Demons le rescató con sus demandas.
Su cuerpo menudo, sus manos firmes, su boca que asociaba vagamente al sabor de las fresas... Le había traído de vuelta al mundo de los vivos.
"Es magia" había dicho, ¿a qué de refería exactamente? ¿Acaso ella había llegado a concretar el pensamiento que se iba formando...? Para, idiota. Piensa en ella, solo en ella.¿No querrás espantarla, verdad? En ella y en su maravillosa burbuja. Snape atenazó su estrecha cintura entre sus brazos impulsando su pelvis al encuentro del lugar más cálido y acogedor del mundo.
El fuego crepitó...
una voz...
_¿Severus?
... susurrante...
_Severus, ¿estás ahí?
La muggle y el mago se miraron, ella asustada, él sorprendido. Snape gruñó y saltó de la cama y cubriéndose toscamente con una sábana, se acercó a la chimenea.
_¿Mundungus? ¿Cómo se te ocurre...?
Demons trató de asomar la nariz y ver qué diablos hacía el señor Snape hablándole a la chimenea.
_Tengo información sobre el chico...
_Ni una palabra aquí, te veo donde la última vez.
Severus volvió a la cama un segundo, tocándole el brazo a modo de disculpa.
_Ya,_dijo ella_ tiene que irse.
_Crea que lamento dejar las cosas a medias...
Snape se dirigió raudo al cuarto de baño y la muggle se tiró sobre la cama ahogando un grito de frustración contra la almohada, ojalá hubiera pronunciado eso con el matiz más ronco de su voz en lugar de son ese aire urgente.
¿Por qué no se había atrevido a decir nada... antes? Ni siquiera a manifestar una duda razonable o apuntillar una observación irónica.
Ella lo había notado, claro como el día, "magia". Algo había cambiado en él. ¡Abracadabra!. Sin efectos de humo o luces. Simplemente, o había ocurrido de golpe o tal vez, había ocurrido paulatinamente y él no se había dado cuenta hasta ahora. "Algo" que le había golpeado en la boca del estómago dejándolo noqueado. "Y el muy hijo de..bruja no ha dicho ni mú".
Demons ahogó otro gruñido con la colcha. Era para darse chocazos.
Un golpe seco surgió del cuarto de baño, "parece que alguien piensa lo mismo", alzó la cabeza un segundo y escuchó atentamente por si se repetía... viendo que no, se tapó la cabeza con la almohada.
Snape no golpeó más fuerte el espejo porque su frente sería la que saldría peor parada.
¿Qué diablos ha pasado ahí dentro?¿Qué ha ocurrido antes?¿Qué diantres te ha ocurrido, idiota?
El hombre del espejo no parecía tampoco tener la respuesta, para eso a lo mejor tenía que ahondar en sus pensamientos, o lo que era peor, en sus sentimientos. Esos fardos pesados e inútiles que trataba inútilmente de contener desde hace años para que no le arrastraran con su peso al fondo más frío y oscuro de sus abismos.
Se frotó la cara rasposa con la palma de la mano. Hoy no habría afeitado, "es lo que ocurre por no madrugar", pero pasaría sin ello. Delante del espejo se miró a los ojos y activó su antiguo conjuro para protegerse de esa inquietud. No era la primera vez que lo hacía, la opción alternativa era sacar los pensamientos de su cabeza para que no le molestaran, evidentemente él no podía dejar sus pensamientos por ahí al alcance de cualquiera, así que dejó que la bruma oscura tapara esa rendija de luz que había intentado abrirse paso antes, se aseó rápidamente y salió de nuevo a la habitación.
_Volveré_afirmó sin más.
_Por supuesto, Terminator..
Snape arrugó una ceja sin saber de qué le estaba hablando y se desapareció, luego le preguntaría.
_Y se iba a tomar el día libre..._Protestó Demons mordisqueando un trozo de tostada frío.
El local de apuestas seguía sin mucha clientela.
Mundungus, hablaba con el mago del mostrador que recibía su dinero encantado anotando las predicciones.
_Mundungus, acaba pronto, tenemos que irnos.
Con aspecto ensimismado, Mundungus se volvió hacia él asintiendo y concluyó su operación. El cuanto estuvieron fuera, Snape le llevó a un oscuro rincón alejado de todas las miradas. Musitó muffliato antes de interrogarle.
_¿Qué es lo que sabes de Potter?
_Estuve vigilando las casas que se utilizaron para la salida del chico el día que cumplió la mayoría de edad. Hace unos días, los Weasly se fueron todos de su casa, Molly, Arthur y todos los chicos. Desaparecieron y no pude seguirles la pista. Me pareció un poco sospechoso.
_Qué sagaz.
_ Así que fuí a comprobar todas las casas de los Weasly y ¡bingo!
¿Hablaría de una vez o se pasaría el resto del día presumiendo?
_ Están el El Refugio, la casa de Bill Weasly y esa francesa. Está protegida, pero se ve que el chico se agobia en la casa y necesita de vez en cuando salir a respirar aire puro...
Snape cerró los ojos y tragó saliva. Dejó que hablara un minuto más. Luego, hizo al mago olvidar todo lo referente a Potter y se encaminó hacia allí.
Quizá no fuera muy inteligente aparecer por allí a plena luz del día. Algo podría salir mal a pesar del encantamiento desilusionador que le ocultaba.
La casita, pequeña, estaba en un lugar de difícil acceso, Bill Weasly había sido inteligente al escogerla al borde de un acantilado y evidentemente estaba protegida por un encantamiento fidelio. Tal vez, lograra encontrarse con Potter si, como había dicho Mundungus, el chico salía con frecuencia. ¿Aunque de qué serviria eso si no podría hablarle? "Por lo menos, podría confirmar que está alli"
Caminó en círculos en torno al vacío que veía, en el que se encontraría la casa. Una piedra blanca llamó su atención. Destacaba solitaria en medio del paisaje sobre un túmulo de tierra. Extremando sus precauciones, Snape se acercó. Leyó la inscripción reconociendo la letra de Potter: Aquí yace Dobby. Un elfo Libre.
Así que el pequeño personaje había acabado así. Potter, el maldito niño mimado de Albus, seguía encontrando gente que muriera por él.
Snape suspiró. Demons se entristecería cuando lo supiera. Lamentó no poder ocultárselo, pero lo sabría igualmente cuando le tocara así que sería mejor que él le diera la notica.
No sabía muy bien cómo funcionaba ese poder, si lo que veía era algo aleatorio o podía buscar lo que quisiera. Ella no solía preguntas nada comprometido, sin embargo y a pesar de que se suponía que era capaz de percibirlo, siempre prefería hablar con él en vez de, simplemente, tocarle.
Demons...
Se sentó en una roca soleada sintiendo la brisa marina despeinarle el cabello. La belleza del paisaje, la enormidad del mar...comprendía que Potter quisiera salir a airearse de vez en cuando.
Demons...
¿Qué diablos había pasado?
Snape suspiró recordando cuando una sensación similar casi había llegado a tocarle. Fue la primera vez que ella le besó, en el lago. Pero ella se retiró rápidamente antes de ponerle nombre a... eso. Hubo otra única vez, en su cuarto, cuando Ella despertó su pasión y la imagen de Lily se hizo luz en su pensamiento mientras la besaba, con tan teatral respuesta por parte de ella. Y esta, la tercera, cuando esa súbita ternura, esa verdad no por ser intangible, menos sólida, se había abierto paso al escuchar la confesión de Demons sobre su capacidad de llorar infinitamento sobre su tumba.
El conocer su romántica historia (romántica en el sentido decimonónico) sobre su padre estricto y su herencia salvaje; saberla niña, o adolescente; imaginarla, decidida y audaz a planificar su primera vez como un acto de rebeldía... sólo la había hecho más definida, compacta y real. Antes, era sólo una parte, no el todo. Fácil de confundir con un sueño, una Sherezade sin más pasado ni más futuro que la noche pasada y la siguiente.
Todo había confabulado contra él: su imprudente e inútil valentía al enfrentarse al Lord para descubrir algo que sólo le importaba porque le concernía a él; el estoicismo con el que había afrontado su castigo sin apoyarse en su hombro, la suavidad de su piel, el olor a lavanda... Las horas y horas estudiando, hablando, riendo, foll... Sí, eso también. Todo eso añadido a la abstinencia autoimpuesta de no pensar en Lily, su Lily, para que le permitiera poseerla...
Todo eso había sido la causa de la impactante sensación de tenerla pegada a su piel y descubrir que...
La puerta de la cabaña se abrió con un chirrido. De la nada, Potter apareció y caminó con la cabeza gacha hacia la tumba del elfo, apesadumbrado. La sabelotodo Granger iba detrás de él, alcanzándolo con rápidos pasos.
_Harry, espera. ¿Te ocurre algo? ¿La cicatriz..?
_No, Hermione, es que hay mucha gente en la casa. Con Luna, Ollivander y los demás...
El chico se veía realmente apesadumbrado. Aún no lo creía, pero casi no podía llamarle chico. En el rostro del muchacho existía un rasgo de determinación que nunca antes había visto en él.
_Todos lo echaremos de menos, Harry
Hermione había puesto su mano en el hombro de Harry, en un intento de consolarle.
_¡Es tan injusto!, Dobby, Dumbledore, Sirius, ... mis padres...¿cuántas personas han de morir para que yo viva? ¡No tiene sentido!
Snape torció la boca en una mueca que era sonrisa y no.
_ No digas eso, _contestó Hermione con un tono compasivo_ Eres el Elegido, tu destino es derrotar a quién tú sabes... solo así sus muertes no habrán sido en vano.
_¿Sabes lo que te digo? ¡A la mierda el destino!, ¡daría lo que fuese por que nada de esto hubiera pasado, preferiría incluso haber muerto yo en aquella ocasión si con ello hubiera evitado la muerte de mi padre y de mi madre!.
Por una vez, estamos de acuerdo en algo, señor Potter.
_Nada de lo que hagas ahora podrá cambiar eso, Harry. Sólo podemos seguir adelante.
Potter asintió.
_Tienes razón, como siempre. Lo siento, Hermione. ¿Te he puesto triste?
La chica negó con la cabeza. El menor de los varones Weasly asomó por la puerta invisible.
_¡Eh, vosotros dos!¿Venís a comer o qué? ¡Me estoy muriendo de hambre por esperaros!
Snape vió como se reunían y entraban en la casa.
No pensó nada mas, todavía trataba de asimilar la sensación agridulce en su alma.
