Demons se vistió con los tejanos y el sueter, sorprendida de que le sobraran unos tres centímetros de cinturilla. Se sentía desaliñada, sobre todo comparando su vestimenta con el formal traje gris de Snape.
_La camisa tenía que ser negra.._dijo ella.
_¿No hace ni unas horas que le he dado mi corazón y ya critica mi vestuario? ¡Mujeres!
Demons rió.
_El negro le sienta de maravilla_ respondió mientras le colocaba bien el cuello de la camisa y las solapas de la chaqueta.
Snape resopló.
_Ahora tengo que hacer algo que le va a doler.
_¿Se refiere a algo más aparte de separarme de usted sin saber si volveré a verle?
_Sí, deme el brazo.
Severus le remangó la manga izquierda. La marca tenebrosa se movía serpenteante, vívamente negra, levantando ampollas en la piel. Debía ser dolorosa, consideró, y no se había quejado más que un par de veces.
_Tras la primera desaparición del Lord traté de borrar la mía inútilmente con varios hechizos, afortunadamente no lo logré. Ahora, gracias a usted, conozco el correcto aunque... es la primera vez que lo hago. Si funciona, la protegeré del Lord, le haré creer que ha muerto.
_¿De qué? ¿de agotamiento sexual?
Snape la miró de reojo.
_A lo mejor le muestro una fantasía en que la torturo hasta la muerte harto de sus irónicos comentarios. Si no funciona, a lo mejor pierde el brazo.
_ A lo mejor, dice, ¡gran consuelo!.
_¿Hay alguien más de quien quiera despedirse?_ dijo refiriéndose al poder que tenía para contactar con los mortífagos y conocer sus pensamientos a distancia. Ella negó horrorizada_ Estése quieta.
Severus recitó Signum Ablatio con furiosa concentración.
La muggle no miró la carne quemarse y desprenderse pero aguantó mejor que el hombre-lobo la dolorosa transformación del brazo en carne viva hasta que quedó cubierto con nueva e inmaculada piel.
_ Se acabó_ anunció Snape gravemente. Demons dusó si se refería a la marca o a... bueno, a ellos.
El único motivo por el que Demons no demostraba la tristeza y la angustia que la inundaba, era por no hacer mayor el padecimiento de Severus. Con su conocida tendencia a asumir culpas, no iba a permitir que esto se sumara a la carga que ya arrastraba. Pero...
_Sabe que podría hacerse lo mismo, ¿verdad? Buscar a Potter, decirle lo que necesita saber y desaparecer conmigo. El mundo es muy grande.
_Por supuesto que lo sé_ dijo resignado_ pero Dumbledore tiene, tenía razón a pesar de ser un cretino. Hay un poder latente en la forma en que hacemos las cosas. No quiero arriesgarme a perder al hijo de Lily por no hacerlas bien. Además, en el momento que Potter lo sepa, correrá a hacerse matar, intentaré asegurarme de que tiene las Reliquias de la Muerte antes.
_Podrían pasar meses...¿por qué no deja que me quede aquí? Podríamos aprovechar ese tiempo...
_No regatee.
La firmeza de sus palabras no admitía réplica.
Demons suspiró.
_Al final va a ganar ella..._ la mirada de ambos se oscureció_Lo siento, hablan los celos.
Snape la abrazó.
_Voy a decirle algo que confío en que le arranque una sonrisa: es cierto, moriría por ella, de hecho es muy probable que eso ocurra... pero no lo dude, señorita Demons... viviría por usted.
Efectivamente, ella sonrió.
_Eso es algo muy hermoso, viniendo de alguien con tan altos instintos autodestructivos. ¿Va a no prometerme al menos, que si sale con vida, vendrá a buscarme?
_¿Inmediatamente? Quiero decir..¿Sin que me de tiempo a probar otras bocas antes de volver a la suya?
_No me haga romperle la nariz. Me encanta su nariz, es perfecta_ La muggle usó pluma y pergamino de su escritorio para apuntar una dirección_ Ya sabe, agente Snape, memorícelo y luego destrúyalo.
Snape sonrió con superioridad.
Se besaron por última vez. Se habían besado por última vez varias veces.
_Bien, señorita, el taxímetro corre...¿Dónde vamos?
Ella había elegido una plaza pública, cerca había una boca de metro en la que pudieron aparecerse sin levantar sospechas entre la multitud. Anduvieron unos metros, Snape escogió un lugar, a las puertas de un hospital.
_ En fin, señorita Demons, espero en que le vaya bien y goce de una larga y feliz vida.
_Rezaré cada noche para que mi Dios le conceda lo mismo, voy a rezar a todos los santos del cielo para que velen por usted. ¿No va a besarme para despedirse?
_¿En público? ¡Qué atrevida!
Snape la agarró doblándola por la cintura como el paso final de un tango, besándola con una pasión tal que provocó los silbidos de un grupo de adolescentes que pasaba.
Ella soreía escandalizada, roja como la grana.
_Es por cosas como esta que..._ luego se puso seria_ Señor Snape...Severus...pase lo que pase, nunca, nunca, jamás, ... , yo no te podré sacar de mi cabeza, ni de mi corazón. Estarás siempre en mí. Imperecederamente.
El señor Snape, Severus, suspiró.
_Eso, mi amada señorita Demons, no será así.
Snape había sacado disimuladamente su varita, no fue tan rápido como para que ella no lo viera venir, no tan rápido para que ella no le suplicara con la mirada, pero el inflexible profesor, el decidido mortífago, le lanzó un obliviate.
Lo había meditado mucho. La mejor manera de protejerla era que ella no intentara buscarle, porque lo intentaría. La conocía lo bastante bien como para saber que esa resignación era sólo fachada. Prefería saberla ignorante y feliz que atormentada por el destino de él.
Si salía todo bien, y el Lord era derrotado, y él sobrevivía, la encontraría... si no... En fin, si el Lord vencía nadie estaría a salvo y si aunque el Lord fuera derrotado él moría... en ese caso le quedaría el consuelo de que ella estaría bien, viviendo una vida sin fantasmas.
Severus esperó que la mirada turbia de la muggle se despejase.
_¿Señorita? ¿Se encuentra bien?
Ella parpadeó un par de veces. Preguntó dónde estaba, dijo sentirse confusa y mareada.
_Acaba de desmayarse, _mintió Snape_ Debería ir a ese hospital, por si acaso.
_Sí,... gracias.
Snape la acompañó hasta la puerta y llamó a la recepcionista.
_Disculpe, esta mujer acaba de sufrir un desvanecimiento ahí fuera, ¿Podrían encargarse de ella?
La enfermera salió de detrás del mostrador y sostuvo el brazo de la posible paciente mientras el elegante caballero que la acompañaba se despedía cortésmente de ambas antes de girarse y salir por la puerta.
_¿Se encuentra bien?_preguntó ahora la enfermera.
_Creo que no,_ contestó ella mientras veía la espalda del hombre confundirse entre la multitud_ creo que he perdido algo importante.
