Nada más aparecerse, Snape usó su varita para avivar el fuego y, sin soltarla de la mano, llevó a la muggle junto a la chimenea.
_Déjeme ver.
La muggle se dejó desnudar mientras le acariciaba con una mirada tierna. Había perdido la cuenta de las veces que el señor Snape había curado ya sus magulladuras.
_No es nada, sólo unos arañazos.
Snape gruñó mientras valoraba las señales paralelas de sus uñas, muy rojas, algunas sangrantes y los pequeños hematomas en su pecho y en sus muslos, fruto sin duda de pequeños pellizcos.
_ La ha hecho emplearse a fondo, ¿eh?. Túmbese en la cama, habrá que ponerle algo.
Dócil, la mujer se tumbó bocarriba esperando al mago que revolvía entre su farmacopea buscando el ungüento balsámico que conocía tan bien. Como una muñeca, dejó que levantara su brazo para empezar a aplicárselo en el bíceps y los hombros.
Sólo se oída el crujir del fuego y de vez en cuando algún corto suspiro de él al encontrar una herida más profunda o de ella cuando la suave presión de sus dedos, a pesar de ser cuidadosa, le hacía daño.
_¿No me va a decir nada?_ preguntó ella casi en un susurro.
Estaba tan cansada, su piel tan sobreestimulada, fébril y dolorida, que no era capaz de percibir sus pensamientos.
_¿Nada de qué?
_¿No me va a decir que estoy loca o que en qué estaba pensando?¿No me va a reñir, ni se va a enfadar o le va a dar un ataque de celos por lo que he hecho ante el Perturbado?
Snape contestó simplemente.
_No.
_¿No?¿Y ya está?
Ella inclinó su cabeza esperando alguna explicación y él continuó hablando.
_Creo que ya he aceptado que es una insensata, y que por mucho que le riña, mi enfado no va a tener ningún efecto en usted... en cuánto a lo de los celos...realmente, no creo que haya disfrutado de esto_hizo una pequeña pausa_ Y sí, tenía razón cuando me dijo que yo también me habría dejado besar. No hay mucha diferencia entre las heridas que me hace a mí o ... lo que le ha hecho hacer a usted.
Realmente no estaba preparada para eso. Se había mentalizado para escuchar sus comentarios entre dientes, su agresividad contenida, su mirada acerada, sus sarcásticas acusaciones... No para esa cascada suave en su voz, cálida y comprensiva.
_ A ver, ¿Quién es usted y qué ha hecho con el señor Snape?
Una risa entrecortada surgió de la garganta del mago y Demons cerró los ojos dejando que ese sonido le consolara el alma.
_Y dígame, _preguntó con esa voz profunda_¿ha averiguado lo que quería saber?
La muggle abrió los ojos para encontrar el rostro de Severus casi pegado a su pecho mientras decidía que arañazo iba a curar primero. Como tardaba en contestar, Snape alzó el rostro y la miró intensamente.
_ Sí _dijo ella apesadumbrada_. El Lord ha conseguido la varita de saúco. ¡La había tenido Dumbledore todo este tiempo! ¡Eso significa que..!
La muggle se había ido incorporando para explicarle todo a Severus, pero él la empujó firmemente de nuevo contra la cama.
_No se canse_dijo con serenidad_Ya lo sé.
Demons parpadeó un par de veces, sorprendida.
_¿Ya lo sabe? ¿Y desde cuándo lo sabe?
_Desde aquel día en la biblioteca, en el que usted insistía en que Albus conocía el paradero de las tres reliquias.
_¡Pero usted lo negaba!¡Siempre lo negaba!
_No me culpe, entonces yo no sabía que papel jugaba usted frente al Lord y si podría, voluntaria o involuntariamente, proporcionarle esa información.
El rostro de ella se entristeció, se había expuesto para nada.
_No por ello quiero quitarle mérito a lo que ha hecho esta noche. Nunca he visto a nadie plantarle cara al Lord de esa manera y vivir para contarlo.
Ella dió un pequeño salto cuando él aplicó la crema en una herida un poco más profunda y Snape sopló sobre la marca, aliviando el escozor.
_Aunque no lo crea, me emociona que haya sido capaz de arriesgarse así para conseguir una información en mi beneficio.
El señor Snape emocionado...Era un hecho, la puerta del despacho se había abierto en un universo paralelo. La muggle volvió a echar la cabeza hacia atrás observando entres sus pestañas las manos del hombre aplicando la crema cuidadosamente en su vientre, rozando su piel con la punta de sus cabellos cuando soplaba en sus rasguños.
Hubiera querido conservar esa placentera sensación, pero sus pensamientos fueron más allá.
_Y.. ¿Está preparado para morir, señor Snape?
Severus se paralizó, ¿titubeó acaso? La agradable risa volvió a surgir de su garganta.
_¡Oh, querida! ¡Siempre tan sútil y llena de delicadeza!
Era la segunda vez que la llamaba querida en esos meses. Atesoró la palabra mientras él se situaba entre sus desnudas piernas para curar las lesiones de sus muslos, flexionándole las rodillas.
_Llevo preparado muchos años. Aunque he de confesarle, que nunca lo había afrontado con tanta serenidad como ahora. Será porque he dejado de luchar ante la inevitabilidad de mi destino.
Le hablaba suavemente tan pegado a su piel que sus palabras le llegaban como un lejano rumor. El rumor de suaves olas batiendo sobre la arena seguida de la brisa que escapaba entre sus labios para consolarla. La muggle dejó que su mano, casi por voluntad propia tomara a Snape por los cabellos y le acercara un poco más a su carne. Snape, obediente, posó sus labios en la delicada zona de su ingle arrancándole un suspiro.
_ ¿Entiendo entonces que nuestra... aventura... ha sido.. su canto del cisne?
_¿Canto del...?_la muggle sintió su sonrisa abrirse contra su piel_ Podría decirse, sí.
Snape aspiró.
_Este ungüento lo ha hecho usted, huele a lavanda. Tiene un don poco común para embellecer lo que toca que nadie adivinaría al observar su carácter...: lavanda, cerezas,... fresas... incluso nuestras tórridas sesiones desenfrenadas las ha llenado de algo intangible. Esa sencillez con que lo afronta todo, esa facilidad con que se entrega totalmente y esa exigencia con que pretende ser correspondida de la misma manera...
_Señor Snape..._ la voz de ella sonaba gruesa y emocionada. La de él era suave como terciopelo.
_ No lo tome como una declaración, no lo flipe. Sólo estoy diciendo que es usted una mujer salvaje, simple y primitiva.
La risa de ella brotó de improviso. El señor Severus Snape, el serio profesor de pociones, el intransigente director de Hogwarts, el famoso y cruel mortífago...había dicho: "no lo flipe".
_¿Ve? Otra mujer en su lugar se hubiera enfadado por esa afirmación.
Snape abandonó otro beso entre sus muslos.
_Ninguna mujer podría enfadarse con usted, dijese lo que le dijese, mientras la bese de esa manera. ¡Qué malvado y cruel, señor Snape! ¿Sabe que me ha condenado a una vida de celibato?
_¿Celibato usted? Lo dudo mucho.
La muggle usó sus dos manos ahora para guiar la cabeza de Snape y conducir sus labios y (aah) esa magnífica nariz suya.
_Celibato, sí. Tras usted, cualquier hombre me parecerá mediocre. Tenía razón cuando me dijo que había sido mi mejor amante. Tras su muerte, yo quedaré baldía como tierra yerma. ¿No le apena eso?¿No tiene la tentación de evitar su destino y mantenerme satisfecha?
Un estremecimiento la inundó cuando la lengua de Snape la recorrió y un débil suspiro brotó de su garganta cuando la atrapó con sus dientes. Mil veces soportaría la humillación del sometimimiento al Lord, sus burdos intentos de hacerla gemir como en los recuerdos de Snape, si tras ellos le esperaba esta compensación.
_ Siga siendo siempre igual de egoísta, no permita que la convenzan de que el altruismo es más deseable_aconsejó Snape mientras abandonaba el cobijo de sus muslos y trepaba con sus labios por su vientre hasta coronar sus pechos_ ¿En qué piensa?
La muggle contestó mientras usaba los cabellos de Snape como riendas para manejar el lugar donde recayeran sus besos, sus mordiscos, el excitante roce de su lengua.
_Lo útil que resultaría saber usar una varita y despojarle en un segundo de esa incómoda túnica.
Snape volvió a reir mientras ascendía por su cuello. Ocupando su boca, alcanzó su varita y la agitó haciendo desaparecer su ropa. Hasta entonces no notó Demons lo fría que estaba su piel, hasta que no notó la ardiente carne de Severus sobre la suya.
Con manos firmes, la muggle se afianzó en su cuello y alzó la boca y el pecho pegándose a él, que era tierra y paraíso. Y dedicó largas caricias a su espalda antes de que él se incorporara sentándose sobre sus rodillas y con suma lentitud la hiciera rodear su cuerpo con los esbeltos muslos y con delicadeza, alzar las caderas.
_ Señor Snape, voy a echarle tremendamente de menos cuando se muera. Lloraré inconsolable sobre su tumba.
El pelo oscuro de Severus cubrió la luz como cortinas al caer a los lados de su cara cuando la besó de nuevo. La muggle aprovechó la postura para impulsarse hacia él, usando sus piernas aferradas a la cintura del mago. Snape apoyó su frente contra la de ella al sentir la calidez de su interior.
_No sea mentirosa, nunca la he visto llorar.
_ Y yo nunca he visto un unicornio,_dijo arqueando varias veces su cintura buscando un mayor contacto_Y ahora sé que existen.
Snape se incorporó de nuevo sobre sus rodillas y agarró las caderas de la muggle, alzándola, llenándola como ella deseaba.
_Tal vez he confundido mi vocación y tendría que haberme dedicado a esto mucho antes, en lugar de ser maestro de pociones, visto lo que se me aprecia por ello.
Demons tomó las manos de Severus y las condujo hacia sus pechos. Snape los presionó delicadamente, iniciando con sus piernas un lento bamboleo que mecía todo el cuerpo de la mujer.
_Si decide no ser asesinado y fugarse al mundo muggle, pagaré gustosamente por sus servicios. Vivirá como un rey.
Un brusco empujón del mago le hizo cerrar los ojos.
_Consideraré su oferta... _ dijo retomando su suave movimiento.
_Estoy dispuesta a negociar las condiciones.
Dos golpes secos más de sus caderas y ella asió desesperadamente la colcha por no clavarle las uñas. Snape manejó las piernas de la muggle situándolas en su pecho,apoyándole los pies sobre sus hombros, abrazó sus muslos tirando con ellos de su menudo cuerpo, al tiempo que iba a su encuentro con las caderas, invadiéndola por completo.
Esperaba ansiosa el momento en el que Snape la acometiera con rápidas y violentas embestidas. Tenía que recordar, que por mucho que le viniera a la garganta, no debía pronunciar (Oh, mierda, Severus) su nombre.
