La gárgola de las escaleras le frenaba el paso.
_Vengo a ver a Dumbledore_explicó.
Las escaleras se abrieron, se formaron..., y la muggle pudo acceder al despacho del viejo, donde se suponía que este le esperaba.
_¿Quería verme?
El tono de la muggle distaba mucho de ser cortés o educado. Tonterías las precisas.
_Sí, señorita Demons, la verdad es que sí.
_¿Y ha tenido que mandarme de recadero a ese hombre de la pintura?_ la muggle señaló al mago del cuadro que habitaba en el despacho de Dumbledore y tenía su marco vacío en las habitaciones de Severus, por el que a veces se asomaba con algún aviso_ ¿Por qué no me lo ha dicho con el señor Snape?
_Evidentemente, porque no deseo que esta entrevista esté en conocimiento de Severus.
Vaya, así que el viejo seguía teniendo secretos. Y ahora los quería tener con ella.
_Usted dirá.
Dumbledore observó como la muggle evitó sentarse en el sofá y se sentó negligentemente en el filo de la mesa.
_ Se trata de, como lo sigue llamando, el señor Snape. Estas dos últimas semanas le encuentro muy cambiado. Está mucho más huraño y distante que de costumbre. Hay algo que le preocupa y por ende, me preocupa a mí. ¿Ha pasado algo entre ustedes?
_¿Y por qué tendría que ser yo la causante de ese repentino desapego? A lo mejor, el señor Snape se ha hartado de ser su marioneta.
_Dígamelo usted, conoce sus pensamientos con sólo tocarle. ¿No es así?
La muggle se tomó un momento. Era cierto que Snape estaba un poco extraño. No con ella. Con ella seguía siendo el mismo: hosco, taciturno, difícil, sarcástico y apasionado. Seguía besándole el pelo a veces, deslizando sus dedos entre los suyos sin llegar a cogerle la mano... No había notado un cambio demasiado evidente aunque...
... pasaba menos tiempo con ella. Había vuelto a hacer las rondas nocturnas tras la vacaciones y vigilado a los Carrow, pero no sentía tanta angustia por los alumnos. Seguía saliendo a reuniones con los mortífagos, pero no volvía tan airado. Seguía vigilando a Potter, pero no venía tan dolido. Era como si estuviera entumecido, insensible.
A veces se quedaba minutos con la mirada perdida.
Y había notado que sus sentimientos o sus pensamientos no le llegaban tan claros. Finalmente, el mago había aprendido a poner lo más intenso por delante, como un olor fuerte que camuflara otros efluvios más sutiles. Había aprendido a ocultarle las cosas. No en vano, era un gran oclumante.
Dumbledore tenía razón. Algo había cambiado.
_ Si él no le ha contado nada, no soy quién para informarle, hable con él. El señor Snape aprecia la sinceridad.
_¿Se ha sincerado usted con él?¿Le ha dicho ya lo que siente?
Es que, de verdad, ¿ese brujo metomentodo no iba a parar nunca?
_ Ajá, veo que sí. ¿Ha resultado como esperaba?¿Comparte él sus sentimientos?_preguntó con gesto falsamente ingenuo.
Por encima de sus lentes Dumbledore contempló la mirada de Severus en los ojos de la muggle.
_¿Resultó cómo esperaba cuando le dijo lo que sentía a Grindelwald?_¡Oh, sí! La sorpresa en el rostro del tranquilo Dumbledore no tenía precio_ ¿Compartía él sus sentimientos? Rita Skeeter escribe mucho entre líneas para quien sepa leer y yo he tenido mucho tiempo para leer.
_¡Eso es una infamia!
_Menos lobos. Le amaba. Se ponga como se ponga. Por eso no fue capaz de enfrentarse a él tras el accidente en el que falleció su hermana, ni tampoco después mientras se hacía con su ejército de inferi y amenazaba el mundo mágico. No se enfrentó a él hasta que no fue extremadamente necesario...
Dumbledore miraba hacia abajo, Demons adivinaba el temblor de su barbilla debajo de su poblada barba.
_Y ni aún entonces fue capaz de matarlo, solo le derrotó y dejó que se pudriera en una cárcel hasta que el Lord acabó con él hace muy poco.
_No tiene usted derecho a...
_Claro, YO no tengo derecho...pero usted sí._ Ahora no, ahora no iba a pararla, estaba lanzada_ ¿Le ocurrió lo mismo con Tom Riddle?
_¡Tom era un niño, un muchacho que...!
_Que creció y se convirtió en un hombre, un mago, poderoso, seductor... Nah, no se preocupe, Dumbledore, los chicos malos son más divertidos, siempre lo he dicho.
El mago se mostraba confuso y su, en otra hora, elocuente discurso, era ahora titubeante. Farfullaba sílabas incoherentes sin saber qué decir.
_A él tampoco tuvo valor de enfrentarse, ¿verdad? Por eso lo dejó medrar y por eso murió Lily... y usted, maldito cobarde mentiroso, ha dejado que Severus cargue con ese peso todo este tiempo. Pudo haber evitado todo esto... pero fue incapaz...por amor...
_ Pronuncia esa palabra de un modo muy despectivo, pero es normal para alguien que convierte un sentimiento tan bello en algo tan... sucio.
_¿Sucio?¡Sucio!
El pecho de la muggle subía y bajaba rápida y profundamente.
_Es capaz de juzgarme sucia tan tranquilamente por algo que ocurrió contra mi voluntad, delante de sus ojos, ¡de todos sus ojos!_dijo señalando los demás cuadros de la alta pared_ sin que ni uno de ustedes dijera nada para remediarlo... me dan asco. Usted el primero. ¿Cómo de puro debe ser el amor?¿Cómo el suyo?
_ El amor de Severus a Lily, fue puro.
La muggle cerro los ojos. El viejo sabía dar donde dolía.
_Pero el de ella no lo fue_habló con rabia, decidida a soltar todo el veneno que llevaba tiempo tragando, callándose lo que pensaba de ella cada vez que aparecía entre los recuerdos de Severus_ Ella también le usó, ella también le traicionó. Se hizo amiga de los mismos que le apabullaban, permitió que se burlaran de él porque las "bromas" de los merodeadores eran menos pesadas que las que hacían los amigos mortífagos de Severus...¿menos pesadas para quién? No para Severus. Le abandonó. Porque él fue su amigo cuando ella era la rara. Pero ella le dejó a su suerte cuando el raro aquí fue él. En vez de rescatarlo de sí mismo, de darle la confianza y el apoyo que necesitaba, le dejó de lado por sus nuevos y más brillantes amigos. Ella misma le lanzó a las manos del Lord. ¡Y él se muere cada vez que recuerda que la llamó "sangre sucia"!.
Paró un momento para tomar aire. Había vomitado todo eso y no sabía muy bien como sentirse. Pero no había acabado.
_A mí se me ocurren unos cuántos no menos ofensivos insultos muggles para decirle. Se los merecía todos.
_Es bueno saberlo.
El aire se congeló en el pecho de la muggle.
Esa no era la voz titubeante del viejo.
Era la ronca, profunda y salvaje voz de Severus que surgía arrancada de un oscuro abismo.
No tuvo valor para volverse y enfrentar su mirada. En cambio sí que pudo ver el triunfo en los ojos de Dumbledore brillando por un segundo, antes de ponerse la máscara de nuevo.
Si alguna vez tuvo más ganas de echarse a llorar, no lo recordaba.
Quería llorar por el daño que le había hecho a Severus. Ella no lo había pretendido, podría haber dicho lo mismo, con otras palabras, con otro tono y en otras circunstancias y si no lo había hecho había sido precisamente por evitar ese daño.
Quería llorar por haber sido tan tonta crédula y confiada que había caído de lleno en la trampa que Dumbledore le había tendido. Se estaba ahogando con su propia soga.
_ ¿No quiere mirarme a la cara, señorita Demons?
Su voz era fría como el hielo.
No, no, mil veces no. Quería volver atrás en el tiempo, deshacer dolor.
_Usted lo ha planeado todo_dijo despectivamente mirando al cuadro_ Me ha traído aquí y me ha hecho hablar a sabiendas... ¿qué se supone qué pretendía?
_Yo tan solo_ dijo Dumbledore con voz inocente_ quería preguntarle cómo te encontrabas, Severus. Te he notado extraño estas últimas semanas. No tenía ni idea que la conversación iba a terminar así.
La rabia hervía en la sangre de la muggle al ver el tono apesadumbrado con que Dumbledore hablaba.
Maldito viejo manipulador.
_¿Ha conseguido lo que quería?_increpó otra vez al retrato_ Ya le tiene de nuevo colgado del garfio del dolor para poder malearle a su antojo.
Actuó por impulso, no lo pensó un momento, pero daba igual. De haberlo pensado, habría hecho lo mismo.
La muggle se encaminó hacia el retrato, alcanzando su altura a base de subirse en la silla que presidía la mesa del despacho.
Ignoró, o tal vez no oyó los "Señorita Demons, basta" del señor Snape y los "Deje eso ¿Qué está haciendo?" de Dumbledore.
Con decisión sacó el cuchillo de plata del bolsillo de su túnica y lo clavó en el lienzo_ No va a hacer más daño ya, viejo _ rasgando la tela de arriba a abajo.
¿Era Snape gritando "no"? ¿o era el fantasmágorico grito agónico del cuadro?
Largas lenguas de un gas blanquecino surgieron del retrato, como si sangrara, ondulando en el aire, girando en círculos. Demons se volvió y miró por primera vez a Severus, que trataba en vano de contener las claras estelas sin conseguirlo.
Siguieron girando hasta formar una imagen diáfana.
En el mismo despacho, un Dumbledore transparente observaba a un Snape translúcido conjurar una cierva plateada que brillaba y saltaba por toda la habitación.
_Severus, ¿después de tanto tiempo?_preguntaba Dumbledore.
_Siempre.
"Siempre. Siempre. Siempre" La voz llena de devoción del señor Snape, le hizo largas y sangrantes heridas en el alma.
Pero era lo que ella esperaba ¿no? El amor siempre tiene un vencedor y un vencido.
A lo peor, dos vencidos.
