Epílogo

-Normal- sonrió pícaramente Grover.

-Fin- anunció Piper.

-¿Y ahora?- preguntó Annabeth.

Una luz invadió la sala.

Una nota apareció a los pies de Hestia, quien la cogió, desde que vio supo quien la había escrito, solo ellas tres podían tener esas letra elegante a la vez que aterradora.

-Son de las Moiras- informó.

-Léela- ordenó Zeus.

Acabáis de terminar el libro que os hemos mandado, como habréis imaginado esto no es un pasatiempo para que ustedes os echéis unas risas, esto es algo del futuro y para otros del pasado, hay una razón por la cual queríamos que leyerais este libro.

Para los del pasado es simple, queremos que sepan cual es su futuro, ustedes pueden cambiarlo, dioses la promesa que hicisteis deberíais empezarla hoy, así habría muchas menos muertes, y creo que es lo que todos deseamos, así muchos de chicos y chicas como Silena, Charles o Michael podrán seguir con vida, además de que en este libro algunos os habéis enterado de muchas cosas, disfrútenlas, no sabréis cuando podéis perderlas.

Y para los del futuro, primero queríamos que supierais que el Campamento Mestizo es más que un campamento para entrenar, es un hogar para todos y son una gran familia al contrario que el Campamento Júpiter, no merece ser destruido porque así muchos de los semidioses se quedarían sin hogar, sin familia y sin entrenamiento para así los monstruos los maten, y sólo habrá derramamiento de sangre innecesario y eso es lo que quieren los monstruos, no permitáis que ellos ganen y segundo, queremos rebelarles que Annabeth Chase y Percy Jackson han caído al tártaro y queríamos que supierais todo por lo que han pasado, no se lo merecen pero era necesario, sólo ellos pueden hacer frente a algo así sin morir en el intento, Percy Jackson y Annabeth Chase estarán en la leyendas, serán recordados por siempre, tranquilizaos porque su momento no ha llegado, tienen mucho que vivir y ellos más que nadie lo merecen, esto ha sido contado a vosotros para que estéis tranquilos para que sepáis que ellos pueden con todos los retos.

Atentamente las Morias.

PD: Serán devueltos a sus respectivos tiempos después de leer está nota, esperamos que nunca se os olviden estos días, en los que habéis sido una gran familia.

Como advirtieron en las cartas una luz invadió la sala llevándose a todos los semidioses.

-¿Y ahora qué haremos?- preguntó Hestia.

-No queremos que hayan más muertes, empezaremos por adelantado esa promesa- dijo Atenea.

A lo que todos estuvieron de acuerdo.

15 años después

Miles de niños corrían por el parque, hoy era el día de juegos por los cual los padres habían llevado sus niños al parque "Sesos de alga" en honor al gran héroe Percy Jackson.

-¡Cuidado!- advirtió una madre a su pequeña, que corría con los demás niños.

Pero ella la ignoró y siguió corriendo como si no hubiese mañana, la niña le encantaba leer y sacaba muy buenas notas pero al fin y al cabo tenía THDA.

Clarisse de la Rue se acercó al grupo de niños ante la atenta mirada de Annabeth que seguía sentada en un banco.

-Malvin en hora de irnos- dijo- ya sabes que al abuelo Ares no le gusta esperar.

-¡Vale!- suspiró el niño.

Malvin Rodríguez era un niño travieso, tenía la fuerza de su madre y había heredado también su pelo castaño pero tenía las orejas de elfo y misma sonrisa maliciosa de su padre y su abuelo Hermes.

El niño a pesar de tener nueve años era muy espabilado y a la mínima oportunidad se ponía a ligar con su hija, que siempre le dedicaba una mirada de desprecio y salía corriendo en otra dirección.

Cuando Clarisse se hubo ido notó como Thalía se sentaba a su lado, no había envejecido pero era normal al ser una cazadora inmortal, Thalía cada vez que podía venía a cenar a su casa, ella adoraba a "sus sobrinos del alma" y ellos a ella.

Observó cómo Piper entraba al parque con su pequeña niña de ocho meses en brazos, había heredado el pelo marrón de su madre, los ojos de su padre y también sus poderes. Piper se sentó en el banco junto a su marido Jason, y enseguida un niño rubio de ojos caleidoscópicos de siete años que tenía la belleza de un niño de Afrodita fue a abrazar su hermanita y luego a su madre.

Enseguida apartó su mirada para encontrase con Sammy Valdez, con el pelo rizado de su padre, carácter bromista y ojos de color caramelo como Calipso, su madre, tenía siete años pero como su padre intentaba ligar con todas las chicas, ese niño había desarrollado una especie de enamoramiento de su pequeña, que como con Malvin lo miraba con desprecio pero eso no desanimaba al pequeño Valdez. A su lado estaba su hermana pequeña, de cuatro años, de carácter más tranquilo, su pelo era como el de su madre pero rizado, había heredado el don del fuego de su padre, Annabeth suspiró aliviada, no quería pensar que pasaría si el hiperactivo de Sammy hubiera heredado el don.

Unos llantos apartaron su atención de los hermanos Valdez, la pequeña Bianca, hija de Hazel y Frank lloraba desconsoladamente en el suelo, tenía seis años y había heredado la sensibilidad de su padre además de también querer achucharla en cuanto la vez, pero sin duda su pelo rizado azabache era de su madre, tenía la ropa mojada y era fácil saber quien había sido el responsable.

Nico y Will corrieron y abrazaron a la pequeña, estaban practicando con Bianca para ser padres, ya que habían adoptado a un niño que en unos meses les darían.

Con la mirada siguió el sonido de las risas, Connor II y María se reían a carcajada limpia, los mellizos eran hijos de Travis y Katie Stoll, los dos habían heredado el talento para las bromas de su padre, pero Connor era más tranquilo que su hermana, a Connor le encantaba la agricultura como a su abuela, pero no podía evitar gastar bromas junto a su hermana que siempre lo convencía.

Un toque en su brazo hizo que se diera la vuelta para centrarse en su hija, Zoe.

Con tan solo ocho años su pequeña tenía el mejor promedio de su escuela y era realmente hermosa, había heredado el pelo rubio de su madre, era un versión en miniatura de ella, pero había algunas diferencias, los ojos de Zoe era verdes como el mar y tenía una sonrisa sarcástica como su padre, le encantaba leer pero eso no impedía que en cuanto pisarán el parque empezará a correr como una loca.

-Mamá ¿nos podemos ir ya? Sammy me está poniendo nerviosa y si sigue así no voy a poder aguantar y le haré una llave de judo- advirtió Zoe.

-Claro cariño- Annabeth sonrió- iremos a casa.

-¡Adelante soldado!- Thalía le hizo un saludo militar a Zoe quien no pudo evitar reír.

Las tres caminaron directas hacia su casa.

-Todavía no me puedo creer que hayáis hecho Nueva Grecia- comentó Thalía mirando la ciudad.

-Lo sé, y lo más sorprendente es que me hayan dejado diseñarla.

-Lo mejor es el parque "sesos de alga"- rió Thalía.

-No te olvides de la calle que me obligó a poner "cara de pino"

-Y tampoco del museo de arquitectura "listilla"

Las dos empezaron a reír.

Por el camino se encontraron con Silena y Beckendorf, ellos estaban paseando junto a su dos gemelas, tenían los ojos de su madre y eran habilidosas con las manos como su padre.

A Annabeth le alegraba que gracias al libro hubieran podido salvar a muchos semidioses como a Silena, pero lo que más le pesaba era la muerte de Luke, no habían podido salvarlo, su destino era morir como un héroe, sacrificándose para matar a Cronos. En el fondo de su corazón nunca se había podido perdonar el no haberlo salvado.

-Thalía nunca me imagine nada de esto- murmuró.

-¿Nunca te imaginaste que al final de casarías con el sesos de algas, tendrías dos niños, diseñarías Nueva Grecia, crearías la firma arquitectónica Olimpo y serías la mejor arquitecta de Estado Unidos? Ni el mismísimo Apolo podría haberlo visto- rió Thalía.

-Eso no te lo contradigo.

Las dos chicas se pararon enfrente de la casa de la rubia, con un inmenso jardín con piscina, Percy no se dio por vencido hasta que Annabeth había colocado una en el plano de su casa.

Se oyeron unos gritos procedentes de la casa.

-¡Eres insoportable!

-¡Y tú una…! ¡Espera que piense un insulto bueno!

Annabeth sabía que pasaba allí dentro y no quería entrar, si fuera por ella habrían ido junto a las cazadoras de Artemisa a recorrer mundo si así se libraba de entrar.

-¿Esos no son los abuelos Atenea y Poseidón?- preguntó Zoe.

-Sí cariño, ¿no prefieres volver al parque?- preguntó Annabeth.

Thalía se reía a carcajada limpia, siempre le habían gustado las cenas familiares de los Jackson Chase.

Zoe miró a su madre y vio que como ella no quería entrar, sus dos abuelos nunca paraban de pelear cuando coincidían en la casa y eso no le gustaba a nadie.

Iba a asentir cuando alguien los llamó por detrás.

-¡Zoe! ¡Annabeth!- Frederick Chase hizo acto de presencia.

Detrás de él se encontraban Helen, su mujer y Mattew y Bobby.

Frederick primero le dio un abrazo a Zoe y luego le revolvió su pelo rubio perfectamente peinado, como odiaba que hicieran eso, después abrazó a Annabeth y por último a Thalía.

Los demás se limitaron a saludar con las manos.

-Hola papá, no sabía que venías- comentó Annabeth.

-¿Percy no te lo dijo?

-Se le habrá pasado, ya sabes lo olvidadizo que es.

-¿Por qué no entramos?- preguntó Helen.

-Mamá y Poseidón están dentro, nunca avisan cuando van a visitarnos para no encontrarse con el otro pero por obra del destino siempre vienen el mismo día- explicó Annabeth.

Todos asintieron comprendiendo de que hablaba, las riñas de Poseidón y Atenea eran conocidas por todas Nueva Grecia, más que nada por los gritos, y por todos los familiares de los semidioses.

-¿Por qué están todos aquí fuera?- Sally Jackson apareció en el umbral.

-¡Abuela!- Zoe corrió hacia Sally y le dio un gran abrazo.

Detrás de Sally estaba su marido Paul.

-Hola- Sally le sonrió- ¿alguien me va a responder a mi pregunta?

Thalía señaló la casa.

-Poseidón y Atenea- Sally asintió comprensiva.

-¿Y si nos vamos todos a por una cajita feliz?- preguntó Annabeth- a Nico le damos una alegría si le llevamos una.

A nadie le dio tiempo a contestar pues la puerta se abrió dejando ver a un niño de cinco años, Luke era rubio como su madre y su hermana, Percy a veces bromeaba con que la invasión de los rubios había comenzado en su casa, tenía también los ojos marrones cálidos de Sally y su sonrisa, pero lo demás era todo Percy, Luke era incluso más hiperactivo que su padre, también había sacado la mitad de su cerebro de algas, pues Luke sacaba sietes y seis, pero sobretodo había heredado la capacidad de encontrar problemas por donde quiera que vaya.

-¡Mami!- Luke abrazó a Annabeth, luego comenzó a repartir abrazos a todos, no podía decirse que no fuera cariñoso, con su encanto siempre hacía que muchos de sus profesores le levantaran el castigo- ¡Los abuelos Poseidón y Atenea están en casa!

-Ya nos hemos enterado- rió Thalía.

-A papá le va a dar algo como siga solo aguantándolos.

-Luke, cierra la puerta- el pequeño hizo lo que su madre ordenó- ahora todos nos vamos a ir a comer al McDonald.

Luke sonrió, a él le encantaba ir a los restaurantes de comida rápida, le encantaban como a su tío Nico las cajitas felices.

-¿Y papá?- preguntó Zoe, Luke gruñó, siempre tenía que decir algo.

Luke y Zoe eran hermanos y se querían pero se hacían rabiar mutuamente, a Luke le molestaba que su hermana fuera tan perfecta, sus notas eran más o menos buenas pero compradas con las de Zoe… ella era la perfecta y él el problemático pero algo que no tenía su hermana era su encanto, con su sonrisa le había sacado de su tienda un par de caramelos a Lou Ellen, hija de Hécate.

-A tu padre le recordaremos por sacrificarse por nosotros- dijo Annabeth.

Y así todos los presentes fueron al McDonald dejando por detrás al pobre Percy.

Mientras dentro de la casa los gritos no faltaban, a Percy le dolía la cabeza, Luke había dicho que creía que había oído algo fuera y había ido a ver, su hijo era muy valiente y el pequeño estaría encantado de poder reventar un par de tuberías.

-Papá, Atenea…- los llamó y ellos se callaron- Luke hace un rato que no aparece, Annabeth y Zoe tampoco han venido y ya es de noche, debería ir a buscar…

-¡Ya son las nueve!- exclamó Atenea- me tengo que ir, si mi hija no viene… Seguro que es por tu culpa- señaló a Percy.

-Siempre culpando a los demás- gruñó Poseidón.

-¡Cállate!

-¿Mía? ¿Por qué mía?

-Si no llega temprano a casa es porque está escapando de algo o más bien de alguien- después de decir eso Atenea desapareció.

-¡Qué teatrera es!- Poseidón también desapareció.

¿Estaba escapando de alguien…? En su mente se encendió una bombilla, ¡seguro que había oído los gritos de sus padres y la muy traidora se había ido! Y ya que Luke no aparecía seguro que también se había ido.

Puso una silla en el recibidor y se sentó a esperar.

Annabeth abrió la puerta de su casa con sigilo, ella llevaba aupada a su hija Zoe, con tanto correr por el parque se había quedado muy exhausta y enseguida se había dormido, mientras Thalía llevaba a Luke, ya había pasado la hora de dormir del pequeño.

Lo que no esperaba encontrarse Annabeth es a su marido dormido sentado en una silla en el recibidor.

Thalía intentaba aguantarse la risa sin mucho éxito, la cazadora iba a quedarse a dormir esa noche en la habitación de invitados que estaba en la segunda planta al lado de la habitación de Zoe.

-Primero acostamos a los niños- informó Annabeth- luego vengo a despertarlo.

Thalía asintió.

Las dos subieron al segundo piso, Thalía entró a la habitación de Luke y ella a la de Zoe.

Le coloco el pijama a su hija y la arropo, y por último le dio un beso en la frente, en cuanto salió de la habitación vio como Thalía se metía en la habitación de invitados.

Annabeth bajó a la primera planta, al recibidor.

-Percy- zarandeo a su marido- Percy.

-¡Galletas azules!- dijo levantándose de sopetón y por ello cayéndose de la silla.

Annabeth se rió.

-¿Qué haces dormido en el recibidor?- preguntó la rubia.

-¡¿Qué que hago dormido en el recibidor?!- exclamó Percy.

-Shhh- lo mando a callar Annabeth- los niños están dormidos.

-Perdón- dijo- la cuestión es que me has dejado aquí solo para no aguantar a nuestros padres.

-Lo siento- Annabeth le dio un beso a Percy- pero si te sirve de consuelo nadie quería aguantar a Poseidón y a Atenea.

-No me sirve.

-Tú fuiste un daño colateral- sonrió Annabeth- además como los niños ya se han dormido y no tenemos que hacer los malabares de todos los días para dormirlos, en resumen tenemos más tiempo, y ya que Thalía está arriba podemos cerrar la puerta de nuestro dormitorio…

-Una idea apetecible- una sonrisa se formo en los labios de Percy.

-A no ser que tengas hambre…- murmuro Annabeth preocupada.

-Annabeth tengo hambre- Percy cogió a Annabeth de las caderas y la pego a él- pero no de comida- susurro al oído de su mujer.

Se besaron con pasión.

Percy la cogió en volandas y la llevó a su habitación, era exactamente igual que la noche de bodas, entró en la habitación, depositó a su mujer en la cama y cerró la puerta.

¿Quién decía que la vida podía mejorar?