Demons notó que su humor cambiaba, así que no le dió tiempo a pensar y siguió hablando.
No era broma, podría hablar horas y horas sólo para entretenerle. Bueno, y para que no se despegara de su piel.
Se giró, enroscando sus brazos en el torso de Snape apretándole en un abrazo, enlazando sus piernas. Besó traviesa la punta de su nariz, haciendo que él perdiera el hilo de sus pensamientos.
_Pero no se preocupe por mí. Después de culpar durante años a mi padre, a mi novio y al insufrible profesor y sus novedosas enseñanzas de mi comportamiento, me dí cuenta de que realmente esa pasión, sí que venía de serie -contretamente por la rama materna-. Y que probablemente se hubiera manifestado de igual manera, antes o después.
_¿Su madre era igual que usted?_Preguntó Snape que seguía dedicándole toda su atención a sus palabras y a la tierna carne de su garganta, haciendo como que la besaba pero sin llegar a más que a posar sus labios y a lanzar su cálido aliento, inflamándola.
_¿Mi madre? jajaja ¡No!. Mi madre aún se jacta de que ningún hombre la ha visto nunca completamente desnuda, incluído mi padre. Pero tuve una bisabuela cuya vida y legendaria lista de amantes podría haber sido un gran ejemplo para las mujeres de su generación.
_Así que, tenemos a una precoz adolescente muy orgullosa de seguir la tradición familiar y con un conflicto latente con su padre..._ Snape arañaba con el filo de sus dientes la sensible zona donde el cuello se une al cuerpo mientras la estrechaba contra sí_ Debió ser un huracán entre sus amistades masculinas.
Las manos se Snape acariciaban su espalda suavemente y sus nalgas con más fiereza mientras seguía hablándole a su yugular.
_ ¿No sintió nunca entonces, los dientes del amor?_¿Era más profunda su voz al decir "amor" o solo se lo parecía a ella?_ ¿O de los celos?
_¡Señor Snape! ¿Como se atreve a decir eso?_ La muggle correspondía a sus atenciones acariciando su costado, jugueteando con sus dedos por debajo del ombligo del mago_ ¿Piensa que soy una arpía de corazón de hielo? ¡Por supuesto que me enamoré!¡En varias ocasiones además! ¡Una vez, incluso estuve enamorada todo un mes!
Severus trató de no reirse y se atragantó, tosiendo.
_Sí, claro, usted se ríe... no sabe lo que sufrí durante ese mes_ exageraba, claro, pero él se estaba riendo sin tener pensamientos oscuros_Y que sepa usted que soy una celosa magnífica. Y más le vale no despertar esa faceta mía si quiere seguir teniendo mis lágrimas sobre su lápida.
_Lo tendré en cuenta_ Severus deslizó su muslo entre las piernas de la muggle, el roce de sus pieles era toda una invitación_Me ha decepcionado... no hubo ningún él.
_Siempre lo hay_dijo ella misteriosamente mientra rodaba encima del cuerpo de Snape, usándolo esta vez ella como colchón apoyando su cabeza sobre el pecho del mago_ Y fue la causa de que me fuera de mi casa con lo puesto: un precioso vestido de fiesta rojo muy escotado y una botella de champagne, a la tierna edad de veinte años.
_Se lo está inventando...
_¿Inventando? Exagerando, tal vez, pero no me invento nada. Pero si no quiere creerme,_amenazó enfadada_ no le contaré nada más.
_No sea desalmada. Está resultando usted un estimulante entretenimiento. Siga. Pero llame a Winky y pida que nos traiga algo de comer...
Demons resopló, no le apetecía nada levantarse y abandonar ni siquiera un segundo el calor de Severus, pero no quería que la elfina se presentara y los viera de esa guisa. Así que usó el artefacto que permitía comunicarse con la cocina. "¿Café y tostadas?" le preguntó. "Diga que nos traigan un poco de todo, me temo que esto va a ser una larga conversación", respondió él.
La muggle contoneó su figura para volver a la cama, a tenderse encima del mago tal y como estaba y él la cubrió con la colcha. Demons miró al Snape con deseo. Sus ojos lujuriosos indicaron a Severus que se había encontrado con un cambio evidente en su anatomía. "Caramba, señor Snape, lo poco que he tardado y lo que me ha echado de menos"
_Habíamos quedado en que huyó..._dijo él, cambiando de tema.
_No huí, me fuí... y llegué pidiendo asilo político a casa de mi tio Bernie borracha como una cuba y con un tacón roto. Mi tío, por parte de madre y heredero de mi mala sangre también, me acogió sin preguntas y me soportó hasta que encontré trabajo y me mudé al apartamento menos pequeño y asqueroso que pude permitirme.
_Creo que voy a pasar del relato de sus aventuras en su apartamento, no creo que mi pobre corazón pudiera soportarlo.
¿Hablaba en serio? Demons le miró a los ojos. Por supuesto que no, se estaba burlando de ella, como de costumbre.
_Tal vez pudiera servirle como...estimulante.
_ ¿Le parece que necesito algún estimulante?_ Snape alzó sus caderas para que quedara bien claro, agarrando a la chica por las caderas, refregándose sin pudor contra ella_ Y creo que se ha saltado la parte que me interesaba, la del él.
_No hay mucho que contar, al fin y al cabo un desengaño es un desengaño. Digamos que cuando creí que había encontrado al hombre perfecto, conocedor y consentidor de todos mis defectos, descubrí que en realidad estaba más interesado en el "otro" legado familiar, el económico. Mi padre, harto de mis andanzas había llegado a un acuerdo con él: él me convertía en una mujer honrada y mi padre le convertía a él en un hombre pudiente. Ahí me desengañé del amor y juré no volver a caer entre sus dientes otra vez.
Snape la tomó del rostro y la besó con urgencia despertando al impaciente dragón que dormía en el vientre de la chica, pero luego siguió hablando como si nada.
_Ahí supongo que dejó todas sus lágrimas.
_Ahí y en las sucesivas peleas con mi familia. Un día me desperté y decidí que no iba a sufrir nunca más.
Pero él la estaba torturando, con su sexo ardiendo pegado a ella y las manos en sus costados, usando los pulgares para acariciarle los senos. Suspiró resignándose a casi tenerle, a sabiendas de que ponía a prueba su paciencia, la recompensa llegaría después.
_¿Y lo ha conseguido?
_Relativamente. Estudié, encontré un buen trabajo que me gustaba, y conocí a algunos hombres interesantes...que acabaron dejándome por inaguantable.
Snape resopló.
_¡Con lo paciente, empática, discreta, tolerante, y equilibrada que es usted!
_Eso, haga leña del árbol caído... mi vida me satisfacía hasta que Harry, mi Harry, no el suyo, me invitó a pasar unos días de acampada. A partír de ahí,_dijo incorporándose, sentándose sobre él, acomodándo su pelvis contra la pelvis del mago_ ya conoce mi historia.
Un crujido se oyó en la habitación y una bandeja llena a rebosar del consabido surtido de delicias del desayuno de Hogwarts apareció sobre la mesa.
_Odio cuando hacen eso_dijo Demons cubriéndose un poco con la colcha_nunca sé si no están y lo hacen a distancia o es que son invisibles.
Snape rió, haciendo temblar su sexo pegado a ella."Esto va 'de serie' con esta última parte de su vida", bromeó el mago.
_Esta última parte ha sido la más emocionante, tanto que dudo poder readaptarme a mi vida anterior si alguna vez volviera a ella.
_Sí, Bellatrix y el señor oscuro saben como disipar la monotonía...nada como un poco de tortura para hacer la vida interesante.
Snape alzó su cabeza asiéndose a la espalda de la muggle, para besarla sin prisa entre los senos, sonriendo al sentir erizarse su piel, bramando el gorila de su pecho cuando ella suspiró largamente enredando sus dedos entre su cabello, dispuesto a dejarse guiar por esas manos.
_En realidad ha sido usted y sólo usted: el mayor completo compendio de defectos que he encontrado, mayor incluso que el mío; el hombre más desastroso, ahogado en su propia pena; tan frío, tan irascible, tan intratable, tan irritante...
_Siga, por favor, no se corte..._pronunció peligrosamente entre dientes.
Snape la miró con su mirada de acero y ella le combatía con los ojos castaños inundados en fuego, retadora, tirándole del pelo de la nuca para no perderse ni un sólo matiz de sus ojos negros.
_ Ha sido usted, incluso herido y torturado hasta la médula, el hombre más completo, leal y valiente que he conocido; el máximo responsable de mi supervivencia y bienestar físico y mental y el primero y único que ha aguantado y satisfecho mis caprichos egoístas sin quejarse ni desfallecer. Y lloraré, señor Snape,_dijo con vehemencia_ lloraré ríos, mares y océanos si se deja matar.
Demons pudo sentirlo en cada poro de la piel que estaba pegada a la del mago.
Lo veía en sus ojos negros que la miraban no ya con su frío desprecio habitual o su ira contenida, sino con sorpresa provocada no por ella, no, sino por el estado de su propio corazón: se había quedado pasmado, helado, ante una sensación inédita, una revelación cercana, un pensamiento que no se dejaba atrapar pero que iba desvelándose lentamente.
En los ojos de Snape, bajo su piel entera, la muggle veía burbujear una fórmula alquímica capaz de transmutar el plomo en oro. Estruendosas sirenas de aviso empezaron a pitar en sus oídos mientras aspiraba lentamente por la boca, jadeante.
Le dió un par de segundos, Snape tenía que decírselo, no era válido si él no lo pronunciaba.
Pero Snape no habló. Seguía desconcertado y casi ausente.
Ella cerró los ojos un segundo y exhaló profundamente. Se encorvó al tiempo que tiraba de la cabeza del obnuvilado Snape para hablarle pegado a sus labios.
_Piensa demasiado, señor Snape.
Y se perdió en un beso demencialmente tierno que contrastaba con el furor de sus manos en el pelo negro, con el ansia de sus muslos presionando contra el cuerpo que deseaba.
_ Es magia,_¡maldito seas, Snape!_ no intente encontrarle sentido.
