjoso, delante de su puerta.
_No puede pasar, director Snape, el ama advirtió a Winky que no le dejara entrar si llegaba antes de que todo estuviera listo.
_¿Qué diablos...?
Snape refrenó las ganas de aplastar a la elfina contra la puerta, en cambió la aporreó insistente.
_ ¡Abra la puerta, Demons! ¡Abra ahora mismo si no quiere que la tire abajo llevándome a su criada por delante!
La muggle abrió con el rostro serio y los labios apretados, reflejando preocupación y enfado en un mismo gesto. Mandó marcharse a Winky y dejó un estrecho paso para Snape.
_¿De dónde viene?¿Qué ha pasado?
Severus resopló.
_Nada.
_¡Ah, bueno! Me había preocupado..._ dijo con ironía.
Snape se frotaba encima de las cejas con una mano mientras se derrumbaba en una silla. No estaba acostumbrado a tener esos accesos de debilidad delante de nadie y todavía se irritaba más consigo mismo.
Sintió sus manos pequeñas sobre los hombros. La muggle comenzó a presionar sobre los músculos de sus hombros y de su cuello.
_Ha vuelto_ afirmó mientras estiraba hacia atrás sus hombros y ascendía de nuevo a su nuca enredandose en su pelo permitiendo a Snape sentir la fría punta de sus dedos en el cuero cabelludo, en sus sienes y en la arrugada frente_ Ha vuelto.
Snape presintió ¿miedo? en esas dos palabras. Ella se preocupaba, ella le esperaba. Eso generaba un extraño sentimiento para el mago. Suspiró largamente. No tenía que contarle nada, ya lo sabría, notaba como se lo transmitía a la yema de sus dedos. Era liberador no tener que contar nada y no tener que ocultarlo al mismo tiempo.
_Tengo que advertirle_dijo ella_ cuando abra los ojos, no vaya a montar un numerito. Ya sé que no es momento...pero no lo sabía cuando lo organicé. Si tuviera una varita, y supiera usarla, haría desaparecer todo esto antes de que lo viera.
¿Qué habría liado ahora? Snape se revolvió pero ella le tapó los ojos.
_Prometa que no se enfadará.
_¿No sabe ya lo enemigo que soy de las promesas? Sólo déjeme mirar...y rece.
Los dedos descubrieron sus ojos y Snape se fijó en la habitación. Había una mullida alfombra delante de la chimenea. Una mesa baja sostenía una botella y copas y ¿una tarta?, rodeada por cómodos cojines. La habitación estaba iluminada cálidamente con velas y, ¿como no lo había notado antes?, olía a sándalo. No lo entendía. ¿A qué se debía ese despliegue?
_¿Sabe qué día es hoy?
Snape gruñó. El lunes era 10, lo recordaba porque estuvo dos horas poniendo la fecha en los pedidos de suministros, 10 de febrero, hoy era viernes así que...
La miró sorprendido. Ahora comprendía el ambiente festivo, los arrumacos y las carantoñas en los pasillos.
_¿Ha preparado todo esto porque es el día de los enamorados?
_¿Cree que...? _ la muggle rió realmente divertida_ ¡por supuesto que no!
Snape irguió el cuello molesto, para colmo de males, había hecho el ridículo.
_Lo he preparado porque es mi cumpleaños_aclaró_. Claro que usted no lo sabía, así que "le" he permitido prepararme una fiesta sorpresa.
La muggle le miró sonriendo tristemente, si eso era posible.
_ ¡¿Sorpresa?!
_ Está loca... Supongo... que la ha ayudado Winky.
_Sí, me ha traído lo que necesitaba. Pero_ dijo seriamente_ entiendo que no quiera celebrar nada, así que recoja. Agite su varita y haga desaparecer todo esto.
_ Ya que se ha molestado..._tenía que compensarla, habría escuchado el insulto de Yaxley...y era su cumpleaños.
A su espalda, la muggle cerró el puño y flexionó el brazo en su acostumbrado gesto de triunfo. Snape se dirigió hacia la chimenea reclinándose en los cojines casi tendido, mientras la muggle servía un vino espumoso en dos copas altas y dándole una se acomodó delante de él, pegando su espalda al pecho de Snape. El mago hudió la nariz en el suave pelo de la muggle pronunciando con voz grave un "felicidades" que le recorrió la espina dorsal, provocándo que se le erizara el vello de los brazos.
_Y, ¿se puede saber cuántos cumple?
_ Tengo... todos los que he vivido, todos y cada uno...
Snape rió. Levantó su copa.
_¡Por todos y cada uno!_brindó.
_ Por estos dos últimos delirantes, intensos e irrepetibles meses_contestó la muggle chocando su copa.
_¿Me está halagando?
_No se acostumbre.
Snape pasó la mano por encima de ella, estirando el brazo para tomar una de las fresas dispuestas entre la abundante nata de la tarta, presionando con el cuerpo la espalda de ella, quizá un poco más de lo necesario. Ella le agarró la mano a medio camino y la condujo a su boca, mordiendo la fruta al tiempo que acariciaba la mano del mago. Severus volvió a cojer otra, manteniendo su peso sobre el cuerpo de ella, casi tumbándola boca abajo y trayéndola de vuelta con su brazo. Acercó la fresa a la boca de labios sonrosados. Ella entreabrió los labios cerrando los ojos.
El pecho de Snape comenzó a vibrar con ese suave ronroneo cuando tocó suavemente los labios de esa boca entreabierta y la retiró rápidamente, dando ella un mordisco al aire que la hizo sonreir. Le apartó el pelo para verle mejor la cara. Ella mantenía los párpados cerrados y la boca un poco abierta.
Deslizó la punta de la fresa por sus labios, ella sacó la punta de la lengua para tantear e intentar atraparla, pero de nuevo se escapó. Juqueteó con ella, y ella se prestó a ello haciendo gala de una Demons infantil que Snape desconocía.
_Hoy está siendo demasiado dulce, señorita Demons, se ve que le afecta cumplir años.
_ Para una vez que le dejo llevar la iniciativa... y es esto lo que se le ocurre...
_¿Me dirá acaso que este escenario admite otro trato?
_No es el escenario, son los actores...Pero si quiere, la próxima vez diré a Winky que me ayude a montar una mazmorra, con cruces en aspas, cuerdas, cuero y látigos...
_No creo que me gustara,_dijo él tras sopesar la posibilidad_ al final, acabaría yo atado en una de esas cruces...
Demons reía. Snape mojó el dedo en el champagne y dejó caer unas gotas sobre los labios de ella.
_Las fresas son mi fruta favorita_ confesó él.
_Lo sé.
_Pues no me está dejando comer ninguna...
Snape volvió a empujarla para alcanzar otra, al tiempo que buscaba su cuello rozándolo con su nariz y sus labios y enredaba una pierna entre las de la muchacha renegando de tanta tela entre ellas. Atrapó la fresa y volvió a colocarse y colocarla sobre un lado, cada vez más cerca de su cuerpo, paseando la fruta por los jugosos labios de la muggle dejó que la atrapara fácilmente y luego con dedos dulces, hizo girar el rostro de Demons hacia sus labios. Retuvo el aliento y acercó su boca rozando suavemente la de la muggle.
Ella contenía sus labios temblorosos mientras él jugaba ahora con su propia boca en lugar de la fresa, acercándose hasta saborear su aliento. La muggle trataba de soportar la suavidad aterciopelada con que la tocaba, sin hacer intento de acercarse o alejarse. Esperó. Se impacientó, pero esperó a que él la invadiera sosteniéndola por la nuca, frotando su pelo, devorándola con largas caricias, abrazándola desde su espalda. Saboreando su anhelada fresa.
Podría acostumbrarme a esto...pensó ella.
_Felicidades
_ Ya me ha felicitado antes.
_Esta vez ha sido por dejarme besarla sin tanta...urgencia_ dijo mientras volvía a besarla larga y profundamente mientras pensaba en usar un diffindo para cortar la espalda de su túnica y deslizar sus manos bajo ella acariciando su piel desnuda. Volverla a poner boca abajo, abrirle las piernas con las rodillas, alzarle las caderas y poseerla igual de despacio que la había besado.
Un grito.
Había oído un grito.
La muggle levantó su manga. La marca se movía como si estuviese viva.
_¿Lo ha sentido?_le preguntó a Snape, este negó_ Es Alecto, la oigo, está torturando a alguien. Está haciéndole mucho daño a alguien.
Snape no se preguntó si era posible o cómo era posible. Se levantó raudo del suelo y ella le siguió saliendo al pasillo.
_¿Dónde?
_ En la sala de estudios muggles.
Snape comenzó a caminar a paso ligero, que pronto se convirtió en un trote y después en carrera ante el apremio de la muggle.
Cruzaron la puerta.
_Dios mío..._ murmuró Demons.
_ ¡Expelliarmus!_gritó Snape a Amycus haciendo saltar su varita de la mano.
La muggle no tenía varita, mierda, así que se sacó un zapato y lo tiró contra la cabeza de Alecto.
Tras una exclamación de dolor, la bruja se giró hacia ella pero el otro zapato le golpeó la cara, dándole tiempo a Snape de aturdirla, haciendo lo mismo acto seguido con su hermano.
_Dios bendito, señor Snape.
En la clase había un niño de primero, encadenado a la mesa del profesor, deshidratado e inconsciente al que Snape no conocía. A su lado un jóven aún se protegía en posición fetal. Sangraba no se sabía por dónde y tenía el rostro hinchado y amoratado. Michael Corner, de Ravenclaw, ese sí había sido alumno suyo.
Demons apretó un puño contra su pecho y rápidamente se echó al suelo para atender al chico. Snape la apartó.
_Hay que llevarlos a la enfermería_ insistió ella.
_Calma,_susurró Snape.
Arrastró el cuerpo de la bruja junto al de su hermano. La muggle trataba de quitar las cadenas del niño, impaciente, tras haber comprobado que el otro chico respiraba.
_Deje eso_ dijo con voz ronca.
No era posible, estaba atendiendo antes a los mortífagos que a los alumnos.
Snape los despertó a ambos y luego conjuró un obliviate sobre ellos para borrar de su memoria el último minuto. Aturdidos los magos se pusieron en pie y Snape arrastró a la muggle fuera de la sala. "Si va a ser un agente doble, tendrá que aprender a no ponerse al descubierto". Ella no lo comprendía, pero no tenía más tiempo de explicárselo.
Volvieron a entrar en la sala, con una calma chicha recriminó no demasiado duramente el comportamiento de los Carrow, Demons contempló incrédula como Snape tocaba con un pie el brazo de uno de los chicos inconscientes. Como con asco, con desgana, quitó las cadenas del otro e hizo levitar ambos cuerpos que salieron flotando hacia la enfermería mientras él se sacudía la túnica y se acomodaba las mangas. Incluso elogió el trabajo que habían hecho...lo único que les recordó, que necesitaban atraerlos no matarlos y que se abstuvieran de repetir eso "demasiado a menudo" porque a veces el miedo al castigo era más efectivo que el castigo en sí. Así los Carrow se marcharon satisfechos y él se volvió hacia la muggle encontrándose con una mirada estupefacta y un "lo flipo" nada agradable. Snape endureció su rostro. Al fin, ¿no? ya había llegado el momento en que ella veía a Mister Hyde, al mortífago, al monstruo...
Procuró no demostrar nada, no demostrar que la mirada vacía de sus ojos castaños era más dolorosa de lo que había imaginado cada vez que había previsto este momento. Y estiró su espalda y guardó su varita, preparando una ácida respuesta a sus acusaciones. Pero ella no dijo nada. Respiró un par de veces con ansiedad y salió corriendo, descalza, camino a la enfermería.
