No quería despertarse, se hallaba plácidamente en ese limbo entre el sueño y la vigilia, pero estaba incómoda. No podía moverse y respiraba pesadamente.

Aún en sueños, movió lánguidamente la mano hacia su pecho y despertó completamente al tropezarse con el pelo revuelto de (Severus) el señor Snape. Suspiró sin darse cuenta al mirarle_ la frente lisa, sin una arruga de preocupación, los labios algo abiertos moviéndose ligeramente al espirar (le sienta bien relajarse, señor Snape)_ disfrutando de ser la almohada del mago.

Intentó acomodarse sin moverse demasiado, tenía un brazo dormido y el cráneo de Snape se le clavaba en las costillas. Se había quedado dormido abrazado a ella, en su regazo y continuaba sobre ella.

Cerró los ojos dejando a su piel transmitirle a su cerebro el placer recóndito que le causaba el peso del mago, el calor de su cuerpo, el aliento templado... recordó los labios de él en sus rodillas, sus manos apartándole los cabellos de la cara, la punta de sus dedos sobre sus labios...

Recordó satisfecha como se derrumbó sobre su cuerpo (felicidades, señorita Demons, ha agotado mis reservas, mañana continuaré manteniéndola satisfecha y sin que tenga que pagar por ello) y cómo enlazó sus dedos con los de ella antes de echarse sobre su vientre.

Como un indio rastreando, leía las señales: los besos en el pelo, los roces a escondidas de Dumbledore, sus dedos enlazados... y ese (Severus) señor Snape tan diferente de la pasada noche y este señor Snape dormido plácidamente sobre su cuerpo... y lo peor, por primera vez en años no sentía la necesidad de salir corriendo del lecho dejando una nota diciendo"ha sido estupendo, ya te llamaré".

Todo eso gritaba "peligro". Si cerraba los ojos podía ver las cintas con el letrero de no pasar y luces anaranjadas brillando intermitentemente.

El amor es como todos los demás juegos, siempre hay un vencedor y un vencido, a lo peor dos vencidos... a lo peor, peor, dadas las circunstancias, hasta algún muerto.

¿Cuánto le duraría esa serenidad a (Severus) el señor Snape? ¿Cuánto tardaría Dumbledore, o el Perturbado, o Potter,...o Lily... en arrancarlo de entre sus brazos?

Perdona, chica ¿has dicho de entre tus brazos, en lugar de entre tus piernas? Tú estás muuuuuy mal.

Negó con la cabeza tratando de espantar los malos pensamientos, echando mano de la simplicidad que elogiaba Snape para aceptar las cosas.

Distraidamente jugó con los cabellos oscuros del mago.

Snape abrió los ojos, sorprendentemente lúcidos para acabar de despertarse.

_Debe de ser muy tarde_comentó con la voz pastosa de recién levantado.

_Apenas las siete de la mañana.

_¿Cómo lo sabe?

_No lo sé, acabo de inventármelo. Pero si son las siete, puedo contar con su compañía por lo menos una hora más.

La risa nació del pecho de Snape haciéndole cosquillas porque el mago permanecía echado sobre su vientre sin hacer el más mínimo gesto de levantarse.

_Hoy voy a tomarme el día libre.

_Tiene al señor Snape maniatado y encerrado en un armario, confiese _ Snape volvió a reirse_ O al menos, levántese de encima mía, me está clavando su hermosa cabeza en las costillas.

_Lo cual no pasaría si comiera como debiera, ¿quiere desayunar, tiene hambre?

La muggle negó con la cabeza y continuó despeinando al mago mientras este se incorporaba y se tumbaba a su lado.

_¿Y qué va a hacer hoy si no piensa trabajar en nada? Podría enseñarme a hacer algún remedio milagroso más como ese ungüento. Cuando muera, lo vendería en el mundo muggle. Me haría de oro.

_¿Eso cuándo?_preguntó con voz muy seria, un poco ronca aún_¿antes o después de llorar desconsoladamente sobre mi tumba?

_Después, por supuesto. El mundo muggle puede esperar un poco.

_El mundo muggle...me pregunto..._dijo besándole el hombro_ cómo es usted en el mundo muggle. Es un poco injusto que usted lo sepa todo de mí, hasta mis más íntimos pensamientos y yo no sepa nada de usted. ¿Cómo era de niña?¿A qué le gustaba jugar?

Ahora la que reía era ella.

_Uno de mis juegos favoritos cuando era una niña, era hacer pompas de jabón. Grandes y pesadas, de esas que les costaba alzar el suelo, o pequeñas y a docenas que volaban hacia el sol destellando con reflejos irisados. Tan maravillosas y tan efímeras... Y ahora me siento como si jugara con una única pompa de jabón, una perfecta...pero sumamente frágil. Amenazada por mil afilados bordes.

Snape alzó una ceja.

_No tengo muy claro si me está halagando. ¿Qué piensa hacer con esa pompa?

_Bueno, podría jugar con esa maravilla de pompa hasta que estallara o podría preocuparme por su fragilidad y observarla sin atreverme a tocarla...hasta que estallara. Evidentemente, eligiría la primera opción.

_Debió ser una niña terrible_dijo Snape mordisqueándole el cuello_ egoísta, mimada, desobediente y caprichosa.

_Quite lo de mimada, mi padre pensaba que era un demonio y que tenía que dominar mi carácter por medio de castigos corporales y absurdas privaciones, como la de comer...no llegaba al maltrato...pero casi... ¿Quiere saber algo más?

_Uhmmm, sí, por ejemplo, cómo llegó a convertirse en una cruel devorahombres. Hábleme de él.

_¿Él? ¿Por qué piensa que hay un él? A lo mejor venía de serie, con el resto de mí.

_Siempre hay un él.

_¡Oh, señor Snape, que insana curiosidad! ¿No prefiere que vayamos a desayunar?

_No_dijo mientras paseaba el dedo índice por su hombro y su clavícula_ Hable.

Demons se estiró como un gato suspirando, aunque en realidad estaba buscando tiempo para pensar si debía o no contarle a él esa historia que muy poca, muy muy poca gente conocía y que a ella le había costado asumir tras años y años de su propia terapia: vino tinto, tabaco y largas noches sin dormir.

_ Está bien,_decidió_luego no se arrepienta de haber preguntado. Puedo contarle una historia tras otra hasta que se nos haga de noche. No se ría. Veamos, conocía a Edward de toda la vida. Era el hijo de uno de mis amigos de mis padres y prácticamente nos criamos juntos.

_¡Que tierno!_ dijo Snape sarcásticamente_ Ahórreme eso, pase al punto en que se dió cuenta de que lo amaba.

_Pfff, ¿amor...? Tenía unos quince años y nuestros padres veían con buenos ojos que quedáramos para ir al cine o de paseo. Yo sentía...no sé, ese anhelo, ese cosquilleo en los labios y en el vientre, el calor que me inundaba en mis noches de insomnio y que me hacía acariciarme el cuerpo como una posesa... tenía que ser amor, ¿No? ¿qué otra cosa podía ser?

Snape reía mientras comentaba que él tendría varias respuestas para eso.

_Le he dicho que no se ría, se lo cuento como lo sentía entonces, no como podría describirlo ahora. Entonces era...amor. Una tarde, después de nuestra clase de piano, nos quedamos solos en el salón...

_Un momento, ¿Toca el piano?

_No, mi maestro decía que aporreaba las teclas obscenamente, era un hombre insoportable. Edward era pulcro y delicado tocando, tenía una sensibilidad especial, y por supuesto, muy guapo. Bueno, pues le decía que nos quedamos solos...

_LLegamos a lo bueno...

Demons paró un poco, indecisa ¿Se refería a la historia de su vida o a que él había llegado con sus manos hasta sus pechos?

_ De repente, noté que iba a arder, que iba a iniciar una combustión espontánea si no le besaba y, sin tener la misma consideración que con usted y darle un aviso previo, me lanzé a los labios de Edward aplastándole con mis recién estrenados pechos. El chico sorprendido, y yo diría que asustado, reculó y se sentó en la banqueta del piano y yo me senté en sus rodillas.

La risa de Snape convulsionaba toda la cama. Reía contra su nuca provocándole escalofríos.

_No se ría Snape, para mí fue algo muy serio... Y para él también, se enfadó tanto que se levantó de improviso dejándome caer de culo...¡le he dicho que no se ría! y me soltó un bonito discurso sobre la decencia, la discrección y el recatamiento y me dejó sentada en el suelo largándose con su padre.. Al que por supuesto, se lo contó todo. Y este, debido a su alta moral, puso en aviso a mi padre sobre mis...lascivas intenciones.

La voz de Demons seguía con el tono ligero y despreocupado, pero Snape observó la pequeña arruga que se formó en sus cejas.

_Creí que iba a matarme. No me golpeó, pero no hizo falta, sus palabras fueron muy ofensivas e hirientes. Me acusó de ser una impúdica y lasciva Jetzabel, me amenazó con tenerme encerrada sin comer ni beber hasta que le dijera el nombre de quién me había deshonrado. Le juro, señor Snape, que hasta entonces mi cuerpo no había tenido contacto alguno con ningún hombre. Pero no me creyó. Así pues, si iba a estar castigada injustamente toda la vida por un delito no cometido... lo mejor iba a ser cometer el delito y recibir el castigo justamente.

_Una reacción de una lógica aplastante.

La muggle le miró de reojo, no estaba segura de que a pesar del tono serio de su voz _su voz ronca detrás de su oído_ no se estuviera burlando de ella.

_Y por supuesto, el afortunado fue el insoportable profesor de piano_adivinó Snape.

_Que no resultó tan insoportable después de todo_confirmó Demons, cerrando los ojos disfrutando de las caricias de Snape que no cesaba de tocarla mientras mordía y besaba suavemente su nuca_ Ahora que lo pienso, ¿cree que eso tiene algo que ver por mi fijación actual por un profesor insoportable?

Snape gruñó fieramente junto a su oído.

_Al final ¿quién fue? ¿El muchacho o el profesor el que la convirtió en una devorahombres?

_¡Mi padre, evidentemente! ¿Qué haces cuando alguien que te importa, a quien amas, por cuyo amor harías lo que fuera preciso sin llegar a estar nunca a la altura, sólo espera lo peor de ti?

Snape arrugó el entrecejo también. Conocía la respuesta: dar lo peor de ti.